miércoles, 29 de junio de 2011

Habladles de Batallas, reyes y elefantes en Sigueleyendo


Del estilo, el artefacto y la Historia

Publicado en 28 junio 2011 por sigueleyendo



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JORDI COROMINAS I JULIÁN


Dos fueron los pensamientos recurrentes mientras leía Habladles de batallas, de reyes y elefantes de Mathias Enard. El primero está relacionado con una anécdota de hace años en un bar con las paredes naranja, color que incita a beber a lo bruto, como bien hice esa misma noche. Hablaba con un amigo y nos enfrascamos en una charla surrealista sobre la vida de Vincent Van Gogh y sus múltiples desventuras. La conversación degeneró y terminamos comentando la posibilidad de una falsa muerte. Quizá el pintor no falleció y decidió adoptar la personalidad de su hermano para cimentar su éxito futuro en el mercado y triunfar para vengarse de tanta burla y desdén.

El segundo elemento que apareció una y otra vez mientras devoraba las páginas del escritor galo fue la de una visita a la Biblioteca Feltrinelli de Roma, templo del consumo a gran escala en mis años transcurridos en la Ciudad Eterna, antes del berlusconismo. Una tarde bajé al entresuelo y topé con El tormento y el éxtasis de Irving Stone. Siempre me fascinó la figura de Michelangelo, y la novela no hizo sino incrementar esa pasión que me llevó a la mayoría de lugares donde el genio florentino dejó su impronta, desde Santa Maria Sopra Minerva hasta la magnífica tumba de Lorenzo II.

Las dos ideas se asocian por lógica. Enard es michoniano, y la génesis de su última novela parte indudablemente de la influencia de su maestro, lo que se nota hasta en la cita de Kypling que constituye el punto de partida de una experiencia basada en la bestia que dominó todas las artes plásticas durante más de medio siglo. El autor de Zona parte de una efeméride recogida por Vasari y centra todo su relato en imaginar el supuesto viaje del florentino a la bárbara Estambul de 1506 para cumplir el encargo de la Sublime Puerta consistente en construir un puente que uniera el Cuerno de Oro con el barrio de Pera. Este proyecto tan ambicioso fue aceptado con anterioridad por Leonardo Da Vinci. Su diseño se conserva en el Museo de la Ciencia de Milán y fue rechazado por el Sultán, quien por lo que parece estaba dispuesto a ofrecer el oro y el moro a los más grandes artistas de su época con tal de ver cumplido su sueño.

Michelangelo no fue a Estambul, pero el siglo XXI entiende poco de verdades y prefiere imaginar ficciones, y no sólo en lo literario. Son legión los historiadores que en algún momento han usado la historia virtual, la que no existió, para lanzar osadas hipótesis. A todos, es algo comprensible en el ser humano, nos encanta elucubrar sobre el que hubiese sucedido si, es un juego que tanto sirve para nuestras propias experiencias como para los vericuetos de la musa Clío. En narrativa este tipo de argamasa goza de cierto prestigio al activar teclas filosóficas que dan al texto un aire reflexivo, excusa perfecta para inmiscuirse en eras pretéritas que de este modo pueden ser noveladas con un buen amasijo documental que justifique el esfuerzo y le confiera un mínimo de sentido.

Enard salva bien la papeleta por varios motivos. Sus vastos conocimientos sobre Oriente dan credibilidad al relato, siendo fundamental, contrapunto entre dos formas de entender la existencia, la presencia del poeta Mesihi de Prístina. Este personaje condensa en su interior las partículas hacia la ensoñación y la geografía de la capital otomana, pues sin él Buonarroti no frecuentaría tugurios de mala muerte en los barrios bajos ni caería en la andrógina tentación estética del baile y los efluvios que emanan del Bósforo.

Otro acierto que aumenta la complejidad psicológica de la trama es la fecha de los acontecimientos. La pérdida de la segunda Roma, acaecida el 29 de mayo de 1453, aún escocía en el ánimo de la cristiandad, por lo que la apuesta del artista era una auténtica afrenta a Julio II, uno de sus principales protectores, mal pagador pero henchido por la magna ambición de redecorar el Vaticano y magnificar su propio recuerdo con una tumba que finalmente recibió acomodo en San Pietro in Vincoli. La diatriba de la eterna lucha entre dos culturas se exalta a partir de detalles que más que generar incomprensión fascinan a Michelangelo, compleja personalidad que percibimos en minucias que van desde su innata curiosidad hasta su despreocupada atención a la higiene y, como es natural en este tipo de artificios, en la mezcla entre las virtudes del genio y las banales características de un hombre que siente, padece, ama y goza con las preocupaciones del día a día, si bien en el caso que nos concierne son excepcionales, por lo que el lector se dejará transportar por el mito y enfocará las páginas del volumen con otra mirada más sugerente que se incrementa con el uso del presente, treta perfecta para sumergirnos en la historia, veloz por sus capítulos cortos y el suspense de una anómala normalidad de la que intuimos el final aún desconociéndolo.

Ignoramos cómo valorará el futuro Habladles de batallas, de reyes y elefantes. Si optamos por la mala leche positiva calificaremos el intento desde una vertiente popular que puede acercar ilustres biografías a personas que sin este acicate quizá no osarían penetrar en estos universos otrora tan exclusivos por académicos. Desde una óptica más culta cabrá convenir que el fenómeno se extiende con muchas variantes. Ricardo Menéndez Salmón sería su exponente patrio con La luz es más antigua que el amor, donde la madurez del narrador reluce por su habilidad al combinar factores, roles y períodos de una larga cronología europea que encajan con naturalidad desde una intención bien diferente a la de Enard. El autor de La ofensa exhibe una complejidad narrativa que le da un toque diferencial. Su unidad parte de la diversidad, mientras su colega francés sigue los pasos de Pierre Michon a pies juntillas haciéndonos disfrutar e instalándolos en la benéfica duda de si hemos devorado un producto destinado al entretenimiento o un mero ejercicio de estilo. Que el tiempo, más sabio que todos nosotros, dicte sentencia.

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HABLADLES DE BATALLAS, DE REYES Y ELEFANTES

Mathias Enard

MONDADORI

Poema sonoro Agonía




Entre calores y tonterías a uno le da por pensar en determinadas agonías contemporáneas.



Miércoles 29, Lugares esnob en el Laberint de Wonderland




Hoy cerramos la temporada de Wonderland. Al ser verano pensamos que proponer y topamos con El diccionario de literatura para esnobs de Fabrice Gaignault. En España lo ha publicado Impedimenta con ilustraciones de Sara Morante. El librico nos gustó y tiene tantas cosas que hemos optado por nombrarle nuestro guia viajero en los territorios del esnobismo.

Y de sus páginas proponemos cuatro lugares de viaje, cuatro exotismos literarios


1.- Tánger

2.- La Abadía de Thelema

3.- Davos y su balneario

4.- El barrio londinense de Bloombsury


Cuatro lugares para soñar y recordar historias míticas




El laberint a Wonderland

Cada miércoles a partir de las 18h

Radio Nacional- Rne4

100.8 fm Barcelona

En directo: Rne4

sábado, 25 de junio de 2011

Finalista del Premio Energheia Europe 2011-España


Acta de finalistas del Premio Energheia Europa_Espana 2011

giugno 24, 2011 Energheia Europe





Reunidos en Barcelona, a veintiuno de junio de 2011, los miembros del Jurado del premio Energheia Europe-España 2011 compuesto por: Álex Chico, Juan Vico, Ignacio David Iglesias, Ginés.S.Cutillas y Fernando Clemot, presidente del Jurado, deciden que, entre los 42 trabajos presentados, los finalistas que pasan a la fase final del concurso son los siguientes cuentos:

1. En construcción con número de registro 4 y correspondiente a Miguel Serrano Larraz, de Zaragoza.

2. Últimas gárgaras con Teresa con número de registro 5 y correspondiente a Jordi Corominas i Julian, de Barcelona.

3. Zygaena con número de registro 7 y correspondiente a Carolina Figueras Morató, de Barcelona.



4. Tu famoso impermeable azul con número de registro 31 y correspondiente a María Zaragoza, de Madrid.

5. Prefiero ser amish con número de registro 33 y correspondiente a Ignacio Ampudio de Haro, de Madrid.

Firmado, en Barcelona, a veintiuno de junio de 2011

Ginés Cutillas Álex Chico Juan Vico Ignacio David Iglesias

Fernando Clemot

*** la traduzione in italiano del verbale:

VERBALE DI NOMINA DEI FINALISTI DEL PREMIO ENERGHEIA EUROPE-SPAGNA 2011



Riunitisi a Barcellona, il giorno martedì 21 giugno 2011, i membri della Giuria del Premio Energheia Europe-Spagna 2011 composta da: Álex Chico, Juan Vico, Ignacio David Iglesias, Ginés.S.Cutillas e Fernando Clemot, presidente della Giuria, hanno decretato che, tra i 42 lavori presentati, i racconti finalisti che accedono alla fase finale del concorso sono i seguenti:

1. En construcción con numero di registro 4 e corrispondente a Miguel Serrano Larraz, di Zaragoza.

2. Últimas gárgaras con Teresa con numero di registro 5 e corrispondente a Jordi Corominas i Julian, di Barcellona.

3. Zygaena con numero di registro 7 e corrispondente a Carolina Figueras Morató, di Barcellona.

4. Tu famoso impermeable azul con numero di registro 31 e corrispondente a María Zaragoza, di Madrid.

5. Prefiero ser amish con numero di registro 33 e corrispondente a Ignacio Ampudio de Haro, di Madrid.

Barcellona, 21 giugno 2011.

La Giuria:

Ginés Cutillas, Álex Chico, Juan Vico, Ignacio David Iglesias, Fernando Clemot

Las ratas de Montsouris de Léo Malet en Revista de Letras


Crimen, antropología, París: “Ratas de Montsouris”, de Léo Malet
Por Jordi Corominas i Julián | Reseñas | 24.06.11

Ratas de Montsouris. Léo Malet
Traducción de Luisa Feliu
Libros del Asteroide (Barcelona, 2011)


El género negro en Francia es una joya nacional. Siempre pensé, y creo no equivocarme, en sus orígenes de amor a lo americano, a ese cine de tenebrosa fotografía, muchos tiros y rostros turbulentos de los años cuarenta, celuloide único que aún deleita pese a la velocidad de nuestro tiempo, donde la lentitud de la pesquisa quiere ser enterrada en aras del efectismo, cáncer pésimo, pútrida rutina que la tecnología confirma.

Los detectives de hoy no entienden el ayer. Aún así los asesinatos no pasan de moda, simplemente se resuelven con otros métodos que ya hacen imposible películas al estilo de Le Samourai de Jean Pierre Melville y otras perlas del Hexágono. La novela negra de antaño respiraba barrio, lo comía y se integraba en su tejido, haciendo de la muerte una señora que impregnaba las calles, verdaderas protagonistas de tramas racionales con el crimen en primer plano.


Léo Malet no era, si es que eso existe, precisamente normal. Este eterno huérfano se trasladó a París cuando era un adolescente y malvivió en un sinfín de trabajos que curtieron su mente en vericuetos de todo tipo. Fue albañil, picapedrero y hasta figurante de cine. Su gran suerte fue conocer a los más destacados elementos del círculo surrealista de la capital gala. Entabló amistad con Magritte, Breton y Louis Aragon, quienes le ayudaron a publicar sus poemas en revistas. Más tarde, ya seguro de sus capacidades, dio el salto hacia la independencia, y pese a ganarse el pan bajo varios seudónimos también reivindicó su nombre con un ambicioso proyecto consistente en escribir un noir ambientado en cada uno de los veinte arrondissements de la ciudad de la luz. Ratas de Montsouris es uno de ellos y transcurre en el distrito XIV, mezcla de bohemia, bajos fondos y burgueses venidos a menos.

Sólo un hombre como Malet podía concebir un detective privado con la anárquica inteligencia de Néstor Burma, apasionado investigador que con tal de tener un caso es capaz de meterse en las peores pocilgas y sacar petróleo que le permita seguir con lo que más ama. Su oficina está en cualquier parte y en su despacho, donde la bella Helène atiende las llamadas y soporta con tono agridulce los delirios de su jefe, que en esta ocasión inicia el baile con una doble cita que vira hacia la coincidencia.

Nuestro héroe acude disfrazado, así se lo han exigido, a un bar donde da en los billares con un antiguo conocido. Ferrand, como Clermont, es un tipo amargado que alberga la esperanza de ver recompensado tanto sufrimiento embolsándose muchos millones. Tiene el plan y la voluntad, lo mismo que un juez retirado con una joven y hermosa esposa que pide a Burma vigilar una estafeta de correos para seguir el rastro, oh cielos, de Ferrand, quien aparecerá muerto en su domicilio al lado de la estación de tren, otra clave romántica que nos transporta a esos años cincuenta donde el carbón era importante y se asociaba el temblor de la tierra con el paso del ferrocarril.

En el edificio del cruento homicidio el detective ha observado algún que otro detalle esencial -¿Qué sería de un relato de estas características sin roles atractivos?-. Cuando leemos la crónica de sucesos del siglo XXI sentimos decepción. Los periodistas han olvidado el valor de lo mundano y centran sus palabras en hechos, sin entrar en ningún momento en lo humano que contiene la tragedia, rompecabezas que desde la frialdad oculta muchos puntos calientes entre vivencias, romances, efemérides y recuerdos que conducen a la resolución. Burma lo sabe, y por eso recordará a esa mujer de la escalera, una pelirroja de aúpa que tras el asesinato viste extraños ropajes manchados de sangre, telas para dar aliento al avieso sabueso.


Preguntar, indagar. Malet construye con la figura de este policía más allá de la ley con su propio ADN, lo que confiere al personaje una magia que alterna humor con las premisas de un Marlowe europeo y con cultura. No es nada casual que una de las claves del misterio resida en la visita al hogar de un experto en arte naïf, y tampoco surge de la nada que el marido de la peligrosa pelirroja, una ninfómana empedernida, sea un pintor de alto standing que desperdicia su arte retratando a magnates y gobernantes, mediocres que desprecian lo artístico en pos del cinismo funcional. Cambiare tutto affinché nulla cambi.

¿Quiénes son las ratas de Montsouris? La apariencia de la realidad engaña, y una de las virtudes de la estructura de esta rápida y meditada novela es su jolgorio al guiarnos hacia callejones que juzgamos previsibles hasta que el narrador, manejando sus títeres con sorna, nos golpea y rompe esquemas que el detective domina con el desparpajo típico de su época, cuando estos señores que fumaban en pipa y lucían andrajosas gabardinas tenían el don de una sabiduría vetada al resto de los mortales. En este sentido Burma responde a unas coordenadas más que conocidas. No se le escapa ni un suspiro, extiende su mirada, ata cabos y actúa en el siguiente escenario, pues una de las maravillas de este tipo de narrativa es situar lo urbano como una gran obra de teatro con distintos enclaves que desde su diversidad conducen de manera inevitable a la unidad que es la verdad, siempre esperando en la esquina, siempre condenada a resurgir para que la estructura pueda tener un sentido completo.

Porque al fin y al cabo la novela negra debería ser un tablero que reflejara los vaivenes de la sociedad. Malet amaba la Historia y quizá por eso dota a su émulo literario de conocimientos que permiten comprender mejor su modus operandi, que en parte se basa en lo enciclopédico del pavimento. Situando hechos, recordando lo pretérito y asumiendo comportamientos se llega a la cocción deseada, y cada barrio es un mundo que merece ser desgranado para alcanzar el cáliz del éxito. Si se investiga en el Raval no se procederá como en Las Rozas, son universos con ingredientes opuestos que obligan a desarrollar los poderes deductivos en función del contexto. La conciencia de esta frontera da a la prosa de Malet un aire que traspasa lo criminal y lo adentra en la crónica de un tiempo y un lugar, antropólogo con ánimo taxonomista que refleja un estado de cosas y encima logra divertirnos.

jueves, 23 de junio de 2011

Avantguarda literària al segle XXI: L'exemple de Joan Salvat Papasseit en la Revista Benzina




Avantguarda literària al segle XXI?: L’exemple de Joan Salvat-Papasseit, per Jordi Corominas i Julián

“M’exalta el nou
i m’enamora el vell”
(J.V. Foix)


Som a una època de grans transformacions que van més enllà de l’esfera econòmica, tragèdia que a vegades sembla creada per a ocultar metamorfosis decisives per al nostre futur. Joan Salvat-Papasseit visqué un temps on el món deixava el silenci i la pau del passat, vençut per un seguit d’innovacions tecnològiques que empetitiren l’univers i permeteren als humans creure’s invencibles just quan el segle XX començava a donar les seves primeres passes.

Un segle després donem la raó a Karl Marx: la Història es repeteix. Internet, la telefonia mòbil i els múltiples aparells que maten la privacitat i exalten els egos derrotats han alterat el panorama, i no només en el camp de la comunicació. De mica en mica sorgeixen nous llenguatges que a nivell literari es tradueixen en un veritable ventall de possibilitats. Ben aprofitades podrien donar el fruit d’una avantguarda que recordés a l’encetada pels nostres besavis, entusiastes que llegiren bé els recursos fins al punt de desafiar la tradició i fer entrar l’art a una dimensió desconeguda que després molts han volgut imitar.


I no és suficient. Sóc poeta, i observant el panorama espanyol em trobo amb pocs intents nobles i altres més desoladors. El remake mana i corrobora la feble originalitat al camp on tothom, mitjançant la reducció de l’escriptor a mediàtics focs d’artifici, vol fer creure als altres que ha trobat la pedra filosofal. Entre tanta banalitat, que fins i tot s’atreveix a plagiar versos de Ginsberg com a fals reclam generacional, sobresurten excepcions com Agustín Fernández Mallo, qui per la seva condició professional de físic té més capacitat per a mesclar propostes novedoses amb formes clàssiques com bé ha demostrat, i no deixa de ser significatiu, a la seva darrera obra, El hacedor (Remake) de Borges.


Ara tenim Xarxa, chat, Html, missatges abreviats, Techno, rap, Ipod, Iphone, Google Earth, sèries televisives, americanismes, fragmentació, superheroïs, hikikimoris i un llarg etcètera. Molts literats nacionals abusen d’aquests temes i formats creient que així aconsegueixen un impacte definitiu. En realitat cometen un gran error consistent, ja ho digué Enrique Vila-Matas, en una entrevista recent, en menysprear l’acadèmia pensant que qualsevol novetat aplicada de manera extensiva genera un discurs trencador que no contempla entendre que per a crear quelcom inèdit primer hem d’alimentar-nos del llegat deixat pels nostres antecessors.


Abans trens, bicicletes, tramvies, telèfon, telègraf, fox trot, psicoanàlisi, fotografia, avions, electricitat, cinema, motor, submarins i un llarg etcètera. Els pares fundadors de la modernitat copsaren la revolució perquè havien entès els límits. Charles Baudelaire deixà caure el llorer al fang del Camps Elisis just abans d’entrar a un bordell. Renunciava a la solemnitat poètica perquè sabia que un art incapaç de copsar la normalitat perd el contacte amb la realitat i cau al pou d’un elitisme amb massa melic i nul cos. Pablo Picasso y James Joyce trencaren la frontera amb convicció pionera donant a les seves criatures una dimensió personal on l’univers mental, l’afirmació del jo, volava més enllà d’una la simple recreació de la superfície.

I Papasseit? Perquè Joan Salvat-Papasseit?


El poeta avantguardistacatalà és un exemple perfecte de com conjugar tradició i modernitat, quelcom necessari si la literatura vol evolucionar cap a confins desconeguts. La seva formació fou sens dubte anòmala. Entendreix imaginar l’home entusiasta quan no sabia llegir i patia volent desxifrar les lletres dels cartells de botigues barcelonines. Ho aconseguí, i des d’aleshores la màgia no l’abandonà perquè ell volgué augmentar-la amb versos, crítica, edició i prosa. La primera premissa que fa del nostre protagonista un mirall és el seu específic amor al carrer, escenari fonamental on hom podia trobar els darrers avenços i conviure amb històries eternes d’amor, mar i vida. El tret diferencial de Salvat-Papasseit és doble. D’una banda deixa enrera les temàtiques pròpies de la poesia catalana precedent. Per l’altra, conjuga amb naturalitat l’antic amb l’acceleració del present. Ho veiem de manera subtil a Encara el tram, on el proverbial motiu amorós es trasllada al tramvia, mitjà de transport que aleshores simbolitzava la modernitat. La via pública té més al·licients recents que van més enllà dels rails. El lèxic incorpora paraules estrangeres que esdevenen d’ús comú. El poeta les incorpora al seu vocabulari líric, i el mateix fa amb els invents que fan vibrar Barcelona. El paradigma és Marxa nupcial, genialitat amb clowns, mallots, Charlot i fins i tot llums de neó dibuixades que il·luminen la paraula Edisson, digne d’entrar junt amb Chaplin a la glòria del cel.

El mateix poema podria ajudar-nos a introduir el segon punt que fa de Salvat-Papasseit un referent de plena actualitat. La forma és important i durant el període de les avantguardes, precedides a nivell poètic per Arthur Rimbaud, es creuà un llindar. El poeta de L’irradiador del port i les gavines begué de l’influencia futurista i cubista. Practicà el collage, posà paraules en majúscula, adoptà el vers lliure, subratllà mots, emprà com ningú a la nostra terra el salt de falla, jugà amb el haiku i esdevingué un notable devot del cal.ligrama, entre els que destaquem Les formigues, Romàntica i Cal.ligrama 2 de El poema de la rosa als llavis. La seva aposta per formes transgressores arribà en part gràcies al treball de Salvat com a responsable de la llibreria de les Galeries Laietanes, on podia llegir les revistes avantguardistes de tota Europa i descobrir les proeses poètiques de Guillaume Apollinaire, Vladimir Maiakovski i Filippo Tommasso Marinetti.



El tercer aspecte modèlic de Papasseit es basa en una exaltació de l’amistat relacionada amb una insaciable voluntat d’aprenentatge. El bar del Centro, just enfront del Carrer Ferran, li donà bones oportunitats d’entaular conversa amb móns aliens a l’escriptura. De les cabareteres i toreros de la primera etapa evolucionà cap a tertúlies refinades amb noms prestigiosos d’altres disciplines com Rafael Barradas o Joaquim Torres-Garcia, pintors que de ben segur li feren veure com la poesia podia ser un llenç en blanc a omplir sense pors ni prohibicions inconscients. El diàleg amb altres arts i la permanent connexió amb els seus semblants amplià la seva perspectiva cap a un infinit d’esguard dual que, i així ho demostrarà a la seva darrera etapa, no oblidava el passat, però tampoc li rendia pleitesia.




El darrer particular sembla senzill. No ho és perquè llegim texts dels nostres contemporanis, almenys d’aquells que diuen ser més moderns que els moderns, i només trobem fredor sense passió. La mancança d’esperit crític pot deure’s a l’aburguesament de la societat, contenta amb el plat a la taula i el consum de tonteries. Papasseit provenia de la classe obrera i hagué de treballar el seu pervindre amb lluita, vocació i esforç. Des de ben petit manifestà un fort interès per assumptes polítics, i algunes de les seves poesies s’impregnen de l’ideal que estomaca les injustícies. Marxa Nupcial torna a ser un bon exponent amb el seu èpic ESCOPIU A LA CLOSCA PELADA DELS CRETINS, brillant i sintètic, majestuós en comparació amb el nostre 2011, on sembla quimèric criticar quan hauria de ser la norma. Segueixin a Joan Salvat- Papasseit, savi de mort prematura. Podeu rimar, però sigueu poetes. Poetes en majúscula, altius, valents, heroics i sobretot sincers.

Pocast personajes reales que inspiraron personajes de novela en el Laberint de Wonderland


Ayer hablamos de personajes de novela que se inspiraron en personajes reales. Paseamos de la mano de Mahler, viajamos a Rumania con Vlad Tepes, nos asustamos en Barcelona con Enriqueta Martí y cerramos el itinerario con Alejandro Sawa, que sirvió de inspiración a Valle-Inclán para su Max Estrella de Luces de Bohemia. Podéis escucharlo, a partir más o menos del minuto 32, clickando aquí

miércoles, 22 de junio de 2011

Encuesta sobre la nueva edición independiente (VII):Sergio Gaspar, poeta y editor


Encuesta sobre la nueva edición independiente (VII): Sergio Gaspar, editor
Por J. Corominas i Julián y J. A. Muñoz | Destacados | 18.06.11


Sergio Gaspar, poeta y editor, fundó DVD Ediciones hace justo quince años. Desde entonces, ha armado un catálogo sólido y coherente, tanto en narrativa, destacado por la búsqueda de nuevas voces, como en poesía. Codirigida por José Ángel Cilleruelo en una primera etapa y, actualmente, por Eduardo Moga, su colección poética es el principal bastión de la editorial y, ciertamente, podría servirnos para elaborar un análisis fidedigno de lo que ha dado de sí el arte poético en España durante los últimos lustros.

Impacto

¿Cómo valoras el fenómeno de las nuevas editoriales independientes?


Positivamente, aunque más tarde haré reflexiones que maticen bastante, incluso hasta aproximarse a negarla, esta valoración.

¿Hasta qué punto crees que la irrupción de estas editoriales ha afectado al mercado del libro?


Tal vez lo haya afectado, en la franja en la que compiten, en un 1,00 % de cuota de mercado, o quizá menos, cifra que ya es de considerar, teniendo en cuenta que el mundo del libro está enfermo grave. Yo pronostiqué esta situación años atrás sin que la gente del mundo del libro con la que conversé entonces se lo creyera. Es más sencillo, emocional y racionalmente, despachar a tu interlocutor con un “no seas pesimista” o “siempre se regalarán libros, porque es regalo bonito y barato” o “la librería de toda la vida nunca morirá”, o frases parecidas, que ponerte a analizar todas las posibilidades, incluidas las negativas, las que te incomodan, las que ponen en crisis tu sector y, naturalmente, te dan miedo.

El “pastel”, en cuanto a ventas, distribución y presencia en librerías, ¿está más repartido?

Sí, está más repartido. Como he dicho antes, en torno al 1,00 % o, seamos muy exagerados y muy optimistas, al 2,00 % se lo llevan las nuevas microeditoriales.

Editores

¿Percibes una transformación en el modelo de editor, que haya hecho que se conviertan en “promotores”?


Siempre el editor ha sido al mismo tiempo “promotor” en el sentido imprescindible del término, es decir, ha defendido la identidad, el prestigio y la presencia en el mercado y en la sociedad de su sello editorial, de sus obras y sus autores. Sin ir más lejos, pensemos en el primer premio Eugenio Nadal, en pleno franquismo vencedor, concedido a Nada de Carmen Laforet por la Editorial Destino. ¿No tenía un fuerte componente “promocional”, lo mismo que los famosos Premio Planeta, nacidos en 1952 e inspirados con bastante seguridad en el Premio Nadal? Quien crea que un editor se reduce a ser un impresor y, por lo tanto, descarta “promocionar” lo que edita es que no entiende nada. Ahora bien, no siempre los periodistas culturales ni los directores de suplementos ni los libreros ni el el novísimo mundo de las publicaciones digitales en su conjunto, incluidos los blogueros, se hacen eco con claridad de esta tarea y voluntad promocional de los editores pequeños. Normalmente, se hacen eco de los grupos editoriales asociados al prestigio social y al poder económico, además de a la inercia histórica. Sin embargo, es de justicia y alegra señalar que microeditoriales como DVD Ediciones, Bartleby o Lengua de Trapo, nacidas hará ahora unos quince años, o Minúscula, La poesía Señor Hidalgo, Candaya o Páginas de Espuma, que llegaron unos años más tarde, hemos logrado “promocionar” bastante bien nuestros catálogos, gracias a la complicidad de ciertos críticos y periodistas culturales, y de la militancia de los propios autores y lectores, que han conocido y reconocido nuestro valor, y alegra también comprobar que algunas de las microeditorales más recientes, de cinco años a esta parte, lo están logrando también. Pienso, entre otros casos, en Alpha Decay, Menoscuarto, Periférica, Impedimenta… En fin, somos un ejército, o una plaga, o una ilusión.

Autores

Los nuevos autores, ¿lo tienen más fácil para publicar, con estas nuevas editoriales?

Cuantas más editoriales haya en España mayor oportunidad existe para publicar a nuevos autores…, eso sí –y esta observación resulta importantísima, dignísima de meditarla a fondo-, sobre todo si son autores “nuevos” por “extranjeros”, no importa incluso que ancianos o difuntos en su país de origen, u olvidados en su país de origen por diversos motivos, entre los que no debemos descartar su mediocridad literaria, o a veces nuevecitos, casi bebés narrativos, en su país hecho en inglés. Las nuevas y pequeñas editoriales independientes, en su mayoría, se inclinan sin rubor y convicción cosmopolita por publicar traducciones, bastantes de ellas de discutible interés literario y que apenas aportan nada a crear el presente de la literatura española y a creer en ese presente. Algunas de esas traducciones, no obstante, resultan textos de mucho valor. Hay que afirmarlo con claridad. Pienso ahora en títulos de Bartleby, de Igitur, de Minúscula o de la propia DVD Ediciones, que también ha probado la fruta prohibida del paraíso de las traducciones… Ahora bien, si hablamos de “nuevos” autores españoles –o catalanes- lo tienen más jodidillo con estas microeditoriales. Salvo casos excepcionales como Caballo de Troya, Lengua de Trapo, a veces Páginas de Espuma, durante un tiempo Berenice, de nuevo y constantemente DVD Ediciones –la microeditorial que más ha dado la oportunidad a nuevos narradores y poetas en España en estos años, sin recibir a cambio ningún premio de la Crítica, ni Nacional, ni a la Mejor Labor Editorial, etc…, como es lógico-, que vayan pensando mejor en Mondadori, Alfaguara, Seix-Barral, Destino o Tusquets, porque seguramente les harán más caso que Libros del Asteroide o Impedimenta.

¿Qué opinas de la proliferación de escritores innovadores que aparecen en los medios? ¿Estamos realmente ante una cantera de futuros clásicos o se nos está vendiendo hum0?

Intuyo que se me pregunta desde la sospecha de que los autores denominados “innovadores” carecerán de interés a medio plazo. ¿Tienen interés y porvenir Manuel Vilas, Mercedes Cebrián, Agustín Fernández Mallo, Luna Miguel, Elena Medel, Vicente Luis Mora, Laura Fernández, Llucia Ramis, Óscar Gual, autores a los que, en bastantes casos, DVD Ediciones ha publicado o apoyado, por cierto? Empezaré a responder reproduciendo un fragmento de un artículo que se publicará próximamente, en compañía de otros textos de otros autores, que pretenden invitar a la reflexión sobre la historia más reciente de la narrativa española, la de los últimos cinco o siete años.

Agustín Fernández Mallo publica Nocilla Dream, con prólogo de Juan Bonilla, en octubre de 2006. Su propuesta literaria había comprado casi todos los números en el sorteo de pasar desapercibida ante la crítica y los lectores. La publicaba una microeditorial que acababa de empezar su andadura, Candaya. Fernández Mallo no llegaba desde la narrativa, sino desde la poesía, y, para mayor inri, apenas era conocido en los ambientos poéticos. Nocilla Dream, además, era un artefacto experimental, fragmentario, sin argumento claro, en suma, un texto ni comercial ni -¿en consecuencia?- interesante para la tendencia dominante de la crítica literaria española. Sin embargo, iba a suceder lo (casi) imposible: de la mano de la revista Quimera, con Jordi Carrión de mentor –otro recién llegado a sembrar confusión en la tribu-, vendería en algunos meses en torno a 15.000 ejemplares, en vez de los 150 a los que estaba aparentemente destinada.

Echemos la vista atrás por un momento, concretamente hasta 1981, cuando Jesús Ferrero publica Bélver Yin en Bruguera. Según explica Sergio Vila-Sanjuán en Pasando página (Autores y editores en la España democrática), a finales de 1982 la novela había vendido 15.000 ejemplares e iba camino de convertirse en un texto de “gran incidencia a la hora de señalar el cambio de rumbo de la narrativa española de los 80”. Echemos cuentas: Bélver Yin, 15.000 ejemplares en unos meses y gran revuelo en el gallinero crítico (1981); Nocilla Dream, 15.000 ejemplares en pocos meses y otra vez el alboroto gallináceo (2006). Verdaderamente, la paz de la pequeña y poblada tribu de la narrativa española literaria empezaba a alterarse.

Estos nuevos autores son necesarios, aportan estilos y temas, sugieren lecturas, oxigenan el panorama literario español. Son imprescindibles para intentar que la literatura española siga viva en la primera mitad del siglo XXI, hipótesis de cuyo cumplimiento desconfío. Seguro que muchos de estos autores, dentro de unos años, habrán desaparecido. Pongámonos barrocos: serán “humo”, serán nada. Pasará con ellos como ha pasado con los escritores anteriores. ¿Dónde está la inmensa mayoría de los compañeros de viaje de los Javier Marías o Enrique Vila-Matas? Se quedaron en el camino, pero fueron imprescindibles para construir el camino. Apoyemos a los nuevos nombres: apoyemos a la literatura.

Relación editor-autor


¿Ves difícil que los nuevos editores establezcan pactos duraderos con sus autores?

Sí, lo veo difícil. Entre otros motivos, porque, como he expuesto anteriormente, son pocas las microeditoriales que publican autores españoles y, sobre todo, autores españoles radicalmente “nuevos”. ¿Cómo van a establecer pactos duraderos con autores que no publican…? En el caso de DVD Ediciones casi todos los autores han dialogado conmigo –incluso han pactado conmigo- el cambio de editorial. En algunos casos, les he buscado agentes literarios. En otros, les he aconsejado la editorial que más les convenía. A veces, lo siento, me he equivocado. Y todo esto, además de hablar de mí como sujeto rarísimo, habla de que mis autores –casi siempre mis amigos- eran gente estupenda, que creían en la literatura. Espero que sigan creyendo en ella en el futuro, cuando vendan más libros, salgan más en los suplementos y, alguno de ellos, si consigue resistir al tiempo y las enfermades inherentes al paso cruel de la edad, reciba el Cervantes, en el supuesto de que el Cervantes siga concediéndose dentro de veinte años a autores literarios y no a deportistas que tengan un perfil en una red social.

Clásicos

¿Cómo valoras la tendencia de los nuevos sellos de recuperar obras libres de derechos o nunca publicadas?

La gente tiene que pagarse la hipoteca, si la tiene, y mantener a sus hijos, si los tiene. Ese deber –y ese derecho- son sagrados. Yo lo respeto y lo comprendo y lo apoyo sin ninguna reserva. Como dicen algunos expertos del mundo del libro español: “Publica traducciones de autores recuperados o libres de derechos, si quieres vender. No se te ocurra publicar autores españoles emergentes. Eso no es negocio. Eso no vende”. Esos nuevos sellos desean legítimamente ganar dinero, por cierto, poco dinero, porque no hay mucho dinero que ganar. Esos nuevos sellos apenas tienen interés por construir literatura, ni española ni extranjera. Son sellos editoriales, en cierta medida, parasitarios. ¿Por qué nos hemos de extrañar? España (y Cataluña) es una sociedad que tiende a convertirse en culturalmente parasitaria.

Librerías

¿Observas una predisposición, por parte del librero tradicional, para destacar los libros de estas editoriales y promocionarlos?

Sí, el librero tradicional está apoyando a estos nuevos sellos. Sobre todo, está apoyando a los libros de las microeditoriales que concentran su actividad en la traducción y en la recuperación de contemporáneos y clásicos extranjeros. La idea que triunfa en las librerías más literarias de este país es la del editor “exquisito”, que publica autores supuestamente “exquisitos”. Los nuevos autores españoles son sospechosos, por definición, de no ser exquisitos. ¿Cómo se puede ser “exquisito” siendo español, y encima desconocido? ¡Qué osadía!

Crítica

¿Hasta qué punto crees que tantas nuevas editoriales han afectado al panorama crítico en nuestro país?

Han afectado bastante. Algunos críticos y coordinadores de suplementos, algunos periodistas culturales, por voluntad de renovación del mundo editorial, por compromiso con la cultura, han otorgado un espacio importante a estas nuevas editoriales, en la medida de sus posibilidades: sobre todo –de nuevo, otra vez, lo siento, me aburro de escribirlo, pero es así- si publicaban autores extranjeros.

¿Qué peso estimas que tiene en estos momentos la crítica en el entorno digital? (blog, webs…).

Un peso creciente, pero aún escaso… y de porvenir incierto.

Gustos personales

De los nuevos sellos, ¿cuáles han sido los que más te han gustado o sorprendido?

Ya he ido manifestando mis gustos personales durante la entrevista. Insistiré en Periférica, en especial por su atención a la literatura hispanoamericana; en Candaya, bastante por lo mismo, o en Alpha Decay, por su voluntad de establecer nuevos vínculos de complicidad con los lectores.

Promoción

¿Has notado que la presencia de los nuevos sellos haya provocado un cambio en el modo de promoción del resto de editoriales?

Sí, las ha espoleado a adentrarse con más convicción en el universo de la promoción por medios digitales, a buscar un trato más íntimo con los compradores-lectores y los libreros-vendedores. En suma, les ha obligado a ponerse las pilas y ganar vitalidad. La competencia, aunque sea minuscula, siempre resulta estimulante.

Futuro

¿Crees que hay mercado para la cantidad de libros y editoriales existentes? ¿Podrán sobrevivir todas las nuevas empresas?

Hemos vivido unas cuantas burbujas: la financiera, la inmobiliaria, en fin, Occidente se ha metido en una bañera llena de burbujas que han estallado, están estallando o lo harán próximamente. A menudo me pregunto –y me inquieta hacerlo-, si no estaremos también dentro de una burbuja del sistema democrático: la democracia política pensada como burbuja, algo preocupante. Pues bien, una de esas burbujitas es la editorial. Sobran editoriales, sobra tamaño en muchas editoriales, que de hecho se están reduciendo. Sobran intermediarios. El mercado sufre una importante metamorfosis. Habrá que acostumbrarse a facturar menos y a facturar por otros medios.

Miércoles 22, personajes reales que inspiraron personajes de novela en el Laberint de Wonderland




Hoy íbamos a hablar de aforismos rock, pero lo dejaremos para la semana que viene pues hemos decidido enfocar el laberint de hoy a personajes reales que inspiraron personajes de novela. La lista definitiva es la siguiente

Gustav von Aschenbach de La muerte en Venecia se inspiró en Gustav Mahler

Drácula de Bram Stoker y Vlad Tepes

La Mala dona de Marc Pastor y Enriqueta Martí, la vampira del raval

Max estrella de Luces de Bohemia de Valle Inclán se inspiró en Alejandro Sawa




El laberint a Wonderland

Cada miércoles a partir de las 18h

Radio Nacional- Rne4

100.8 fm Barcelona

En directo: Rne4

Diálogo con Niccolò Ammaniti en Revista de Letras



Diálogo con Niccolò Ammaniti, por Jordi Corominas i Julián
Por Jordi Corominas i Julián | Entrevistas | 12.06.11


El mundo se ha enrarecido, y es una suerte que así sea. Es martes, salgo de comer y tengo todo controlado. Lucirá el sol, entrevistaré a Niccolò Ammaniti y recordaré las risas que me ha provocado su última novela Que empiece la fiesta, publicada en España por la editorial Anagrama.



La cita es un hotel del Paseo de Gracia. Todo va a las mil maravillas. Llego a Plaza Catalunya, veo las tiendas de los acampados, me distraigo con la mirada en búsqueda de una amiga y de repente aparece la lluvia, una intensa tormenta que enloquece a la multitud. Cincuenta chicas corren hacia la boca de metro. Los obreros aplauden. El resto estornuda e intenta seguir su camino mientras algunos pakistaníes surgidos de la nada intentan vender esos paraguas que se rompen con el impacto de mínimas gotas de agua. Pienso un poco y noto que lo que acaece a las cinco de la tarde de ese día de junio guarda alguna similitud con la obra del escritor romano, quien además de facilitar carcajadas sabe hacer pensar al lector.

Llego al punto de encuentro y espero. Toso en una escalera, recibo un saludo y me dicen de trasladarme a un sofá donde estaremos más cómodos y el pobre entrevistado podrá descansar del delirio de llegar a Barcelona tras olvidarse el pasaporte, volver a su hogar y embarcar hacia nuestra tierra con imprevisto estrés. Nos damos la mano, comentamos cuatro cosas y procedo al sagrado ritual de encender la grabadora.


Leyendo el libro uno se queda con su humor, pero también nota la esencia clásica de la comedia, hacer reír mientras se habla de cosas muy serias.

Me resulta imposible hablar seriamente de cosas importantes. Cuando lo hago me siento estúpido.

Alberto Moravia decía que el único modo para tomarse la vida en serio era bromeando.

Sí, indudablemente. Me resultan difíciles las entrevistas por eso, porque se habla en serio. Si cuento algo que me afecta debo usar el tono de la comedia, en este caso para centrarme en un momento concreto de Italia. Mi novela es una comedia que tiene un punto trágico, pero también contiene elementos típicos del giallo entendido desde el horror.

¿Cuál fue el punto de partida para Que empiece la fiesta?


La idea inicial era escribir la historia de unos atletas rusos que se escondían en las catacumbas. Te lo juro, no tenía nada más, pero luego, poco a poco, empecé a añadir personajes que me gustaban. Un escritor con una fuerte crisis de inspiración, una banda satánica que no lograba realizar ningún golpe importante… Luego pensé en la fiesta, pero la inspiración inicial llegó paseando a mis perros en Villa Ada. Justo al lado se encuentra la Villa Olímpica de los Juegos de 1960, y eso me llevó a pensar en unos soviéticos que escapaban del Comunismo y se escondían en el parque.

Y hablas de Villa Ada privatizada, algo que me recuerda mucho a lo que sucedió recientemente con el Coliseo, en manos de un empresario.


En realidad lo parece, pero no es así. Dicen que quieren privatizar monumentos y parques, pero luego no hay dinero para comprarlos. Simplemente, y es muy grave, estamos asistiendo a un progresivo abandono y olvido de museos, obras de arte, jardines y un largo etcétera cargado de significación. Un progresivo abandono, y eso es lo importante, de lugares representativos, que los extranjeros identifican con Italia, sitios maravillosos sometidos al ninguneo de la administración pública, que al mismo tiempo hace que muchos italianos no se den cuenta del verdadero peso de nuestro patrimonio nacional.

Todos los temas del libro parecen surrealistas pero pueden encontrarse fácilmente en la calle, son situaciones absurdas que no lo son tanto, tocan la realidad.

Son situaciones muy cercanas a la realidad. La pasión de los italianos por los animales exóticos es famosa en todo el mundo. Hace poco encontraron tigres en casa de camorristas. Tampoco me parece tan extraño lo del safari. Hay cosas de la novela que parecen improbables, pero si lo piensas detenidamente no lo son tanto. Si comparas lo que sucedió en la Villa de Berlusconi con lo de mi libro…

Que empiece la fiesta es más ligera que los saraos de Villa Certosa.

Sí.

Vayamos a los personajes. ¿Pensaste en un escritor por afinidad o salió sin más?

El escritor es la expresión de todas las angustias de todos los escritores. El no ser reconocido, tener la sensación de perder todo, ser incapaz de escribir una obra maestra, el miedo de topar con un literato joven que te robe espacio y atención. El escritor es vanidoso por naturaleza, lo que contrasta con una imagen popular del escritor cómo un ser reservado, tranquilo y silencioso.

Seguramente esa imagen forma parte del pasado de la profesión.

Sí, seguramente ya se ha superado ese cliché, pero cuando yo empecé en este mundo imaginaba al escritor desde esa perspectiva. Personas que llevaban una vida cerrada al transcurrir tanto tiempo escribiendo en sus casas.

Fabrizio Ciba tiene un aire a Giovanni Pontano de La notte de Michelangelo Antonioni y de Marcello Rubini de La Dolce Vita de Federico Fellini.

Sí, tiene un punto dolcevitista, una Dolce Vita reinventada. Ciba es más cínico y vulgar que Rubini, seguramente porque es hijo de su tiempo.

Y es un tiempo donde el escritor, a diferencia de los ejemplos que hemos mencionado de los sesenta, no tiene problemas al mezclarse con otras profesiones del espectáculo. No parece raro encontrar en la fiesta a futbolistas, modelos, escritores, actores, cocineros…

Son personas unidas por el gusto a los focos. Viven si están iluminadas por la atención pública. Mientras se hable de ellos todo irá bien. Cuando se apagan las luces se transforman en fantasmas, gente sin sustancia, desaparecen. Me apetecía contar una fiesta donde todo este tipo de personajes se sintieran indefensos, puede ser una celebración muy exclusiva, pero como no hay un público nace la angustia de la nada.

Sí, porque es como un Gran Hermano privado.

Exacto. Si les filmaran se sentirían más contentos.

El contraste llega con la banda satánica, la normalidad.

Sí, parecen los más extraños pero son los mejores del grupo y trabajan en cosas normales.

¿Qué necesidad tienen estas personas de escapar de su normalidad mediante el satanismo?

Siendo muy sincero confieso que el satanismo me importa más bien poco. No sé nada de bandas satánicas. Me interesaba la existencia de pasiones tan personales que no puedes explicarlas a los demás. Las ocultas hasta a tu familia. En mi caso concreto durante un tiempo me aficioné a los juegos online, algo que dejé porque no escribía y me perjudicaba. Conocí a personas que sentían angustia al jugar porque tenían responsabilidades con hijos o con el trabajo. La vida real se mezclaba con la pasión, que exprimían cuando compartían su vicio con seres afines. Esta división entre vida personal y pasión es una novedad de nuestra época. Esta idea de un grupo de amigos que cultivaban algo prohibido a los demás me interesó mucho, la imposibilidad de comunicar su mayor afición a los demás.





Y Saverio, el líder del grupo, sufre la crisis de los cuarenta.

Sufre esa crisis y encima su situación en casa es nefasta. No sabe qué hacer, su mujer es más fuerte y su satanismo no le confiere maldad, su esposa es mucho más pérfida.

Con su afición escapa de su realidad cotidiana y busca una alienación. Sin embargo sus compañeros de banda no se disocian tanto del día a día y hasta aprecian sus valores normales.


Se adaptan a convenciones. Quieren casarse en la iglesia. Existe un fuerte contraste. Todas estas situaciones son hilarantes, como los que organizan orgías pornográficas. Las sectas satánicas han matado personas y es terrible, pero si analizas los temas de los que hablan te das cuenta que el trasfondo es verdaderamente ridículo.

En Italia la gente aparenta quitar importancia a las convenciones, pero en realidad las profesa con devoción. Y ello provoca que las distracciones de la normalidad sean juzgadas más ridículas que la banalidad de lo convencional. No sé si me he explicado bien.


Sí, entendí. Ambas cosas son ridículas. Lo importante es cómo las veas, cómo las sientas.

Ambas visiones se mezclan con la combinación en la fiesta de famosos con los cuatro desgraciados de la banda satánica, con un plan perfecto que no impedirá su eterna desgracia, son almas condenadas a la desdicha.


Pero ni siquiera consiguen llevar a buen término su plan. Quieren matar a la cantante y terminan salvándola. Lo negativo termina siendo positivo.

Y un personaje muy negativo es Matteo, el escritor joven. Fabrizio tiene cuarenta años, respira cinismo, pero tiene un punto humano. En cambio su rival veinteañero es arrogante y casi se siente capaz de ganar en breve el Premio Nobel.

En este punto quería mostrar la reacción de un escritor de éxito ante un colega joven que triunfa más y es el astro ascendente. Ya sabemos que en un ambiente cultural estos miedos siempre están presentes.

¿Cómo funciona en Italia la distinción entre escritores jóvenes y consolidados? Lo digo porque en España ciertos grupos de literatos veinteañeros basan más su carrera en la imagen y no en el contenido. ¿Ocurre lo mismo en tu país?


Una parte de los jóvenes está enganchada a la moda y a las formas de mostrarse a los demás, algo muy adolescente que podemos relacionar con la búsqueda de una identidad. Por lo demás estoy muy contento de ver cómo muchos jóvenes italianos, dejando un poco de lado el tema de tu pregunta, están reaccionando a nivel político, y eso es una estupenda noticia.

Las mujeres de la novela recuerdan mucho el estigma actual de la italiana frívola y guapa que busca su propio beneficio y no tiene ningún remordimiento al acostarse con alguien que pueda darle una mano en lo profesional.

Sí, está presente, aunque no indagué mucho en la cuestión. La mujer de Saverio es diferente. Odia el sexo, lo encuentra poco elegante. Uno de los personajes más positivos es Larita, la cantante.

Que también sufrió su transformación.

Sí. Sin embargo mi interés no suele estar en lo positivo o lo negativo. Lo que me gusta es contar historias y jugar.

Tenías claro lo de los rusos y después…

Ver cómo solucionaba la cuestión. Me divertí mucho escribiendo esta novela porque tenía la libertad de haber escrito otros libros antes. También me ha encantado la reacción que ha suscitado entre los lectores.

El libro es ágil y divierte, pero tiene muchas ideas que podemos asociar con la situación actual, con la Italia de Berlusconi. ¿Mientras escribías pensabas en introducir ideas relacionadas con las problemáticas del presente?

No. Yo escribo, narro, me divierto, juego y en ocasiones me preocupo. Al principio me resultó muy fácil de escribir, pero luego las cosas se complicaron porque mantener el ritmo en una historia donde todo es posible es muy difícil. Luego me preguntaba si lo que escribía era interesante o no. Diría que me he preocupado más de la construcción de mis personajes y del desarrollo de la estructura de la novela.

¿Tenías claro desde el inicio que la estructura se basaba en Fabrizio y Saverio?

Sí, tenía claro que ellos dos eran los que estructuraban la narración, con el mismo peso en la novela. Luego llegó la fiesta. Y los rusos.

Por lo que veo se convirtieron en tu particular obsesión.

En los años setenta proliferaron las películas de terror. Algunos tenían títulos como Catacumba, con muertos que salían a la superficie. Siempre amé estos filmes y por eso pensé en hilvanar una historia que recuperara esta atmósfera de serie B, muy trash.

En mi caso al ser más joven al leer de esos rusos que resucitan del ocaso imaginaba el Thriller de Michael Jackson, y quizá un adolescente actual los relacione con los zombies de las producciones norteamericanas.

Tanto en Italia como en España estas producciones con títulos exagerados funcionaban durante los años setenta, cuando el cine aún era un fenómeno de masas. El bajo presupuesto de estas películas importaba poco, era ver algo parecido a filmes norteamericanos que naturalmente no eran tan torpes en la presentación del contenido.

Ya casi para terminar, antes comentabas que nadie te ha sugerido trasladar la novela al celuloide. ¿No lo ves posible?

Me gustaría, pero el problema es que este libro está tan construido sobre sus propias imágenes que en el cine perdería mucho, entre otras cosas porque un director quiere imponer su versión, que suele reducir bastante el argumento literario. Es un libro muy visual, por lo que no tendría mucho sentido hacer una versión fílmica del mismo.

martes, 21 de junio de 2011

El fin de semana de Bernhard Schlink en Sigue Leyendo


Intimidad teatralizada de la Historia por Jordi Corominas i Julián

Publicado en 15 junio 2011 por sigueleyendo


Los libros suelen gustar porque recuerdan metáforas pasadas y activan claves para el futuro. Leí El fin de semana de Bernhard Schlink a primeros de mayo, cuando el día del trabajo fue tapado por el de la madre y el 15M parecía una utopía. Aún lo es en parte, pero esa es otra cuestión a tratar en otras líneas. El autor alemán suele dotar sus textos de tensión, algo lógico si se tiene en cuenta que El lector, su obra más celebrada, cumple a rajatabla un esquema canónico. Kammerspiel suena muy bien. Interiores, concentración y diálogo. Este tipo de relato lleva consigo una lacra histórica que sobrevuela el conjunto en forma de amenaza y resolución. Se impone el ajuste de cuentas, íntimamente entrelazado con lo moral, clave que articula un pensamiento sólido que quizá, sólo quizá, peque de didactismo, clásico de un juez que dicta sentencia.

La dualidad penetra por todos los poros y gradúa escalas de interpretación y percepción de la lectura. Siempre tuve interés por el terrorismo urbano en la Europa de los setenta. Saber que el protagonista fue miembro de la Baader-Meinhof me hace abrir el libro con apetito. Resulta que Jörg asesinó a cuatro personas a lo largo de sus años de prolija actividad guerrillera de desencanto sesentayochesco, penando sus pecados en prisión. La Alemania del dos mil es un ejemplo en lo que concierne el manido tema de la memoria histórica, y buena parte de culpa es de las autoridades. El presidente del país decide indultar a nuestro protagonista. Se impone el perdón y un retorno a la normalidad que empezará en una casa de campo donde vive una amiga de esas que tanto han cambiado. Treinta años sí son y más si el aperitivo de bienvenida es un reencuentro con una serie de viejos camaradas que de lo hippie han abrazado lo yuppie hasta metamorfosearse en respetables profesionales con cincuenta primaveras a sus espaldas.


Naturalmente, un manuscrito de estas características es un puzzle donde todo debe encajar a la perfección, el genio de la dramatis personae es una mezcla explosiva para generar conflictos de distinto pelaje. Henner es un periodista de éxito, fiel desde la infancia. Christiane es la hermana, protectora, empecinada en no abandonar ni por un instante la sombra de Jörg, hastiado y esperanzado con la presencia de Ulrich, propietario de un laboratorio dental, quizá el negocio perfecto para apretar el botón de reinicio con tranquilidad. Al afamado empresario le acompañan su mujer y su hija, una adolescente que al descubrir lo que vale un peine tiene las hormonas más que desatadas, con lo cual imaginen, además de política, intrigas que emergen de la tumba y la controvertida adaptación del héroe resulta que tenemos matices sexuales que hasta pueden dar un toque cómico a la par que filosófico a la trama.

¿Quieren más? Ilse es una profesora de secundaria que quiere ser escritora, mientras Karin es una resabiada pastora protestante, la religión, a la que se añade su marido. El plato fuerte de la sesión se compone del abogado Andreas y Marko, un revolucionario del siglo XXI que pretende enrolar al ídolo para el movimiento, adaptado a la contemporaneidad transnacional con vistas al mundo árabe.

Las novelas teatralizadas tienen dos virtudes. Visualizas su contenido y lo piensas sin la velocidad de las tablas, con la paz requerida para mascarlo y asumirlo. El fin de semana nada por un simposio omnipresente, porque no sólo se basa en la mesa y transcurre a lo largo y ancho de la mansión rural, en aguas turbulentas. La esquizofrenia es múltiple y crispada. El pasado lidiando por adaptarse al presente y viceversa. La culpa y la libertad. Lo legal y lo cínico. La ingenuidad y la experiencia. Coordenadas que en su contrapunto amenizan la lectura, ágil porque los diálogos, lastrados por lo imperioso del concepto, se hilvanan y saben muy bien la dirección marcada en el guión tejido por Schlink.

El resumen de tantas moralejas es el sentido de la lucha, y no sólo desde un ámbito armado. Las dos caras de la moneda de los antisistema son la apuesta mayor al alternar sobre las transformaciones acaecidas desde la caída del muro de Berlín. El terrorista del paleolítico es testarudo en sus convicciones, alentadas por Marko, que aspira a ser el Virgilio que guie a su Dante por una senda de despreciable falseamiento de datos para pervertir el verdadero estado de la realidad histórica.

Normalmente cierro el volumen, me relajo unas horas y procedo a la crítica. En el caso que nos concierne tardé algo más de la cuenta. Tres semanas. Volví a pensar en mayo de 1968 para paragonarlo con el de 2011. Es prematuro emitir máximas. Jörg fue abducido por la derrota de pedir lo imposible. La izquierda europea perdió su hechizo y nacieron grupos extremistas que desde fábricas y universidades sembraron plomo por la frustración de la esperanza. Brigate Rosse. Baader-Meinhof. Nuestros prismáticos de Clío no tienen mucha potencia. En junio de 1968 no existió un Oráculo de Delfos que sintetizara lo venidero de la Revolución. En este sentido el protagonista de El fin de semana es un fantasma que retorna para anunciar que no se deben cometer los mismos errores de las generaciones que nos precedieron.

Este último párrafo demuestra cómo obtener un libro en un momento u otro determina seriamente la interpretación de la lectura desde lo privado. En lo público, el libro de Schlink no es sino un heredero algo disminuido, porque adolece de mordiente y sacudidas neuronales, de la venerada tradición teutona de una narrativa filosófica sobre la Historia, contemplada desde el puerto de la experiencia para ser ecuánime y no derivar en lo grotesco del panfleto.

lunes, 20 de junio de 2011

¿Por qué Mahler? de Norman Lebrecht en Revista de Letras



Gradaciones del conocimiento concreto: “¿Por qué Mahler?”, de Norman Lebrecht
Por Jordi Corominas i Julián | Reseñas | 18.06.11


¿Por qué Mahler?. Cómo un hombre y diez sinfonías cambiaron el mundo. Norman Lebrecht
Traducción de Bárbara Zitman
Alianza Editorial (Madrid, 2011)


Hay muchas maneras de llegar a un libro, y si nos ponemos quisquillosos podríamos buscar a lo largo y ancho de nuestra biografía hasta dar con una chispa primigenia. En el caso que nos concierne imagino la semilla inconsciente en la infancia, con mi madre escuchando alguna sinfonía del gran Gustav. A nivel conciente tengo claro que Morte a Venezia fue mi primer contacto auténtico con la obra de Mahler. La quinta y su trágica melancolía viajará eternamente con el Aschenbach del director italiano, quien no ignoraba que Thomas Mann basó la figura central de su novela en ciertas características del genio nacido en Iglau.

El siguiente reto fue el de la profundidad. Quien ama la cultura alemana sabe de su constante interrelación entre artes, que quizá alcance su apogeo en la Viena de la decadencia habsbúrgica. El apabullante fresco que Klimt dedicó a Beethoven converge con las charlas de café de Krauss y Zweig, vira al delirio burgués de los Wittgenstein, acoge un diván con Freud y Schnitzler, besa la simplicidad arquitectónica con Loos y me transporta a la Ópera.

Los caminos son impredecibles. Conocí con anterioridad el papel de Schoenberg porque me resultó interesante en relación a los enlaces poéticos. De su atonalidad llegué a Mahler por referencias y porque un día de septiembre de 2010 accedí a una exposición que Viena le dedicaba. Estaba todo. Cada sala era una sinfonía de detalles que recorrían su existencia. Era imposible escapar. Cómo fumaba y caminaba. Su estilo al dirigir. Sus constantes cambios de residencia eran prueba de un temperamento inquieto que a medida que gastaba el recorrido iba dándome migajas que incrementaban el apetito. Alma y el padecer. El psicoanálisis de Leiden. La heterodoxa unidad de su obra. La muerte y una camisa blanca.

Durante los primeros meses de 2011 me plantee seriamente estudiar más la figura del compositor austrohúngaro con el fin de versificar para un proyecto la historia de su paseo con Sigmund Freud. Desde entonces escucho las salvajadas en positivo de este pionero, pero hasta hace poco no tuve la oportunidad de dar con un libro adecuado para encajar las notas con la biografía, algo que siempre he considerado esencial. El periplo vital del artista suele facilitar la comprensión de sus creaciones.



Norman Lebrecht dio con Gustav Mahler en el edificio de Marylebone donde se casó Paul McCartney. En 1974 el autor del volumen publicado por Alianza experimentó un flechazo imperecedero. Viajó por todo el orbe para visitar los lugares emblemáticos de su ídolo, recorrió infinitas salas de conciertos, se deleitó, adquirió el juicio del experto y, finalmente, se sintió preparado para explicar al resto de la Humanidad su experiencia.

Ser un último del COU permite valorar en su justa medida el bajón experimentado por la ensayística. El nivel de los manuscritos ha sufrido un brusco descenso de calidad en los últimos decenios, lo que asimismo es una ventaja porque casi involuntariamente se configura una gradación de niveles idóneos para familiarizarse con temas de nuestra predilección. Buceando por mi biblioteca encontré libros sobre Mahler de los setenta y los noventa. Eran espléndidas ediciones muy bien documentadas con el defecto de ser demasiado densas para un iniciado con conocimientos medios.

En este sentido el libro de Lebrecht no decepciona, entre otras cosas porque cumple esa reciente máxima no escrita de redactar un ensayo con estilo fluido para que la lectura no se haga pesada. Las notas están al final de cada capítulo, lo que sin duda también facilita la labor para aquellos que no estén ansiosos por captar pistas. Desde el principio sentimos cómo se pretende una familiaridad que todo lo impregna. Las reflexiones pierden sesudez al tratar las cuestiones a lo catequista para allanar las dificultades de una singladura tan anómala.

Si tienen miedo, piérdanlo. No soy partidario de estas intromisiones del narrador. Lebrecht mezcla gustoso comentarios eruditos con anécdotas personales que en ocasiones exceden el límite correcto, alargándose hasta resultar cargantes, un desperdicio que dispersa la atención y que podría haber dejado para otra sección del manuscrito. Dividido en cuatro partes, la central es la segunda, donde nos adentramos en el contexto histórico y circulamos por la Mitteleuropa de finales del Ochocientos. A diferencia de otros contemporáneos, Mahler dio rienda suelta a su imparable talento desde un origen modesto, por lo que su etapa inicial es un fascinante fresco de toda una inmensa región que coronaba Viena, donde el genio aterriza tras haber recalado previamente en Leipzig, Praga, Budapest y Hamburgo, ciudades en las que deja su caleidoscópica impronta.



La consagración de 1897, cuando es nombrado director de la Ópera de la capital austríaca, tiene sus claroscuros, desde la conversión al cristianismo por el antisemitismo imperante hasta la incomprensión que Mahler sentía para con sus composiciones, a las que sin embargo mimaba y calificaba con optimismo, de otro modo no se puede entender la frase en la que el músico afirma que su tiempo aún no ha llegado, lo que en cambio sí ha sucedido con Strauss.

Mahler en Viena era un dios controvertido. Admirado y despreciado. Amado y vilipendiado a partes iguales. Se casará con Alma, una de las mujeres más impactantes del siglo XX, luchará contra la enfermedad, desarrollará una hiperactiva apoteosis creativa y se despedirá tras un decenio intenso. Nueva York será su último destino en la dirección. Éxtasis y debacle. Amor y desesperación. Temor y muerte. La genialidad es evidente y el personaje imanta. No estamos leyendo ninguna novela. La mejor sobre Mahler debe ser una biografía de biografías que acumule todos los datos, una especie de monumento quimérico. Ya en vida algunas personas registraron la mayoría de sus acciones, anotándolas en libretas, diarios de fragmentos, destellos a devorar cuando Mahler adquiera cuerpo y música en nuestras sinapsis.

Otro aspecto remarcable del libro de Lebrecht es su coherencia al relacionar los intereses y motivos de las sinfonías más allá de la partitura, mostrándonos su fortuna a lo largo del Novecientos tanto en lo histórico como en lo emocional, factor del que bebe copiosamente el autor.

La tercera parte persevera, y lo aplaudimos, en lo didascálico. Se desgranan las mejores interpretaciones de sinfonías y canciones, información completada con un detallado elenco de películas y novelas inspiradas en Mahler. Utilidad, esa es la palabra que marca las casi cuatrocientas páginas del volumen, clausurado con una serie de consejos bastante banales para saber si estamos preparados para el envite y una más que completa bibliografía. Si lo que quieren es saber más les gustará con algún reparo, si saben demasiado les resultará escasa.

Mourinho no inventó nada. ¿Por qué? ¿Por qué? Ese el gran interrogante que se plantea el musicólogo británico. Mi porqué es otro, y es meditar sobre cómo al rizar el rizo de la síntesis podemos derivar en la vacuidad del adorno. Está muy bien ofrecer al público distintas gradaciones de conocimiento, pero una cosa es eso y otra incorporar nimiedades que infantilizan la lectura, lo que en realidad es menospreciar al lector, al que se otorga un trato en exceso condescendiente, como si fuéramos incapaces de soportar la concisión de lo científico.

Crónica de Loopoesia en Fnac Callao en la web de DVD ediciones




El pasado 13 de mayo Loopoesía actuó en Fnac Callao. Hemos esperado un tiempo para preparar una crónica muy especial, publicándola harä cosa de diez días en la web de dvd ediciones, podéis leerla clickando aquí

sábado, 18 de junio de 2011

Perderse y ganar en se fue al otro barrio de Bcn Mes


Perderse y ganar, by Jordi Corominas i Julián
Lo mejor de Barcelona es que pese a las acometidas destructoras de sus mandamases aún hay un mínimo espacio para la magia. Todo sería más perfecto si el hechizo se acompañará de sonrisas y tonteos por la calle, pero eso ya es mucho pedir, así que nos limitaremos a coger el metro y dar un buen paseo por sitios que merecen la pena sólo por su nombre.

Empecemos. El otro día actuaba por el Raval. Bajé con mis bártulos en la parada de Sant Antoni y, de repente, me tope con la Plaça del Dubte, más que idónea para la ocasión, pues servidor iba perdido y hasta tuvo que preguntar a una mossa, de esas con placa y porra, el camino para llegar a mi destino. La de la duda se sitúa en un enclave anónimo, por lo que es más probable que paséis por delante y ni siquiera os percatéis de su existencia, coronada cronológicamente por una doble placa que recuerda los tiempos franquistas del distrito quinto, tan bien reflejados en la literatura dedicada a nuestra ciudad por Juan Marsé, quien en su última novela, Caligrafía de los sueños, retorna a los parajes de putrefacción del chino para que el joven protagonista cate los primeros alcoholes y la tentación del sexo, aún vigente en esos parajes para los que quieran degradarse en las calles, que al menos ahora no constituyen el abrumador pasillo humano de antaño.

Un poco más abajo del escepticismo, tan propio de nuestra desangelada época, hallaréis la calle de la Cera. Por favor, no la confundáis con el museo. Es un rinconcito soso, sin más chicha que un montón de bares y una aglomeración de viandantes de rostro extranjero que dominan esos parajes sin molestar a nadie porque han hecho suyo lo que nosotros desdeñamos durante decenios. En un punto determinado la calle se bifurca mediante un muro que abre la veda hacia otra hermosa plazoleta. Desechad la estética, pasad de los comentarios de Google maps y entrad en Pizzas l’Àvia. Regentado por un escritor uruguayo, el local tiene una oferta calidad-precio excepcional. Puedes comer macarrones, lasagna y lo que quieras por menos de cuatro euros y sales con la barriga contentísima. Lo descubrí de casualidad y sólo me impide repetir tiberio la lejanía con mi campo de acción habitual, ubicado en Gracia.


Ser ciudadano adoptivo del mejor barrio de Babilonia es un problema. Sus cuatro fronteras son un muro insalvable que llena de pereza hasta al más osado, como si el resto de la capital catalana fuera una molestia espacial con la que convivir. Quizá por eso conozco demasiado bien las calles de la Vila, laberinto sin Minotauro que transforma a los jóvenes en viejos por la escasa movilidad de su placer. Normalmente termino mis noches en el restaurante Amèlie, de nombre trasnochado y copas de vino carísimas. ¿El motivo? No lo diré, quien quiera que vaya y lo descubra. Lo importante acaece tras la cita con Baco. Subo por otros recodos y alcanzo mi calle favorita, la de las tres señoras, lugar infravalorado que, os lo aseguro, volverá a brillar con luz propia en menos que canta un gallo. Su nomenclatura se debe a un clásico del siglo XIX. Gracia, que llegó a ser la octava ciudad de España, creció a golpe de compra de parcela. La correspondiente a la Plaza del Señor Rovira i Trias, con el que mantengo estupendos diálogos, fue adquirida por los potentados Massens, Rabassa y Torrente, no el de Santiago Segura, sino más bien el que bautizó el Torrent de les Flors, catalanizado erróneamente tras la muerte del dictador para generar una sinfonía de arroyos entre Vidalets, Mariners, Ollas, Lligalbé y un largo etcétera fluvial.


Volvamos a lo nuestro. Los tres compradores del terreno tenían tres mujeres, y las desdichadas, viendo que podían cobrar protagonismo en placas que les pertenecían por mera economía, exigieron a sus esposos una parte del pastel. Querían su calle a toda costa. La solución final impidió un desbarajuste. ¿Queréis vuestro nombre grabado en piedra? Pues no. Nosotros somos los patrones. Os concedemos una arteria para todas, y así es cómo surgió lo de las tres señoras, que nada tiene que ver con las famosas gemelas que engañaron nuestros días de infancia.


Cuando alcanzo mi auténtico barrio, el tranquilo Guinardó, suelo pisar la Calle del Olvido, aunque esa, porque de otro modo sobrepasaré el límite de palabras que me exigen, ya es otra historia que espero, recordéis con la esperanza de hallar ignoradas avenidas que claman atención en su silencio. Si lo hacéis ligaréis más y no tendréis resaca, os lo aseguro.

Ilustración. Nil Bartolozzi

jueves, 16 de junio de 2011

Podcast: Ernesto Escobar Ulloa y Claudia Apablaza en el Laberint de Wonderland


Ayer en Wonderland tuvimos la suerte de tener entre nosotros a Ernesto Escobar, director de Canal-L, y Claudia Apablaza. Antes pasó Belén Gopegui. Podéis escuchar mi sección y todo el programa aquí

miércoles, 15 de junio de 2011

Jueves 16, Recital en el Bar Lorenzo en Plaza del Sol


Hace un año tuve la suerte de recitar con varias personas en el balcón más bonito de la Plaza del Sol del barrio de Gracia de Barcelona. Ello no hubiera sido posible sin Dídac, que ahora es camarero del Bar Lorenzo en la misma Plaza. El chico tiene empuje y ha decidido montar veladas poéticas en el Lorenzo, que se inaugurarán el jueves 16 con el siguiente cartel

Lectura+Recital en el Lorenzo Bar con

Álex Reig

Daniel Jándula

Galo Ghigliotto

y

Jordi Corominas i Julián


La info es la siguiente

Bar Lorenzo

Plaza del Sol 21, Barcelona

Jueves 16 de junio

puertas abiertas a las 20 horas

Entrada gratuita

martes, 14 de junio de 2011

Libros que hacen llorar en ¿Quieres hacer el favor de leer esto, por favor?




Ayer el programa ¿Quieres el favor de leer esto, por favor? dedicó su programa a los libros que nos hicieron llorar. Participamos varios escritores, y mi elección fue el inicio de Conversación en Sicilia de Elio Vittorini, podéis escuchar el programa clickando aquí

Miércoles 14, Charla con Canal-L (Ernesto Escobar Ulloa) y Claudia Apablaza en el Laberint de Wonderland



El otro día comentamos con Rosa Gil, y no me acuerdo muy bien porqué, de la fuerte presencia sudamericana a nivel literario en Barcelona. Los años sesenta dieron el pistoletazo de salida con el Boom, pero en pleno siglo XXI su impronta sigue impregnando la ciudad con otras texturas. Por eso este miércoles hablaremos con Ernesto Escobar Ulloa, director,productor y todo lo que quieras de Canal-L, que ha cumplido dos años y siempre mejora la calidad de sus vídeos y entrevistas. Además de Ernesto nos acompañará Claudia Apablaza, autora de Diario de las especies y uno de los nombres más talentosos del actual panorama de las letras hispanas.


El laberint a Wonderland

Cada miércoles a partir de las 18h

Radio Nacional- Rne4

100.8 fm Barcelona

En directo: Rne4

lunes, 13 de junio de 2011

Encuesta sobre la nueva edición independiente (VI):Tipos infames, libreros


El barrio madrileño de Malasaña no es el mismo desde que Francisco Llorca, Alfonso Tordesillas y Gonzalo Queipo inauguraron Tipos Infames, la librería de la que todo el mundo habla por su depurada selección de volúmenes y por tratarse de un claro ejemplo del concepto de espacio cultural en el que no sólo se venden libros, sino que también se ofrece la posibilidad de conversar tomando un vino o un café y asistir diariamente a eventos literario-festivos.

Impacto


¿Cómo valoráis el fenómeno de las nuevas editoriales independientes?

En general visibilizan la irrupción en el mundo del libro de nuevas propuestas que demuestran que es posible editar de una manera diferente a como se venía haciendo. En este sentido han demostrado que calidad y novedad no tienen porque estar reñidas.

¿Hasta qué punto creéis que la irrupción de estas editoriales ha afectado al mercado del libro?


Su incidencia es notable porque han contribuido a la creación de nuevas dinámicas relacionales y redes dentro del mundo del libro. La figura del editor y el papel de la editorial se están redefiniendo dentro del nuevo contexto en gran medida gracias al trabajo que éstas están llevando a cabo.

El “pastel”, en cuanto a ventas, distribución y presencia en librerías, ¿está más repartido?

Las grandes seguirán siendo grandes, sin embargo han demostrado que hay mercado para apuestas más atrevidas.

Editores

¿Percibís una transformación en el modelo de editor, que haya hecho que se conviertan en “promotores”?

El verdadero editor siempre ha sido un “promotor” en cierta medida. Lo que sí se observa es un aprovechamiento de las nuevas posibilidades que ofrecen las redes sociales, un hecho que ha facilitado una mayor proximidad entre autores, editores y lectores.

Autores

Los nuevos autores, ¿lo tienen más fácil para publicar, con estas nuevas editoriales?

Hoy en día es más fácil editar que nunca, sin embargo las nuevas editoriales independientes de las que nos ocupamos no han bajado el grado de exigencia. Se puede decir que, en cierta medida, han contribuido a mantenerlo.

¿Qué opináis de la proliferación de escritores innovadores que aparecen en los medios? ¿Estamos realmente ante una cantera de futuros clásicos o se nos está vendiendo humo?

El tiempo (y los lectores) separarán el grano de la paja… Sin embargo hay muchos de estos autores “innovadores” que lo son más en virtud de una estrategia mediática que por méritos propios. En estos casos los escritores recuerdan a la historia del traje del emperador. De todos modos no se puede obviar que los nuevos lenguajes surgidos a partir de la web 2.0 suponen también una transformación en la manera de narrar y que son muchos los autores que la están aplicando en sus obras.

Relación editor-autor


¿Veis difícil que los nuevos editores establezcan pactos duraderos con sus autores?

En lo que respecta a los autores jóvenes puede ser. Sin embargo muchas editoriales establecen pactos duraderos con sus autores en virtud de un vínculo o espíritu independiente y deciden crecer juntos. De todos modos se debe hacer notar que muchas editoriales jóvenes apuestan por la recuperación de autores clásicos que acercan a un nuevo público.

Clásicos

¿Cómo valoráis la tendencia de los nuevos sellos de recuperar obras libres de derechos o nunca publicadas?

Una jugada redonda: Una delicia para los lectores y una ganga para los editores.

Librerías

¿Observáis una predisposición, por parte del librero tradicional, para destacar los libros de estas editoriales y promocionarlos?


Los libreros, tradicionales o no, somos la cara de estas editoriales, apostamos en buena medida por ellas porque creemos que los lectores deben conocerlas, saber que hay algo diferente más allá del sota-caballo-rey que ofrecen las grandes superficies. Estas grandes cadenas, aunque por espacio puedan permitírselo, son menos permeables a este tipo de editoriales. Basta con ver los escaparates: más ejemplares, menos títulos.

Crítica

¿Hasta qué punto creéis que tantas nuevas editoriales han afectado al panorama crítico en nuestro país?


No observamos diferencia en el trato que se dispensa hacia unos u otros, aunque hay algunas editoriales que ya han conseguido, a pesar de su juventud, una gran acogida entre la crítica y que se les identifique con un marchamo de calidad y un criterio fiable.

¿Qué peso estimáis que tiene en estos momentos la crítica en el entorno digital? (blog, webs…).

La crítica en la web no es unidireccional, está abierta a la discusión, por lo tanto está mucho más viva que en los tradicionales medios impresos. Actualmente un buen posicionamiento en Internet es tan valioso (o más) que el aparecer en un suplemento.

Gustos personales


De los nuevos sellos, ¿cuáles han sido los que más os han gustado o sorprendido?

Todos los que agrupa Contexto (Periférica, Libros del Asteroide, Nórdica…), Errata Naturae, Alpha Decay, Sajalín, Cabaret Voltaire…

Promoción

¿Habéis notado que la presencia de los nuevos sellos haya provocado un cambio en el modo de promoción del resto de editoriales?

Los pequeños sellos fueron los primeros en explotar las nuevas posibilidades que ofrecía la red. A partir de ahí no es extraño encontrar que los grandes grupos dediquen cada vez más esfuerzo a la promoción de sus productos mediante las nuevas herramientas digitales.

Futuro

¿Creéis que hay mercado para la cantidad de libros y editoriales existentes? ¿Podrán sobrevivir todas las nuevas empresas?

Creemos que en España hay una inflación editorial severa que no es asumible. Será el mercado y los lectores quienes, para bien o para mal, decidan quien sigue y quien no.

sábado, 11 de junio de 2011

Matemática Beatle (y IX) en Panfleto Calidoscopio






Abbey Road y la mejor despedida posible para la Historia de la música.

Por Jordi Corominas i Julián


“Let's try to make a record like we used to. Would you come and produce like you used to? I said ´Well, I'll produce it like I used to if you'll let me´. So, Paul rounded up John, George and Ringo we started work on Abbey Road. It really was very happy, very pleasant, and it went frightfully well.”

(George Martin sobre el proceso que llevó a grabar Abbey Road)

John was definitely very odd by this point, and his involvement in all the Abbey Road sessions would be sporadic. For the most part, if we weren't working on one of his songs, he just didn't seem interested.”


(Geoff Emerick sobre la implicación de John Lennon en las sesiones de Abbey Road)

“The one side that Paul and I worked on mainly was the connected one, side two, and that had, slighlty, reluctant, contributions from John. He never liked production; he liked good old rock'n roll. So, one side was to please John, a collection of songs, and the other was to please Paul.”

(George Martin sobre la estructura de Abbey Road)

“My God, those three guys were the ones entertaining him for so long. Now I have to be the one to take the load.”

(Pensamientos de Yoko Ono tras saber que John Lennon iba a dejar The Beatles.)



La historia de The Beatles aúna en su seno elementos que la convierten en un prototipo de relato inolvidable. Unos chicos jóvenes e ilusionados por el Rock and Roll se conocen y forman una banda. Con el paso del tiempo encuentran las tuercas justas para que la máquina funcione. Trabajan duro, actúan en locales de mala muerte, crecen, viajan al extranjero, se curten, dan con un garito idóneo y finalmente un manager les ayuda en su búsqueda hacia el estrellato. Irrumpen en el panorama con fuerza, deslumbran por su look, crecen y ofrecen al mundo un inolvidable repertorio que alcanza su cenit con la madurez de su juventud que les lleva, por lógica y desgracia, a la separación para que sus egos caminen en solitario hacia otras sendas que engrandecieron la leyenda de su colaboración.

El último baile de su singladura fue Abbey Road. Tras el fracaso de las Get Back sessions nada hacía presagiar que los cuatro volvieran a reunirse para grabar un nuevo disco, pero Paul McCartney seguía llevando bien alta la bandera del sueño. Habló con George Martin, le prometió que registrarían las canciones a la vieja usanza y el productor aceptó encantado porque recibió garantías de que hasta John Lennon aprobaba la idea. El otrora líder del conjunto volaba en órbitas de desquicio y perdición clamando por ser escuchado. Era un ser a la deriva que creía, sin duda influido por su esposa, haber finiquitado una etapa que debería abrir un ciclo donde él sería el protagonista indiscutible sin que nadie le tosiera ni limitara. Quizá por eso su actitud durante Abbey Road fue sumamente negativa, como si el grupo que él mismo había creado fuera una molestia, un mero expediente a solventar para ingresar cuantiosas esterlinas y proseguir con su excesivo tren de vida de megalomanía, drogas y mucho despropósito camuflado con pretensiones vanguardistas.

Todos los componentes del cuarteto evolucionaron tras casi un decenio de intenso fervor creativo y mucha presión mediática. George Harrison, movido por espiritualidades y una creciente fe en sus capacidades compositivas, avanzaba hacia la independencia y sentía que ya no podía ser comandado por los dos monstruos que alteraron el panorama de la Historia de la música popular. Tenía muchas letras guardadas en el cajón y quería presentarlas al mundo. Asimismo, galvanizado por Eric Clapton, iba desarrollando una técnica personal en la guitarra. Su fraseo se llenaba de Slide y con él imponía rasgos propios que emergerían a lo largo de sus primeros discos en solitario, cuando llegó a ser el ex Beatle más exitoso con All Things Must Pass, triple Lp que supuso el cenit de su carrera.

Ringo, el fiel batería, atendía acontecimientos. Fue pionero en abandonar la formación, y los demás sabían de su importancia para cohesionar lo que siempre se iba pareciendo más y más a una lucha de egos muy difícil de controlar. En 1969 su labor era más sólida y en Abbey Road ofrecería, con permiso de algunas canciones de Revolver, lo mejor de su repertorio con la banda, a lo que sin duda ayudó la novedad, ya existente en América, en forma de consolas de ocho pistas que dieron a su sonido matices muy especiales.




Paul McCartney seguía siendo el mismo de siempre. De las tensiones previas aprendió varias lecciones. No podía seguir siendo el jefe absolutista de antaño, no convenía para la estabilidad que pretendía lograr con sus compañeros, siempre más proclives al método individual que emergió descarado a lo largo del White Album, cuando abandonaron la idea grupal para centrarse en fórmulas donde cada uno exprimía su talento privilegiando su terreno y usando a los demás como músicos que complementaban el mosaico sonoro. Harrison ya no era un niño, Lennon era irascible y Starr, más comprensivo, podía aceptar consejos que dieran a sus redobles más magia y efectividad en función del tema. Pese a esta comprensible tolerancia el bajista tenía las ideas muy claras, y ello se demostró desde el momento en que volvió a pisar el estudio junto a Ringo y George el 2 de julio de 1969 para retomar lo que sus primaverales discusiones habían dejado interrumpido.

Es importante recalcar que la ausencia de John por el accidente escocés durante la primera semana de trabajo propició un clima laboral idóneo donde se gestó buena parte de la estructura que enhebraría la famosa suite de la cara B de Abbey Road compuesta por You Never Give Me Your Money, Sun King, Mean Mister Mustard, Polythene Pam, She Came in Trough The Bathroom Window, Golden Slumbers, Carry That Weight y The End. En este sentido el hecho que en la jornada inicial McCartney grabara Her Majesty, que debía ir entre Mean Mister Mustard y Polythene Pam, y presentara a los demás Golden Slumbers y Carry That Weight, con Ringo acompañando de manera excepcional en las armonías vocales, indica que el músico tenía bien instaladas en su mente las ideas para crear una suite sinfónica que cerrara el álbum. Durante esas jornadas Harrison ofreció a sus socios la que en mi opinión es la canción más sobrevalorada del conjunto, Here Comes The Sun, alegre e inusual melodía que se le ocurrió después de pasar unas soleadas y anómalas horas junto a su gran amigo, hasta que le robó a su mujer, Eric Clapton. En el tema no participó Lennon, quien una vez se recuperó de sus lesiones irrumpió en el estudio con toda la fanfarria y excentricidad posibles, alquilando una cama en Harrods para que Yoko Ono, a la que se le colocó un micro cerca de la boca para que expusiera sus opiniones, reposara como una reina en medio de la vorágine, con el consiguiente disgusto de los demás.



La llegada del artífice de a Hard Day's Night, su punto álgido de dominio en la banda, enturbió la atmósfera y exhibió fricciones ciertamente innecesarias que en parte explican la división definitiva del disco en dos mitades. La cara A, de Come Together a I Want You, es la clásica colección de canciones, mientras el segundo segmento apuesta con claridad por una continuidad mediante el enlace de varios temas que configuran una unidad. La discusión sobre este punto alcanzó su culminación el 9 de julio, cuando Lennon declinó participar en Maxwell's Silver Hammer, ingenioso vaudeville de McCartney que su antiguo partner compositivo detestaba, y es probable que odiara otros temas o bien se dejara llevar por un egoísmo nada conveniente cuando trabajas en equipo, pues su presencia también es nula en Octopus's Garden, Here Comes The Sun y también, aunque aquí no podemos corroborarlo plenamente, en Golden Slumbers y Carry that Weight. La tensión entre los líderes del cuarteto alcanzó cotas ridículas, con Paul abandonando los estudios de Abbey Road entre lágrimas y John yendo a su casa para destrozar una pintura que el bajista amaba con locura, sin tampoco omitir un nada inocente golpe a la encinta Linda Eastman. Por suerte para la convivencia, estos lances fueron puntuales y durante el mes y medio de elaboración del Lp se mantuvieron las formas pese a ciertas brusquedades entre las que cabe mencionar la exclusión del bajista de las armonías de Come Together o la rabieta del guitarrista rítmico por no poder cantar Oh! Darling, canción que consideraba idónea para su estilo vocal.

Dejando de lado estos desagradables desencuentros, Abbey Road es un disco diferente donde The Beatles no buscaron lo imposible, sino más bien hallar un sonido natural, ciertamente bien producido por George Martin, que reflejara su impronta pop-rock al máximo de sus capacidades donde todos los instrumentos sonaran como tales, sin distorsiones ni rarezas vanguardistas que sólo recibieron acomodo por la destreza de Harrison con el recién adquirido sintetizador Moog. Atrás quedaron los alardes del Pepper, sacrificados por un sonido prístino donde pese a todo aún cabían efectos y una experimentación que se orientó hacia otras brillantes latitudes con un cierto tono oscuro que preludian la separación de los de Liverpool, cuestión que nadie puso sobre la mesa durante aquel intenso y prolífico verano.

Cara A: Seis gemas de cuatro monstruos


Además de lo dicho, hay otros matices que debemos abordar si queremos trazar un cuadro completo antes de entrar propiamente en materia. Si analizamos las letras de las canciones de Abbey Road, comprobaremos cómo Lennon es más bien escueto. Su grifo compositivo se había cerrado por sus devaneos con la heroína y la exageración de su imagen pública que catapultaría hasta límites grotescos en los meses posteriores, recibiendo en diciembre el título de personaje ridículo del año, lo que contrasta con la quizá excesiva exhuberancia de McCartney y la solidez de Harrison en Something, pilar de su trayecto con el conjunto que le hizo célebre. A nivel musical el disco se sostiene sobremanera en la adecuada coordinación entre el bajo, que recorre los temas con pasmosa versatilidad, la batería, más potente que en ninguno de los anteriores Lp's, y el ejemplar y polivalente fraseo, con algún que otro solo nada gratuito, de George con la guitarra. Todos estos factores convergen a la perfección en Come Together, pieza inaugural, ralentizada a sugerencia de McCartney, en la que John a ritmo de Blues da su última gran contribución lírica con un intento de composición a la Walrus a la que añade mala leche, rabia y hasta una sugerencia de suicidio, shoot me, capeada en las primeras cuatro barras por el sonoro bajo de Paul, magistral a lo largo de toda la melodía que domina con envidiable desparpajo hasta en el segundo previo a la irrupción del riff de piano eléctrico, fragmento que hasta Lennon se dignó a aplaudir al ser el perfecto intermedio entre la parte inicial y una conclusión donde la guitarra de Harrison borda su parte con destellos que anticipan la gloria de Something. Durante la primera cara del disco las canciones no están enlazadas y cada músico da rienda suelta a su propia estrella. Considerada por Frank Sinatra como la mejor composición de amor del último medio siglo, Something sintetiza en sus poco más de tres minutos lo que debe ser una sentida canción de amor que alcanza universalidad a través de las palabras que exprime, la adecuada producción sinfónica de George Martin, el subterráneo y rico bajo de Paul -criticado a posteriori por Harrison, quien intentó dirigir a su colega a lo largo de las varias sesiones que dieron luz a esta maravilla- y una contenida batería con aires nostálgicos que no encoge una guitarra que efectúa el solo de rigor cuando corresponde y puntea cuando es preciso para generar algo inolvidable.

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