domingo, 30 de enero de 2011

Podcast Wonderland 26 de enero: Escritores y hoteles


El pasado miércoles 26 de enero dedicamos el Laberint de Wonderland a alguna que otra historia de escritores, artistas y hoteles. Viajamos con George Orwell, Cesare Pavese, Dylan Thomas y Dino Risi, con quien tuve el placer de compartir una estupenda tarde en su suite al lado de Villa Borghese. Podéis escuchar la sección a partir del minuto 43 aquí

Podcast del programa dedicado a escritores perseguidos y prohibidos por el nazismo (Wonderland Rne4)





El miércoles 19 de enero dedicamos el laberint de Wonderland a comentar algunos casos de escritores prohibidos por el nazismo: nuestro equipo estelar está formado por Joseph Roth, Sigmund Freud, Walter Benjamin. Podéis escuchar la sección, a partir del minuto 35, aquí

sábado, 29 de enero de 2011

Indignez-vous! de Stéphane Hessel en Revista de Letras


El viejo soplo de aire fresco: “Indignez-vous!”, de Stéphane Hessel
Por Jordi Corominas i Julián | Reseñas | 27.01.11


Indignez-vous!. Stéphane Hessel
Indigène Editions (Montpellier, 2010)


¿Están contentos con los regalos navideños? ¿Han comprado mucho en las rebajas? Francia es diferente, y en esas fechas tan señaladas, no me pongan cara de monarca, sus ciudadanos decidieron obsequiar a sus seres queridos con un librito de treinta páginas que invita al abandono de la indiferencia para posicionarse contra el totalitarismo de nuestra época. Indignez-vous! ha vendido un millón de copias en el Hexágono y en breve será traducido a veinte idiomas. Su autor, Stéphane Hessel, tiene 93 años. Nació en Berlín y a los siete se trasladó a París. Sus padres, que inspiraron a François Truffaut la historia de Jules et Jim, eran amigos de Walter Benjamin, Marcel Duchamp, Pablo Picasso y Alexander Calder. Creció en tierra de cultura y padeció la Segunda Guerra Mundial, origen de su ideario ético y combativo contra la injusticia. Asistió cariacontecido a la invasión nazi del país galo y a la colaboración del otrora celebrado Mariscal Pétain con los invasores. En 1941 emigró a Londres para unirse a la Francia Libre del General De Gaulle, regresando al continente en 1944 hasta padecer el calvario de la traición, recibir torturas alemanas, penar por tres campos de concentración y escapar, juntándose finalmente con su mujer en la ya liberada ciudad de la luz.

Su biografía, en el sentido que permite entender la obrita recientemente publicada, alcanza su cumbre en los años posteriores al cese de las hostilidades. En 1946 supera el concurso de ingreso al Ministerio de Asuntos Exteriores y consigue ser diplomático, participando de manera decisiva en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, a la que consideraba parcialmente heredera del espíritu de la Resistencia, que es en realidad el motor filosófico de Indignez-vous!. La introducción del mismo expone a las claras cómo el compromiso para con el pueblo surgió naturalmente tras la pesadilla hitleriana. El Consejo Nacional de la Resistencia pedía, ni más ni menos, una completa seguridad social que garantizara a cualquier ciudadano medios para subsistir en caso de no poder hacerlo laboralmente; también nacionalizar las fuentes de energía básicas y los bancos en pos de crear una verdadera democracia económica que evitara feudalidades modernas; asimismo el programa contemplaba una prensa libre y un sistema educativo que posibilitara el más completo desarrollo de los alumnos.

¿El ideal nace o se hace?

Ambas cosas. En 1945 emergieron desde el pasado reciente. El rival era visible y la indignación clara. Sin embargo, en 2011 los motivos de enfado aparecen desde múltiples puntos casi desconocidos, lo que impide una lucha abierta que aniquile el problema, si bien esto no debería ser un obstáculo para entablar combate contra este mundo que atenta contra la inmigración, se carga el Estado del Bienestar, aumenta los desniveles económicos e ignora sistemáticamente el cumplimiento de los derechos humanos.

La indiferencia, por resignación, es la peor actitud. Hessel, judío, se encrespa contra Israel y el trato que propina a los palestinos, quienes para protestar lanzan en Bil’id piedras contra un muro, lo que es definido por los guardianes de su agonía como terrorismo no violento. Valiente cinismo. Es no violencia pura y dura adaptada a su calvario. Gandhi, Martin Luther King y Nelson Mandela son un buen modelo para progresar y rebelarse adoptando lo antiguo bajo nuevas formas que recuperen el sentido de la palabra ideología, sepultada en una triste tumba desde la caída del Comunismo y el desgarrador triunfo del Mercado.

Guillaume Apollinaire creía en una esperanza violenta. La del nonagenario francés es una insurrección pacífica que pare el actual desbarajuste que va más allá de lo social y afecta pobreza y clima. Considera, no sin razón, que el decenio inaugural del siglo XXI es catastrófico. Su hegeliana visión, que en parte es la que produce su sana reacción, está en peligro mortal porque el caos controlado planea tapando el cielo, sumiéndonos en una oscuridad ante la que hay que crear para resistir porque resistiendo se crea, ergo se cambia.

No podemos negar que el minúsculo volumen apunta interesantes propuestas que nosotros debemos ampliar con nuestra acción. Los últimos meses registran ligeros movimientos sísmicos en el Globo, temblores insuficientes porque el oponente ha acumulado durante décadas poder estructurado para ser inmune a la revuelta que precede, pues es su versión fracasada, a la Revolución. Hessel escribe irritado porque aprecia infinita y soporífera pasividad en un ambiente putrefacto. Nadie se mueve. Los transeúntes bajan la cabeza y tragan la mierda del plato adaptándose a la corriente que más suene sin que importen los bolsillos vacíos.

En 1944 este hombre que pide un despertar fue sometido a indecibles torturas en un sótano de Paris. Respondió a sus captores en alemán y les dijo que podían hacer lo que les viniera en gana: iban a perder la guerra y también serian denunciados. Golpe directo y frontal. Aprender de los mayores.

Para concluir, expresar que particularmente no me sorprende la recepción de Indignez-vous! al otro lado de la frontera. Francia y sus habitantes profesan un incombustible amor a la cultura que a nivel práctico se traduce en magníficos y visitados museos, un criterio editorial muy coherente y la promoción de las artes para que no se conviertan en un asunto de salón. Esta tradición permite que de vez en cuando surjan fenómenos que en España juzgamos apoteósicos desde nuestra cateta mentalidad anclada en la tendencia, reclamo de lo breve que atasca la ética y la hermosura de una pervivencia. El éxito de Indignez-vous! no desconcierta, es sólo es una constante comprensible que descarrió en La Jonquera.

jueves, 27 de enero de 2011

De Molinos y casitas blancas en "Se fue al otro barrio" de Bcn Week


De molinos y casitas blancas

by Jordi Corominas i Julián


La zona posterior a plaza Lesseps es una subida poco angosta que cuando era más pequeño evocaba una cierta saturación a posguerra entre residuos de cocheras y una ascensión tortuosa cargada de silencio que ha perdido su encanto mediante una de tantas reformas municipales. Su aura tenía sentido por motivos burgueses en un doble sentido residencial y erótico-festivo. La calle Bolívar acogía, aún lo hace pero está pendiente de derribo, la Casita Blanca, templo de una Barcelona secreta donde los cuernos podían flotar libres en una privacidad que no se estila. Las parejas pagaban al contado, subían a su habitación sin ser vistos por nadie y practicaban sexo con la seguridad del plácido anonimato de cuatro paredes decoradas con barroca pomposidad, como si el coito fuera una retorcida celebración iluminada por espejos en forma de corazón, camas con muelles a prueba de bombas y la discreción por bandera.

Pude visitarla una vez. Tenía veintiún años y pasaba las vacaciones en mi ciudad a la espera de volver a Roma. Puede que la influencia felliniana se dejara sentir en mi deambular por bares perdidos, solitario, a la búsqueda de compañía sin compromiso. Bebí una copa, entablé charla con una cuarentona y la pobre mujer, un poco más ebria de lo normal, me invitó a subir a un taxi. Llegamos al recinto y una especie de mayordomo nos recibió. Podíamos pagar por horas o toda la noche. Elegimos la primera opción. Mis recuerdos de esa jornada están más que desdibujados, pero mi memoria conserva la impronta del ascensor y unos ceniceros sagrados. Era menester el cigarrillo postpolvo, una tradición que siempre será más antigua porque las futuras generaciones no navegarán en la cinefilia de nicotina entre sábanas blancas, y puede que las actuales tampoco ahora que el gobierno prohíbe el vicio en los bares. ¿Qué será de España sin tanto humo agitado? ¿Qué haremos con el paquete rubio? ¿Quién se quejará de lo infame del Ducados, con pelos en los lados?

Propongo soluciones optimistas. Una manera de ligar consistía en ofrecer un pitillo o pedir fuego para romper el hielo. En invierno pasaremos frío, si bien, analícenlo, puede que ganemos intimidad. Las bajas temperaturas permitirán un acercamiento más directo y quizá las almas solitarias sean más directas en el abordaje. Es una posibilidad que nuestros amigos del Ayuntamiento desmentirán. El meublé se convertirá en un verde solar para que jueguen los niños, ajenos a orgasmos, gemidos y prolegómenos que retumbarán en la esencia del sitio. A los adultos, sigo con la campaña made in BCN, nos quedará el Molino con sus plumas y vedettes, imagen carpetovetónica que algún listillo ha resucitado con la ilusión de dar energía al moribundo Paralelo. A principios del Novecientos esta arteria condal era la París del sur. Sus bares constituían un inolvidable fermento anarquista y los espectáculos animaban a la concurrencia, ansiosa por ver gozosas hembras desnudándose al son de la música. Su decadencia acaeció cuando los medios de comunicación modernos suplantaron el directo por la efectividad de lo instantáneo, idea fortalecida con la red, donde es muy sencillo ver pechugas, muslos y traseros apretando un botón para masturbarse o propiciar una excitación previa a la unión de la carne.

Dicen las crónicas que la Casita Blanca y el Molino eran hermanos de sangre en una época donde convenía, quién nos ha visto y quién nos ve, lavar los trapos sucios en casa desde lo políticamente correcto. Ahora, con el exhibicionismo copando un panorama hipócrita con tintes conservadores, su simbolismo cambia de tercio. Las casas de citas se han atomizado y los espectáculos son de otra pasta reacia al ocultamiento porque supuestamente nos hemos liberado del fardo que exigía decencia. No se equivoquen. El ser humano viste los mismos ropajes de antaño, y siempre, porque es parte de nuestra naturaleza, serán necesarios locales donde saciar nuestros instintos más elementales. La diferencia es que ahora el secretismo de lo disperso queda mejor. Pasear sin reconocer, caminar con la certeza de no topar con edificios reconocibles del pecado. Nacemos porque nuestros padres fornican. La muerte del emblema de la infidelidad, o una simple cana al aire, me llena de una infinita tristeza agravada por no poder mantener la tradición hispana del cigarrillo mientras dialogo de cualquier bobada con mis amigos con los que no iré, téngalo claro señor Hereu, al music-hall porque la vida ya me proporciona suficientes anécdotas para seguir hacia delante por mucho que ustedes quieran impregnarnos de un aire neutro que apesta.

Ilustración: Nil Bartolozzi

miércoles, 26 de enero de 2011

Miércoles 26, Hoteles en el Laberint de Wonderland (Rne4)




Historias de artistas y hoteles hay muchas. Podríamos crear una sección sólo para hablar del tema que idealmente empezaría hoy con nuestra propuesta centrada en cuatro nombres muy diferentes. El primero concierne al mundo entero y se centra en Barcelona. Georges Orwell transcurrió buena parte de su estancia en la Ciudad Condal en el Hotel Continental, en el número 138 de la Rambla.

El segundo protagonista de hoy será Cesare Pavese y de Turín saltaremos a Nueva York para tomarnos unos tragos con Dylan Thomas en el mítico Chelsea Hotel, plato fuerte que antecederá al punto final de periplo, donde charlaremos con Dino Risi en suite cercana a la romana Villa Borghese.



El laberint a Wonderland

Cada miércoles a partir de las 18h

Radio Nacional- Rne4

100.8 fm Barcelona

En directo: Rne4

lunes, 24 de enero de 2011

Nada de Janne Teller en Revista de Letras






Aprendizaje adolescente, suspense ético para todos los públicos: “Nada”, de Janne Teller
Por Jordi Corominas i Julián | Reseñas | 23.01.11


Nada. Janne Teller
Traducción de Carmen Freixenet
Seix Barral (Barcelona, 2011)


En enero de 2000 la escritora danesa Janne Teller recibió una carta de una editorial. Querían una novela para adolescentes, terreno árido para una autora que trabaja para comprender los aspectos más recónditos de su personalidad. Pensó en rechazar la propuesta, pero finalmente se encendió una lucecita en su cerebro en forma de frase acicate que abrió el camino de las ideas: “ Nada importa. Hace mucho que lo sé. Así que no merece la pena hacer nada. Eso acabo de descubrirlo”.

Palabras con mucha miga que dieron lugar al nacimiento de Pierre Anthon, un chiquillo que deja el colegio al darse cuenta del sinsentido de la existencia. Sube a un ciruelo y encaramado en una de sus ramas proclama a los paseantes las razones de su ascetismo posmoderno, convencido de actuar según principios irrefutables. Sus antiguos compañeros de clase rechazan su credo, se juntan y deciden emprender una gran acción que desmonte el tinglado de su coetáneo, más cuerdo al deducir que es absurdo darle tantas vueltas a las cosas. Todos moriremos y el Planeta seguirá derrumbándose por la excesiva consideración que se dan los humanos, seres que con sus pretensiones moralistas van siempre de mal en peor.

Janne Teller (foto © 2004 Holtum Morten - Nielsen)

Agnes, la narradora, y sus amigos lanzarán un órdago que pondrá en tela de juicio su escala de valores. Para derrotar la filosofía de Pierre elaborarán un plan con connotaciones sentimentales y capitalistas. Cada uno de ellos prescindirá de algo que tenga mucho valor en sentido personal para crear un colectivo montón de significado que exponga la absurdidad de creer en la nada al abundar objetos, sensaciones y acontecimientos trascendentes en el Universo. La primera tanda es un absoluto fracaso. Los chicos no se empeñan en su compromiso al desembarazarse de ítems simbólicos que no exponen riesgo alguno ni pueden impresionar al enemigo. Surge el descontento. La urgencia de poner toda la carne en el asador y tomarse en serio la partida causará estragos. Rodarán cabezas y se generarán preguntas que la anterior normalidad ignoraba. El horizonte se amplía hasta límites insospechados que el adulto relacionará con factores prototípicos de nuestra sociedad: el apego a la propiedad, el respeto a la muerte, el precio de una vida, la virginidad o, simplemente, la pérdida. Sin embargo, si hacemos el esfuerzo de transportarnos a nuestros quince años, puede que comprendamos el torbellino Nada desde otra perspectiva guiada por dos directrices. Por una parta está la cuestión ética. Cada elección conlleva que el dolor sea mayor en el afectado, que tomará cumplida venganza proponiendo un envite más cruel y peligroso que da enjundia al montón a costa de caer en un egoísmo morboso hasta el paroxismo . Tumbas. Cruces. Perros. Semen. Dedos. Por la otra tenemos la magnífica recreación del in crescendo hacia el estupor, porque la iniciativa termina revistiéndose macabra hasta un delirante empecinamiento que viola la ley para satisfacer el acelerado impulso y perturbar la paz comunitaria a través de una impresionante serie de profanaciones más allá del cementerio.

Los protagonistas de la novela son hijos de su tiempo. Su corta edad no impide identificarlos con un buen número de clichés en muchos casos reales. Son jóvenes víctimas del aburguesamiento y su batalla es consecuencia de una indudable estrechez de miras que amenaza con robotizar a los que vendrán. Son ingenuos y aún no abusan de Internet, pero saben muy bien cómo llamar la atención con mecanismos contemporáneos. Pierre Anthon viaja en otras latitudes, heredero de Sócrates, risueño pese a recibir pedradas y sacudidas en su mágico árbol. Le da absolutamente igual la sorpresa de los que siguen aferrados al pupitre y alardean de su hazaña. Para él, la acumulación de enseres es un pasaporte a la nada. Bienvenidos. Las cosas claras y el chocolate espeso.




La traca, claro está, es el final, bomba de relojería lógica, porque ahora sabemos cómo proceden muchos chavales por la contaminación audiovisual y demoledora, con más de un ingrediente letal. Janne Teller entregó su manuscrito, fue rechazado y esperó siete largos años hasta verlo publicado. Fue prohibido en una región de la liberal Dinamarca y la historia se repitió en Noruega, donde lo vetaron en escuelas, Francia, en la que algunos libreros se negaron a comercializarlo, y Alemania, país con padres enfurecidos que denegaron la lectura a sus hijos. Meses más tarde el libro se impuso, ganó múltiples premios y actualmente es recomendado en la mayoría de colegios y hasta se representa en el teatro, dando así a su contenido un extra al valorar que supera el ámbito para el que estaba inicialmente destinado.

Y es absolutamente cierto que Nada rebasa su parcela, invadiendo lo intergeneracional por su misma estructura narrativa, que al alambicar polifonías en un hecho concreto es veloz y sobresaltada, sin desajustes, válida para los que ya tienen barba por el suspense aliñado con diatribas conceptuales que confieren a la obra otra dimensión más allá de lo banal, si bien cabe recalcar que su arquitectura tiene ingredientes recurrentes del género best-seller por la brevedad de sus episodios y los mil y un puñetazos que cortan nuestra respiración para que deseemos más, adentrándonos en una espiral muy cinematográfica por su trepidante montaje.

En cambio, para los más pequeños puede suponer un verdadero estímulo a la lectura al ser un libro que desde su trama teje finas capas que aúnan aprendizaje y una verdadera experiencia que les sitúa en pie de igualdad al tratarlos con respeto mediante argumentos fuertes y un lenguaje nada rebajado. Dicen por la calle que a los niños se les debe hablar con naturalidad y sin las típicas muletillas, onomatopeyas que chirrían oídos y denigran cerebros que con Nada se sentirán agradecidos en una época donde los adolescente tienen sobrada capacidad para asimilar nociones que demasiadas veces les escondemos, como si fueran especímenes encerrados en una cápsula que les impide acceder al manantial de información disponible. No se puede, ni se debe, domar la curiosidad.

domingo, 23 de enero de 2011

Artículo de José Maria Robles sobre Nueva poesía española





jOSE MARIA ROBLES

A «volarle la tapa de los sesos a
la cultura oficial aspiraba el
Roberto Bolaño infrarrealista.
El más audaz francotirador en
español de final del siglo XX,
quien en una de sus vidas se
desdobló en poeta, añadía así
munición a los versos de Ga-
briel Celaya en aquellos años
salvajes. De paso, señalaba con
pólvora el camino a los autores
por venir, en especial a quienes
opten por el género lírico para
tomar el mundo al asalto.

Ni Bolaño ni Celaya podían
intuir que un día -hoy- varias
generaciones de jóvenes llega-
rían a constituir en tomo a la ri-
ma y sus posibilidades una co-
munidad tan poblada, tan hábil
y tan visible, pese a asentarse
en ocasiones en la periferia del
sistema. Ahí cabe insertar cier-
tos acercamientos al arte urba-
no, la conquista de estableci-
mientos de ocio nocturno para
la celebración de recitales poé-
ticos u otras fórmulas de van-'
guardia y, sobre todo, la prolife-
ración de bitácoras literarias al
margen de la industria editorial.


"La poesía es algo que la sociedad
consiente. Como no somos nadie, me deja
decir cualquier barbaridad", expone con sorna
Batania, nacido en Vizcaya en 1974 y llegado
a Madrid en 2008, este activista de lenguaje
tan subversivo como sugerente
ha logrado convertirse
en reconocido outsider a raíz de
una larga serie de mensajes au-
tografiados en muros y parques
de la capitaly reunidos en su
propio blog.

Liberqué, igualiquién, frater-
nicuándo, Inmigracias, En el ci-
ne de tu niñez pusieron un Zara,
rezan algunas de las piezas ca-
llejeras de quien se define como
«poeta globetrotten>. «Voy por la
sociedad haciendo gracia. Pue-
do hacer una pintada que mo-
leste, pero ése es el grado de
tensión que quiero establecer
con la sociedad. Para mí rom-
per un cristal es violencia, hacer
una pintada, no». Batania renie-
ga en cualquier caso del método
Banksy. «Él vende cuadros a
Brad Pitt y Angelina Jolie por
20.000 dólares. El día que em-
piecen a no borrar mis pintadas
tengo que dejarlo».
También se niega a trasladar
. sus reflexiones al papel. «Un li-
bro mío no puede estar vigilado
por un guarda jurado. 1..0 mío es
política pura. La alta poesía no
me interesa nada, sólo la poesía
para llegar a la gente». Y con-
cluye, mordaz: «A. los poetas les
digo en los bares que nuestro li-
bro no es el Diccionario de la
Real Academia ni el María Moliner,
sino las Páginas amarillas,
y además, las del último año».

¿Bares? ¿En que locales se
enmarca el interés de la genera-
ción SMS por un espacio consi-
derado a menudo hermético o
reservado para entendidos? El
circuito es amplio: Madrid (fa-
pas y fotos, La huelga, Sala
triángulo, Clamores, Entrelí-
neas ... ), Barcelona (Horiginal,
Macondo bar, Inusual project,
Electric, La papa ... ), Sevilla (El
perro andaluz), Valencia (El do-
rada), Zaragoza, Gijón ...

Carlos Salem, profesor del
Centro de Formación de Nove-
Listas, aparece detrás de algunas
de las jañt sessions poéticas
más celebradas de Madrid-las
de Diablos azules (todos los
martes desde diciembre de
2010) Y Bukowski club (todos
los miércoles desde 2006). «El
poeta joven de hoy no se queda
en casa escribiendo sonetos, si-
no que sale, .vive ... Se ha demos-
trado que el bar es más que un
sitio al que se va a beber o a in-
tentar ligar y que sirve para re-
lacionarse. 1..0 que ocurre con la
poesía no es exclusivo. Cada
vez hay más exposiciones de fo-
tografía o pintura en los bares».

«El lector de poesía no es el
profesor de Lengua con jersey
de laña del instituto, sino que
puede ser un chaval con una
cerveza», ayuda a contextualizar
el fenómeno Luna Miguel (1990),
activa firma en el universo on line
y revelación de la temporada gra-
cias a su trabajo, de elocuente tí-
tulo, Poetry is not dead.
En la vertiente experimental
del género se ha hecho un hueco
Jordi Corominas (1979) gracias a
sus sesiones de loopoesía: un es-
cenario, una audición de poemas
originales no exenta de improvi-
sación, música e incluso un nú-
mero de danza. «Quitamos toda
la capa formal y ostentosa del re-
cital puro y duro para ofrecer UÍl
espectáculo que en otros. tiempos
estaria 'considerado' de élite».


LA VOZ FRENTE A LA IMAGEN

Corominas confirma que ahora
«es fácil encontrar lenguajes que
no son estrictamente literarios
dentro de la poesía»: perfopoesía,
poesía visual, spoken word, etc.
Al cabo de dos años de represen-
taciones ha detectado «una res-
puesta positiva pero.también in-
comprensión». Y añade, concar-
ga crítica:«La sociedad intenta
que la imagen prevalezca sobre la
palabra. De ahí que-tener buena
. imagen sea' a veces mejor que ser
buen poeta».
Frente a la exhibición está el
trabajo silencioso en la Red, que
se ha convertido en términos de
creación y difusión de obra pro-
pia en el equivalente 2.0 de la ter-
tulia y el cinefórum. «Ahora es
posible publicar un poemario y
conseguir 10.000 o 15.000 lecto-
res a poco.queuno sepa moverse
por las redes sociales. Estas cifras
son imposibles de conseguir en
papel. Eso sí, cuando baje la espu- .
ma se verá lo que hay debajo de
la ola», avisa Salem.
Como un formidable escapara-
te para sus más de 600 miembros
funciona la web Afinidades Electivas.
«No tiene ninguna indica"
ción de edad, pero es la juventud
la que más participa, supongo
que tiene que ver con el acceso a
la Red y con las posibilidades que
ofrece en cuanto a promoción»,
revela Agustín García Calvo, que
gestiona en solitario y sin subven-
ción alguna el proyecto.
Surgido hace cuatro años, tiene
su origen en la Argentina del co-
rralito y basa su éxito eri la inter-
conexión: quien pasa el filtro del
editor publica una breve biografía
y tres poemas, lo que establece
desde ese momento una red de
relaciones entre los inscritos.
Como Luna Miguel, Elena Me-
del (1985) también ha participado'
en el foro de García Calyo. Pre-
mioAndalucíaJoven 2001 con Mi
primer bikini y coordinadora del
sello La Bella Varsovia, cree que
«se puede recurrir a la etiqueta
poesía joven como reclamo para
el lector, pero no existen puntos
de unión. Por fortuna, la diversi-
dad de estilos, temáticas e intenciones es amplísima». ~


Ignacio Elguero va incluso más
allá. Para el director del Canal de
Radio Nacional, responsable del
programa especializado La esta-
ción azul y poeta «durante años
ha habido una valoración hasta
excesiva de lo joven, no sólo en
poesía, sino en todas las discipli-
nas, artísticas. El concepto joven
vende, pero no es un valor en sí
mismo, hay que llenarlo».
. y la gran pregunta: ¿¿actúa la
crisis como estímulo de la misma
manera que conflictos anteriores
(Guerra de Irak)? Elguero asien-
te: «De repente una juventud -
acostumbrada a tenerlo todo se-
ve limitada y se replantea'concep-
tos y valores de vida», Concluye'
Salem: «Por más que cambie la
situación política, la utopía forma'
parte del ser humano».

viernes, 21 de enero de 2011

Matemática Beatle VIII en Panfleto Calidoscopio





Matemática Beatle VIII:Seis meses de pesadilla

Por Jordi Corominas i Julián


”See them round the clubs”
(George Harrison a sus compañeros tras abandonar temporalmente las Get Back sessions, 10 de enero de 1969)

“We were the past and she was the future. We were in the middle of that and we had to try to understand it.”

(Paul McCartney sobre Yoko y la trascendencia de su relación con John Lennon.)

“ Paul was the workhaholic, or the Beatleaholic. Because John and I lived quite close to each other in Weybridge we'd be at this house or ours, and we'd having a very lovely day, really smooth- and then the phone would ring and it would always be Paul saying I think we should get back in the studio, lads. We gotta do this. Oh no, I don't want to. I want to be on holiday. But Paul would kick us around and we'd go back in.”

( Ringo Starr, sobre la adicción laboral de Paul McCartney.)

I'm not going to be fucked around by men in suits sitting on their fat arses in the city”

(Palabras textuales de John Lennon, tras rechazar un acuerdo con instituciones de la City para poseer la mayor parte de Northern Songs.)





1968 cerró sus puertas. El último acto de un movido año Beatle fue la aparición de John Lennon y Yoko Ono ocultos en una bolsa de plástico. El espectáculo acaeció el 18 de diciembre en el Royal Albert Hall, sin cuatrocientos agujeros, pero con los dos enamorados retorciéndose, bonita metáfora de su reciente calvario entre abortos, detenciones por poseer cannabis, polémicas portadas, adicciones y la disensión que su comportamiento causaba en el cuarteto de Liverpool, liderado ante la siempre más clamorosa anarquía apática de sus compañeros por Paul McCartney. Su tesón al querer conservar la vieja unidad le causaba muchos quebraderos de cabeza. Notaba el desasosiego y se desesperaba pese a la felicidad que le producía su relación con Linda Eastman. La americana era fuente de calma en lo personal y suponía el mantenimiento del status quo vital con su socio compositivo. Los dos iban distanciándose a marchas forzadas por la misma razón que les hermanó: su carácter diametralmente opuesto. El bajista demostraba suficiente madurez como para aunar lo sentimental con lo profesional, renqueante tras las turbulencias de The White Album. Una noche, dormía en su granja de Escocia y vio a su madre en sueños. Mother Mary. La fallecida le aconsejo que no se preocupara mucho porque todo volvería al orden. A la mañana siguiente la experiencia onírica le sugirió dos baladas siamesas, Let it be y The long and winding road, y un recuerdo reciente cargado de nostalgia. En septiembre de 1968 la banda actuó en directo para el show televisivo de David Frost. Se lo pasaron en grande y el antiguo clima de camaradería volvió con naturalidad. ¿Por qué no preparar un espectáculo para la caja tonta y recuperar la magia de cuando eran más jóvenes y tocaban Rock and Roll? La propuesta, un auténtico retorno a las raíces, fue secundada con reparos que se acrecentaron, sobre todo por parte de George Harrison, cuando el entusiasmo de Paul condujo el asunto hasta Michael Lindsay-Hogg, director que había grabado con ellos los videoclips promocionales de Paperback writer y Rain. El cineasta debió frotarse las manos al imaginar un documental que mostrara a The Beatles trabajando en la preparación de un concierto que debería celebrarse, tras desestimar hacerlo en la emblemática Roundhouse londinense, en el anfiteatro romano de Trípoli, llenándose poco a poco de seres de todas las razas mientras el crepúsculo anunciaba la irrupción de los FabFour. El plan era viable en enero porque al mes siguiente Ringo volvía a sus andares interpretativos con el rodaje de The Magic Christian. Los productores de la película habían reservado los estudios cinematográficos de Twickenham para el 3 de febrero de 1969, quedando un hueco mensual libre en enero que fue ocupado por Dennis O'Dell, director de Apple Films.




Para leer más

miércoles, 19 de enero de 2011

Jueves 20 de enero, Recital Delaonion en el Tinta Roja




Poetas Delaonion, por Lajo Colop
Por Revista de Letras | Destacados | 19.01.11


CAPA 1

Delaonion: 1. Categoría gramatical incierta. 2. Necesaria hibridación lingüística que toma como referente lejano la existencia de ciertas plantas bulbosas que se sirven en ensalada. 3. Serie encadenada de poetas en edad fértil que escriben, piensan y organizan lecturas en la ciudad de Barcelona. 4. Contingencia, espanto, improvisación.

CAPA 2

Esto Delaonion lo descubrió después, en realidad el origen está en Las Nocheviejas del Patriarca:

Pensó en ser campesina
y desnudarse, ser quien
mejor matase en el escorxador,
soc català de la ceba, tu, no
ho sabies? No, no tenia
la más mínima idea, ya lo
sabes, no me confundas
con Camaleón Bonaparte

Aunque todo es relativo, nuestras fuentes informan que de la ceba se pasó a Delaonion. Los artífices del grupo y/o colectivo recitaban por separado y en algunos casos organizaban veladas poéticas. El primer evento Delaonion fue en diciembre de 2009 y en él ya participaron Álex Chico, Jordi Corominas i Julián, Laia López Manrique y Juan Vico, a los que más tarde se unió Iván Humanes. Todos habían colaborado de alguna u otra manera, bien en publicaciones digitales, bien en los Lunes de La Cigale o en la antología Monstruos en su Laberinto publicada en la web de DVD Ediciones.

Los cinco viven en o cerca de Barcelona y escriben sus versos en castellano.

A principios de 2010 el proyecto cobró cohesión y fuerza hasta el punto de improvisar varios recitales en el balcón más bonito de la Plaza del Sol, uno de ellos el viernes 23 de abril, día del libro.




CAPA 3

Delaonion es la anexión en sentido puro.

Amenaza con anexionar a todo poeta viviente que tenga algo que decir, algo que escupir.

Cada una de las raicillas fasciculadas, de color blanquecino, de Delaonion, tiende a la adherencia.

El bulbo se planta en tarimas bajas, preferentemente de noche, en parcos escenarios donde los poetas (o lo que queda de ellos) leen, hablan, diseccionan.

Crece con luz roja y se reproduce por generación espontánea.




CAPA 4

A las cebollas les ha dado por recitar en bares, asilos de ancianos, hemerotecas y prostíbulos.

En mayo de 2010 fueron a Madrid, lucharon contra los borrachos en el aniversario de Canal-L, comieron sopa en el Prat con tres poetas radiofónicos, electrocutaron Gràcia en octubre y por el camino se juntaron con otros quince escritores…

Y amenazan con seguir.

CAPA 5

La cebolla estimula numerosas funciones orgánicas, pues es diurética, cardiotónica e hipoglucemiante.

Tiene asimismo propiedades antisépticas y emenagogas (regulación del ciclo menstrual).

Reduce, al igual que el ajo, la agregación plaquetaria (peligro de trombosis), así como los niveles de colesterol, triglicéridos y ácido úrico en la sangre.

De manera general, favorece el crecimiento, retrasa la vejez y refuerza las defensas orgánicas, sobre todo frente a agentes infecciosos.

Delaonion son Álex Chico, Jordi Corominas i Julián, Iván Humanes, Laia López Manrique, Juan Vico y, por supuesto, todos los demás.

Este jueves 20 de enero leerán en Tinta Roja (c/ Creu dels Molers, 17- Barcelona) a partir de las 20,30h, con Ruth Llana, Txus García y Luis Vea.

www.delaonion.blogspot.com

Miércoles 19, Libros quemados, escritores en fuga en el Laberint de Wonderland (Rne4)





La semana pasada dedicamos nuestro laberinto a hablar de algunos escritores que pretendieron quemar sus manuscritos por varias razones. Hoy nos adentraremos en la otra cara de la moneda. El 10 de mayo de 1933 los Nazis congregaron a una multitud en la Plaza de la Ópera de Berlín para quemar más de veinte mil libros de sus autores prohibidos, entre los que figuraban los cuatro literatos de los que hablaremos a lo largo del programa para realizar un viaje a través de sus vivencias en la huida. Joseph Roth, Sigmund Freud, Walter Benjamin y Stefan Zweig emigraron por causas políticas corriendo suertes dispares pero parecidas en su exilio.



El laberint a Wonderland

Cada miércoles a partir de las 18h

Radio Nacional- Rne4

100.8 fm Barcelona

En directo: Rne4

martes, 18 de enero de 2011

Black Bazar de Alain Mabanckou en Revista de Letras



El rompecabezas de un alegre marginado: “Black Bazar”, de Alain Mabanckou
Por Jordi Corominas i Julián | Críticas | 15.01.11


Black Bazar. Alain Mabanckou
Traducción de Mireia Porta Arnau
Alpha Decay (Barcelona, 2010)


Vive en un minúsculo estudio, viste los mejores trajes, vegeta trabajando en una imprenta y vierte conocimiento de caras b, y no son precisamente singles musicales. Es el culólogo, congoleño residente en París, dandi periférico con mucha gracia y algo de infortunio sentimental. Aspira a escribir desde que conoció a un haitiano versado en la literatura, y Black Bazar, publicado en España por Alpha Decay, es la trascripción del noble intento ideado por Alain Mabanckou, acelerado titiritero que confiere a su personaje una prosa afilada que desde el desorden genera armonías cotidianas, y no queridos lectores puntillosos, esa palabra no encierra un soporífero volumen con los problemas del día a día desgranados en plan catálogo de Ikea. Parece que en estos tiempos tan tecnológicos sea un pecado hablar de gente corriente, como si fueran apestados sin interés. Que yo sepa, y así lo recoge el escritor de Brazzaville, la mayoría formamos parte de este conjunto humano, y narrarlo es útil si se hace con agilidad y agudeza al recoger los aspectos que configuran lo comunitario porque ayudan a entender microcosmos con los que convivimos casi sin darnos cuenta.

El culólogo se enfadaría si mencionáramos que reside en un arrabal. Pues bien, así es, no hay que rasgarse las vestiduras por muy lujosas que sean. Sale de su casa y tiene el típico badulaque con un árabe obsesionado en sus prédicas políticas sobre la unión de los africanos, y también una tienda de ropa interior femenina donde trabaja su gran amor, color de origen, una chica con un trasero de aúpa, una joya de la corona que protege hasta que en su camino se cruza alguien que dice ser el primo del primor. ¡Mentira! La familia queda alejada, el tipo es un percusionista bajito y feo enviado por el demonio para romper tanta felicidad conyugal de esa trece rue del percebe de la ciudad de la luz que molesta sobremanera al vecino del quinto, un tal Hipócrates que esputa sapos por su boca al defender el honor gabacho en contra de la invasión negroide proveniente de las antiguas colonias, elementos que según su deleznable criterio han arruinado la credibilidad del Hexágono.

Y claro, la situación no es agradable, ni en Francia, incluidos Mónaco y Córcega, ni en Tegucigalpa. Hay que ahogar las penas, y para eso no hay mejor sitio que un bar donde charlar con los amigos y recibir demenciales consejos que llevan a la nada, vacío conversacional, pan nuestro de cada día; Desolación, chismorreos y opiniones de expertos tras beber muchas Pelfort, la cerveza de los campeones. El pobre culólogo sólo recibe el consuelo de una máquina de escribir comprada en unos encantes, y a través de ella recogerá este breve recorrido biográfico de apogeo, muerte y resurrección marcado por el amor, centro de gravedad porque el protagonista tiene habilidad al reconstruir un pasado donde ella tiene importancia primordial al ser la madre de su hija y el motivo fundamental de los cambios que le impulsan a teclear compulsivamente en parques y silencios.

Ya sabemos quién es el malo de la película. Otro autor se hubiese cebado con el demoníaco destructor del hogar, el ídolo del tam tam que engaña a los blancos con sonidos tribales arreglados por productores de pacotilla. En este caso el rival es sólo un ingrediente más que sirve para configurar un maniqueísmo muy real en este conglomerado de miseria y lujo ministerial escondido que el relato registra en un aparente caos, rompecabezas propio del novato que plasma sus pensamientos sin ton ni son con la velocidad característica de quien necesita expresarse para conseguir una catarsis, valga la redundancia, liberatoria.




El libro se lee de un tirón porque la cadencia de los vocablos tiene esencia oral, como si el atildado doliente nos explicara sus peripecias tomando una copa, mezclando la cronología, yendo arriba y abajo porque los recuerdos emergen en el presente y no hay ninguna voluntad de alinearlos esquemáticamente para facilitarnos la labor. Una de las mayores virtudes de Black Bazar es su estructura supuestamente deshilvanada que juega con mucho acierto al mostrar pequeños retablos urbanos que configuran un cuaderno de bitácora donde la acción lleva a un sólido cuerpo crítico en el que los diferentes roles exprimen sus ideas para que percibamos la diferencia de un oasis integrado en el gran bullicio capitolino como piedras que disturban, pero pueden llevar a término su propia experiencia al generar un reducto independiente a la homologación querida por los aborígenes franceses, y todo ello se plantea sin lamentaciones típicas y tópicas al orden del día. El llanto desaparece ante el optimismo antropológico que implica la alegría de vivir y dejar que las efemérides vayan sucediéndose hasta que los problemas se solucionen por la cíclica inercia que depara el camino, y si el humor participa de la fiesta nadie puede quejarse, sólo aplaudir por valentía y originalidad.

Alain Mabanckou, premio Renaudot 2006, sabe conjugar ironía con precisa observación de la realidad, y lo hace con una suavidad contundente en el laberinto, dándonos la mano para que viajemos en mil espacios que desde su insignificancia se revelan fundamentales para entender la idiosincrasia de la novela, en la que cada partícula tiene su importancia para descifrar la senda del culólogo, ser normal que cobra otro rango al navegar horizontes conocidos con otra mirada que quizá sea un indicio válido para renovar un costumbrismo que nunca debe desaparecer.

lunes, 17 de enero de 2011

Diálogo con Albert Lladó en Literaturas




Dialogo con Albert Llado
Por Jordi Corominas


Es viernes por la tarde y lo normal sería descansar tras una ajetreada semana. Quedar con Albert Lladó (Barcelona, 1980) es un placer por amistad, afinidad generacional y nuestro gusto compartido por la literatura desde una extraña hiperactividad que no busca el exhibicionismo puro y duro, sino el trabajo bien hecho típico de la hormiguita, que poco a poco aprende a moverse por el mundo hasta encontrar su lugar en el sol. Quedamos en su casa, y eso es un verdadero privilegio al preparar mi anfitrión unos gin-tonics extraordinarios, de los mejores que he probado en mi vida. Albert acaricia la copa, la repasa con limón y añade los ingredientes. La exquisita preparación del brebaje es comparable a los vocablos que vertió en esta larga charla con motivo de la publicación de su novela La puerta, editada por CultivaLibros, sello pequeño que merece un lugar en el panorama literario al publicar obras de calidad de nombres que un día, cuando pase el furor de la inmediatez, merecerán consideración por lo sólido de su propuesta. De momento vayamos al líquido, y a las palabras.

Jordi Corominas i Julián: ¿Cúando escribiste La puerta?

Albert Lladó:
Lo inicié muy joven, con veinte o veintiún años. En ése momento redacté las veinte primeros páginas, que después modifiqué mucho.

¿Al principio era un relato?

No, era el principio de una novela que se quedó en una carpeta del ordenador.

¿Te sentías incapaz de continuarla o simplemente le tocaba reposar para que maduraran las ideas?

Fue una mezcla de pereza y la necesidad que por aquel entonces tenía que vivir la vida un poco más.

Y eso realmente encaja con lo que es la novela.

Sí, porque las veinte primeras páginas son formativas y luego el relato ya coge otros caminos. Me fui de casa de mis padres para vivir en un piso de estudiantes en Barcelona, y en la novela quería hablar de ése momento, pero para narrar bien uno debe adquirir experiencia vital. Además es muy difícil concentrarse para escribir una novela, siempre hay algo más instantáneo, pero quería acabarla porque creía que merecía la pena narrar una atmósfera concreta, la del Raval de principios del siglo XXI. En 2008 me propuse dedicar cada lunes a publicar un capítulo en un blog, por lo que me obligué a escribir al tiempo que me desnudaba totalmente. Sabía que luego me tocaría retocar esos capítulos, era una escritura muy a lo bestia.

Con lo que por fuerza los capítulos salieron cortos y surgía un doble enlace entre tu método de escritura y la recepción por parte del lector, habituado a un ritmo rápido que propicia el suspense por lo que vendrá.

Este tipo de escritura se adapta a nuestro mundo por la velocidad. En julio de 2008 tuve mucho trabajo y paré la producción durante tres meses. En otoño la retomé, terminando la segunda parte en dos meses, que disfruté mucho más que todo lo escrito anteriormente.

¿Y a qué se debió el goce de escribir la segunda parte?

Me dejé llevar. La primera parte es la construcción muy meditada de la estructura, mientras en la segunda creo que hice literatura.

¿Una primera parte de escritor ingenuo que mediante la estructura cree hallar la seguridad de lo sólido y una segunda donde predomina el estilo?


Totalmente. La primera parte era arquitectónica, con miedos de novato. En la segunda me sentí libre y creo que empezó a salir mi estilo, aunque seguramente eso es difícil de conseguir en una Ópera prima.

¿Cómo juzgas la novela? ¿Un ejercicio de nostalgia? ¿Un autopsiconálisis?

Creo que es una novela con muchas posibles lecturas. Es una historia de amor por Blanca, un personaje que coge la forma de mi obsesión de aquel momento, donde preparaba una tesina sobre Nadja de André Breton y la Maga de Rayuela.

Todo el mundo coincide en que La puerta es una novela de iniciación, y si eres hombre es casi inevitable que aparezca una mujer.

Sí, pero ahora escribo otras cosas y la mujer sigue pululando por las páginas.

Sí, siempre está presente, pero en una novela de iniciación la mujer juega un rol revelador, y en el caso que nos concierne es claro porque se llama Blanca, es la luz en medio del laberinto urbano.


Sí, además no soy un escritor posmoderno…

Gracias a Dios. ( risas)

Es una novela clásica. Hay una mujer que abre puertas, de ahí el título, que es casi Barojiano. Hay una segunda lectura basada en los símbolos, algunos muy ocultos, pero yo los percibí y me gustaron.

Los símbolos son pistas…

Y una canción es una pista. Luego la tercera novela dentro de la novela es la lucha brutal entre dos formas de entender el mundo. Por una parte tenemos lo racional- la libertad y los ideales de la Revolución Francesa- y lo poético que representa Jesús Lizano.

En nuestra época universitaria lo francés nos marcaba, teníamos dieciocho años y estábamos imbuidos de ideales que hoy en día muchos, por desgracia, ya consideran superados.


Él vive la ciudad cómo si fuera una película de Godard. Lo demás es circunstancial.

Una novela de iniciación sin ideales no es posible. Quizá la primera fue Werther, pero en la tuya el esfuerzo del narrador por intentar comprender el personaje es uno de los rasgos distintivos.

Es un personaje que sufre. Tiene agorafobia y hasta pasa unos días en el hospital de Sant Pau.

¿Y por qué crees que sufre?

Porque el proceso de asimilación del mundo es muy complicado.

Cómo si saliera de la caverna…

La putada no es sólo salir de la caverna, es que en la superficie tampoco hay luz. Platón es un estafador, el protagonista se da cuenta y por eso sufre en todos los sentidos. Barcelona es fantástica, pero de repente va a un súper y conoce a una vieja que no puede pagar el pan. El amor es genial, pero su novia se va a Berlín y conoce a otro. No he escrito nada nuevo, pero al fin y al cabo es mi novela de iniciación, un trance por el que debemos pasar para crecer.

Las cosas que más valor tienen son las que se revisten de esta actitud. Tuve un profe que siempre decía que las formas no cambian, sólo se transforman los nombres. Si expresas algo y la gente lo entiende significa que has comprendido la época en la que vives.

Todos hemos descubierto cosas increíbles, y no importa nuestra condición cultural. Desde el primer beso hasta la muerte. Estos hallazgos son comunes. Albert, el protagonista, no para de sorprenderse, pero también se desilusiona porque las cosas no son cómo espera, y de los veinte a los veintinueve pasan una barbaridad de cosas.

Y sufrimos en la veintena, maduramos intelectualmente. Cuando tienes veintidós y piensas en tus veinte concluyes que antes eras un capullo, y así sucesivamente. De todos modos, la labor de ordenar toda esa singladura es increíble. ¿Fue duro lograr que no se superpusieran los varios egos que van de los veinte a los veintiocho años?

No tenía un guión de la obra, sólo la atmósfera y el escenario. Cada parte de la novela es diferente, sólo son dos años, pero la metamorfosis es brutal.

Hay un colapso. Resucita de las cenizas y pierde exaltación.

Pasa del descubrimiento continuo a una mayor racionalidad. Se siente decepcionado de tanta lógica, en realidad su evolución es relativa, simplemente acepta más el mundo.



Hacemos una pequeña pausa. Llevamos veinte minutos, las copas se han vacíado y quiero fumar un cigarrillo en el balcón para contemplar el ambiente de la plaza al lado de la casa donde vive Albert. Al cabo de cinco minutos volvemos a acercarnos a la grabadora y la conversación vira completamente hacia otros derroteros.



¿Sabes? Me harta mucho todo este rollo de listas y tendencias. ¿No crees que hoy en día considerarte un escritor clásico es trasgresor?

Hace poco Matías Néspolo escribió un artículo donde más o menos esgrimía que ahora casi tienes que pedir perdón por escribir algo clásico. La puerta sigue unos parámetros clásicos. No debería decir esto siendo editor de Revista de Letras, pero en este momento no me interesa cómo se trata la actualidad literaria. Para mi la actualidad es compartir algo que me sorprenda, el desvelo. Las tendencias son peligrosas.




Más la permanencia que el impacto directo.

Está muy bien informar de la actualidad, pero hay que ir con cuidado en no convertirse en un portavoz promocional. Está muy bien hablar de lo último, pero también hablar de una obra de Schopenhauer.

Tu novela desde un teórico clasicismo también juega con lo moderno entendido cómo algo con lo que uno se identifica.


Sí, porque vivo así la literatura, puedo tener la última novedad y un libro antiguo que me llena igual. Puedo informarte de lo que acaba de salir, pero a nivel literario no me ciño a lo rabiosamente moderno. Cuando escribí no pensé en esos términos, salió que tenía dentro, en mi caso es imposible pensar en redactar algo con intencionalidad impactante. Soy un freak de Cortázar, que para muchos está superadísimo.

Hemos hablado de esto muchas veces. En la literatura española hay varias tendencias. Una de ellas no busca la supuesta vanguardia por la vanguardia, va más hacia una cultura europea basada en la tradición, sin necesidad de sorprender con supuestas innovaciones.


Nuestra tradición es la más rompedora de la Historia. Naturalmente reinventamos la tradición.

Y tus fuentes beben del jazz, el cine de los sesenta, novela española…


Me encanta Umbral.

Que siempre se afirma más como un referente.

Ves, eso no lo sabía. Soy un ingenuo. Mi primer contacto con Umbral fue porque con veinticinco años mi madre rescató un libro suyo de la basura. Pensaba en Umbral como el freak que salía en la tele, no lo conocía de nada. Leí Las ninfas, y aluciné. Es barroco. Mortal y Rosa es brutal. En un mes devoré casi toda su obra. Para mi eso es la actualidad.

La puerta tiene el ideal del protagonista. Sus fuentes son callejeras, no es la realidad digital, se pueden tocar con los dedos, y con naturalidad.


Para vivir lo mágico hay que salir a la calle y encontrar los símbolos. Empaparte de calle. Cortázar lo hizo adoptando esa idea surrealista. Abrir bien los ojos y absorber lo que nos rodea. Es maravilloso. Barcelona está impregnada de mil historias, tiene experiencia y la ciudad siempre aporta.

La ciudad tiene una extraordinaria capacidad de aturdirnos con el detalle y desequilibrarnos.


La ciudad nos habla. El problema es que muchas veces no la escuchamos.

El protagonista de La puerta pasea, vemos reflejado el exterior pero al mismo tiempo captamos lo que piensa. Asimismo el estilo de la novela es sintético pero busca una poética de manera continua.


Sí, es un ejercicio de estilo. Le di el manuscrito a Fernando Clemot y me enseñó lo que denominó las tríadas, que es cuando hay tres adjetivos juntos. Era intencionado. Me gustan las frases cortas, pero también recrearme en la descripción.

Te importa la trama, pero el estilo debe tener poesía.

No sé escribir de otro modo. Sé que nunca seré un narrador de historias a lo Mendoza, que relatan a la perfección. Es un escritor práctico con mucho oficio. Ni sé hacerlo ni quiero hacerlo. Cuando dice que Kafka era un mal escritor…pues ojalá llegue a ser tan malo. En La puerta me arriesgué. Albert, el protagonista, es pedante, pero Blanca lo desvanece porque se ríe constantemente de esta característica.

Y Blanca también es una excusa que te permite desarrollar tu visión de la ciudad
.

La tiene en ocasiones como el objeto de deseo, y es donde descarga su pedantería. Al mismo tiempo supone una cura de humildad a su exceso de barroquismo. En la segunda parte se libera y hay mayor precisión. No me di cuenta y el personaje creció porque dejé de controlar a Blanca.

Todas las piezas deben encajar. Cuando terminas una novela mucha gente suele decirte cosas que cuando escribimos no podemos percibir.


La mejor sensación es no poder controlar a mis personajes. Me encantó. Cobran vida, hacen lo que les da la gana y casi ni te enteras. La gente que no escribe no sabe el esfuerzo que supone hacerlo, y tampoco conoce la sensación de perder el orden porque los personajes casi cobran vida propia.

¿El Albert de La puerta es un personaje de una sola novela?

Creo que irá saliendo. Es autoficción, es un yo poético. En una nueva novela el personaje también se llama Albert y recupera su infancia. Ha escrito, ha publicado y a través del Facebook reencuentra a las personas de cuando tenía doce años. No es el mismo de La puerta, pero sin duda se acerca. No me interesan los astronautas.

Es comprensible escribir de lo que uno conoce.

Si, pero el Albert de mis novelas es una creación artificial de mi mismo. La gente que no sabe de mi existencia me pregunta si yo soy Albert o si mi chica es Blanca. Se genera una tensión absurda, es divertido. Blanca tiene cosas mías y Albert tendrá de otras personas.

Además de escribir novelas desarrollas una labor literaria que va más allá e incluye greguerías, instalaciones, ensayo, edición… ¿Cómo encajas todo en un solo cuerpo?

Quizá eres tú quien debería responder a esa pregunta. (risas). No lo sé, es muy difícil de explicar, pero cada vez soy más así. Cuando tienes veinticuatro años piensas que haces muchas cosas. A los treinta te das cuenta que eres de hacer muchas cosas. Son formas de ser, y cuesta mucho concentrarse porque estás en algo y piensas en lo siguiente.

Es algo positivo.


E implica riesgos. Me ducho y aparece otro Albert. Es mi forma de vestirme.

¿Qué conexión estableces entre todos tus campos de acción?


Creemos hacer cosas diferentes, pero en realidad son la misma. Las greguerías las hago en el metro. No hace tanto que conozco a Gómez de la Serna y con el tiempo lo relacioné con Cortázar, que fue uno de sus grandes valedores. Las conexiones las descubre la vida. La puerta se enlaza con mi tesina.

Toda novela de Barcelona muestra los cambios de la ciudad, y con los años termina siendo documental. ¿La puerta muestra una Barcelona que aún existe o una que ya desapareció?


Todos tenemos el peligro de ser jóvenes abuelos con nostalgia del pasado, pero si que es cierto que la ciudad ha padecido dos tragedias posteriores al contexto en el que se enmarca La puerta: el alcalde Hereu y la masacre de la SGAE que simboliza el London Bar, donde hay una conexión artística muy fuerte entre pasado y presente.

¿No crees que quizá faltan novelas de Barcelona con un espíritu más crítico?

Si, porque o se idealiza o se pone a caldo.

Sí, porque tampoco hay que ser políticamente incorrecto porque toca. La crítica debe ser sutil a partir de lo que se muestra.

Sí, y en Barcelona hemos perdido mucho. Tú y yo hemos ido al Jazzman, música en directo los lunes, era mágico.

Con ése Barman que nos saludaba diciendo “Hola, company”. Ése señor ya no existe y quizá habrá otros que cojan el testigo, pero aún no aparecen.

Puede que estemos envejeciendo y no sepamos encontrar nuevos lugares.

Bueno, tenemos treinta años… (risas)


Sí, pero no puede ser tan complicado dar con conciertos en directo en Barcelona. Antes no los buscaba, llegaba al London y la música me recibía. No era necesario consultar guías. La SGAE y la cultura Hereu han perjudicado mucho.

Ellos venden la cultura alternativa desde lo institucional, por lo que anulan la posibilidad de aire fresco. Sólo existe lo suyo desde la estafa, el engaño del ocio.


Debería replantearse qué es política cultural. Es un reto muy complicado.

Y lo es más porque la parte que no apoya el Ayuntamiento tiene mucha vitalidad.


La otra cuestión es cómo no prostituir la cultura subterránea si la propulsas a la superficie.




Puede que colapsen ambos trenes.

O que lo que ellos venden salga en todos los medios y no vaya nadie.

Su fracaso encaja con lo que comentábamos de lo que quieren que leamos y lo que en realidad la gente lee.

¿Qué lee la gente? ¿No nos hacían leer a Gustavo Adolfo Bécquer?

Me intriga el desnivel entre lo que se vende en plan comercial y lo que realmente tiene valor literario.

Y mucha gente desafía esas imposiciones. Tú lo sabes. Sales a la calle y hay gente que aplaude lo subterráneo, es un poco como lo que ocurre entre la crítica digital y la de papel. La mayoría siempre lee más la digital, siempre más actualizada, siempre más fresca.

Ese proceso es delicado con la crisis. Ellos cobran y nosotros no vemos un duro.

Sí, es delicado…

Venga, que ya llevamos una hora. Penúltima pregunta. ¿Qué puertas abre La puerta para el futuro?


Perdí el miedo a escribir una novela y descubrí que no soy sólo un novelista.

Este año publicarás tres libros.


No se lo aconsejo a nadie.

¿Sales perjudicado con la distribución? ¿No crees que deberías buscar sitios con mejor distribución?


Soy un inconsciente, nadie saca tres libros en un año. Uno de entrevistas (ndlr: Paraules, publicado en Abadía Editors), otro es la novela y otro es el de greguerías, La realidad es otra. No vivo de lo que produzco, no me obsesiono.

¿Y no te gustaría vivir de ello?

Me da miedo, ahora mismo soy independiente y escribo lo que quiero. Lo ideal sería tener más tiempo para escribir. Quizá lo mejor sería que me tocara la lotería.









literaturas.com

http://literaturas.info/revista_int.php?IdElement=10&IdSubElement=8&IdSubSubElement=108 | 13.01.2011

domingo, 16 de enero de 2011

Los infinitos de John Banville en Revista de Letras



Sitting in an english garden waiting for the sun: “Los infinitos”, de John Banville
Por Jordi Corominas i Julián | Críticas | 13.01.11


Los infinitos. John Banville
Traducción de Benito Gómez Ibáñez
Anagrama (Barcelona, 2010)


Es verano, pero en la nabokoviana finca de Arden el ambiente huele a Nocheviejas del Patriarca. Adam Gondley, matemático de renombre por dar con una fisura temporal que derrumba la frontera entre hombres y dioses, agoniza en la habitación astral. Los demás miembros de la familia aguardan el óbito e intentan matar las horas ajenas a las pesquisas del Olimpo. Hermes es el narrador de una historia humana, demasiado humana, a no ser por el punto de vista divino, que convierte una tragedia en una representación cómica de nuestra banalidad cotidiana.

Los personajes de la trama destacan por su pretenciosa nadería. Adam Junior es un gris pero entrañable personaje enamoradísimo de su mujer, la bella Helena a la que Zeus corteja en secreto, fornicándola en sueños y persiguiéndola por el bosque privado. Petra es la hermana menor, medio autista y desquiciada porque su novioRoddy, un trepa interesado en escribir la biografía oficial del reputado científico, la ignora y prefiere presumir de una elegancia desteñida por una insulsa modernidad que todos intuyen, desde Úrsula, alcohólica que se prepara para la viudedad, hasta Ivy y Duffy, la extraña pareja configurada por una noble venida a menos y un vaquero analfabeto que más bien parece un espontáneo que cobra un sueldo por figurar en el reparto. Aparecerán más nombres para liar la madeja, si bien con estos elementos ya hay bastante para que Mercurio y su padre perciban que en la anomalía de los mortales hay una energía que ellos perdieron en la noche de los tiempos, cuando el Universo estaba en ciernes y la animación cobraba fuerza al necesitar un orden que arreglaron entre metamorfosis, viajes y disputas que nosotros tomamos desde un inevitable cariz moral.



Banville, quien lo dude es condenable, es un maestro. Altera la lógica de la monotonía y da mística de la vulgaridad a la historia de esa jornada campestre de unos nobles aburridos demasiado pendientes de mirar su bonito ombligo mientras atienden el trágico desenlace que sepulte al célebre vegetal sumido en las tinieblas de su estancia desde donde, cuando los de arriba duermen, resucita para recordar los entresijos de su existencia. Se lamenta por el suicidio, a lo Virginia Woolf, de su primera esposa y rememora algún que otro coito veneciano que expone su aislamiento antes del último suspiro. Es un genial despojo abandonado por los suyos, más preocupados por preparar comida para los invitados, ajustar cuentas con sus envidias o calentar la cama con polvos esporádicos que remiten al mito de Anfitrión y Alcmena, papel que Helen debe interpretar en su próxima aparición teatral. La pobre no lo sabe, pero ser la favorita de Zeus no es moco de pavo. El señor de los cielos se ha encaprichado de ella hasta el punto de perjudicar a la Aurora de dedos rosados, postergando el amanecer para penetrarla y darle un placer que alegra su día y la propulsa a un inagotable estrellato de deseo, energía que llena la atmósfera de esa extraña felicidad previa a la tormenta.

Todos desarrollan sus actividades resignados porque aceptan despojarse a regañadientes de su ego al asumir que el centro de atención es otro, ese cuerpo estático al que visitan despidiéndose mostrando su fragilidad hasta que irrumpe, no podía faltar, el invitado de turno, que no es la gracia, sino un antiguo compañero académico del padre, Benny Grace, gordo irónico con el que nadie cómo actuar salvo el perro Rex, cancerbero de la mansión imbuido de piedad por lo patético de sus propietarios, dogo feliz sorprendido por la mansedumbre de un ritual único aunque repetitivo.

Sin dioses, la trama se encuadraría en un costumbrismo muy británico con lo rural ejerciendo de microcosmos donde los enredos sirven para retratar la insuficiencia de lo efímero y sus trapicheos de poca monta. Cada personaje cumple su rol y goza de presencia porque la omnipotencia celestial se preocupa por mostrarnos sus preocupaciones esenciales. Adam Junior quiere a su mujer y tiene un miedo inconsciente a ser incapaz de retenerla por su belleza. Petra sufre aceptando su triste destino de solterona con toques geniales. Úrsula le da la botella con despreocupación, como si escenificara una constante de desmemoria a la que nunca podrá acostumbrarse el pelele de Roddy, inferior a Ivy y al cowboy Duffy por carecer de autenticidad, puro artificio que divierte al mensajero y a su progenitor hasta el paroxismo del rayo. Sus majestades del Olimpo tienen en su mano el rumbo de los acontecimientos hasta el final, de nada sirve actuar en los virajes, la línea recta es decisión de los supremos titiriteros del más allá.



John Banville da una nueva vuelta de tuerca a lo común ridiculizando nuestros quehaceres con consistencia de ambrosía. La narración gana muchos enteros por su original enfoque, dirigido en todo momento desde la órbita que elimina el capricho humano y lo imbuye de parcial omnisciencia que desnuda miserias al uso dando a lo trágico la alegría de lo ridículo. La seriedad se desvanece, las marionetas flotan entre la hierba y lo cómico se impone riéndose a carcajada limpia sin forzar el acelerador porque la solidez de la estructura del relato es tan sutil que imanta al lector partiendo de una tranquilidad donde van sucediéndose las efemérides y la página se desliza con suavidad hasta la conclusión, guinda a un pastel que reflexiona sobre lo mortal desde la quietud de las alturas, cansadas de sosiego y con ganas de divertirse exhibiendo lo intrascendente de nuestra condición en una novela que sin quererlo adquiere condición teatral.

viernes, 14 de enero de 2011

Dog Soldiers de Robert Stone en Literaturas


Dog Soldiers
Robert Stone


Robert Stone, Dog Soldiers, Barcelona, Libros del Silencio, 2010

Traducción de Mariano Antolín e Inga Pellissa

Para el imaginario colectivo, la guerra del Vietnam es el conflicto del séptimo arte, mucho más que la segunda conflagración mundial o las recientes batallas del Golfo Pérsico. Apocalypse now, Birdy, Full metal jacket o Nacido el 4 de julio son los iconos que dan al público una visión de la barbarie que, sin embargo, también ha sido tratada adecuadamente a nivel literario, siendo Dog Soldiers de Robert Stone su obra más representativa. Publicada en Estados Unidos en 1975, ve finalmente la luz en nuestro país de la mano de Libros del Silencio en una edición prologada por Rodrigo Fresán donde se ofrecen algunas pistas de lectura que se olvidan cuando nos adentramos en la misma y descubrimos por nuestra cuenta y riesgo el porqué ganó el National Book Award y está considerada por Time como una de las cien mejores novelas del Novecientos.

En primer lugar hay un factor que muchos no han considerado a la hora de abordarla críticamente. Dog Soldiers es de los pocos libros que, por su misma estructura en perpetuo movimiento, hermana la doble América que se generó en los primeros setenta entre Vietnam y California. Los alegres sesenta de flores, paz y amor terminaron con una cruenta resaca paralela. La inercia destructiva del sudeste asiático, donde la decadencia era fruta podrida al servicio del Estado, se percibía en los jóvenes estadounidenses como un martirio de drogadicción y violencia del que era muy complicado escapar. Y es en este punto donde podemos introducir la figura del protagonista, John Converse, periodista de poca monta que tras escribir una obra de teatro y casarse con la hija de su jefe, un acérrimo comunista en la tierra menos adecuada para amar la hoz y el martillo, pide ir como corresponsal a la aridez de Raigón, donde cae en círculos poco aconsejables hasta ver una tabla de salvación en tres quilos de purísima heroína para vender al mejor postor de su país natal.

La primera parte de Dog Soldiers es una invitación a cruzar las puertas del Hades de manera filosófica. Mientras la acción transcurre en el epicentro trágico de la década una intensa perfección surca cada página por la profundidad de sus diálogos, lo descarnado del sentimiento y la crudeza de quien ha perdido la capacidad del dolor por haberlo tocado demasiadas veces. A ello contribuyen los secundarios y otro rol trascendental en la narración, el soldado Hicks, que es quien debe transportar la mercancía hasta la nación de las barras y estrellas, que es donde topará con la mujer del periodista, embarcándose ambos en una huida hacia delante para escapar de unas garras que desean el polvo blanco. Entre ellos está el agente corrupto Antheil, una especie de Phil Spector de la CIA que complicará las cosas a todos los implicados en la trama, que cuando ingresa en suelo americano se transforma en una frenética carrera de caza y captura por carreteras secundarias donde se ejemplifica el malestar moral de un tiempo hijo del caos que sigue a la armonía de la esperanza.

Como pueden comprender, es pura lógica del relato, una persecución sin que las piezas colapsen sería un sinsentido tremendo. Hasta que eso ocurra el lector se verá enfrascado en una batalla más que dialéctica que incluye sexo, pólvora, violencia física, bares de mala muerte, moteles, montañas anómalas y un amplio abanico destructivo inspirado en el contexto de la época y en la magna herencia de lo Beat, pues es ciertamente inevitable no comparar ciertos pasajes con anécdotas de Kerouac, Cassady, Ken Kessey y compañía, de quien Dog Soldiers, ayudado por el contexto, bebe esa sinfonía alucinógena que impregna su textura. Asimismo, la contundencia narrativa puede deberse a la necesidad del arte del período de exponer sin tapujos la ética y la estética del desencanto, pues la obra cumbre de Stone está íntimamente ligada a la época que la construyó, cuando los EE.UU. asumían su descalabro de asesinatos políticos, dimisiones, corrupciones y el debut de la derrota en su vocabulario imperial, con la humillación que suponía alzar la bandera blanca ante seres amarillos que defendían los ideales del enemigo soviético, gota que colmó el vaso y empujó a una entera generación al marasmo durante una década de hundimiento previo al conformismo reaganiano que terminó con la confusión e instauró un pésimo nuevo orden. En este sentido Robert Stone dio en el clavo al dibujar la línea de frustración del sueño y la deriva que conformó su terrorífico epitafio, muerte del ideal para privilegiar el cinismo ante la ausencia de alternativas.





Jordi Corominas i Julian
literaturas.com

jueves, 13 de enero de 2011

Diálogo Iván Humanes- Jordi Corominas i Julián en Literaturas.com





Ivan Humanes & Jordi Corominas
Paseos simultaneos


En la Calle Joaquín Costa de Barcelona las furias corrompen la atmósfera. En el número 29 reside el fantasma de Enriqueta Martí, vampira y eficaz negociante del tuétano. Jordi Corominas i Julián e Iván Humanes no quieren desangrar a nadie, sólo escribir desde la libertad de no llevar corsé por rechazo a la estética gerontocrática. Por lo que sabemos, ambos se reunieron a mediados de junio en un bar de dudosa reputación para hablar de sus últimas publicaciones, el poemario Paseos Simultáneos (Vitruvio) y la novela La emboscada (Inéditor), obras que desde su diferencias se dan la mano por las afinidades sobre las que estos jóvenes autores disertaron durante una hora antes de ser secuestrados por el servicio de limpieza municipal.



Jordi Corominas i Julián
: Creo que una de las primeras reflexiones podría ser que tanto en los Paseos simultáneos como en La emboscada hay como voluntades manifiestas de mostrar cómo la literatura debe tratar el mundo.



Iván Humanes:
De hecho, en uno de tus primeros poemas del libro titulado Los balcones, dices que la mañana te informa de una desgracia, que las nuevas casas no tendrán balcones pero la tuya todos los del universo. Se manifiesta de hecho en tu libro una variedad cromática, poética, la apertura hacia múltiples voces…



JCiJ: La simultaneidad. Hay un poema que precisamente dice eso de “quiero captar voces”. La primera parte es como un manifiesto de lo que vendrá. Sin esa primera parte donde se expresa el corpus conceptual del libro no podría entenderse. Hay una serie de poemas como Los balcones o El sabio que forman parte de ese corpus. Cuando escribí Paseos simultáneos salía de escribir un relato realista que apresaba muchos detalles: pasos de cebra, stops, una pared rasgada… Todo iba hacia un fin. Pero estuve tomando notas y cuando lo vi, pasado el tiempo y de forma más relajada, pese a que el principio pensé que estaba plasmando el transcurrir, supe que tenía otra manera de ver la realidad, o de intentar captarla, de plasmar la obsesión, que creo que también es la obsesión que se cuenta en La emboscada. Se insinúa.



IH: Estamos limitados en nuestro lenguaje. Precisamente la tarea del escritor, siguiendo a Wittgenstein, es intentar abrir esa jaula del lenguaje, salir más allá y aprehender aquello que no se puede ver a primera vista, además de jugar con la propia palabra.



JCiJ: Estamos muy cansados de la venta de revoluciones, porque lo tradicional sigue muy anclado en esas revoluciones. La visión de la realidad sigue siendo la misma.



IH: Y en los Paseos simultáneos intentas encontrar diferentes voces, te abres a ellas, tu poesía es visceral y callejera…



JCiJ: Absolutamente callejera. Cuando más cosas descubro es paseando. Cuando más te sorprendes. Y hay un tipo de realidad preconcebida, como impuesta, que es la que está en todas partes, pero en los paseos, por la calle puedes captar cosas maravillosas o anomalías. La mayoría de la gente no les da importancia y desprecian a esos personajes diferentes.



IH: No sé muy bien si estamos hablando de una visión diferente, por encima. O de una anormalidad de la visión. Creo que el escritor es más bien lo último, un anormal en la visión. Más receptivo. Quizás receptivo hasta el exceso de la ficción y de la anormalidad. Los dos, por ejemplo, utilizamos de una forma diferente Barcelona. A mí pasear por el Raval me produce una angustia casi insuperable, como estar apresado en una bola esférica de Navidad. A punto de que alguien la agite sin avisar.



JCiJ: Pero a ti el Raval también te sirve para la novela… Simboliza como el metro el laberinto o el compartimento estanco. Como si todo estuviera limitado, expresas la idea de que tal y como se concibe la realidad está limitada entre paredes y conexiones sin salida.



IH:
Sí, y en uno de tus poemas también expresas esa especie de terror hacia Barcelona: El cigarrillo de entrada a Barcelona es mero miedo al laberinto, dices. Entre tu visión cromática de la ciudad también ese recoge ese tipo de pavor.



JCiJ:
La ciudad lo es todo. Mi ciudad es tu bosque. Es algo conocido por todos pero hay que entenderla como una dimensión desconocida que nunca nadie ha pisado. La vemos de forma diferente, tú a tu manera y yo a la mía, pero la en la expresión de ambos está la intención de cambiar, de reformular la narración y el poema. Nos han malacostumbrado a creer la unidad a través de la línea recta, como escribo en uno de mis poemas. O como tú te preguntas en La emboscada: ¿Es la matemática racional la verdadera literatura?



IH: Es una materia subjetiva. Sí que la forma puede ser matemática. Matemática irracional a veces. De hecho en La emboscada no me salgo de esa intención de creer la composición del texto como cota de mallas de Flaubert pero cada personaje contiene en sí un universo variado y diferente. Eso es evidente. Sus esquemas mentales deben tener su expresión propia. Ilógica en algunas ocasiones. Macheteada. Como cortada por un carnicero. Desordenada luego en la cesta de la compra. Y eso hay que dejarlo escrito.



JCiJ: Tus fragmentos, de hecho, parecen compuestos en orden matemático. Con igualdad de oportunidades para todos los personajes.



IH: Quería contemplar La emboscada como un cubo de Rubik donde los colores están esparcidos pero con la unidad correcta, que debe ser dada por el lector, puede ser conjuntado. Participa del surrealismo, la matemática, el ajedrez, la criminología científica… de muchas tradiciones y juegos. Paseos simultáneos también tienen esa parte onírica, surrealista. Es como una traslación de Loopesía, menos violenta, al papel.



JCiJ:
Tanto Paseos simultáneos como La emboscada son mosaicos, se obliga al lector a ser detective.



IH: Debe descubrir el propio mundo del autor que es el propio mundo de los personajes en la novela y en la poesía. Definiría a ambos libros como orgánicos. Vivos. Se construyen con la lectura. Es verdad que es lo que sucede con toda lectura, pero hay que diferenciar aquellos con linealidad evidente de los que tienen vida propia, con manifestaciones diversas y múltiples caminos. Sin sospecha del recorrido por el lector.



JCiJ: Múltiples interpretaciones. A mí Manuel Vilas me decía una vez, sobre Aire nuestro, que para escribir otra vez Madame Bovary se va a la librería, se compra el libro y se pone a criar flores silvestres. Hay una necesidad fuerte de expresar la evolución de la persona. El formato típico debe ser alterado al tenerlo tan alterado.



IH: Y hay muchas Barcelonas…



JCiJ: Barcelona es la ciudad lema. Pero es todas las Barcelonas también. Esta charla se da al lado de la casa de la vampira del Raval, y está ligada para mí a putas, vampiras, loopoesía, el cruce con personas dispares, fiesta y paseos. Hay infinitas Barcelonas porque cada momento puede determinar otro. A partir de las pequeñas cosas se pueden ver con mayor facilidad las grandes, puede desmontarse el tinglado. Cuando leo La emboscada me imagino colores, es claustrofóbica, con fuerte oscuridad, como el bosque. La pregunta sería si viene determinado por un contexto o por algo más allá.



IH: Viene determinado por la necesidad de que sea así. En esta novela he querido que cuando narra el escritor su quehacer diario no haya una descripción detallada, visual, sino mental, y cuando entramos en la novela que escribe y en la relación del detective con el asesino sí que me ha interesado centrarme más en los detalles. Evidenciar el salto. Cambiar el formato narrativo. Del “diario” se salta a la novela negra, que utiliza más la descripción y esos “artificios” narrativos clásicos para poner color y lugares concretos.



JCiJ: Es visual y mental. Psicológica. Más de introspección de personajes, donde las acciones se van relacionando y confluyen.



IH: Y por ahí también la visualidad de tu poesía, la combinación de los espacios comunes y surreales. Las situaciones cotidianas son trasladadas en tu libro al campo poético.



JCiJ: Creo que yo soy más de fotografía y tú de cine. Algo así. La investigación detectivesca es perfecta para enmarcar lo que cuentas porque es lo menos lineal posible. Zodiac, que tú refieres en La emboscada, y utilizas, es precisamente eso. Lo más poético por naturaleza es lo cotidiano. Lo cotidiano no es el espejo de Stendhal de la novela pero casi, te da la posibilidad de sorprenderte en cada momento, y siempre digo que sí, surrealista dentro de los cánones por los que entendemos el surrealismo sí, pero yo lo veo más como hiperrealista.



IH: O un impulso violento de escritura. Dadá.



JCiJ: Claro. Este libro de poemas fue terapéutico para mí. Pensar que hay límites no me sirve. ¿Por qué no puedo juntar al negro de Banyoles con una prostituta bielorrusa y un panadero? Wittgenstein es un buen hijo de puta. Nos da las bases para tener una lógica del mundo que es cierta, y el Tractatus es una obra maestra. Aunque cuando dice que de lo que no se puede hablar y lo mejor es callarse… Discrepo.





IH: Pero el Rey hizo suyo a Wittgenstein con el por qué no te callas, fue un arranque filosófico. No querido, claro. ¿Tú crees que el Rey citó queriendo al filósofo?

(risas)



JCiJ:
Podría aparecer en mis poesías… Un libro como Paseos simultáneos no diga que no vuelva a hacerlo, pero desde el principio quise tomarlo para darle una visión de mi universo experimental. No es convencional. Tiene su velocidad. Porque al fin y al cabo es un poema.



IH: En mi caso es la primera vez que utilizo las citas y la fragmentariedad para la escritura. En el libro de cuentos que publicaré de aquí a unos meses no hay ni una cita. Sí algún cuento fragmentario, pero los menos. Con esto quiero decir que creo que cada momento narrativo tiene su forma. En esta novela era inevitable. El escritor es uno de los personajes y nosotros estamos interactuando cada día con decenas de autores, saltando en internet de un autor a otro, pues entonces eso debería quedar patente. En la novela se salta de un capítulo a otro, puede volverse atrás, no importa el tiempo. En tus poesías creo que también sucede así: los temas se van generando, uniendo, destruyendo, actualizando, vinculándose.



JCiJ: Los paseos podrían ser eternos. Como reflejan un día a día y unos instantes y los van enlazando, el mundo es una esfera, que nunca se para. Como internet. El libro de libros. Extensible. Infinita. Se pone de moda lo fragmentario y parece que aquí se de la gran revolución, pero esto ya existía. Y creo, precisamente, que en el libro eres muy crítico y sueltas perlas sobre la constitución de este universo literario.



IH: No es un universo afable. Es una zona de guerra. Una zona de guerra grupal. Con intereses por parte de intermediarios, agentes, editoriales, necesidades de publicación y modas.



JCiJ: El exhibicionismo de la literatura. El literato parece que deba ser una estrella del rock.



IH: Así es. Y volviendo a tu poesía, que es una emboscada de voces, hay una poesía titulada Collage que es muy representativa. Paseos simultáneos es un collage de ciudades y lenguas.





JCiJ: Al ser Paseos simultáneos el propio título te invita a no limitarte a los muros de la ciudad donde vives. Y la ciudad donde vivimos es al mismo tiempo multicultural. Es algo que ha remarcado el ayuntamiento pero de forma hipócrita. Me gusta viajar y me gustan las lenguas (de todo tipo). Pero en el caso de los idiomas, escribir sólo en español cuando el libro es un paseo manifiesto es absurdo. Entonces por eso el catalán, inglés, italiano, francés, aranés. Lo de aranés fue lo único artificial, al buscarlo en un diccionario. Pero como en tu novela el espacio es irrelevante, porque lo importante es lo que sucede y se expresa. Me da igual que sea Barcelona, Roma o Pernambuco.



IH: Y no pueden dejarse pasar las mujeres. En tu poema Eyaculaciones propones realizar un estudio del orgasmo las mujeres en función del color de sus ojos.



JCiJ: Tú dices Silvia=Silvana=Bosque. La mujer es el mundo. El tópico reza que los hombres somos más aburridos y lineales y seguramente es verdad. Veo a una mujer diferente y cada día tiene la capacidad de deslumbrarme, es un calidoscopio, lo decía Mastroiani en La dolce vita, era muy divertido además, estaba bailando con Anita Ekberg y le dice tú eres la casa, eres la hermana, eres la madre, eres la amante… Dice todas menos la esposa… Cada mujer es un color. En tu caso, en tu libro, el color se va fundiendo con lo oscuro. Es más evidente como expresión de mundo.



IH: Como expresión de mundo complejo. Desestabilizador. Todas las mujeres son la misma mujer. No el sentido negativo. Todo lo contrario. Una única mujer que tenga a todas las mujeres supone una cromaticidad perpetua, la reducción es la multiplicación. Y aunque se exprese la novela y tu poesía de una forma clara, puede ocultarse el verdadero sentido en esa claridad, paradójicamente. Aunque en Paseos simultáneos tengamos un mundo alegre, visualmente agradable, viene a ser un laberinto.



JCiJ: Si hacemos un mapa del libro de poemas sería muy difícil realizar un seguimiento de los personajes. ¿Qué hay detrás de todo eso? El lector tendrá que descifrarlo, la literatura al lector suele darle las respuestas sin que tenga que pensar en ellas. Hay que evitarlo. En tu novela aparece, por ejemplo, Cirlot. Me parece una fantástica referencia. Papasseit, Brossa, Arnau Puig, Eliot pueden ser las mías. Y los enlaces musicales que se dan en los Beatles o The Who me dan mucho, me ayudan a entender el ritmo y la musicalidad del texto. Además de literatura puedes vivir mucho más de otras influencias.



IH: En mi caso, musicalmente, se localizan en la psicodelia, en la experimentación del primer Pink Floyd, King Crimson, Tyburn Tall, etc. La literatura no sólo participa de literatura, la cultura es antropofagia, poder devorar del otro. Tienes que alimentarte y retomar.



JCiJ: El punto con el que se puede hermanar La emboscada y Paseos simultáneos con la literatura anterior es el hecho de que, al fin y al cabo, las personas que aparecen están solas. La trilogía de Antonioni habla de personajes alienados, del hecho burgués que tiene éxito, descontentos con su mundo y solitarios.





IH: Como la comparación del escritor con el loco. No porque el loco sea un creativo excepcional, pues el trastornado es sufrimiento constante, sin posibilidad de bajar de su espiral. Pero tanto el escritor, ciertos escritores, como el loco tienen un hándicap, la mentalidad deformada, asocial, y el hándicap de la adecuación, el no ser comprendido. No en el mismo nivel, claro. Pero los dos pueden sentirse apartados, rechazados.



JCiJ: Y volviendo a la música, como decía George Martín, el productor de los Beatles, en un disco, con catorce canciones, la primera y la última deben ser las más fuertes. En los Paseos simultáneos cuando pasé lo que había escrito en cuadernos puse todos los papeles sobre mi cama y comencé a jugar con los nexos de unión que veía entre los poemas. Para encontrar la lógica a modo de un único poema enlazado. En tu caso al jugar con el capítulo corto el montaje también es fundamental…



IH: Tracé una línea de lo que deberían ser la novela y los fragmentos del quehacer diario del escritor. Separé en la redacción uno y otro, dividí los fragmentos en varias líneas argumentales y trabajé de forma individual el desarrollo de los mismos, según linealidades. Luego los intenté barajar. Busqué sus vínculos. Qué debería dar inicio a todo. Tú al principio situaste el corpus poético, por ejemplo.



JCiJ: Era importante tener todos los balcones del universo al principio, introducir ese corpus. Y es que se puede hablar de teoría al principio sin aburrir al lector. Me gustaría que los poemas se entendieran, cada uno deberá dar su interpretación. Es una poesía diferente que quiere actualizar, ser contemporánea que desafíe lo tradicional. Porque la repetición es angustiosa.



IH: Yo lo que le diría al posible lector es: pasea, llega al final del libro y entonces comprende. Sigue preguntando. Disfruta con el tránsito.