miércoles, 14 de abril de 2010

"Elementos del camino: los imprevisto del videojuego" en Irse al otro barrio de Bcn Week


Elementos del camino: los imprevistos del videojuego por Jordi Corominas i Julián

¿Qué haces en pijama? Vístete, rocíate con toda la colonia del mundo y sal a la calle. Eres el protagonista de un videojuego en Barcelona. El espacio es el fondo en que pueden ocurrirte imprevistos mientras caminas y el aire, frío de cambio climático y nieve madridista, acongoja tu piel. Sí, no doy muchos ánimos, pero una de las premisas del buen paseante es resistir cualquier inclemencia, y os puedo jurar que los caprichos del tiempo son nimiedades con las que conviene aprender a convivir, sin más.
Veamos un ejemplo práctico. El martes por la tarde doy clases en un centro cultural. Dista cuarenta minutos de mi casa y, en principio, es un recorrido anodino. Sin embargo, en estas dos últimas semanas le ha dado por depararme sorpresas. Soy un maniático del reloj, saco el móvil cada dos por tres para comprobar la hora, y encima presumo de mi impoluta muñeca. Me gusta marcar cronológicamente los tramos de mi ruta. El primero desemboca en el Hospital de Sant Pau con Avinguda Gaudí. El número 222 de Sant Antoni Maria Claret es encantador, luego llega el descenso y la cansina visión de la obra eterna, la Sagrada Familia, que el martes después de la nevada lucía en su centro una bandera catalana, ondeando indiscutida, aun no averigüé el motivo, como tampoco lo hice la semana previa al pasar por el Bar Joan y husmear la resaca del crimen en la reja medio cerrada de ese local emblemático. Unos investigadores sacaban huellas, una periodista novata fardaba de libreta y las obras de Provença con Diagonal seguían ocultando el recinto, como si esa noche de lunes los elementos se hubiesen conjurado por hallar un enclave perfecto, amado por la guadaña. La escena narrada y vivida se dio por el contexto semanal que, y sin que sirva de precedente, burló la repetición con funestas consecuencias para un par de inocentes.
No nos desviemos. Volvamos atrás. En el pseudo pasaje peatonal dedicado al arquitecto catalán se reúne toda la fauna humana. Niños dándole al balón, parejas besándose, guiris fotografiando y señoras que sueltan chismes a la fresca. Es fascinante, sensación reforzada al notar malestar en el zapato. Alzad la vista y bajad la cabeza ocasionalmente. El suelo duele y alegra, sirve tanto para pisar un hierro como para analizar desechos caídos por azar, que van desde cartas de póquer hasta billetes o cervezas que nadie coge por miedo al Dios orín. El aburrimiento es imposible. ¡Quítate los cascos! Debemos elegir una senda correcta que prescinda de la monotonía y haga del saludable ejercicio físico un entretenimiento útil. El fragmento que media entre Sagrada Familia y el monumento a Jacint Verdaguer es infumable. Atravesar los parques con arena parecerá óptimo para tus pulmones. No te dejes engañar. ¡Es agradable toparse con una horda de tipos con gorra americana? I un bé negre amb potes rosses! en Rosselló hay truco, ya que al juntarse con Passeig Sant Joan tiene un trecho de calle que acorta el abrazo con la Diagonal; sí, donde la gasolinera con un marcador electrónico y el murmullo de vehículos a escasos metros de la boca de, valga la redundancia, metro. Saberlo no salvará la existencia de ningún mortal, sólo evitará fatiga muscular, horror pupilar y retraso laboral, pues las marchas urbanas para ir de un punto a otro son muy prácticas para quitarte el estrés antes de entrar a tu maldito empleo.
Irse al otro barrio permite recuperar tu individualidad porque la vista empatiza con seres de nuestra especie, y hasta con animales. No defendemos la zoofilia, simplemente sabemos que un perro acompañado de homínidos es una buena excusa para pararse, tomarse un leve respiro y aplicar tus más lúcidas artimañas de seducción, que también puedes explotar girando tu cuello para incrementar la incipiente tortículis causada por el ordenador. Lo repleto de las miradas mientras deambulamos merecería una tesis doctoral. ¿Es mejor el transporte público? Eso es otro tipo de paseo en que nos erigimos en partículas dependientes de las estaciones. El contacto ocular se verá mermado al abrirse las puertas y sonar el triple pip. Recordarás ese instante y se lo explicarás a tus amigos. Más satisfecho estarías de haber protagonizado la anécdota en la calle, donde sólo las esquinas rompen el hechizo del cruce erótico entre dos desconocidos que, si lo desean, entablarán conversación y quizá terminen entre orgasmos y sábanas blancas, como dice la canción. Llego a mis clases. Ahora todos me miran. Ignoran que mi sonrisa pedagógica es fruto de haber acariciado la totalidad bailando entre adoquines.



Ilustración: Nil Bartolozzi

martes, 13 de abril de 2010

Taxicómanos somos y en el camino nos encontraremos en Bcn Week


Taxicómanos somos y en el camino nos encontraremos by Jean Martin du Bruit


Taxistas taxidermistas, taxonomistas circulando por la calle Taxdirt. Suena Taxman y soy taxicómano por varios motivos que me dispongo a taxonomizar. Soy un caballero harto de TMB y su hipocresía manifiesta, tanto por poner revisores cuando la compañía sale en el periódico, como por su descarado cinismo aumentando tarifas con la que está cayendo. Soy un ser humano que ama pasear porque así puedo conocer mejor el mundo y deleitarme con los detalles. No hay prisa, simplemente un engaño cronológico con el que nos someten, desgastándonos para que peinemos canas prematuramente. Usando los pies soy más libre y rompo las cadenas de la monotonía. Soy un joven al que le gusta la noche y a veces bebo más de la cuenta, lo que genera cansancio ante la perspectiva de recorrer millas antes de sacar las llaves. Todo es divisar un cajero, apretar unos botoncitos y gastarse dinero. Sí. Los coches negro-amarillos con luz verde cuestan una pasta gansa y no tienen piedad de cenicienta. El suplemento para los amantes de la luna es una aberración, aunque es el plus que pagamos por tener un cómodo asiento y un veloz retorno al hogar en esas horas malditas donde nos pesa la cabeza y los ojos piden cerrarse para abrazar la almohada de las maravillas.
Ser taxicómano implica subir al vehículo de nuestros desvelos y acceder a una experiencia que trasciende el viaje y se instala en las relaciones interpersonales de la posmodernidad. Dejamos de acudir a misa y vivimos en una intensa soledad maquillada por un más que demoledor exceso de información, arma de destrucción masiva que sobrevuela nuestras conciencias, aturdiéndolas hasta el infinito. Retrocedamos un siglo. Don Pepito tiene un problema. Acude a la Iglesia del barrio y le suelta sus dolores al confesor, voz presente de rostro invisible, poder dotado de una autoridad moral que alivia mediante el perdón de los pecados. Ego te absolvo, vete tranquilo hijo, tengo que enseñar cosas a mis monaguillos.
Los nuevos templos de expiación privada tienen 4 ruedas y en ocasiones se diseñan con un muro transparente que imposibilita el contacto directo entre conductor y pasajero, quien tras unos segundos decidirá trayecto y si verdaderamente ha topado con alguien que se ajuste a las condiciones básicas para la terapia psicológica. Hola. Buenos días. Silencio. Escuchen la radio y sabrán si les conviene el tipo que les guía hacia su destino. ¿Detectan estampitas de la Virgen?¿Un escudo futbolero? Fíjense en sus atuendos y no olviden reparar en los múltiples objetos esparcidos por el habitáculo laboral del hipotético interlocutor. Si todo está en orden pueden entablar sacra conversazione. Sean educados, alzar la vista hacia el espejo retrovisor y traten al confesor de usted, sin que para ello importe su sexo o condición; después toca esperar que los accidentes del camino no perturben la armonía ni desvíen las palabras hacia otros derroteros como el tráfico o lo imbéciles que son los motoristas. Si hay partido aprovechen cualquier efeméride de los jugadores para resaltar un rasgo de personalidad que en ese momento les preocupe. Cristiano Ronaldo es gay. Sí, sin duda lo es, y además es prepotente, tiene una retirada al novio de Barbie. ¿Ha visto esa rubia? Soy más de morenas. Por favor, repriman sus impulsos políticos. Piensen en mis consejos. Tracen el perfil psicológico del espécimen del cogote en primer plano y las manos al volante.
A diferencia de los sacerdotes, los taxistas no ejercen su oficio desde el púlpito, lo que les sitúa en igualdad de condiciones con el usuario. Sus encíclicas versan sobre lo divino, pero más sobre lo humano tratado desde una aplastante cotidianidad que enlaza su sensibilidad con la de gran parte de la ciudadanía. Las guerras no las crea la gente, nacen de los extremos, que también habitan a cuentagotas en el automóvil de la luz verde, auténtico crisol social que me permite aprehender experiencias, sanear mi cerebro y reírme de los que ostentan, made in bcn, sin aceptar su normalidad. Taxicómanos somos y en el camino nos encontraremos.


Foto JCJ

lunes, 12 de abril de 2010

Martes 13, El caso Antonio Heredia Amaya en la Hora-L de Radio Barcelona-Cadena SER


Hace un año, mientras buscaba crímenes para mi columna Matar en Barcelona,me acordé de un crimen acaecido una noche de viernes en Nou Barris, hace pocos años. Google me ofreció varias posibilidades y, de repente, me encontré con una historia fascinante que fui completando entre enlace y enlace. Es un caso muy poco tratado en prensa, lo que seguramente se explique por ser sus protagonistas elementos marginales de la sociedad.

Antonio Heredia Amaya tenía 20 años cuando fue detenido, acusado del brutal asesinato de Nicolasa Valencia la noche del 3 al 4 de mayo del año 2000. La mujer murió a golpe de ladrillo, sin piedad, con su perra velando el cuerpo. El juicio declaró inocente al chico de barriada, quien reapareció en las páginas de sucesos por secuestrar y violar prostitutas junto a un amigo en una furgoneta donde sólo sonaban Los Chichos.


Para saber más os recomiendo leer el artículo que publiqué en su momento en Bcn Week: http://corominasijulian.blogspot.com/2009/05/matar-en-barcelona-en-bcn-week.html

Crímenes en la Hora-L

Cada martes a partir de las 13.06

Radio Barcelona-Cadena SER

96.9 FM

666 AM

domingo, 11 de abril de 2010

Domingo 11 de abril, Loopoesia en la Rambla del Raval


Tras el buen Looproject de ayer, que salvamos pese al clásico futbolero, hoy seguimos nuestro loco mes de abril y Loopoesia se desplaza a la Rambla del Raval, en esta ocasión para actuar en plena calle, al aire libre y con el astro rey como gran iluminador del evento.


Resumimos los datos de la cita.


LOOPOESIA EN LA RAMBLA DEL RAVAL

Domingo 11 de abril de 2010


18 horas



Naturalmente el ingreso es gratis, la calle es de todos y Loopoesia es amor.

sábado, 10 de abril de 2010

Sábado 10 de abril, Looproject Anticristiano, Inusual Project, 21h 30 minutos


Hay varias informaciones que hacen el show de hoy especial, extraño.


1.- A nivel sentimental sabemos que The Beatles rompieron hace exactamente cuatro décadas.

2.- A nivel fastidioso resulta que hoy se juega el Clásico balompédico Real Mandril- Futbol Club Barcelona. Reconozco que cuando organizamos el evento no controlamos el calendario de la LFP, pero ahora tomamos la efeméride como la posibilidad, para el público y para nosotros, de hacer algo distinto en una noche convencional y anodina. Los petardos sirven para saber el resultado.



Por ello os propongo la siguiente velada:


LOOPROJECT, INUSUAL PROJECT, PUERTAS ABIERTAS A LAS 21H 30 MINUTOS, 4 EUROS DE ENTRADA.


1.- 22 HORAS: Recital de Jordi Corominas i Julián, presentando poemas inéditos.


2.- 23 HORAS: MOOMAW, de retorno a Barcelona tras su exitosa gira norteamericana


3.-24 HORAS, que son los padres: Loopoesia 2010, que es amor



¡Os esperamos,y mañana a liarla en la Rambla del Raval!


Cartel: Olga Rienda

jueves, 8 de abril de 2010

El cielo se cae de Lorenza Mazzetti en Revista de Letras




La ilusión y el llanto, El cielo se cae de Lorenza Mazzetti por Jordi Corominas i Julián



En todo relato mayúsculo con nazis hay un piano. Ese instrumento indica el fin de la armonía y vira los engranajes hacia la tragedia. En La lista de Schindler una memorable escena de muerte y desalojo tiene al gran señor racional de las teclas bicolores como fondo, con su intensidad en medio de la barbarie y la masacre. Otra película con nombre del profesional que toca ese artilugio mágico exhibe su trascendencia como metáfora en el paso de la normalidad a la ruina, como si la posesión del preciado creador de sonidos fuera la clave que rige los mecanismos transformadores de lo bueno hacia lo malo. En El cielo se cae de Lorenza Mazzetti su presencia parece una anécdota, pero no lo es. Penny, niña que nos encanta por la pueril clarividencia de sus reflexiones, observa desde el jardín como un apuesto alemán toca el piano de su tío, enamorada de la melodía, lo ario del intérprete y la majestuosidad del uniforme alemán. Su inconsciencia la convierte en ignorante de la importancia del acto, pero un lector avispado podrá entender en esa efeméride el principio de un fin anunciado desde la primera página de una novela emotiva, bien hilvanada y cargada de detalles que la equiparan con muchas de las grandes obras transalpinas del siglo XX que se transportaron del papel al celuloide, aspecto nada sorprendente si revisamos la biografía de su autora, miembro activo en los primeros pasos del Free cinema británico y colaboradora, ya de retorno a su país natal, del guionista fundamental del neorrealismo, Cesare Zavattini, nombre imprescindible para quien quiera amar y conocer el séptimo arte italiano y su incomparable revolución tras el último conflicto bélico que asoló Europa de la mano de Adolf Hitler y ese bufón circense llamado Benito Mussolini.


Un relato alegre encaminado al drama: Federico Fellini y Ana Frank piden la palabra.


Mis queridas contraportadas vuelven a la carga. Normalmente me decepcionan. En esta ocasión doy la razón a quien la preparó y aplaudo la selección de sugerencias, pues esa es la función que debería tener en cualquier volumen que merezca llevar tal nombre, informar con tino y hacer que la experiencia de abrir el libro se convierta en un posible juego que motive a quien se preste a devorar su contenido. Se nos informa del placer que sintió Federico Fellini con la obra de Mazzetti, y con el transcurrir de las páginas nos resulta harto comprensible; El cielo se cae tiene un indudable aire amarcordiano, éter que destila el anacronismo de la ingenuidad pérdida desde la escuela hasta el desencanto que cierra las puertas de la infancia y desplaza la escena a una nueva dimensión adulta. Hago un esfuerzo y recreo en mi cabeza filmes de la memoria del genio riminés. En Roma recuerdo un pase de diapositivas sobre la historia de la Ciudad Eterna. De repente irrumpe, casi estalla, la imagen de una mujer desnuda. Todos ríen. Saben que alguien será castigado. Una situación similar inaugura El cielo cae. Penny es una víctima del sistema. Todos sus materiales escolares van acompañados de la imagen del Duce, pues en tiempos carentes de televisión ése era el modo perfecto para que los ciudadanos se familiarizan desde jovencitos con la figura hegemónica del Estado fascista. Tanta presencia del dictador tiene sus consecuencias en la joven cabecita de la protagonista. Una noche une las dos obsesiones de los mayores de la época y, sin quererlo, enciende la mecha cuando en plena clase confiesa a su maestra que en un sueño se le ha aparecido la virgen calva. ¿Un precedente de Ionesco? No, una lógica asociación de martilleo que la docente juzga escandalosa. En la casa de la niña demora el demonio, y está presente en todos sus familiares, acaudalados extranjeros que residen en la Toscana ajenos al fanatismo del período, tranquilos en su Villa, donde conviven en paz con los campesinos empleados en las labores de mantenimiento.

Penny es huérfana y sus tíos la han acogido como si fuera su hija, castigándola puntualmente con la repetición de frases para que aprenda y dejándola en la libertad de la niñez para que descubra poco a poco todos los entresijos de la existencia. La chiquilla piensa, tiene dudas, se aventura a hallar luz en las actitudes de los mayores y recorre la campiña a la búsqueda del conocimiento, algo que la narradora muestra con sutileza a través de pinceladas definitorias que generan al lector empatía con la protagonista, quien obsesionada por la reprimenda de su profesora descorchará la botella de una ridícula expiación religiosa, embarcándose en delirantes absurdidades de sufrimiento que se toma muy en serio. Surge la carcajada, nos tronchamos y callamos, porque pese a lo entretenido de sus peripecias sabemos que el drama se avecina a marchas forzadas, y así lo corroboran ciertos símbolos malditos y las menciones al devenir histórico con la destitución del Duce el 25 de julio de 1943 y la invasión nazi de la Península Itálica. Para Penny la llegada de los enemigos a su hogar es una celebración por movimiento y novedad, un recurso más para ampliar su caudal de infinita curiosidad. Es una niña bien educada y hasta invita a una peculiar comida al jefe teutón, del que no puede sospechar nada malo ni en las partidas de ajedrez que entabla con su tío, duelo de enroques, reyes y caballos que inevitablemente nos traslada al bergmaniano El séptimo sello, el caballero contra la muerte en una partida por la supervivencia. La suerte está echada. La cuadrícula no se limita a sus 64 casillas porque el tablero es mundial y los lances del juego vienen determinados por un científico judío que se exilió del Reich. Hitler no pudo acabar con Albert Einstein, por lo decidió terminar con su familia, de ahí que Curzio Maltese compare la espléndida novela editada por Periférica con El diario de Ana Frank, al contar ambas lo abominable desde ojos tiernos que sólo habían empezado a acariciar la tierra, siendo la gran diferencia que Penny pudo seguir paseando después de 1945 y emprender una próspera carrera en el celuloide, lo que no pudo ni siquiera atisbar la malograda adolescente holandesa, fallecida poco antes del punto y final marcial, cuando los cañones ya estaban cansados y las banderas clamaban ser blancas.




La sinceridad en el relato de la Resistencia: mezcla de Clío con lo personal.

Penny no es un personaje inventado, y ello refuerza su hechizo, su encantadora forma de explicarnos las cosas, que sólo flaquea al final, cuando la prosa parece adquirir ecos del neorrealismo literario, desde Pavese hasta Vittorini pasando por Moravia, autores que escribieron sus mejores novelas sobre la Resistencia cuando pusieron en el asador carne narrativa y personal, tal como sucede en Il compagno, Uomini e No o La ciociara, libros que emocionan porque en ellos hay partículas invisibles que tocan directamente nuestra fibra al estar escritas desde el sentimiento, que es lo mismo que sucede en El cielo se cae, que gana peso precisamente por ser la crónica que honra a seres queridos que desaparecieron en el marasmo, individuos inocentes que tuvieron la mala suerte de padecer aquellos feroces años de racismo, fuego, intolerancia y genocidio. Ya que hemos mencionado películas, quisiera acabar mi reseña con otro recuerdo fílmico. La paz llegó a Italia el 25 de abril de 1945. En Novecento de Bernardo Bertolucci los campesinos se reúnen, ondean la gloriosa bandera roja y cantan himnos partisanos. El espectador, tras seis horas de metraje, se conmueve y llora. Penny reía mientras entonaba canciones fascistas. Hay humores que derivan en tragedia, son antesala de llanto y no quieren engañar a nadie, simplemente ejercen su función en ese teatro llamado Historia que nunca cierra el telón y prescinde de guionistas de postín porque se vale solo para desbaratar lo que parecía ordenado y estable. Lorenza Mazzetti sufrió y tuvo el valor de contárnoslo con honestidad, brillantez y un inusual aplomo, porque desvelar que el piano cambió de dueño a lo largo de una lenta agonía requiere mucha solvencia narrativa y un valor extremo en lo personal que hace de su novela un escalofriante testimonio que ya figura con letras de honor en mi estantería.



El cielo se cae. Lorenza Mazzetti
Traducción de Francisco de Julio Carrobles
Periférica (Cáceres, 2010)

miércoles, 7 de abril de 2010

Poema "Los traficantes de incienso"


Los traficantes de incienso por Jordi Corominas i Julián

SMS, llego a las seis, el carmín
de la colilla en la escalera
externa desbarata las plausibles
anacondas de los traficantes,
Con incienso e incentivos,
esmerados en sus dieciocho
bisnietos, caterva de ciervos.


Sudamericanos en San Gervasio
de
cazuelas, metálicas tonterías
del trapecista umbilical,
buzones rotos, donetes embadurnados
otean 7465- TVB, Tupinamba
y
calcedonia de fruta.



Me golpearon con las orejas,
esgrimían un florete, flambeaban
Tibidados, Cristos de río
enredados en cilindros
sindicales, suspense
en
el reflejo del dependiente.



Finalmente las medias españolas
de la independentista farfullan
naranjadas, treat her gently,
es monja y pide 360 baloncestos.



¡Lenguas fuera,
Escotes dentro!



Dios no puede llevar todo,
abre San Hermenegildo,
perros de Úbeda
como corderos aristotélicos,
águilas en el dintel de la morgue,
yo he ido antes al colegio que tú
¿Y qué?




Lacónicas salamandras
de
atildadas enanas
fashion, lamentándose.

lunes, 5 de abril de 2010

Martes 6, El atentado de la Rambla de Les flors (1905) en la Hora-L de Radio Barcelona-Cadena SER


Sábdo 3 de septiembre de 1905, Barcelona. Las Ramblas están en plena ebullición. La gente pasea,las floristas venden y el centro popular de la ciudad rebosa de alegría. De repente, en los baños públicos al final de la calle Petxina, explota una bomba. 4 muertos, más de sesenta heridos. Dos de las víctimas son hermanas, vírgenes y del pueblo. El Ayuntamiento decide organizar un funeral público en honor de las hermanas Rafa. Las fuerzas del orden acusan a los anarquistas.


¿Dicen la verdad?


La historia se repite y este caso ofrece muchas sospechas y una más que probable autoría de un famoso infiltrado contrario a la rosa de fuego: Joan Rull. La alarma social fue tan grande que hasta se contrató a un Inspector de Scotland Yard, Mr. Arrow, que los barceloneses bautizaron como el senyor arrós.



Crímenes en la Hora-L

Cada martes a partir de las 13.06 minutos

Radio Barcelona-Cadena SER

666 AM

96. 9 FM

Diálogo con Pola Oloixarac en Culturamas






Diálogo con Pola Oloixarac por Jordi Corominas i Julián


Por fin es viernes. Entre mi barrio y la sede de Alpha Decay media toda Barcelona. Algo así, pero a lo grande, ha recorrido Pola Oloixarac para presentar su Ópera prima, Las teorías salvajes. Desde Argentina a España el libro ha erosionado pensamientos y rasgado vestiduras, al tiempo que ha vertido ríos de tinta con pasmosa facilidad, como si nos encontráramos con un nuevo fenómeno sudamericano, algo que desde la muerte de Roberto Bolaño está de moda en nuestro país. Pola, creo, es más sinceridad que artificio. Su prosa lo demuestra al no conformarse con parámetros establecidos. El desafío no es tanto el modo de narrar sino la manera de enfocar lo narrado, y aquí esta porteña rompe esquemas con elegancia, siendo sutil pero contundente, con unos planteamientos originales, y no en típico sentido d’épater le bourgeois, que se reflejan en la charla que tuvimos el día después de la presentación de su novela en la Ciudad Condal.

El libro ha recibido una acogida extraordinaria en prensa, con un sinfín de críticas que quizá han condicionado mi lectura. ¿Cómo ves ahora Las teorías salvajes? ¿Cómo lo pensabas mientras lo escribías?

Hay algo que siento, que el libro realiza. Realmente mutó una vez pasó por la criba de todas las percepciones de los demás. Montó sobre otras conciencias y despegó solo, se expandió. Ahora lo veo más complejo y completo que cuando lo terminé. En ese momento el experimento que me interesaba hacer… era cómo… me gustan mucho los puntos suspensivos. (Risas).

Pero cuando lo hiciste, todo lo que ahora se valora, su complejidad formal y filosófica, ¿te salía relativamente fácil? ¿Lo hilabas sin problemas?


He trabajado como una bestia en el libro, y lo que quería era que se mantuviera como una especie de enigma. Me gusta sentir que pese a tantas lecturas diferentes sigue siendo un misterio.

La gran pregunta sería…

¿De qué va? (Risas).

O cuales son las teorías salvajes, o su esencia. Al fin y al cabo vas leyendo y por mucho que sea una novela no tienes que dar una solución, obligas a que el lector la encuentre.

Quería armar un laberinto de teorías, donde cada lector pueda generar su propia teoría de la conexión entre las teorías y de lo que venían a significar los personajes… crear el espacio para la hipersignificación, como si esa fuera una manera de hacer novela contemporánea, donde puedes pasar de introducción, nudo y desenlace, y asimismo establecer con un juego la conciencia como que la ficción retroalimenta la ficción, autogestiva, autoconsciente, englobando todo lo que está fuera.

Aquí tendríamos la metáfora del final con la conversión del Google Earth, transformado por arte de magia en una ficción de lo virtual.

Y eso se puede hackear perfectamente. Imagina que hubiéramos trasladado la idea (JCJ: que verán en la próxima pregunta) a España.

Pero es interesante por lo que implica con las imágenes y la visión que dan de un lugar y su historia. Ayer leyendo la crítica que hizo Vicente Luis Mora estuve de acuerdo con su apreciación sobre el tratamiento que a das a través del artificio de Google Earth de la memoria reciente. Si alguien lo hiciera en España, tecnológica o literariamente, levantaría muchas ampollas.


La memoria es una de las líneas en las que se basa la novela, que trata un poco sobre cómo vemos el mundo y lo utilizamos para nuestros fines egoístas, esa es una vertiente. Quería mandar una tropa de misiles teledirigidos hacia cierto sector del poder, cierto sector que posa de progresista y que no lo demuestra en sus hechos.

Sería ese supuesto progresismo que anquilosa el progreso, que no deja que avance.

En Argentina es un poco distinto. ¿Tienes que esperar hasta que se jubilen para poder cambiar las cosas? Se puede analizar desde los parecidos entre la sociedad y la universidad. La gente joven que quiere hacer otras cosas no suele tener cabida en la universidad, si eso cambiara todo mejoraría muchísimo

¿Entre la juventud argentina está bien considerada la universidad?

En este momento la producción cultural pasa por la universidad, no porque la universidad la produzca, sino que por alguna razón tiende a aglutinar poesía, editoriales… Lo ideal es tener una beca y colaborar en otros lugares, la universidad funciona como un mecanismo de supervivencia para muchos jóvenes. El problema es más político, porque hay un discurso oficial muy fuerte que ha encontrado la estrategia perfecta al aliarse retóricamente con una izquierda anquilosada por completo, tan tonta, que le cuesta darse cuenta de que hace mal ciertas cosas…

Pero esa es la manera de mantener el status quo…

Sí. Lo que me molesta, al tener una formación de izquierdas, es el neoliberalismo de derechas disfrazado de izquierdas. Me molesta la manera de hacer política. Tienen una estructura de ficción retórica, súper fuerte, donde hay una utilización de ficciones impuestas que interpretan la historia reciente.




El libro seria el análisis de ficción de la ficción que venden los que mandan en la realidad.

Tal cual. Imagínate. Ciertos sectores del marxismo revolucionario formaron guerrillas en los años setenta. Su plan era dar un golpe de Estado. Empezaron enfrentamientos de izquierda y derecha dentro del peronismo. Treinta años después hay una situación política en la que estos marxistas revolucionarios que querían derribar el Estado son los padres fundadores de la democracia.

Es una contradicción muy fuerte.

Es demasiado fuerte, y la operación retórica es muy burda, juega con las emociones de la personas. Murió un montón de gente por esto. ¿Estos muertos justifican que ahora se trate a la gente de estúpida?

La narradora-protagonista entabla unas relaciones en las que parece querer desenmascarar a los izquierdosos de los setenta con su actitud. Quitar la máscara de la mentira. ¿Era esa tu intención?


Sí, quería eso y mientras escribía la novela tenía una especie de aceleración y urgencia al sentir que nadie lo decía. Es muy raro como en Argentina hay como una utilización ficcional tan deliberada.

No me parece tan extraño. Aquí lo padecemos con la magnificación de la Transición, donde los vencedores no se fueron, integraron a los vencidos, que cedieron muchas cosas para alcanzar la reconciliación nacional.

Lo que pasa en Argentina es que todas las leyes de los militares siguen vigentes. Rodolfo Fogwill es de los pocos que lleva una cruzada con esto. Pero no nos metamos ahora con cruces y esas cosas.

Hay un momento decisivo de la novela en que los discípulos de Van Vliet, una especie de teórico preludio de la narradora protagonista, manipulan su teoría para que sea comercial. Si manipulas una teoría y le introduces elementos para que sea aceptada todo el mundo…


Todo el mundo se convierte en cliente de tu teoría.

Y eso es lo que pasado en el Estado. El otro tema es la teoría de la víctima y la presa, que deriva en el miedo. Tiene interés en la parte política y enlaza con los jóvenes del libro. Si en los setenta la población era víctima del poder, ahora es víctima de ella misma por lo que les han vendido. Aceptan el juego y se sienten cómodos.


La forma de vida de lo que vendría a ser vivir en un mundo con ideales de izquierdas está totalmente desligada de la utilización de ideas progresistas por parte del gobierno, ideas montadas en un aparato neoliberal donde las personas se arrojan a una liberalidad de las costumbres que es una falsa libertad, un imperativo de ser libre que es totalmente artero a la verdad de la libertad. Hay tal superposición de mentiras que debemos hacer algo para deslindar el grano de la paja y ver qué se puede hacer.





Al principio de la novela, analizando a Pabst y Kamtchowsky, los dos jóvenes protagonistas, pensé que habías construido un texto de soledades, pero cuando ellos se juntan con los guapos Andy y Mara es como si al unir todos los estereotipos de la juventud te arrogaras la libertad de hablar del tema sin riesgo a caer en el tópico.


Leo muchísimo ensayo, y muchos son buenos, pero en muchos casos necesitan un nuevo modo de explicar las ideas. Hay que establecer un nuevo pacto con el lector. Reformulemos los métodos de tratar y exponer las cosas. El pantano de la gerontocracia se ha agarrado al sillón, es como si a ellos no les hubieran salido bien las cosas y por eso avanzar para los demás sea imposible, algo infranqueable. Y no es eso. Ni fin de la historia, ni muerte del relato… ni de la novela.

Al mismo tiempo, ellos mismos, casi sin querer, nos han dado las herramientas para hacer algo nuevo.

Sí, pero eso es un ciclo ecológico inevitable.


IDEAS, NARRATIVA.


¿Cuándo empezaste a escribir tenías clara la cuestión narrativa, su enfoque?

Lo primero que surgió fue la historia. Dos en paralelo, Rosa con el montonero y un trío, el número mágico para otras cosas, tres momentos marxistas y después la historia de Pabst y Kamtchowsky. Mis personajes se definen por las ideas que tienen.

Personajes más mentales que físicos.

Sin duda. Siento que la gente es así. Lo que pasa en los cuerpos viene por lo que tienen en los cerebros.


Leyendo el libro pensaba en la cultura americana juvenil de los noventa, pero quizá por tener un pensamiento latino, en sentido mediterráneo, vemos las partes exhibicionistas como reflexivas, como cuando Kamtchowsky se va con el síndrome de Down en el McDonalds. Me gusta porque no lo juzgas, simplemente planteas el estado de las cosas, su anómala normalidad.


La doble realidad. La editorial argentina quería que lo quitara. Al final no hubo problemas y seguimos con el chico síndrome de Down.

Pero al final el más subnormal es el intelectual de los setenta, Collazo, que por cómo se comporta es patético.

Un personaje muy burgués, que es conocido, vive en Libertadores, una zona pija. Representa esta idea de la izquierda contenta con su poder y satisfecha con lo liberal de nuestros tiempos. Simboliza como quien dice la traición a los ideales, y el cinismo.


A lo largo de la novela lo vas dejando caer y al final hay un chaparrón. El año pasado leí Ciencias morales de Martín Kohan. Expresa las cosas de manera muy cruda y seguro que en el lector argentino evoca nostalgia del trágico período narrado, pero en tu caso por edad tu no puedes sentirla, con lo que seguramente tu intención reflexiva sea otra.




Él decía en una charla que la idea de reírse de los años setenta es imposible. Otros escritores que tienen interés en el período, como Alan Pauls, opinan lo mismo. La risa puede ser crítica.

Y la crítica también sirve para los jóvenes, porque también son víctimas.

Sí, pero no hay autocompasión, porque disfrutan y no se preocupan por su proceder.

Porque están alienados.

Ayer alguien dijo que la sexualidad de los personajes está marcada entre la frigidez y el onanismo. Kamtchowsky quizá es la excepción porque progresa a lo largo del relato y va sintiendo poder, notándolo en una orgía.

Ambos personajes, Pabst y Kamtchowsky, tienen su miga en relación a las diferencias entre la sexualidad masculina y femenina.

Podría ser. Pabst onanista, ella en expansión, sin cerrarse ninguna puerta pese a ser gordita, viviendo sin tapujos hasta en sus documentales.

¿Qué vendrá después de Las teorías salvajes?

Una novela sobre plantas.

Lo que no deja de ser una continuidad, pues tu primera novela es muy taxonómica.

Vicente Luis Mora dice que Las teorías salvajes tiene mucha botánica aplicada.

Es un poco ver, lo reflejas en las teorías antropológicas sobre las tribus, de ver a las personas como animales en sociedad.

Sí, puede ser que lo vea así. Como cuando vas en el metro y ves facciones, comportamientos… también se ve en el tipo de mirada, en el subte muchos pierden la expresión.

Toc, toc. Llaman a la puerta de la salita. Es el turno de otro entrevistador. Ahora, tras repasar nuestro diálogo, mil veces interrumpido entre visitas y bocadillos, noto que parte de su esencia no se ha reflejado en la transcripción. La idea clave de narrar y ser crítico desde nuevas coordenadas es de una abrumadora lógica generacional. Pola nació en 1977 y tiene las herramientas en su poder para reflexionar sobre el pasado enlazándolo con el presente. ¿Novela de ideas? ¿Falso ensayo? Disfruten de su lectura, piensen y tengan algo de mala leche. El mérito es enorme porque desde la literatura denuncia y ofrece otra visión, opuesta a la convencional, casi canónica. Volvamos a Vicente Luis Mora. En su reseña de Las teorías salvajes se pregunta por las consecuencias de un libro similar con contexto español. Las tónicas son un boomerang imprescindible. Conviene desacralizar el relato establecido, aceptado por todos, para precisarlo e insistir en la verdad. Si lo haces con inteligencia y capacidad de análisis el resultado será impecable. Pola lo ha logrado con Las teorías salvajes, debut que hace albergar la esperanza en un futuro aun más demoledor.

sábado, 3 de abril de 2010

La vuelta al mundo en 72 días de Nellie Bly en Revista de Letras




Bellos disparates en la frontera: “La vuelta al mundo en 72 días”, de Nellie Bly por Jordi Corominas i Julián


Aquí estoy soy Rigodón, yo Tico el campeón, yo soy Romy, dulce y fiel, y vivo enamorada de él. El malo era Transfer y su ojo de cristal. Todos idolatrábamos a Willy Fog y disfrutábamos con ojos infantiles sus andanzas en pos de cumplir la vuelta al Mundo en 80 días. Éramos pequeños y no entendíamos muy bien la distancias, creíamos a pies juntillas que el viaje del león inglés, porque nada sabíamos de Julio Verne, era un reto de máxima heroicidad, sueño viajero policromo cargado de perfumes, insólitos parajes y sorpresas a granel. El siglo XX alteró esa lógica y el XXI la remató. La velocidad rompió moldes y la tecnología nos hizo amos de cada lugar de la Tierra.

Ahora basta pulsar un botón y ver más de siete maravillas. Google Earth acerca y aleja al ser humano de la fantasía de recorrer nuestro Planeta. Los que tengan dinero quizá se aventuren. Los de escasa pecunia en el bolsillo se contentarán con las fotografías del gran programa y seguirán deleitándose con lo que muestran las instantáneas, realidad coartada por la imaginación, fragmento espacial que sólo alcanzará plenitud mediante el taumatúrgico trayecto del trip.




El plácido coraje de una veinteañera: viaje con nosotros a ningún lugar, viaje con nosotros…

Nueva York, 1889. Una intrépida reportera busca ideas y se le ocurre trasladar la ficción más mítica del siglo a su existencia. ¿Es posible superar el registro de los personajes del libro francés? ¿Por qué no probarlo? Su deseo tarda en ser aceptado, pero el 14 de noviembre zarpa hacia la Pérfida Albión e inicia una singladura prevista en 75 días que se acortará tres y le proporcionará merecida fama. ¿Seguro? La supuesta epopeya de Nellie Bly es una carrera programada contra el reloj donde pocos obstáculos irrumpirán para dificultar la ardua tarea a su joven protagonista. La misión de la americana no es ver los sitios que pisa, sino desembarcar y atender la llegada de trenes y navíos para continuar hacia su meta, no hay más misterio. En este sentido Bly es profundamente norteamericana y no siente su experiencia desde perspectivas románticas, sabe lo que quiere y hará lo posible por conseguirlo, lavorare con lentezza no figura en su cuaderno de bitácora. Poco importa extasiarse con Southampton, Londres, Calais, París, Brindisi, Port Said, Adén, Colombo, Penang, Singapur, Honk Kong, Yokohama, San Francisco y el retorno; la clave del asunto es going faster contra viento y marea para apuntalar la proeza. Los detalles quedan relegados por las prisas, malas compañeras que desaparecen en el tránsito de un punto a otro, cuando conviene matar el tiempo y adentrarse, porque toca escribir y narrar la efeméride, en la psique de pasajeros, capitanes, recovecos y diferencias regionales. Quizá ahora tenemos aviones y medios de locomoción mucho más precisos, pero da la sensación que poco hemos cambiado desde esa ya distante última década del siglo XIX. El nacionalismo y el orgullo sumergen al ser humano en una ignorancia que pretende ensalzar piezas familiares, denostando lo ajeno desde comparaciones que en muchas ocasiones son injustas al no corresponderse con verdades objetivas. Bly es mujer y tiene razón al quejarse de la incomodidad machista de los trenes británicos, como también acierta al desilusionarse por intuir Italia sin respirarla como Dios manda. Sin embargo, cuesta aceptar su altivez en determinados momentos, actitud paliada cuando nos regala bellas descripciones que nos permiten entender un universo clasista expresado sobremanera en alta mar, donde las personas van al mismo ritmo y malviven en función de sus privilegios sociales. Aun quedaban cinco lustros para la Primera Guerra Mundial, y las anotaciones de la veintañera de Cochran’s Mills flotan en una calma chicha global donde se avanza con sensación de pausa por una embustera tranquilidad rota por pequeños sobresaltos individuales, entre los que cabe mencionar la visita en Amiens al gran Julio Verne, ciertas inseguridades para ser puntual, la noticia de una rival que persigue el mismo trofeo o la lógica incertidumbre de quien aspira a cumplir y teme sucumbir en algún lance del juego. Gajes de una pionera, pretéritas anécdotas que leemos con diversión desde la moderna antigüedad del relato, texto irrepetible que nos advierte de nuestra impureza de pecado corruptor que Bly, hija de la primera revolución industrial, advertía como progreso porque la destrucción aun no asomaba por un horizonte virgen que permitía reafirmar tópicos y tontear con la niebla de Victoria Station.

Geografías y glorias: el valor de Nellie Bly en la actualidad.


Prosigamos. Varios son los momentos donde nuestra chica se olvida de hercúleos hitos y se deleita con el itinerario. En mi modesta opinión destaca el paso por el Canal de Suez y su lentitud desértica, con la nave prisionera del paisaje y las condiciones creadas por el hombre. Asimismo la estancia en Colombo aporta algo de antropología de lo desconocido, como también ocurre en Hong Kong y Japón, país que seduce a la periodista, enamorada de las costumbres y la versatilidad nipona, preludio del cambio en el sol naciente que le llevó a derrotar a Rusia en el conflicto de 1904-1905, empecinado en adoptar lo mejor del extranjero para complementarlo con sus más válidas tradiciones, acogiendo lo práctico y desechando lo complejo de la moda europea a partes iguales. Coco Chanel no inventó nada. Las féminas de Extremo Oriente se encasquetaron el corsé y dijeron basta. Su apretujada concepción era una pesadilla esclavista a la que no se sometieron, mostrando de este modo ir por delante en el campo de la indumentaria, algo agradecido por Bly, mujer anómala en su época al emprender y aceptar riesgos que muchas otras evitaban porque seguían instaladas en lo patriarcal que acentuaba la inferioridad del bello sexo.

Kimonos aparte, el tramo final del viaje se nutre de gloria y celebración. La heroína alcanza San Francisco y se dispone a circular por el País del dólar en olor de entusiasmadas multitudes, felices por la gesta de su compatriota, legendario acontecimiento que hay que enmarcar en su contexto, cuando el optimismo generalizado por los avances médicos y tecnológicos se mezclaba con un espíritu de descubrimiento donde el tour de Nellie Bly se hermana con las posteriores expediciones al Polo Sur o el legendario vuelo oceánico de Charles Lindbergh, monumentos de atrevimiento que llenaban titulares año tras año para dicha de una humanidad entregada a la creencia de su propia brillantez, de su ilimitada capacidad de traspasar barreras y aumentar su dominio de y con los elementos. En esta titánica labor de metamorfosis hacia lo moderno las mujeres seguían relegadas a un marginal segundo plano que debía ser derribado, por eso los escritos de la norteamericana, dando por descontada su calidad literaria, adquieren un supremo valor reivindicativo. Pasada una centuria hay muchas cosas por mejorar en este ámbito y tener un ejemplo del pasado reciente debería ser un acicate para no retroceder en la senda hacia la igualdad, si bien nuestra protagonista destaca por más factores que relucen con mayor intensidad en Diez días en un manicomio, su vuelta al mundo en 72 días sirve, y mucho, como paradigma de la independencia como motor, pistoletazo de salida para matar ancestrales injusticias y situar al género humano en una equidad que no distinga entre hombre y mujer. Bly es prueba fehaciente de lo poco que importa el aparato reproductor de cada uno. Las ideas y el coraje residen en el cerebro, y el suyo estaba tan bien configurado que supo adelantarse en muchos aspectos a su tiempo y seguir asombrándonos en la actualidad, conscientes como somos de la imperiosa urgencia de girar de una vez por todas la rueda de la historia y desterrar el estigma de Eva, finalmente, para siempre.