sábado, 6 de marzo de 2010

Los jugadores de Ajedrez de Plaza Catalunya en Panfleto Calidoscopio


Los jugadores de ajedrez de plaza Catalunya*

Por Jordi Corominas i Julián





Proemio
Abandono tu aparato reproductor
por punitiva puntualidad británica,
laceración interior que hiere mi piel
y abisma pies a reuniones de
compromiso misógino con fans del gineceo,
blanco y negro de Armani, plumas de
doscientos euros adictas al lupanar
cuando yo
sólo quiero sentir
tu humedad, que es mi calor.

¡Ya llego al círculo del veintinueve!
defecan ratas voladoras, las niñas les dan medicina,
(desafían el genocidio)
los camellos tienen hierbas en bolsas chivatas
sin alzar las palabras despapeladas
entre
inmaculadas
piernas extranjeras que accionan luces
producto de la miniatura fotográfica de
exportación nipona, los
ángeles mean minucias ignorantes de
Historia y viajo de espaldas al comercio
de mi nacionalidad queriendo
abrazar ese partido futbolero de madrugada ¡Gol!
antes del cataclismo global
de cínico civismo válido para la sigla
del payaso burlón del cetro condal 1994
Ellos lo saben todo

Los jugadores de ajedrez de plaza Catalunya

demoran en cuadrículas protectoras
de la estatua desnuda,
mueven fichas en su anonimato
ignoran el mármol
(acuoso)
y
hoy desplazaron la estrategia hacia
escaleras económicas
adyacentes al vil metal francés,
quieren seco cobijo y no tienen bandera,
su rostro desdeñado es vuestra piedra
biliar de ombliguismo posmoderno,
refugio sapiente activa solitarias
danzas urbanas que penáis
como babilónicos insectos henchidos
de egocéntrica sota, caballo y rey
en un tablero simultáneo
pateado por tanta cáscara,
certero desconocimiento
de peones travestidos
abocados a bocados
de sibaríticas mentiras
que maldeciréis en la vejez
cuando no tengáis citas en
el foro público
Ellos lo saben todo

Quien espera

Deleite púbico con el intelectual
(dame tu teléfono y quedamos mañana)
Pactos laborales con kebab
(conozco un sitio magnífico y hablamos de lo nuestro)
Deseos hallados en aseos noctívagos
(el espejo realza tu belleza)
Amigos de amigos en una mesa
(sé que te gustará, es tu tipo)
Juergas de jolgorio juvenil
(beberemos litronas en el banco)
Lolitas dadivosas satíricas
(no me importa su edad, ¡está muy buena!)
Miradas clandestinas en vagones
(Quien saluda gana trenes)
Notificaciones sentimentales
(rutinarias rutinas ancestrales)
Encuentros enconados
(Es menester partirle la cara)
Clanes famélicos
(repetición, viernes de pastafiore)
Rollos epidérmicos esporádicos
(pisos prestados)
Grupúsculos grotescos
(freakies alienados)
Peleas de pareja
(histriónica histeria)
gemidos congelados,
músicas a otra parte,
Cerveza beer uan ero
y humanidad concentrada
en plazas de tenues farolas
fingidas a la espera
de un destino en segundos
que no dilucidarán sino
un nuevo despertar al alba
y un continuar del mañana
atendiendo
pandémicas pandoras
con nombres y apellidos
empachados empíricamente,
bulimia de séptimo arte
que hace vislumbrar Alice in Wonderland
en mares de normalidad donde os ahogáis
por perder el reloj como el conejo,
ellos lo saben todo

Partenaires

Quijotes del veintiuno
uniros en la fatídica farsa,
falaz felicidad, gafas tridimensionales,
quemad fósforos victorianos, sueros de la verdad
apadrinados en ensoñaciones desmentidas
por cotidianos cerebros al abordaje
del rendez vous.

Du Bruit dará milongas y te hará res,
Adolfo basura empleada entre corderos,
Germán gérmenes gozosos,
Adela presunción en almohadas de Procustio
los hunos chupitos de avellana,
el otro relamer tu juventud en sus canas
Javier ideal, bufanda y cuello alto,
Marta romper lazos ,
las bestias bates de béisbol
y el spaghetti dirimir
glóbulos armónicos en vínculos
familiares con gran hermano, marujeo
y cubertería en una mesa apolillada
como episcopal reflejo sináptico,
caspa negada que aceptamos adorando
la horca de la tradición, incapacidad
inventiva, diaria diarrea, equiparable
a esa habitación de hotel
Ellos lo saben todo

El hotel resumen

Donde la tenue camisa
reposa en el sofá,
muda a los ojos cerrados del inquilino
estirado con su brazo colgando, ciego
cristalino ante cuatro muros repletos,
pasado
ágrafo que imprime recuerdos
en éter cargado de coitos, discusiones,
promesas, desquicios, intríngulis, inmundicia,
maletas de terror, célebres cepillos, caducos
atuendos, manchas sanguíneas, almas
esquivas, facturas denegadas, toallas
robadas, abrazos estériles, caídos do
not disturb, ramos
quebrados, sogas parapetadas, décadas
transcurridas repitiendo la misma
cantinela limpiando residuos occidentales
atraídos por ofertas oraculares que
quiebran horizontes tras el aliento
de principio y fin en billetes embelesados,
orden establecido que el desconcierto
venenoso fragmenta al irrumpir
uniformes horteras, cofias cinco estrellas,
mercurios hoteleras de tres números
depositarios y pasaporte a neveras
donde el frío es descomposición,
autopsia y ataúd,
Ellos lo saben todo

Cementerio

sarnosos gusanos aritméticos que
camilleros licántropos sortean
para pirómanos del horno crematorio
municipal, fumadores odiadores
de ceniza porque conservan
el romanticismo lapidario
y la inscripción gravada en piedra
como valor artesanal contrario
al mainstream, pirados héroes
ornados incomprendidos
por detestar guardar difuntos
en armarios roperos, su afición
es el vampírico silencio idealizado
de la paz del cementerio en nocturnidades
noctámbulas, viento dibujado, inexistentes
sonatas barrocas, camposantos góticos
imaginarios fenecidos en la estructura
de supermercado donde yacen
difuntos semejantes a los modernos,
ellos lo saben todo

Los modernos

perennes peleles, presentes adalides
ya pretéritos pese privadas proclamas
en el círculo vicioso de estar a
la última cultural, efímera miseria
advertida por Warhol que alargáis
regodeándoos en pútridos proyectiles
de fechas finitas, yogures encuadernados
postulan tendencia, abarcan apariencia,
aguinaldo de plástico oculista, cool
cansino en el desierto orondo de
andrajosos onanismos, soy muy
colega de, devendra decadencia, trapitos
raídos que el supuesto esplendor cancela
si el escáner aplica el espejo negado
por vuestra petulancia de jerifaltes treintañeros,
palmaditas en la espalda, cenas nouvelle cuisine
y
verifica fétidas fruiciones olvidadas cuando
guste el reloj y la pretensión retorne el
boomerang al inferior complejo secuestrado
vendiendo basura, procaz pormenor tóxico,
Mefistófeles es ficción y las patas de gallo
auténtica cirugía, aprovechad pagos
paternos, resistid atrincherados
en bares de diseño, ejércitos cualitativos
Ellos lo saben todo

El bar vacío

asaltan asquerosos jukebox protegidos
en la reja que el barítono de la varita
(vince discretamente l’alloro enciclopédico)
clausura, calamitosas claudicaciones, nimios
focos farandulean fregonas, higiene, ruido
extractor acaparador del despiste clientelar,
ese paquete rubio, condones enfundados, bolsos decorativos
penden trastabillando taburetes fronterizos, minúsculos
porros parcelan el terreno ardiendo detalles
colectivos e individuales que
Baco y Dionisio reparten a ritmo de residuo
inodoro una vez la peste sana ambientes
y
cuatro ratones conchabados delimitan pedreas
humanas, sordos dientes daltónicos
escurridizos e inmunizados
a la melódica voz catalana machacando
clásicos anglosajones del arrinconado walkman
rosa refugiado en el ángulo psicodélico
del Benidorm, dormido hasta soles invernales,
acicates de chachas remotamente remuneradas
barriendo bazofia con orgullo permanente,
Ellos lo saben todo

Humildad y victoria

testas igualitarias ensoufleadas en
la peluquería vecinal con retratos hichtcockianos,
palíndromos panaderos de hogazas terapéuticas
trenzadas en el quiosco, ofrezco taladradoras,
distribuyo cuentos chinos útiles al remiendo,
Remedios reza en el templo mientras María
maqueta macetas con floristas afectuosas a
pacientes farmacéuticas embutidas en
batas blancas, paredes cuelgan jamones,
pastelerías de ocasión con cosméticos franceses,
besos en la parada, electrodomésticos
y cachirulos, ciervos azules, globos de
colores, saludos efervescentes, ferviente
frenesí del asfalto fanático del
toda la vida por amor a una
pureza perdida salvo en reductos
ocasionales donde aun las barricadas
piensan barrio, copan esencias, destilan
proverbios y bendicen a fruteros
capaces de reconocer facciones
contrarias al gran fraude multinacional
asesino del mercado por refundaciones
favorables al mermado Mercado
de pocos roban a muchos.
Ellos lo saben todo

Los poderosos y su rutina

Yo soy de un país donde nunca nadie dimite,
un país donde regalan trajes y trajinan impuestos
señores con bigotes, gemelos de patriarcas
parapetados en palacios musicales, el significado
de la palabra millón sirve tanto para presidir
balompédicas asociaciones, como para emitir
interesados estruendos periodísticos, humildes
incendios, prostituciones fotografiadas, drogas
denunciadas, preciso porvenir del derrumbe popular
en chuleos que adecentaron minas mediante torturas
por socialista relamer burgués que repetirán una
y otra vez hasta que nuestro conformismo impida
que su crisis sea sólo económica.

Yo vivo en un país donde las playas son hormigones
antiestéticos y las gaviotas culpabilizan lo étnico
porque tráfico de esclavos no casa éticamente con
sus mentirosas máscaras barbudas, multicultural
es un adjetivo comercial adecuado a siglas corruptas
por electorales hábitos franquistas propagadores
turísticos que pisotean al ciudadano, cucaracha
que sólo puede respirar mientras esos canallas
edifican pesebres porno en su navidad elefantiásica,
tísicos titiriteros, firmes candidatos a ser
ahogados con sus corbatas.
Ellos lo saben todo

Los jugadores de Ajedrez de plaza Catalunya (Reprise)


Los jugadores de ajedrez de plaza Cataluña
demoran en cuadrículas protectoras
de la estatua desnuda,
mueven fichas en su anonimato
ignoran el mármol
(acuoso)
y
hoy aprovecharon regios astros, recuperaron
posiciones, agitaron un cubilete, devinieron
fichas metafóricas del gran mapa sinfónico
urbano que quise brindaros en estos versos
recopilados en mi pasillo de pesadilla a
espuertas del mediocre cónclave machista
al que asistí por obligaciones del guión
rutinario que el alfil desafió en el sopor equino
de la torre marítima enrocada por peonzas
en paro devorando bocadillos, albal protección
plateada, metamorfoseada en infantil bola
batalladora que no mancha y frustrada recoge
eterno dolor interclasista, patético
hedor hedonista fulminado
cuando la llave proyecta, la
mano cierra la puerta
y las yemas arrojan tu vestido al suelo, roja

Who knows...


delicadeza aterciopelada, ribetes de seda
sedante, atractiva e imbécil capa
bíblica alejada por una patada
que me permite besar tus párpados
esculpir tus curvas, palpar delicias,
llenar mi lengua en saliva, acercarme,
fundirme en tu seno y sentir
tu humedad, que es mi calor.





*Me acuerdo de la lluvia y la velocidad por querer besar a una chica. Crucé la plaza de Catalunya y al lado de la estatua divina constaté la ausencia de los jugadores de ajedrez. Se refugiaban en el banco enfrente la FNAC. Me alegró ver que resisten inclemencias meteorológicas, siempre están con sus movimientos, ejecutando una danza de poder. Ellos lo saben todo y manejan las fichas ciudadanas. De esa idea nació Los jugadores de Ajedrez de plaza Catalunya, sinfonía urbana en forma de suite poética, estructura consistente en enlazar varias composiciones hasta conferirles unidad, tanto en forma como en tema, que en mi caso suele centrarse en el espacio físico que aprehendo mientras paseo, pues mediante el caminar entendí que la única forma de captar la realidad es dándole una continuidad que no puede plasmarse en formatos tradicionales, si bien la suite bebe absolutamente de influencias pasadas, válidas y fundamentales para renovarse, como espero se compruebe en Paseos simultáneos, primer experimento que realicé con el género, de próxima publicación en Ediciones Vitrubio.

viernes, 5 de marzo de 2010

Happy Birthday Loopoesia, sábado seis en la Cova de les Cultures a partir de las 21 h 30 minutos



Parece mentira, pero ha pasado un año desde que una noche de jueves Neill Higgins y quien escribe decidiéramos fundar Loopoesia y aventurarnos en un sinfin de locuras que nos ha llevado a todas partes,a ninguna y a mucha satisfacción por lo que hemos aprendido.

Para celebrarlo hemos organizado un especial Looproject. Se celebrará el sábado seis de marzo en La Cova de Les Cultures a partir de las 21 h 30. Primero actuarán The Lady Sounds al completo y después entraremos nosotros, Loopoesia presentando,porque hace veinte dias la lluvia lo dejó en prueba, nuestro proyecto de 2010 con los jugadores de Ajedrez de Plaza Catalunya, poemario loopoético que mañana colgaré en el blog.


Happy birthday Loopoesia!

Sábado seis de marzo de 2010

La Cova de Les Cultures

C/ de l'Angel 12

A partir de las 21 h 30 minutos

The Lady Sounds+Loopoesia

No socios 6 euros

Socios 3


Loopoesia es amor

miércoles, 3 de marzo de 2010

La calma y el mirar en Panfleto Calidoscopio




Vértigo de W.G. Sebald

Por Jordi Corominas i Julián




“Como es sabido, Inglaterra es una isla aparte. Si se quiere ir a Inglaterra se necesita un día entero”. Ernst Herbeck.

Este texto tiene tres historias interiores y un homenaje. A finales de 2002, justo cuando terminaba mi licenciatura en Humanidades, entré en La Central. Entre los destacados del mes lucía amarillento Austerlitz de W.G. Sebald. Unas semanas después estaba harto, sin saberlo, de mi estrechez de miras para con el niño de la portada y el recuerdo napoleónico. El alud de críticas positivas y las consideraciones de muchos escritores sobre la aclamada novela ejercían en mí un rechazo por exceso de aceptación, como si su éxito fuese una moda pasajera insana, lobotomía de fin de semana en el desierto por culpa de un accidente automovilístico, muerte al rico reclamo comercial de encumbrar por morbosa materia mortuoria.

Un buen día el ciclón desapareció y mi cartera se puso a dieta. Compré la falsa contienda y se produjo el hechizo. A mis 24 años Austerlitz fue una revelación. Durante largo tiempo devoré sus páginas con lentitud, deseando que nunca terminaran. El punto y final me sumergió en una especie de letargo cerebral donde el recuerdo de esas líneas sin apenas párrafos recorría mis sinapsis dándoles una alegría de crecimiento complementada por las fotografías y la maravillosa prosa poética de Sebald, un autor que más que frases encadena una continuidad narrativa en forma de río léxico-reflexivo engendrado entre paseos, historia y un viajar físico e interior en dirección fija a Europa desde múltiples ángulos que emergen mediante el noble acto de pasear, pues hasta en el estatismo de la pausa se tiene la sensación de avanzar con pies y mente hacia el constante caminar de una conciencia excepcional.
Mi pasión fue agrandándose. La ausencia en el mercado español, salvo unas pésimas primeras ediciones en Debate, del corpus narrativo del alemán me llevó a bucear por Internet y adquirirlo en francés. Leer en una lengua que conoces pero que no es tuya completamente es un ejercicio de pasión y autoengaño, más que nada al alterarse la noción básica de comprensión, que todo lo capta sin percibirlo igual. Sin embargo, mi experiencia gala fue fructífera y me permitió hallar la explicación por qué Enrique Vila-Matas tituló Doctor Pasavento su última novela antes de la atendida Dublinesca. El barcelonés había leído Vértigo con esmero, encantándose con una publicidad de 1913: Dottore Pesavento. Specialista. Bocca. Denti. Estrazione senza dolore. Dentiere senza Palato. Dos clásicos modernos hermanados en un juego que reafirma la literatura como un único libro, agua distribuida desde un mismo caudal que se reinterpreta nutriéndose de sus inextinguibles elementos.


Un lustro es mucho, demasiado. Las horas vuelan y lo largo deviene corto en suspiros. 2010. Anagrama presenta una nueva traducción de Vértigo. Revisitarloen castellano es una experiencia que traspasa la mera barrera bibliófila y se instala en la senda personal de entender las metamorfosis de nuestro ego, sorprendido por la clarividencia de una tinta ya catada con anterioridad. Mis impresiones no han dado ningún vuelco, sólo han evolucionado tras superar una dura prueba. El lector no avezado en la prosa de Sebald puede padecer graves problemas por la intensidad del texto tanto en estilo como en contenido. La vorágine que generan los enlaces y los escasos respiros transporta hacia una dimensión donde las ideas se suceden a un ritmo, nunca mejor dicho, vertiginoso y desconcertante por la naturalidad de las meditaciones, contundentes caricias casi imposibles de captar en su totalidad para quien se estrena en estas lides.




Vértigo y el encadenamiento de la casualidad:
precisas coincidencias para reforzar la memoria

La repetición mejora y es el perfecto pasaporte para la auténtica percepción de detalles caídos en el debut. Abro la traducción de Carmen Gómez García y sonrío al encontrar en la línea de salida al viejo amigo Stendhal en plena juventud bélica ascendiendo el San Bernardo junto a treinta y seis mil almas guiadas por Bonaparte. Sus anotaciones y bocetos introducen con irónica seriedad documental, algo típico en el autor de Los emigrados, los temas fundamentales del volumen. Henry Beyle dio nombre a un famoso mal de belleza superlativa. Se enamoraba del arte hasta el límite, y en ocasiones el deseo de conservar lo observado se obtenía mediante la compra de una postal con poderes eternizantes. ¿Obvio? No. Lo vivido se desfigura a través de la reproducción, poderosa y canalla, vencedora en la lucha de la memoria al imponerse al verdadero recuerdo. Esta deformación es una traición personal causada por la manía de añadir y desconfiar de nuestras posibilidades mnemotécnicas. Creemos en demasía que acumular es victoria, y la existencia tiene mecanismos que favorecen la ligereza de equipaje, máxime si nos hallamos fuera de hábitats conocidos y queremos saborear lo inédito sin trabas. El lamento stendhaliano se corresponde a la imbecilidad contemporánea de la fotografía como registro de lo que fue, monstruosidad canceladora de los cinco sentidos, sepultados en un pozo sin fondo que transmite fuit hic y despersonalización absoluta, aunque Sebald aprovecha la circunstancia para darle la vuelta y engendrar un mapa inverso que del ornamento barroco navega hacia el retorno al origen. El hombre del siglo XXI se atiborra de medicamentos que, con toda probabilidad, agravan su salud. El genial creador de espejos que ponemos en el camino cocinó lo mejor de su cosecha entre 1829 y 1842 aquejado de síntomas sifilíticos empeorados por la ingesta de medicamentos con alto grado de toxicidad. Ese suplemento le acercó a la guadaña al redundar en el fallo de manipular un cuerpo hasta hacerlo irreconocible. Murió en la actual calle Danielle-Casanova, anécdota que Sebald usa en su provecho en el siguiente tramo de la novela, All’estero, una de las cumbres literarias de los últimos veinticinco años. El narrador irrumpe como protagonista. Es un ser solo, en cierto modo desgraciado en su vagar delirante donde cree ver a Dante en Viena, ciudad donde no pretende encontrarse con nadie pese a mencionar el vacío de llamar en vano a varios números de teléfono. El autista que circula por el Viejo Mundo es culto y parece sentir un ambiguo temor reverencial que aplaca en sus raros momentos junto a viejos amigos internados en sanatorios mentales, trastornados símbolo del malestar de todo un continente que ha perdido la atención por la calma y el mirar, valores expresados en el transportarse sin velocidad del protagonista, a quien empezamos a entender en Venecia. Sus coordenadas se entrelazan con las del gran Giacomo Casanova pionero entre pioneros en el laberinto de la modernidad, héroe burlador del plomo del palacio ducal de la Serenísima, fugado de lujo esa noche de todos los Santos de 1756. 224 años después Sebald está en el lugar de los hechos y registra la efeméride en la agenda, modo de exprimir su operación de libertad en las válvulas que mueven su materia gris. Lo importante –pese a ser un artefacto sin máscara, sincero y honesto en sus ardides– no es rememorar, sino vivir y dar cuenta de lo imprevisto para activar partículas que fundan el presente con el pasado para así tener una línea recta de la que todos somos partícipes. Europa. La travesía transalpina inyecta dosis de pistas, nombres y situaciones presentes por una intencionalidad clara de no dejar ningún cabo suelto y aunar las pequeñas migajas en una intrincada construcción formal con hondo contenido conceptual. Por eso urge regresar siete años después, para que el rompecabezas pueda completarse y las piezas adquieran sentido. Por eso la huida de esa Pizzeria en Verona, Ludwig y la violencia insensata. Por eso desviaciones en la ruta y reposos en moradas con gentiles italianas de anhelo y despedida hasta nunca. Tierras kafkaianas en el horizonte. 1913 desde Sciascia y los periódicos que con su barita mágica abocan, por instantes, al protagonista a desplazarse al tiempo cronológica que obsesiona su mente para luego aceptar que la máquina del tiempo no existe y ceder el protagonismo a Franz Kafka y su viaje a un sanatorio de Riva. La repetición es sutil y elegante. El mítico checoslovaco marcha por los mismos sitios que Sebald, y hasta el meollo de sus vivencias es un calco de lo leído en All’estero, entre la chica de la pensión y el alemán. En este caso la lírica alcanza altas cotas con lo intangible de la mujer del agua y ese amor perdido por no darse direcciones ni nombres, como si el anonimato pudiese preservar una pureza que defendemos pero siempre queremos derribar. La única diferencia radica en las desapariciones. En 1913 un suicida. En 1987 un pasaporte. En ambas coyunturas una firma resolvió la cuestión.

La historia como protagonista: doblez que busca unidad
Podemos concluir que el doble domina. Los paralelismos tienden a converger y propician la unidad que, como ya dijimos hace escasas páginas, se aprehende volviendo al origen. El círculo vicioso es redentor. Los cambios del pueblo natal son trayectorias, progreso aniquilador de viejas reliquias mentales. Sentarse en una mesa conocida décadas después de la última vez es recapitular y diseccionar. Caballos locos, bares sofisticados que arruinan muchedumbres rurales. Elencos de catástrofes perdidas en la noche de los tiempos y conservadas en manuales académicos como advertencia. El final es menos árido, una sinfonía que, contenta con el sudor de la frente tras la batalla de ideas, con un tono cotidiano de abandono hacia Inglaterra, isla donde Sebald residió más de la mitad de su vida, geografía compartida que le tendió un puente-vínculo del que tenemos mucho que aprender más allá de las letras.


lunes, 1 de marzo de 2010

Martes 2, El crimen del Hotel Manila en La Hora-L de Radio Barcelona-Cadena SER




Barcelona, 21 horas del 23 de noviembre de 1971. Hotel Manila, actualmente rebautizado como Meridien. Una empleada siente un fuerte hedor proveniente de la Habitación 424. Sus superiores acuden al lugar, abren la puerta y descubren el cuerpo frio, desnudo y muerto de una chica joven, sin documentación. Sólo un nombre en un bloc de notas les permite saber su identidad: Dolores Llorens, una enferma mental que escapó de su casa porque sus padres querían internarla en un hospital o en un convento. La habitación va registrada a nombre del Marqués de Alcántara, que resulta ser Manuel Sebastián, profesor de dibujo y vendedor de Biblias a domicilio residente en la Calle Enrique Granados 63, un hombre con antecedentes penales y ligeros desequilibrios psíquicos.

¿Cómo coincidieron asesino y víctima?

¿Por qué la mató?

¿Intervino el sexo en la muerte de Dolores?


El martes 2 a partir de las 13.06 minutos hablaremos largo y tendido del caso en la Hora-L de Radio Barcelona-Cadena SER.


Crímenes en la Hora L

Cada martes a partir de las 13.06 minutos

Radio-Barcelona Cadena SER

96.9 FM

666 AM

Wanted Lovers en Literaturas.com





Jordi Corominas i Julián
Wanted Lovers, las cartas de amor de Bonnie & Clyde


El cine altera nuestra percepción de lo ocurrido y sumerge a la mayoría de sus personajes en el camino de la idealización. Mi recuerdo de Bonnie and Clyde es con mucho color en una televisión a punto de estallar por tanta saturación pop. Corría 1967 y América recuperaba a malhechores de antaño dotándoles de un aura romántica de protesta acorde con el malestar de la época. Los jóvenes exaltaban mitos contrarios al dominio de la ley y los revestían de auras especiales que, a decir verdad, poco se ajustaban con la cruda realidad. Tendemos a estereotipar demasiado. Por eso suele ser bueno mirar atrás, bucear entre documentos y ubicar las cosas en su justa perspectiva.
Eso es lo que ha
ce Wanted lovers, donde desde el prólogo se advierte una fuerte voluntad de situar con precisión el contexto para entender mejor el porqué sus andanzas tuvieron una espectacular repercusión. Ana S. Pareja, prologuista y editora del volumen, disecciona el cuerpo del cadáver y le da vida de manera ordenada. Su actitud no se limita a ser meramente informativa. Además del esbozo biográfico de los bandoleros, útil por su detallismo, nos ofrece una reflexión rica en matices que abarca desde lo histórico, la Gran Depresión como mecanismo de encumbramiento de héroes contracorriente, hasta la nueva cara del país de las barras y estrellas después de la Segunda Guerra Mundial. Lo tradicional desaparecía por el progreso y la cultura apostó fuerte por exhibir y exprimir la desorientación generacional en pos de encauzarla. Lo moderno y lo pretérito se dieron la mano por afinidad subversiva.

Otro aspecto a destacar es cómo los medios de comunicación contribuyeron decisivamente a marcar la imagen de la pareja. El librito de Alpha Decay da buena cuenta de ellos a partir de las fotografías que acompañan las epístolas y los poemas. Las fotografías, olvidadas tras una redada por los novios delincuentes, sirvieron a la prensa para ilustrar el fenómeno y darle un aire fashion que la aparición del poema The story of suicide sal recondujo hacia la evidente pero prestigiosa anomalía de la sofisticada atracadora literata.

Las cartas de Bonnie a Clyde dejan entrever una chica enamorada y dulce que llena el papel de las típicas carantoñas escritas, empalagosos vocablos cargados del frustrado deseo de reencontrarse . Pese a ello, la chica sabe atenerse a la magnitud del problema y atiende paciente el fin de la condena de su amado, encarcelado en febrero de 1930, justo un mes después de conocer a la mujer de su vida, quien redacta las epístolas entre esa fecha y marzo del mismo año. La intensidad epistolar de Bonnie se debe a ese suspiro cronológico que permite mantener la pasión, compartida por Clyde aunque con aliento masculino y prisionero más espaciado en el tiempo, de abril a diciembre, de Waco a Eastham. El forajido se preocupa de cosas prácticas y urde un ardid para que su amada reciba las misivas y sortear las restrictivas normas del centro penitenciario, muy restrictivas en cuanto al contacto con el exterior. Bonnie deviene esposa sin anillo hasta la ansiada liberación. No sabemos si los tres poemas que han llegado hasta nosotros fueron escritos entre balazos y fugas. Lo que sí podemos asegurar es que sorprenden. Es bonito imaginar una Bonnie Parker reciclada en lírica de categoría o en letrista a lo Bob Dylan. Sus composiciones tratan temáticas profundas con ritmo lírico y dominio lingüístico capaz de dar con la justa vuelta de tuerca. Leemos y nos trasladamos al sur. Imagino una plantación de algodón y negros cantando, si bien seria más idóneo flotar por flashes con sufrimiento, desgracia y esperanza en un futuro mejor, imposible para Sal y la chica de la calle, tremendos blues que acompañan la tercera y última pieza, La historia de Bonnie & Clyde, poema-canción cargado de autoconciencia desafiante en el propio papel actoral en la magna comedia de la existencia.


Wanted Lovers, las cartas de amor de Bonnie & Clyde


Bonnie & Clyde


Alpha Decay, 2010


www.literaturas.com

viernes, 26 de febrero de 2010

Diálogo con Kiko Amat en Standdart


Diálogo con Kiko Amat por Jordi Corominas i Julián

Es miércoles por la mañana, tengo resaca y he quedado con Kiko Amat. Los dos somos graciencos de adopción y nos citamos en sus dominios cercanos a la Plaça del Nord, la más olvidada del barrio pero no por ello la más fea. Nos sentamos en una mesa de un bar con solera del que es parroquiano, enciendo la grabadora y hablamos durante una hora donde saltamos de tema cada cinco segundos con los justos enlaces de coherencia que produjeron el siguiente resultado.

Escribir: Soy autodidacta, no vocacionalmente sino porque es lo que hay; dejé los estudios y no me apunté a ningún taller de literatura, en España son sospechosos, no como en USA, donde puedes aprender del profesor porque te enseña cosas que sabe. Ahora recuerdo que en octavo de EGB gané un concurso de narrativa patrocinado por Coca-Cola, me regalaron una tele en blanco y negro. Los avatares de la existencia y mi procedencia social me obligaron a ganarme la vida y olvidé que era bueno en esto hasta que más tarde entré a colaborar en fanzines y afiné mis herramientas escribiendo de discos, teorías, etc...

Formación previa a la novela:
Nunca he escrito cuentos o relatos, no creo en la necesidad de escribir cuentos para llegar a la novela, son dinámicas diferentes y creo que me salen bastante mal, no volveré a intentarlo, no me gustan. De lo que se come se cría y cómo me gusta la novela escribo novelas.

Idea de novela:
Tenía claro lo de poseer un estilo a partir de los artículos, en parte confesionales, lo que implica narratividad. Quise hacer un libro como los que me gustan, como los grupos punk...una obra que me guste mucho y sea replicable. Me gusta mucho Moby Dick, pero no aspiraba a eso, sino que me inspiré más en la moderna narrativa americana, lo que también es mentira porque terminas haciendo algo diferente. Creas desde tu forma mediante la sencillez, sinceridad, economía de recursos y ser comprensible. No me gusta la verborrea, prefiero las canciones de tres minutos.

Ritmo y estilo: Una literatura rítmica, pasapaginera, onomatopéyica, con inmediatez, me gusta que pasen muchas cosas. Quería ser comprendido, y como dice Manolo de los Astrud quien quiere serlo lo es y quien no, pues no. Quizá erré el tiro en Cosas que hacen BUM por excesos referenciales. El ideal es Rompepistas, una novela emocional, pura, sincera, con sentido del humor, sin sospechas de autorreferencialidad, no me gustan las novelas tapadera, quiero explicar historias. Provengo de una tradición oral y obrera, prefiero textos que expliquen cosas, odio lo rimbombante y lo posmoderno, quiero novelas enraizadas al lugar, que empiecen y terminen.

Etiqueta pop/Novela pop: No entiendo cómo pueden etiquetarme en la misma categoría de Julián Rodríguez o Agustín Fernández Mallo, puede que algún desinformado lo piense por las referencias situacionistas en Cosas que hacen BUM, pero Rompepistas muestra que estamos en polos opuestos; en lo que se denomina novela pop hay el curioso tic de justificar las referencias pop con menciones a la alta cultura, como si estuviesen acomplejados y pensasen que los verán cómo “ese tío tonto al que le gusta el pop”. La alta cultura funciona independientemente del mundo que me formó; no tengo contacto con ella, no me interesa, no tengo que impresionar a nadie y no escribo para que me reseñen en Babelia o en ambientes académicos. Me parece una chorrada lo de la literatura pop, si funcionara de manera adecuada se diferenciaría de cosas muy serias y ampulosas y se parecería más, por ejemplo, a la literatura de detectives de los años 70.

Tipología de sus personajes: Mis personajes son gente que conocí o viví, sin que ello implique que los coja directamente de la realidad, pues ello te limita como narrador. Si creas, explicas y defines bien un personaje el lector sabrá que sólo puede coger el camino C, no el A o el B, si lo generas a partir de un ser real ya te condenas porque sabes cómo es. Mis personajes son ellos mismos pese a tener guiños y características de gente que conozco. Carnaval puede parecer real, pero es 100% ficticio.

Discurso de clase en España/ novelas periféricas:
El discurso de clase y analizar las cosas desde ese componente, como se hace en Inglaterra....aún sin ser marxistas debemos admitir la influencia de la clase en nuestro crecimiento. En España y Cataluña ha quedado eliminada del discurso cotidiano y de los Media, se emplean eufemismos; en cambio en el Reino Unido se sabe y hablan de ello, lo que aquí no ocurre ni por asomo. Los medios de comunicación son clasistas cuando visitan la periferia.

Música/ su yo en las novelas:
Conviene hablar más del tiempo presente, a partir de la música se crea una diferencia estética que se está perdiendo. En cierto sentido uno de los problemas es que el establishment quiere referentes que pueda entender, porque sino violas su regia malla al no hablar su lenguaje. Mis referencia son mods, skinheads, la literatura americana del siglo XX, el extrarradio...y no lo intento sobreactualizar, no hablo de Deleuze, hablo de mí que somos nosotros, pues soy una persona normal de la calle, mis amigos son currantes, lo que me ocurre es lo mismo que a vosotros, es un yo comunitario, bebe comunidad y forma parte de la misma.

Rompepistas:
Era una historia que tenía en la cabeza desde hacía mucho tiempo, mencionaba ideas en los artículos, pero no sabía cómo transformarlas en ficción. He ido aprendiendo las herramientas de mi oficio, y Rompepistas se acerca a lo que quiero, desde el momento en que me puse con ella tenía clarísimo su espíritu, en las otras novelas hay fragmentos buenos. Una novela tiene que poder resumirse en tres frases, sino algo va mal. Es una novela de iniciación, el formato es clásico. Trata del final de la adolescencia, cuando entramos en un territorio desconocido, por eso están los flashback, para saltar del presente al pasado, si en una película hay flashback y voz en off me engancha, porque esa es la estética que me gusta. En Rompepistas estamos en unas coordenadas subculturales, pero los sentimientos que expreso son universales, la adolescencia una época de vivencia y unión, lo de los punks y los skins está al servicio de la amistad, los años teen son cruciales, una especie de herencia de la que no puedes desprenderte. Ojalá haya logrado con Rompepistas la novela completa sobre la adolescencia en los ochenta, sino esa historia se hubiese perdido.

Proyectos futuros:
Ahora comento con mis amigos que creo que seré recordado por ser el tío que escribió Rompepistas, cómo si sólo pudiese empeorar, pero eso es imposible; estoy muy contento por el recibimiento que le han dado. Siempre tengo una novela en proceso. Hablé con Jorge Herralde y le presenté dos ideas y decidimos cerrar la trilogía, cansa escribir siempre de adolescentes. La próxima será una novela de cuarentones, de sus catástrofes y catástrofes. Tú tienes 30 tacos y aún no sabes cómo se acelera el tiempo y surgen preguntas. ¿Cómo he llegado aquí si quería ser otra cosa? Despiertas y es patético. Tengo notas, sé qué pasa, cómo irá la acción y también los personajes; al fin y al cabo me rodeo de cuarentones protosuicidas. Sí, con música, aunque evitando que se coma lo demás. Sólo me falta encontrar la voz.

Seguimos hablando un rato más entre risas y cervezas de la ocasión pérdida de la música de baile y el Dj como retorno a las raíces en un sentido hedonístico y lúdico de participación. Pagamos, me regala un ejemplar de su fanzine La escuela moderna, descubrimos nuestra mutua fascinación por Jack el destripador y nos despedimos. Toca comer. Bon profit.

jueves, 25 de febrero de 2010

Cosas que los nietos deberían saber de Mark O. Everett en Revista de Letras





“Vivo escondido dentro de mí mismo en la vida real, para evitar el dolor y la humillación, pero en cuanto subo a un escenario trato de montar un número apasionado y sentido. Es la hostia.”


( Mark Oliver Everett)

La frase que encabeza esta reseña serviría para resumirla. La autobiografía del cantante de Eels es una elegía entrelazada con la constante de superar el malestar y buscar un sentido a la existencia. Sólo así puede entenderse la resistencia ante un despiadado e ininterrumpido flujo mortuorio encuadrado en la cercanía, como si la vida del protagonista se abalanzara inevitablemente hacia la más absoluta soledad y al reto de paliarla con música, único consuelo, compañera inseparable en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad y, demasiados, si me apuran en la pobreza y en la riqueza, pues el dinero también influye lo suyo en Cosas que los nietos deberían saber, último libro de la editorial barcelonesa Blackie Books, espléndida como siempre en sus ediciones y contenidos, siempre precedidos por un prólogo de autor, en este caso del argentino Rodrigo Fresán, quien a lo largo de veinte páginas introduce las excelencias de Mark Oliver Everett, rara avis in terram del panorama pop por su obstinado método creativo y la firme voluntad de no seguir las coordenadas en el convencional guión de la industria.

Dos posibles sabores en un mismo recipiente: Your inside is out and your outside is in.

Todos tenemos una infancia. En Virginia, sobre todo si eres un astro futuro, parece un período difícil. Miren a Morrison y sus traslados, primer paso hacia el genial abismo. Nuestro protagonista no se movió de su casa, que con el tiempo se erigió en metáfora de ruina y descomposición familiar, gran y anodino espacio novelesco que explica las partes del drama. Sus recovecos esconden el pasado, las habitaciones de los mayores el último suspiro. Lo mejor, o lo peor para quien lo padece, es que toda su historia está instalada en la más pura realidad. Imagínense a un adolescente inadaptado y medio rebelde, sumido en un marea mental de descubrimientos. Cuando llega al hogar nacen murallas de incomunicación. Sus padres son un genio atareado con tendencia a largas siestas y una buena mujer querida por la comunidad. De repente, mientras transcurre uno de tantos veranos del amor, el progenitor muere y el contacto que, ya sin hálito, se produce con su hijo es el más fuerte que ambos nunca tuvieron. El casi veinteañero lo recordará siempre y acrecentará su importancia cuando a la lista de difuntos se sumen su hermana, suicida por elegir mal el camino, y su madre, víctima de un cáncer pulmonar de amor pasivo, deceso inércico con humo acumulado.

Las pérdidas clánicas tendrán matices oscilantes entre el aplacamiento de emociones positivas y lecciones filosóficas que el río nos sirve cuando menos lo atendemos. La pueril batería de los primeros aplausos evoluciona hacia confines más técnicos y pulidos, escuchar produce sabiduría y de los demás se aprenden los andares básicos para ingresar en el escaparate del sueño musical. Everett lucha mucho consigo mismo y se fusiona con su pasión como un jugador que apuesta todo a una sola carta. Y le sale bien. Su proverbial ensimismamiento le lleva a proceder al revés. Los directos llegan a la meta en segundo lugar porque la producción se anticipó y catapultó al artista, mediante una serie de benditas coincidencias callejeras, a una discográfica de postín que mostró buena voluntad. Sus dos discos en solitario quedaron eclipsados con el nacimiento de Eels, banda de nombre forzado por circunstancias comerciales, lean el libro y sabrán el motivo, que sorprendió a propios y a extraños, también al mismo Everett, en el universo alternativo por su apabullante éxito mundial. Lo significativo es observar cómo su líder y compositor confiesa abiertamente la dualidad que encierra su profesión. Su ego es débil, de una marcada inseguridad. Las debacles pesan. El héroe lo sabe y asume que cada parcela oculta un nuevo ciclo, no tiene sentido limitarse, por eso cada nueva entrega del variable, en cuanto a componentes, conjunto estadounidense es el reflejo directo de la irrenunciable vocación de su artífice para con su trabajo, comprensible sólo desde la perspectiva de ser artesano en el estudio y rompedor en el escenario, donde nunca nada se repite por ese magnífico afán de cerrar etapas y experimentar todo lo posible, haciendo que cada gira sea completamente distinta a la anterior. Esa búsqueda consciente es otra fuente de problemas. Los empresarios de la inestable constelación musical respiran con la soga al cuello y no entienden de arte en sus carteras, quieren inmediatez radiada para bañarse en verde, algo que Mark Oliver no puede garantizar.

¿Cómo va a hacerlo si hasta es reacio a ceder sus canciones para anuncios publicitarios de rompe y rasga?

Esa integridad es la mejor seña de identidad del autor, hombre obcecado, dotado de una extraña paz casi metafísica que le permite ir más allá, aunque quizá su verdadero halo, entre tanto caerse y levantarse venga de la pasmosa naturalidad con que interpreta su papel de estrella, niño curioso que se emociona cuando sus ídolos quieren colaborar y se congratula por pequeños detalles cotidianos sin perder el rumbo que marca su estela, repleta de efemérides en las que el pobre cantante se ve sumido en situaciones surrealistas causadas por la anormalidad de los gobernantes, como cuando durante la campaña electoral de 2001 George W. Bush predicó la maldad del LP Daisies of the Galaxy como ejemplo de porquería vertida a la juventud. Tomarse versos al pie de la letra es puro refrendo al vicio político de tratarnos como imbéciles. Goddamn right, it’s a beautiful day!




El músico convertido en escritor: una apreciación final.

En los últimos meses el mercado editorial español ha publicado una considerable cifra de obras escritas por músicos. La solvencia del género está por ver, pero si podemos afirmar que, desde Antonio Luque pasando por Nick Cave y llegando a Mark Oliver Everett, la calidad de estos volúmenes es un peligroso tobogán, aunque no siempre es así, que seduce en la escalera y puede generar daños irreversibles a la ilusión del aficionado al final de la bajada. Cosas que los nietos deberían saber se salva holgadamente de la quema por lo contado en estas líneas y por poseer un estilo directo agradable sin ostentación ni pavoneo, melodía profunda con toques ligeros perfectos para sumergirnos en vivencias que esperamos se prolonguen, en la prometida segunda entrega prevista para dentro de cuatro décadas, cuando la guitarra seguirá electrizando y quizá el novel literato presuma de vasta estirpe. En caso contrario se la inventará. Quedan avisados, ¡Ah! Yo también creo que cualquier niño al que no le gusten The Beatles será mala persona.


Jordi Corominas i Julián


http://www.revistadeletras.net/la-confesion-de-lo-agridulce-cosas-que-los-nietos-deberian-saber-de-mark-oliver-everett/

lunes, 22 de febrero de 2010

Martes 23, El asesino de la ballesta en la Hora-L de Radio Barcelona-Cadena SER




El caso que trataremos este martes esconde dos dimensiones. La primera es la de un chico con una infancia trágica que empieza a sufrir, sin saberlo, síntomas esquizofrénicos y acaba, entre finales de 1993 y el fatídico seis de febrero de 1994, descarrilando tres trenes de cercanías y asesinando a su padre con una ballesta. Andrés Rabadán adquiere fama por criminal. El futuro le depara una rehabilitación mediática, triste premio para quien no ha gozado de un solo permiso a lo largo de quince años que le han dado para un poco de todo, lo que incluye fugas,intentos de suicidio y amenazas de violación, pero también una boda, dos novelas, un comic, varias exposiciones y la guinda en forma fílmica mediante las creaciones de su amigo Ventura Godall.



Crímenes en la Hora-L

Cada martes a partir de las 13.06 horas

Radio Barcelona- Cadena SER

96.9 FM

666 AM

Electrónica para Clara en Revista de Letras


Creo que ya he comentado alguna que otra vez por estos parajes mi afición a leer las contraportadas, estúpidos reclamos informativo-comerciales de lo que poco bueno se saca, si me apuran sólo confusión o ideas para estructurar una crítica. En Electrónica para Clara, novela con la que Guillermo Aguirre ha ganado el Premio Lengua de Trapo, leo que esta opera prima fue escrita cuando el autor contaba con veintidós años, lo que no sé si es un halago o una maniobra defensiva. La biografía del escritor bilbaíno menciona que ahora estará a punto de cumplir veintiséis primaveras. Ese lapso de tiempo da para progresar mucho y entender, lo digo por experiencia propia, los errores del pasado en sentido narrativo, fallos que suelen producirse por querer abarcar mucho cuando hay poca experiencia ý un saludable exceso de ilusión.

La inteligencia del narrador en la construcción de su artefacto genera un endiablado torbellino de voces y cronologías que van encajando a medida que el relato avanza. Parece como si Aguirre quisiera jugar con nuestra duda hasta despejarla para acto seguido apretar un botón y trasladarnos otra vez a la incertidumbre, placentera porque demuestra lo bien articulado que está el cuadro cubista en su facetado de grupo de familia posmoderno, ejecutor y cautivo de una ciudad, más real que la vida misma, sumida en la absoluta decadencia, isla de lo castizo y lo moderno perdida en un bucle de si misma que la erige en protagonista que flota en la atmosfera, sopor rutinario que padecen todos y cada uno los personajes de esta novela con evidentes tintes autobiográficos, clásico Bildunsgroman donde el contexto parece beber noventas y dos miles, o al menos parte de ciertos escenarios muy mascados en la cultura post-adolescente, como si ahora la iniciación, y en parte es así, fuera un rutilante y cansino vagar entre camas, drogas, alcoholes y disc-jockeys, corifeos de una danza macabra marcada con fichas de azar y ligeros retales de autoconciencia. Madrid-Berlín.

El Dios de Electrónica para Clara es Jacques, pincha que en vida es un Cristiano Ronaldo del after y en la tumba la clave para resolver el gran entuerto para el auténtico protagonista, Jonás, engullido por la ballena de las circunstancias, desdichado en la ida y el retorno, torturado en primera instancia al fracasar su historia de amor con Clara y reencontrarla con una negación, un anticipo del destino, entre la locura y la presencia del carisma con nombre francés de macarra y galán. La colisión de trenes, el antes y el después, provocará el ya mencionado descenso y ascenso en el recuerdo, lo que se acrecentará cuando se nos ubique en el instante actual, con Clara muda, fiel compañera de Jonás en su nada.

Sin embargo, antes de llegar a ese punto, hay más cosas.

Entre ellas otros pasajeros del vagón, compañeros de casa y parranda. Si algo me ha interesado de este viaje ha sido el excelso modo en que Aguirre construye sus personajes. Mediante pinceladas básicas les atribuye una esencia perfectamente enmarcada en el espacio, donde son marionetas maniatadas por el ritmo y un dejarse ir acompasado por la música de Jacques. Jose es una ambigüedad divertida, lesbiana de doble filo que se integra en ese paisaje de Sergey y la urgencia reinventiva, Violeta y su webcam, Lisa o la manipulación y la doctora, farsa de la eficiencia privada a la fuga como colofón del despropósito humano con la Santísima Trinidad al fondo. Todos ellos podrían formar parte de cualquier narración de características nocturno-juveniles con afán crítico. Si aquí encajan es porque el narrador ha montado esta parte del puzzle con inusual maestría, que también alcanza en el tempo narrativo, hilvanado con tino al mantener el suspense y así demostrarnos que no estamos leyendo otro manuscrito centrado en andanzas y desventuras de amigos a la deriva, sino un libro que apunta hacia otras direcciones y conjuga la doble enfermedad, individual y colectiva. Y en medio, la sospecha.



Foto: Irene Tamayo

Pecados de juventud loables y perfectamente enmendables: endebles metáforas, atrevimientos conocidos.

Volvamos a la contraportada. Transgresor. Justine moderna con ecos de Los subterráneos. Siempre tuve miedo a darme con el listón en la clase de educación física. Una de las ideas estructurales del último Premio Lengua de Trapo es concebir su obra como una sinfonía electrónica, mezcla de instrumentos, volumen, vivencias y alboroto. Tal como lo expreso queda incompleto, aunque la ocurrencia de plasmar la existencia desde ese punto de vista puede ser válida con una base más sólida. Aquí, pese a notarse la intencionalidad, naufraga por la potencia del resto, capaz de arrastrar al lector, atracción que edifica las columnas que sostienen el edificio y flaquea en el interior del mismo por pequeños pecados de juventud, grietas enmendables a medida que el patrón adquiera los rudimentos que sólo otorga el correr del reloj. En sentido las agujas irán destruyendo golpes de efecto que no aportan nada a la brillantez del relato y lo entorpecen por querer adquirir, como quien dice, un punto de distinción, aquel recurso estilístico que distinga al autor de la media, afectación a la que son adeptos- o somos, o hemos sido- un sinfín de escritores jóvenes. Ejemplo de ello es algún que otro fragmento donde el narrador diserta sobre la introducción de un nuevo personaje y nos plantea su posible trascendencia en la trama, recurso manido que desentona por forzado, como también sucede con la cantinela del lema comercial tras mencionar un producto. Por el tono ya deducimos que el autor del volumen discrepa del mundo consumista en que vivimos; la repetición de Coca-Cola, sensación de vivir, u otros lavacerebros tiene su gracia hasta que hastía por ser un relleno, una treta que oculta otras virtudes hasta enfangarlas, elemento de distracción risueño y estéril. Asimismo las oportunas menciones a pilares culturales del autor sin venir a cuento constituyen otra clásica presencia de primera novela, anhelo del autor, presto a vomitar su amplio abanico de conocimientos y justificarlos en el tejido narrativo, como si mañana fuera a cerrarse el telón y tuviéramos mucha prisa por ser líricos con las palabras y sabios en las reflexiones, debutantes redundancias que hallamos sin que nos pese, porque todo es crecer y el saludo inicial es notable, en esta novela con aires estructurales de tragedia griega, aviso de abismo y denuncia de imbecilidad en una generación que quizá no ha encontrado su guía al tener vetadas las puertas de la superficie.


http://www.revistadeletras.net/todopoderosos-abismos-y-hundimientos-electronica-para-clara-de-guillermo-aguirre/

domingo, 21 de febrero de 2010

Melàngia en La Revista bagant




Melangia: les grans dimensions són estretes i la petitor llueix amplada per Jordi Corominas i Julián


Situem-nos. Dos de setembre. Torno a Barcelona i reprenc el meu hàbit de passejar-la. M’agrada el transport públic, però caminar és un plaer útil, sobretot si un treballa a casa i no té temps per anar a la piscina. Dues hores més tard les cames em fan figa. No és pas pels quilòmetres: la culpa és de l’asfalt i el context.

Les meves sospites es confirmaren. Caure al parany urbà em duria a la inevitable melangia del Montseny i les seves magnífiques limitacions. Obro la porta de casa. Encenc l’ordinador i escric. Els dits responen. El cap brolla idees. Convisc amb la música que m’ajuda a crear. L’únic obstacle és l’entorn i l’inexistent silenci del carrer. Puc mirar per la finestra i sentir una quietud real que s’esfuma amb l’aire, carregat d’una espècie de substància comtal de la que és molt difícil escapar. El seu nom és agitació i velocitat.

La modernitat que portaren els Jocs Olímpics ha convertit la meva ciutat en un entrellat de velocitat i aura comprimida que explota quan trepitges la superfície. No tinc sensació de malestar. Amb el pas dels mesos els peus s’han tornat a acostumar a l’energia i recorro avingudes mentre cerco de trobar continguts al meu cervell. Ho aconsegueixo i somric fins que algun mecanisme acciona el botó del record i me’n adono que necessito tornar a Palautordera.

Perquè?

En primer lloc per percebre una llibertat sense la grisor d’una estructura que cada cop s’assembla més a un laberint transvestit de presó. Els altres motius es basen en el color i la llum, amb el Remei metamorfosant-se en màgia d’hores que creen escenaris. El camí esdevé un somni amb arbres que em flanquegen i les passes s’agiliten per inèrcia de benestar. Al pot petit hi ha la bona confitura sàvia, i els murs que m’acullen proporcionen una absència de soroll trencada per veus humanes carregades de familiaritat, quelcom sa per desplaçar el moviment de l’exterior a l’interior. La certesa de notar tot ben proper em converteix en un ermità a un univers infinit on les divisions s’esfumen per la plenitud d’habitacions, foses amb el camp. La frontera ha desaparegut i s’ha concretat. La creu de terme és un símbol bonic, la fi del territori arriba amb l’autopista i les fotos d’en Jordi Hereu somrient. La Meridiana i les seves barraques ocultes em reben mentre sospiro sabent que l’harmonia i la pau s’amaguen, i només comparteixo el secret amb vosaltres, a l’horitzó perfilat de muntanyes.


Foto: Jordi Corominas i Julián