domingo, 8 de agosto de 2010

Boutades veraniegas: The ballad of Andrés and Anna



The ballad of Andrés and Anna por Jordi Corominas i Julián

Marqué in extremis el gol contra Holanda,
fui toda España y mi camiseta imperio
homenaje al amigo, con quien no
pude tomar cervezas en el vestuario
sudafricano, taberna museística, palestra beoda,
ganar bíceps levantando una copa de oro.

Más tarde salimos de Johannesburgo, liándola
parda en el avión, Madrid esperaba, Gran Vías
colapsadas y nosotros borrachos de rojo en el bus,
nadie dijo que fuera fácil, estábamos afónicos
pero nos pidieron garbeo y acepté ser héroe
porque Robert Musil tenía razón.

Como estoy tan blanco quise ir a playas itálicas,
Nadie me reconocía, compré un bañador
de los de paquete, mis gafas de sol
eran Starsky y Hutch, magreos a mi novia
Anna con propinas para el de la mandolina.

Me obligaron a la pleitesía de Albacete,
discursos en el balcón con los de la corbata,
un día haré el saludo fascista, porque seguro
que también aplauden.

Esa misma tarde el taxí nos apeó en Fuentalbilla,
una calle con mi nombre, mi casa con piscina,
escudo de fútbol, vidrieras bizarras
de las que me siento orgulloso a las que ahora,
en la plaza, añadieron una mastodóntica
reproducción del trofeo mundial porque ahora
eso es lo que escribe la Historia.

Me ha llamado el mister y exige mi vuelta,
llevo moreno gamba y paseo de incógnito
por Puerto Banus, eclipsado por la mujer
de Obama para que mi amor
pueda comprarse trapitos.


sábado, 7 de agosto de 2010

Recuperando pasados en verano: Retrato de Alberto Moravia ( Literaturas.com, enero de 2008)


Breve retrato de Alberto Moravia (1907-1990) por Jordi Corominas i Julián


Era habitual entre los amigos de Alberto Moravia, apellido de su abuela paterna, bromear sobre su obsesiva voluntad por recoger cualquier aspecto de la realidad. Cuenta la leyenda que un periódico publicó la fotografía de un accidente de tráfico en Roma. Entre los curiosos que observaban el suceso estaba nuestro protagonista, acostumbrado al arte de observar desde su más tierna infancia.
Nacido el 28 de noviembre de 1907 en el seno una familia de la burguesía romana, el autor de Il conformista padeció la infancia como un mal estático en forma de tuberculosis ósea, enfermedad que le diagnosticaron a los nueve años, obligándole a transcurrir más de un lustro de su existencia entre la cama de su habitación y las lúgubres habitaciones de un sanatorio de Cortina d’Ampezzo. Fue entonces cuando descubrió el placer de la lectura y las posibilidades que le proporcionaba la escritura, magnífica terapia para desafiar el tedio de la convalecencia.
Moravia nunca fue una persona normal, podía circular por Roma como cualquier transeúnte, pero su presencia chocaba, era diferente. Cuando en octubre de 1922 el Fascismo tomó el poder el futuro escritor se encontraba en Piazza del Popolo vestido a la inglesa, contrastando sobremanera con lo ostentoso del ritual de camisas negras y marchas militares. Su primera etapa literaria se sitúa durante las dos décadas de poder absoluto de Benito Mussolini, y ello, por su absoluta libertad y sentido crítico, le acarreará problemas de índole varia. En 1927 empieza a colaborar en la revista ‘900, donde publicará varios relatos, entre ellos Delitto nel circolo di tennis, donde diseccionará sin piedad alguna lo frívolo e inhumano de las clases acomodadas, condenadas a la excentricidad por lo mísero de su abundancia, idea que marcará parte de su producción literaria. El hombre es un ser aburrido por naturaleza y necesita gastar su tiempo. Esta idea, a la que añade el cinismo y la podredumbre moral burguesa, brillará en todo su esplendor en su primera novela, Gli indifferenti, texto precursor del existencialismo que le permitió saltar a la fama en 1929. Pagada del bolsillo paterno, su Ópera prima es un Gatopardo avant la lettre, diferenciándose del celebérrimo libro de Lampedusa por el contexto histórico y la crueldad mental de Merumeci, quien a diferencia de Calogero Sedara pacta con la aristocracia sin suavidad, con toda la contundencia de una nueva clase fascista que no tiene reparos en destruir para poseer y ostentar. Su victoria, pese a que todo siga igual, humilla y quita velos, lo burdo se impone y la alienación irrumpe en escena mediante el descarnado retrato que el escritor hace de la aristocracia, grupo social fuera de la realidad de un tiempo gris, mediocre como los personajes de la narración, una de las primeras novelas contemporáneas escritas en suelo itálico, si exceptuamos la magnífica e incomprendida, en primera instancia, obra de Italo Svevo.
La valentía exhibida con Gli indifferenti le pasó factura. Era joven, tenía éxito y publicaba en periódicos y fundaba revistas, pero el régimen lo tenía en su punto de mira, como demostró en 1935 cuando prohibió las reseñas sobre Le ambizioni sbagliate, segunda novela que pasó desapercibida y significó un antes y un después en la vida de Moravia, quien en los años previos al estallido de la Segunda Guerra Mundial viajó por el mundo- Estados Unidos, China- y se vio forzado a escribir con seudónimo para escapar a las garras de la censura, que intentó sortear mediante textos alegóricos, como Elio Vittorini con su Conversazione in Sicilia, hasta que se cansó de la ocultación y escribió La mascherata, novela ambientada en una República bananera de Sudamérica con gran parecido a la Italia negra de Mussolini. La segunda edición fue secuestrada.
En 1937 conoce a su joya tormentosa, Elsa Morante, con quien se casará en 1941 y convivirá hasta 1962. Con la autora de La storia vivirá días tranquilos en Capri, donde ultimará la redacción de su Bildungsroman Agostino, y de espera en Sant’Agata a partir de septiembre de 1943, cuando los nazis invaden Italia y los fascistas vuelven a cargar contra el escritor, perseguido y amenazado de muerte. En esos campos campanos ambientará La ciociara, adaptada al cine por Vittorio De Sica en 1961. Su obra fue fuente de inspiración para el séptimo arte. Entre las más destacadas versiones fílmicas de sus textos destacamos Gli indifferenti de Francesco Maselli(1964), Il conformista de Bernardo Bertolucci(1970), La romana de Luigi Zampa(1954), Racconti romani de Gianni Franciolini(1955), La noia de Damiano Damiani(1963) o Le mèpris de Jean Luc Godard(1963), quien dijo que bajo la prosa de Moravia había descubierto la esencia de Marcel Proust. Si bien la afirmación nos parece acertada, no se lo pareció tanto a nuestro protagonista, quien rechazó la obra del director suizo por ser diametralmente opuesta a las premisas básicas de su novela.





El triunfo del escritor comprometido-obsesivo: 1944-1990.


Moravia solía definirse como un hombre poco trabajador, que escribía al no tener nada mejor que hacer, sorprendente afirmación en un hombre que revisaba una y otra vez sus textos hasta considerarlos perfectos, acabados. Después de la Guerra entrará en una nueva etapa donde seguirá nadando contracorriente. Cuando Vittorini y Pavese vivían bajo la égida del compromiso comunista- respectivamente con la revista Il politecnico y las publicaciones de la Editorial Einaudi- el romano desarrollaba una obra de compromiso con su tiempo en el campo de la novela, el ensayo, el teatro, la crítica cinematográfica y el periodismo. Su rechazo a la ortodoxia comunista es un alegato a la libertad del hombre con conciencia en una época abocada al marasmo. Escribe con frecuencia inusual, funda la ejemplar revista Nuovi Argomenti y cosecha los frutos de su incesante trabajo con la concesión de premios importantes como el Strega, ganado en 1952 con su compendio de Racconti, y el Viareggio en 1960 por La noia, novela que cierra un círculo que comprende parte de sus obras narrativas de los años cincuenta, obras donde la interiorización del personaje alcanza cotas sublimes que hacen de Moravia un lúcido analista de los males del período, punzante animal literario que descuartiza su sociedad a partir de burgueses a la deriva con los problemas fundamentales de la existencia, víctimas de un malestar contemporáneo sin vía de escape. Un contrapunto agradable y optimista serían sus Racconti romani, pequeños relatos de romanidad en que el pueblo es protagonista con sus pequeñas vivencias cotidianas.
A partir de 1960, cuando se acerca su ruptura con Elsa Morante y la joven Dacia Maraini surge como la nueva musa de vida, se apasiona por lo arcano y lo desconocido. Junto a Pier Paolo Pasolini y otros amigos viaja constantemente por África e India a la búsqueda de un punto de apoyo que le permita escapar de la decadencia de Occidente. Si Pasolini, más poético, consideraba al continente negro como única salvación posible, Moravia lo juzgaba desde una óptica de libertad absoluta, de contraste con Europa y el mundo industrial. Sí, el mundo fuera del mundo, aplicando el sentido reduccionista tan típico del pensamiento occidental, era una tabla válida para amarrarse y flotar. Lo entendía Moravia y lo entendían los estudiantes del ’68, que leyeron con interés su La rivoluzione culturale in Cina sin entenderlo plenamente. Son los años en que la sociedad italiana se instala en una tensión perpetua simbolizada por el terrorismo, tiempo que el narrador reflejará en uno de sus mayores esfuerzos literarios, La vita interiore, novela entrevista publicada en el fatídico 1978 del secuestro y posterior ejecución de Aldo Moro por parte de las Brigadas Rojas, donde la objetividad del formato no impide que Desideria dé una lección de perversidad y teledirigida sed de sangre irracional.
La última década de vida de Alberto Moravia será un lento y progresivo, aunque intenso, diluirse en la espiral del adiós. Escribirá más de diez libros entre novela, relatos y ensayos, saldrá elegido como diputado europeo por el PCI en 1984 para tener una tribuna donde argumentar su preocupación por la energía atómica, malvivirá su absurda y senil historia de amor con Carmen Llera y morirá en el baño de su casa del Lungotevere della Vittoria el 26 de septiembre de 1990 a los 82 años de edad. Su obra atraviesa todo el siglo XX europeo, le da forma y se erige en un vehículo de ideas combinado con complejas estructuras narrativas que no esconden la verdadera faz moraviana, filósofo literario que sigue sentando cátedra desde la tumba con novelas inéditas, I due amici, y un legado de gran utilidad para reflexionar sobre la naturaleza del hombre moderno.



OBRAS
1929- Gli indifferenti
1935- Le ambizioni sbagliate
1935- La bella vita
1937- L’imbroglio
1940- I sogni del pigro
1940- Cosma e i briganti
1941- La mascherata
1943- La cetonia
1943- Agostino
1943-L’amante infelice
1944- La speranza ovvero Cristianesimo e Comunismo
1944- L’epidemia
1944- Due cortigiane e Serata di Don Giovanni
1947- La romana
1947- La disubbidienza
1947- L’amore coniugale
1951- Il conformista
1952- I racconti
1954- Racconti romani
1954- Il disprezzo
1957- La ciociara
1958- Un mese in URSS
1958- Teatro
1959- Nuovi racconti romani
1960- La noia
1960- L’automa
1962- Un idea dell’India
1963- L’uomo come fine
1965- L’attenzione
1965- Cortigiana stanca
1965- Le luci di Roma
1966- Il mondo è quello che è
1967- Una cosa è una cosa
1968- Il Dio Kurt
1968- La rivoluzione culturale in Cina
1969- La vita è gioco
1970- Il paradiso
1971- Io e lui
1972- A quale tribù appartieni
1973- Un’altra vita
1975- Al cinema
1976- Boh
1978- La vita interiore
1979- Un miliardo di anni fa
1980- Impegno controvoglia
1981- Lettere dal Sahara
1982- 1934
1982- Storie della Prehistoria
1983- La cosa e altri racconti
1985- L’uomo che guarda
1986- L’angelo della informazione e altri testi teatrali
1986- L’inverno nucleare
1987- Passeggiate africane
1988- Il viaggio a Roma
1990- La villa del venerdì e altri racconti
1993- La donna leopardo (inacabado)
2007- I due amici (póstumo)

viernes, 6 de agosto de 2010

Recuperando pasados en verano: Diálogo con Ricardo Menéndez Salmón ( Abril 2008 en Literaturas)






Diálogo con Ricardo Menéndez Salmón por Jordi Corominas i Julián

«El horror se ha disuelto en lo cotidiano de la cultura de la náusea y del exceso»





Antes de llegar a mi cita me encontraba gris como el día. La idea de encerrarme en una fría sala de hotel para charlar con Ricardo Menéndez Salmón era el único estímulo ante lo opaco de la jornada, que cobró más luz cuando vi al autor de Ofensa reposándose después de horas y más horas con un sinfín de entrevistas. Nos saludamos, intercambiamos unas palabras y el acceso a una nueva puerta abrió la ventana del diálogo entre los dos para descubrir, y descubriros, pensamientos, técnicas e ideas sobre su última novela: Derrumbe.



Jordi Corominas i Julián
A veces pienso que La ofensa y Derrumbe son dos novelas que comparten un hilo unitario.

Ricardo Menéndez Salmón
Son novelas complementarias, en las que trabajé con poca distancia temporal entre una y otra. Beben de las mismas fuentes En Ofensa caminamos por un mundo sancionado por la Historia mientras que mi intención con Derrumbe fue hablar en clave de pura contemporaneidad.



Jordi Corominas i Julián
Y la contemporaneidad muestra como con Derrumbe hablas de la involución de la Humanidad. Si en Ofensa unos nazis ven a través de una pantalla la masacre de Mieux, en Derrumbe lo humano en el celuloide de Vera y sus amigas se mezcla con lo animal, casi como si los nazis fuesen más humanos al no necesitar añadidos en su cruel distracción.

Ricardo Menéndez Salmón
Sí, y antes las cámaras no lo invadían todo con su presencia. Tiene que remarcarse que ahora la cultura de la imagen es una de las grandes avaladoras de la cultura del simulacro en la que nos vemos inmersos.



Jordi Corominas i Julián

¿Por eso cuando Kurt entra en la sala de proyección lo sentimos como una epifanía y en la escena gemela de Derrumbe ya no nos sorprendemos?

Ricardo Menéndez Salmón
El horror se ha disuelto en lo cotidiano de la cultura de la náusea y del exceso.



Jordi Corominas i Julián

Una nueva cultura que refleja Derrumbe, donde una broma banal que confunde Calvin Klein con el Calvinismo se convierte en trascendente al mostrar que la nueva religión es el consumismo.

Ricardo Menéndez Salmón
Y la imposibilidad de evadirse, de escapar de sus garras. Cuando pasé 25 días en Cuba me sorprendió encontrar un paisaje sin carteles publicitarios comerciales. ¿Sabemos comer sin música en los restaurantes? Ahora no catamos el vino, lo masticamos. ¿Cuándo se ha masticado? El consumismo crea un hombre siempre más estereotipado.



Jordi Corominas i Julián
Y una sociedad del parque temático. Barcelona como una ruta de Gaudí, Corporama en Derrumbe...

Ricardo Menéndez Salmón
Circuitos mineros en Asturias...Lo más curioso es que hace poco descubrí la existencia de un verdadero Corporama en Corea. El parque temático de la novela me interesaba desde una óptica de mostrar como el progreso tecnológico no es en absoluto garantía de progreso ético ni de felicidad.



Jordi Corominas i Julián
Y aquí entran en escena Los arrancadores; me interesaron desde un principio. Me sorprendió que unos jóvenes con estudios y conocimientos humanísticos tuvieran esta ansia destructora.

Ricardo Menéndez Salmón
Me inspire en los jóvenes nihilistas rusos de la segunda mitad del siglo XIX, hombres cultos y preparados que desafiaron las viejas tradiciones en nombre del progreso. Se puede pensar en Albert Camus y los asesinos dignos, que luchan contra la injusticia y la impostura.



Jordi Corominas i Julián
Sin embargo la principal acción de los arrancadores provoca la creación de una ciudad improvisada donde, a diferencia de la auténtica, remarcas la ausencia de iglesia y cementerio.

Ricardo Menéndez Salmón

Sí, estamos en un mundo sin dios ni iglesia, donde pese a convivir con la muerte la vemos mediante simulacros. La muerte se esconde y hasta a veces podemos preguntarnos si verdaderamente existe.



Jordi Corominas i Julián
Lo que no ocurría en el pasado, léase Ofensa, al estar controlada desde el ámbito público que representa el Estado, los nazis, mientras que en Derrumbe los asesinos forman parte de la ciudadanía, de un ámbito privado, casi una metáfora del cambio de ciclo histórico.

Ricardo Menéndez Salmón
La violencia se ha convertido en un mecanismo legítimo. Me interesa mucho la literatura americana reciente que ha empezado crear ficción basada en el 11 de septiembre. La visión oficial nos presenta unos kamikazes desalmados, cuando la realidad es que eran seres con mucha formación cultural. La violencia para cambiar el mundo, su uso, es un coto privado de las clases privilegiadas.



Jordi Corominas i Julián

Algo aplicable a los arrancadores pero no al asesino en serie Mortenblau.

Ricardo Menéndez Salmón
Mortenblau vive en el universo de la normalidad, de la que se ha alienado hasta el extremo.






De espacios y personajes




Jordi Corominas i Julián
Siguiendo por un momento con los puntos en común entre ambas novelas, percibo ciertas similitudes entre Ermelinde y Mara.

Ricardo Menéndez Salmón

Hay una coincidencia de promesa femenina.



Jordi Corominas i Julián
Si leo La ofensa reconozco el espacio físico en que transcurre el relato: La Europa de la Segunda Guerra Mundial y el Londres de la posguerra. En Derrumbe ubico la acción en Promenadia y me imagino un espacio simbólico.

Ricardo Menéndez Salmón

Promenadia me acompaña desde hace tiempo, desde mis novelas asturianas. Me gusta la palabra y el hechizo del nombre, que se mantiene en diferentes textos donde nunca representa el mismo espacio, éste cambia pero el nombre permanece.



Jordi Corominas i Julián
¿La magia personal de la palabra? ¿Una elección individual?

Ricardo Menéndez Salmón

Algunas veces me han preguntado el motivo de elegir nombres tan raros. No veo a ningún personaje mío llamándose José o María. Los nombres imprimen personalidad a lugares y personajes, confieren una impronta propia, definen características e intenciones y hasta pueden ser pequeños talismanes. ¿No perderían vigor Manila y Valdivia si se llamarán José y Carlos?



Juegos, estructuras, intenciones, burla de género


Jordi Corominas i Julián
¿Cómo se te ocurrió mezclar en un mismo cuerpo la exaltación del Humanismo con la violencia?

Ricardo Menéndez Salmón

Por el gusto literario de la paradoja, el juego de ambigüedades.






Jordi Corominas i Julián
Una ambigüedad que a nivel narrativo brilla en el inicio de tu última novela. Cuando se leen las primeras páginas de Derrumbe dudamos hasta que todo adquiere forma..

Ricardo Menéndez Salmón

Es un principio que sitúa al lector en la atmósfera del relato mediante un ritmo seco, partes fragmentadas y elipsis.



Jordi Corominas i Julián
El narrador, y el ritmo que otorga al texto, de Ofensa evocan en mi mente Barry Lindon de Stanley Kubrick por su compleja sencillez. En Derrumbe percibo un cambio.

Ricardo Menéndez Salmón
Barry Lindon es mi película favorita de Kubrick y quizá La Ofensacomparta con ella una estructura ternaria y ser una especie de Bildungsroman. En Derrumbe el estilo es diferente. El escritor sabe más que el lector, deja pistas, juega. Si en La ofensa Kurt es el centro, en Derrumbe hay personajes reticulares, que se entrelazan.



Jordi Corominas i Julián
Con vidas paralelas y protagonismo compartido...

Ricardo Menéndez Salmón
Hasta cierto punto. Fíjate en el detalle que es Manila quien cierra todas y cada una de las partes de la novela.



Jordi Corominas i Julián
¿Has arriesgado más que en La ofensa?

Ricardo Menéndez Salmón
Con Derrumbe quise jugar con la literatura de género, transgredir ese registro y superarlo, ir más allá. Ya que antes hablábamos de cine, creo que dos películas pueden ejemplificar mi intención: Memorias de un asesino de Boong Joon-Ho (ndlr: el autor de The host) y Zodiac de David Fincher. Ambas películas tratan el tema del asesinato desde una óptica de suspense insertada en lo cotidiano, en un ámbito investigativo y de terror donde el monstruo desde su invisibilidad convive con los demás seres humanos. No son las típicas obras de investigar y resolver el caso.



Jordi Corominas i Julián

Asimismo en Derrumbe el ritmo narrativo es más acelerado que en La ofensa.

Ricardo Menéndez Salmón
Si te fijas en Derrumbe he usado el diálogo, lo que no sucede en La ofensa. Son diálogos que buscan crear atmósfera y siguen jugando con lo literario queriendo ser verosímiles.



Jordi Corominas i Julián
He leído en alguna entrevista que no piensas en el lector cuando escribes.

Ricardo Menéndez Salmón
Sí, y no es ninguna boutade ni nada por el estilo. Mientras escribo no pienso en publicar. Además, ¿Cómo voy a pensar en el lector si sólo conozco uno y soy yo mismo?



Jordi Corominas i Julián

¿Qué tipo de escritor prefieres en tu faceta lectora?

Ricardo Menéndez Salmón
Me gustan los escritores obsesivos, hombres que con toda su obra crean una novela continuada. Los escritores que resisten el paso del tiempo trabajan con pocas ideas.



Jordi Corominas i Julián
Volviendo a la novela, da la sensación que en algunos momentos Kafka sobrevuela tranquilo por el texto...

Ricardo Menéndez Salmón
Kafka es uno de mis autores preferidos. Más lo lees y más crece. Fue un hombre que supo escarbar con su escritura las entrañas de su tiempo. Otra novela que siempre me ha fascinado es Moby Dick, novela de ideas travestida de novela juvenil.



Jordi Corominas i Julián
Hecho importante, en mi opinión para entenderte. Derrumbe sería una novela de ideas travestida de género negro.

Ricardo Menéndez Salmón

Lo que dices puede entenderse viendo como la atmósfera del texto se tiñe de algunos estereotipos, como los policías que investigan el caso, del género negro, pero el cuerpo vive de ideas e intenta reflexionar. Me interesa el fenómeno del terrorismo y en literatura es bueno hablar de ello porque creo en una literatura que sirva para pensar nuestro tiempo. El tema de la novela tiene que ser una puerta que abra otras.



Jordi Corominas i Julián
En Derrumbe la actitud de los arrancadores es la de burgueses que atentan contra otros burgueses. La revolución desde dentro como única posibilidad.

Ricardo Menéndez Salmón
Lo que verdaderamente tendríamos que preguntarnos es si ahora mismo existe un fuera.

jueves, 5 de agosto de 2010

Anticipo Looproject Flying Circus, Sábado 14 de agosto, Inusual Project


¿Te vas a perder un recital con siete magníficos poetas, dos conciertos de bandera, dos performances y Loopoesía para cerrar el evento?


La cita en Inusual Project, Calle de la Paloma 5 ( al ladito del MACBA y Enriqueta)

¿Cuando? ¡El sábado 14 de agosto a las 20 horas por sólo 3 euros!

Más info en breve...


LOOPOESIA ES AMOR

Matemática Beatle V en Panfleto Calidoscopio




Matemática Beatle V por Jordi Corominas i Julián.



“After Brian died, we collapsed. Paul took over and supposedly led us. But what is leading us,when we went round in circles? We broke up then. That was the disintegration.” John Lennon, entrevista concedida a Rolling Stone, diciembre de 1970.

“From my point of view, it is the only place to be, really. For every human, it is a quest to find the answer as to Why are we here? Who I am? Where Did I come from? Where am I going? That, to me, became the only important thing in my life. Everything else is secondary. There is no alternative". George Harrison sobre el viaje a Rishikesh, India, febrero de 1968.

“It’s a controlled weirdness, a kind of western communism. We want to help people but without doing it like a charity. We always had to go to the big men on our knees and touch our forelocks and say, Please can we do so and so...? We’re in the happy position of not needing any more money, so for the first time the bosses aren’t in it for a profit". Paul McCartney sobre Apple en el Tonight Show de la CBS, 12 de mayo de 1968.




El Sgt. Pepper supuso un indudable antes y después en la trayectoria de The Beatles. Los meses encerrados en Abbey Road y la gran ambición del álbum, auténtico manifiesto de los años sesenta, convirtieron al cuarteto de Liverpool, que de la noche a la mañana mutó de entretenimiento comercial a fenómeno artístico vanguardista tanto por contenido como por actitud. Los buenos muchachos condecorados por su majestad se habían quitado la careta mostrando todo su potencial, se sintieron libres al estar fuera de los focos públicos y sorprendieron una vez más a un mundo en constante transformación, donde ya no era posible la unión intergeneracional acaecida entre 1962 y 1966. Las canciones, los atuendos y las proclamas indicaban una ruptura que la Historia fechó en mayo del 68, en esas idealizadas barricadas de París y el prohibido prohibir. La lucha empezó antes desde una vertiente artística que se volvió combativa mediante algunos caballos de batalla que enfrentaban a los mayores con la generación de las flores. En este sentido cabe remarcar como el conjunto se implicó en los meses posteriores a la salida de su emblemático Lp en varias actividades centradas en defender determinado consumo de drogas. El veinticuatro de julio de 1967 The times publicó un manifiesto firmado por un nutrido grupo de personalidades británicas donde se arremetía contra la ley antimarihuana. Paul McCartney instigó a sus compañeros y a Brian Epstein a pagar las mil ochocientas libras que costó publicar el texto en el periódico, erigiéndose como adalid de la causa al declarar el 19 de junio ante las cámaras de la BBC que había consumido LSD, dejando bien claro al periodista que le entrevistó las consecuencias de difundir sus palabras porque cualquier cosa Beatle era un reclamo para los más jóvenes. El consumo de estupefacientes es una decisión personal, como también lo fue en su momento la opción por la meditación trascendental que llevaría a nuestros protagonistas a la India para aprender junto al complejo Maharishi, un individuo pleno de luces y sombras. El verdadero problema de la época posterior al Pepper radicaba en la transformación y aceptación de la nueva imagen. Tras el fin de las giras se acabó el ser peleles mediáticos, graciosos y risueños. Cada uno de los miembros de la banda vio un horizonte creativo e individual más rico, con rutas abiertas que permitían un crecimiento infinito. Asumieron con naturalidad el papel de portavoces generacionales y expresaron sin tapujos sus puntos de vista, siendo coherentes porque su teoría se practicaba en armonía, con el único defecto de ensalzar la burbuja y no contemplar su fragilidad, porque al fin y al cabo ser valiente y lanzarse al arduo ruedo siempre conlleva la doble presión del yo y el colectivo, bestia con suma facilidad para la crítica. La unión indestructible se consolidó hasta alcanzar el cenit, preludio de unos nubarrones que oscurecerían un cielo demasiado límpido, tanto que cuando estalló la tormenta nadie quedó a salvo de su ira.






Inercia y confianza absoluta: excesiva indisciplina mental

Ian MacDonald juzga el fin del apogeo musical Beatle tras la finalización del Pepper. Su idea viene argumentada por la relajación del horario de estudio, donde eran los reyes y podían grabar cuando se les antojara, algo que hacían con frecuencia, siempre siguiendo sus comentarios, porque su valoración de su propia obra estaba condicionada por el consumo de drogas, lo que les hizo indulgentes al creer, como luego corroboraría la factoría Apple, en la sencillez del acto creativo, al abasto de cualquier mortal. El criterio del fallecido musicólogo tiene partes de razón. Es innegable la inyección de infalibilidad que supuso despojarse de la máscara y exhibir autenticidad a raudales. El veinticinco de abril de 1967 Abbey Road volvió a recibir la visita de sus hijos predilectos. Paul McCartney volvía de un viaje por Estados Unidos y, como casi siempre, llegaba con una nueva idea. Se trataba de recuperar a través de una película la vieja tradición de los mistery tour, recorridos en autobús donde los pasajeros iban a ciegas, desconociendo su destino. La propuesta gustó y la canción que dio título a la película más experimental del cuarteto se terminó en tres divertidas sesiones. Era una buena pieza de inicio, con agitación, movimiento, términos clave y un final pianístico que abría el misterio, la incertidumbre que rodea toda aventura. El filme no se rodó hasta septiembre, pero tras registrar su tema emblema la energía seguía inalterable, y entre el tres de mayo y el ocho de junio de 1967 se gestaron otras cuatro canciones de las que sólo una se consideró óptima para su publicación inmediata. Baby you’re a rich man mezclaba una letra de felicidad hippie con un bajo estrepitoso que dominaba la melodía, lo que será constante a lo largo de la última fase del conjunto, con McCartney llevando las riendas con su exuberante hiperactividad, desmedida para quienes querían un respiro y no podían seguirle el ritmo. Al mismo tiempo Paul se dejaba contagiar por el aire de diversión que empapaba las actividades del grupo, lanzado en la experimentación y sin límites, pues de otro modo no sería explicable que los restantes títulos de esos 35 días fueran tan dispares entre sí. All together now es carne de estadio de fútbol, cántico goliardo de animación a las cuatro de la mañana, un disparate que después se maquilló al cerrar el filme Yellow Submarine con graciosas imágenes de los cuatro. It’s all too much es el himno del verano del amor de Harrison, canción que engancha por su ritmo celebrativo y los instrumentos de viento anunciando una fiesta de transformación lisérgica, mientras You Know my name (look up the number) es un brillante juego lennoniano sacado de un listín telefónico. La composición evolucionó hasta una textura entre el humor Goon y el music hall, contando con la participación de Brian Jones en el saxo. Todas estas invenciones, incluidas en posteriores trabajos, recibieron su colofón el veinticinco de junio en Our World, evento mundial que congregó a más de cuatrocientos millones de espectadores delante del televisor para ver cómo The Beatles tejían una melodía del amor con All you need is love. La policromía, múltiples caras conocidas y un tema pegajoso, con autocrítica incluida, dotaron a ese instante de una magia especial. Love is all you need. Era un verdadero clímax, antesala inocente de unos veinteañeros que no tocarían en el mítico festival de Monterrey aun mandando su apoyo, antesala cargada de ingenuidad que terminaría con brusquedad al pisar Harrison el paraíso hippie de Haight Ashbury en San Francisco y comprobar que las reacciones histéricas en su presencia eran la norma. Nada nuevo bajo el sol por mucho que ellos, amados en todo el orbe, quisieran marcar tendencia y promulgar las virtudes de la comunidad yendo a Grecia hacia finales de julio, gobernada por una dictadura fascista, para calibrar si era viable comprar la Isla de Leslos e instalar cuatro residencias y un estudio de grabación, utopía hippie valorada en noventa mil esterlinas, desechada quizá por lo británico de los ídolos del momento y el alud de compromisos a realizar en Londres, con una agenda que iba desde un encuentro fotográfico con Richard Avedon hasta la colaboración de Paul y John en los coros de We love you de The Rolling Stones. Los príncipes del pop vivían un esplendor sobrenatural al que sólo le faltaba plena aplicación, una purga que remediara sus contradicciones y les confiriera pureza mental. Creyeron hallarla el veinticuatro de agosto en el Hotel Hilton asistiendo a una conferencia del Maharishi Mahesh Yogi, un santón hindú que llevaba más de diez años dando vueltas por el mundo mientras fundaba centenares de establecimientos dedicados a la meditación trascendental. Al día siguiente, tan entusiasmados estaban con la perspectiva de iluminarse, subieron a un tren para concurrir en Bangor, Gales, a un seminario del maestro. El veintisiete de agosto una llamada telefónica truncó el sueño: Brian Epstein había muerto de una sobredosis accidental en su apartamento del lujoso barrio de Belgravia.

Para leer más

miércoles, 4 de agosto de 2010

El arte de volar en Panfleto Calidoscopio




El arte de Volar: las cortadas de infelicidad española Por Jordi Corominas i Julián


Siempre es una buena noticia percibir que un formato popular como el cómic traspasa sus supuestos límites temáticos y se adentra en universos cotidianos de suma importancia histórica. Una mañana de sábado abrí el periódico y la sección de cultura me deparó una agradable sorpresa en forma de viñeta. El trazo era conocido e identifiqué con velocidad la impronta de Kim, a quien antes sólo conocía por su impecable y corrosiva labor en Martínez el Facha de la revista El jueves, que sale los miércoles.
Decidí investigar un poco más. Las crónicas hablaban de una novela ilustrada, un cómic de altura con guión de Antonio Altarriba, catedrático de literatura francesa, autor de álbumes de historieta y experto en aspectos visuales de la escritura, lo que inevitablemente se relaciona con su interés por las posibilidades narrativas de la imagen. Altarriba vivió muy de cerca toda la agonía de su padre Antonio, padeciendo sus últimos dieciséis años en un geriátrico donde el recuerdo se mezclaba con la amargura del pasado, cargado de frustraciones finiquitadas con su suicidio, acaecido el 4 de mayo de 2001 en Lardero. Y en la muerte tiene su pistoletazo de salida la trama, factible por el descubrimiento de unas cuartillas en las que el padre del guionista escribió sus memorias, columna vertebral que hilvana este relato de uno entre tantos en la desdichada España del siglo XX, uno entre tantos que con sus efemérides sirve a la perfección como metáfora del gris laberinto de nuestro país en la pasada centuria.

La travesía del desierto y los muros irrompibles: cuatro temibles plantas



La estructura del relato parte del mismo último respiro. Antonio se tira de la cuarta planta y aprende a volar. Hay un fundido en negro y descendemos hasta la génesis, en 1910. Nos situamos en Peñaflor, un pueblo cercano a Zaragoza. El niño que nace lo padece desde la cuna la tortura del campo aragonés, parecido al de todo el Estado, precario, exigente y con una impasible explotación del cuerpo para la ganancia, absoluta inclemencia que ignora al ser humano y lo convierte en un esclavo anclado, condenado por su propia sangre. Cabe remarcar que el vínculo familiar es el leitmotiv que impulsa la voz narrativa, implicada desde el instante cero, fundida en padre y abuelo para volver al progenitor, único capaz de explicar sus anécdotas en el valle de lágrimas. La tercera persona hubiese hecho perder dinamismo al sucederse de las viñetas, capaces de decir mucho con poco mediante la ilustración, como cuando vemos las parcelas agrícolas separadas por muro, cruel símbolo de un horizonte vislumbrable desde un árbol donde Antonio cría junto a su amigo Basilio las esperanzas del mañana, que contrastan sobremanera con la lentitud de la cosecha y las horas del villorrio. Los chicos sienten verdadera pasión por los coches, válvula de escape que indica huida, lo que se producirá tras una desgracia y el definitivo salto al vacío que lleva a la ciudad, Zaragoza, bullicio moderno, ajetreo constante y choque duro con la cotidianidad. Lo urbano no garantiza el sustento, aunque siempre quedan buenas personas dispuestas a debatir, enseñar y lanzar ideales para crear un mundo mejor. Estamos en la República, y la lírica del relato se acentúa entre libertad, la magnifica tertulia de la pensión, sitio de desheredados, la coincidencia de sacarse el carnet el 14 de abril y el funesto puñetazo del 18 de julio de 1936, Guerra Civil y una nueva senda del perdedor, porque eso es Antonio, un hombre recio que por juventud y afán de justicia elige la dirección opuesta al rumbo de la historia mientras se encuentra con seres en una situación similar, aparcados e impotentes, juguetes del destino.



La fuga es movimiento y advierte malestar. El protagonista de la historieta siempre se va, casi nunca aterriza para quedarse. Una de sus salvaciones residirá en alianzas con grupos emblemáticos, amigos y familia, compañeros y el hijo. Con los primeros tejerá un pacto de plomo, bélico, político y de lealtad extrema que acabará rompiéndose por la debilidad y el oportunismo hasta culminar en el calvario de retornar a la España franquista y quemar las zapatillas de Durruti, porque la niebla, que todo lo envuelve, añadirá más infortunio al infortunio de pisar la piel de toro y notar que la materia ha mutado y la tristeza se respira en cada poro del tejido, con unas mujeres beatas, antiguos adalides conformándose con las proclamas del régimen y un panorama negro, desolador, una tumba que retorna tras cada amanecer, sepulcro que hace contemplar las décadas de penurias en Francia como una etapa orgásmica entre granjas, exaltación antifascista, bellas campesinas y el salir del paso con apuros satisfactorios, arruinados por la codicia y el cinismo de los más queridos. El segundo acuerdo será con su hijo, sangre común a conservar y querer por encima de todas las cosas.




Pedagogía de la derrota:nuevos instrumentos para el recuerdo


Antonio se irá pudriendo paulatinamente, atrapado por el águila, la piedra monumental y la cruz, que desde el sexo afecta a su matrimonio de falsas ilusiones truncadas. Radio y misa, abstinencia y rezo. El pozo siempre se hace más profundo y las luces se apagan. El estatismo es la debacle, pesadilla de una tortuga a merced del reloj y la guadaña. Nadie dijo que la normalidad fuera un alegre paraíso, y menos en la España del novecientos. El padre de Altarriba resume en sus desventuras al colectivo que travesó esas décadas topando siempre con trampas que fracturaban los anhelos. La opresión fue la divisa, el desgaste por desear una igualdad que se transformó tras una leve chispa en una vergüenza dividida en dos partes, vencedores y vencidos, estos últimos aun más alicaídos por la metamorfosis, de la sonrisa y el puño cerrado al pudor y el brazo en alto, bien extendido, cara al sol. Siempre es necesario explicar el tiempo pasado, sobre todo en naciones donde el silencio prosperó como solución para reconciliar espíritus y depositar una lápida en la memoria. Se ha comentado en más de una ocasión que hablamos demasiado de la Guerra Civil, como si hacerlo fuera un pecado que destruyera la tan cacareada concordia. Tras seis lustros de democracia las generaciones emergentes deben identificar lo ocurrido, la inmensa catástrofe que no se origina sólo entre bombas y falanges, la fecha fundacional es anterior y engendra la contienda entre oprimidos y dominadores. Uno de los grandes méritos es transmitir ese pedazo de Historia a través de Antonio porque su vida, como sucede con la del narrador, se fusiona con la de todo un pueblo, lo que hace más entendible su periplo y provoca empatía en el lector, que por otra parte bebe de Clío con fuentes insólitas, virtuosas al abarcar cada tramo cronológico con ecuanimidad, algo que supongo producto de la misma vida de Antonio, si bien que también incide en una búsqueda matemática de las partes. Uno de los grandes problemas del cine español, el otro gran vehículo de comunicación amable para difundir rudimentos sobre nuestra Historia reciente, es que apunta demasiado a un mismo punto, como si los tres años preludio de la Segunda Guerra Mundial sirvieran como síntesis o catapulta de conciencia. Craso error. La pocilga del cautivo y desarmado tuvo su máxima expresión de 1939 a 1975, con esa autarquía represiva que encaneció el ánimo hasta henchirlo de mierda con la patética postal del Spain is different cuando llegaron los tecnócratas. Apreciar los matices del franquismo, palpar su negatividad en un cómic es un estímulo maravilloso porque permite enlazar el tema y alargarlo con un viento que puede impactar en el rostro de muchas mentes diferentes, desde el lector de viñetas de siempre hasta el chico que pasaba por ahí y se encapricha de los dibujos de Kim y por pura casualidad rellena su cerebro de cosas útiles. Si hablo más de tratar el franquismo es desde mi creencia que esa es una laguna mayor de la cultura española, pues es como si existiera un charco inmenso entre la República y nuestro tiempo, y casualmente la negra noche de la dictadura, sus contenidos, son más que emblemáticos para tratar de asimilar nuestras carencias actuales de españolitos medios, propietarios, endeudados y poseídos por una pereza más que alarmante, lujos de comodidad entre escombros pendientes de reconstrucción desde hace demasiado, quizá desde que las porras y los púlpitos sentaron cátedra en el arte de callar al personal. ¿Que inventen ellos? ¡No! Kim y Altarriba han soltado amarras y marcan un camino, el de la cultura popular que hable con sinceridad de lo pretérito y acerque a nuestros antepasados al presente, que así podrá edificarse con buenas bases de navegación aérea, no volando para suicidarse, sino agitando las alas para elevarnos y apreciar el suelo como una rémora del sempiterno calvario hispánico.

lunes, 2 de agosto de 2010

El hilo de Ariadna y los martes al mediodía en Revista de Letras



El hilo de Ariadna y los martes al mediodía por Jordi Corominas i Julián

Estoy en el patio del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona. Muchas de sus trabajadoras aprovechan la pausa de mediodía, si es que eso verdaderamente existe, y circulan en fila india por el patio. Sólo les falta bailar la conga del Jaruco, ese que nunca supe quien era. Están animadas y ríen. Una de ellas es guapa y lo sabe. Enciende su cigarrillo, grita de felicidad y resuelve el enigma del laberinto, una serie de placas que proyectan sombras en el suelo y permiten la diversión de visitantes, empleados y hasta, si me apuran, del dichoso Pulpo Paul, estresado tras tanta predicción. Apuro la última calada, entro en el recinto y subo al ascensor. Mi destino es visitar la exposición Por Laberintos, y llego tarde porque las ruedas de prensa son una ruidosa antesala para quien gusta de contemplar las obras en el silencio reflexivo de la soledad observadora. Los comisarios hablan y hablan, y su discurso no disgusta del todo, dan pistas y comentan la importancia simbólica de elementos cotidianos. Hace años este mismo centro organizó una muestra dedicada a la escalera, donde se advertía de su inminente peligro de extinción porque sin ella todo lo que sube seguirá bajando aunque con menos cansancio y más bienestar para las rodillas. Los periodistas no preguntan, están narcotizados por el calor y han enmudecido. La impaciencia no es la madre de la ciencia. Quieren acceder a la exhibición temporal. Nos han prometido que nos perderemos, que nos sentiremos acechados por un inexistente Minotauro en nuestro afán por saber de ese capricho humano para con la forma, recorridos nada tortuosos que suelen construirse por divertimento y una búsqueda filosófica que se resume en sus diseños. Viendo la exposición descubro que hay dos clases de laberintos: unicursales y multicursales. El primer tipo dominó la escena hasta el Renacimiento por, y es una teoría discutible, la certeza humana del monoteísmo de alcanzar un centro, respirar aliviado y buscar la salida, como si en esas dos latitudes se resumiera parte de la inquietud de los hombres durante milenios, como si la síntesis de nuestra especie fuera coronar la subida y emprender el descenso una vez hemos dado con la tecla de lo arcano. Ese centro único en mi opinión viene determinado por una mezcla entre miedo ancestral, Teseo y la bestia encerrada en Cnossos, y la comprensión que al orden absoluto se llega mediante intrincados pasajes que dificultan la tarea de dar con la línea recta, idea que refuerza la explicación religiosa desde una espantosa y autoritaria simplicidad, pues atribuye a nuestro espíritu pobreza e ignorancia, proverbial incapacidad para tomar las riendas y creer en una pluralidad que sí se produce en el segundo formato de estos endiablados artefactos. Los laberintos multicursales proponen varias alternativas, si bien ello no impide que todas las rutas terminen en un punto muerto. ¿Todas? No, siempre hay una posibilidad de escapar a la tela de araña y sonreír al superar los obstáculos. Esta propuesta consiguió fortuna a partir de 1420, cuando la confianza en nuestras capacidades se amplió y empezamos a contemplar que el infinito era poco por la abundancia de opciones, crisol que amplió el campo científico y propulsó una firme creencia en el hombre como ser válido para resolver las cuestiones que nos atenazan tras deambular, curiosear y conocer paseando por un abanico de parajes que enriquecen la solución.

Una ausencia remarcable: la ciudad como supremo laberinto

Circulo por Grecia. Me enseñan monedas, teatros, cerámicas y vasos con elementos taurinos. Red Bull te da alas. De vez en cuando topo con la típica modernez sin la que una exposición así no podría ser presentada. Las obras de artistas contemporáneos complementan toda la investigación abocada hacia lo clásico. Quedo deslumbrado con la sala de espejos y en el cerebro aparece La dama de Shangai y un encargo en un centro de informático donde había mucho cristal antes de la puerta de ingreso. Juego, no me disparan y me aburro a la espera de penetrar en la última sala, una instalación donde se reproducen algunos fragmentos de memorables películas que han usado el laberinto como base resolutoria. Las imágenes tardan en cargarse y salgo hacia la calle con la cabeza repleta de dudas. Me ha gustado lo que he visto, pero noto un tremendo error que la noche me recuerda cuando me siento al lado del Señor Rovira i Trias en la plaza que lleva su nombre y contemplo su propuesta de Ensanche para Barcelona. Este arquitecto decimonónico eligió una trama radial de clara influencia parisina. Por aquel entonces este tipo de estructura esclarecía la maleza urbana y permitía con sus largas avenidas solventar con rapidez hipotéticos alzamientos populares. Allons enfants de la patrie. Sin embargo, lo que destaca del trazado es el casco antiguo, laberíntico, enmarañado y caótico, batiburrillo de calles que desde su desorden van hilando una lógica sólo aprehendida por quien pone sus pies en la tierra y camina para entender como acortar distancias y hacer de ese despropósito una armonía transitable en un periquete si se tiene tino e inteligencia para esquivar la trampa de esta incongruencia con cuerpo propio forjado por los siglos y las necesidades de cada época.



Al final ya saben cómo terminó la historia. Madrid dijo a la princesa catalana que el Pla Cerdà era mejor y en 1855 los barceloneses se extasiaron por el derribo de la muralla y la epifanía de la racionalidad futurista con anchas avenidas diseñadas para no perderse y moverse sin el atropello de la incertidumbre. Aún así, pese al deseo de conferir placidez al desenfreno, todo municipio sigue siendo un laberinto. Lo compruebo al pensar en Gracia, que antes de ser anexionada por la capital catalana fue la octava ciudad de España y tiene una estructura cerrada donde cualquier forastero pasará las de Caín para orientarse por culpa de cambios constantes en el nomenclátor, callejones sin salida, diabólicas transformaciones del mapa y una cuadrícula enclaustrada en cada uno de los puntos cardinales, quizá por eso los que frecuentamos ese magnífico lugar hablamos de Barcelona como Can Fanga, porque bajar al centro es un sacrificio tras ser hipnotizados por ese baluarte sin muros palpables donde uno es prisionero del sentido y los sentimientos que cada rincón contagia, malvado néctar que bebemos con la conciencia de hallar un espacio donde las salidas no son importantes porque privilegiamos su interior. Asimismo influye otro factor fundamental que los organizadores de la muestra del CCCB han desdeñado. Hace un par de años escribí unos versos premonitorios. El cigarrillo de entrada a la ciudad es mero miedo al laberinto. La urbe es el máximo exponente de confusión en su trazado al enmarcarse en una posición fija que se metamorfosea constantemente desde un doble ámbito físico y humano. De lo primero podrían informarnos los residentes en las megalópolis que van dominando el panorama desde mediados de los años setenta del novecientos, extensiones de terreno donde el horizonte es quimera y la contaminación oculta los colores, nosotros, que desfilan en sus quehaceres cotidianos, pagando una factura, quedando con amigos o acudiendo a un centro de estética porque toca gastar el sueldo en bobadas. Los habitantes de las ciudades son la llave que acciona el monstruo del embrollo lo convierten en algo fascinante. Fuentes, casas, pasos de cebra, peleas, la música del segundo piso, amores, piruletas, jardineros, prostitutas, hijos de puta, usureros, propaganda comercial, camiones de la basura, policías colocados, una mirada, jóvenes de cháchara, viejas cosiendo, niños con pelotas. Keep your eyes on the road. La angustia de Teseo se cubría del vacío de la espera, del congelamiento del respiro a la espera del encuentro con el Minotauro, algo que para nosotros puede llenarse en cada esquina con una oportunidad para sorprendernos. Let it roll all night long. Quizá por eso siempre que el reloj me lo concede camino para ir de Pinto a Valdemoro y así desafiar la aplicación de la relativa monotonía del transporte público y deslumbrarme mientras paseo y la vida me regala con sus dones la descomposición de lo que debería estar escrito y me resisto a aceptar, como cuando entro en un badulaque y me topo con un amigo y terminamos bebiendo cervezas y comiendo cerezas hasta las tantas, o cuando emprendo la ruta hacia una cita y una discusión entre dos señoras aplaza la puntualidad por amor a lo casual. Matar las fichas del aburrimiento es sencillo y no tiene nada que ver con la imaginación. Basta con aficionarse a la realidad y besarla cada día.

Posdata: Mi mente se empecina en añadir a la mujer como laberinto y paragonarlo a la urbe, sí, pero ese ya es otro relato y estamos en verano, así que salid a la calle, tomadla como un mapa desorientado y disfrutaréis.

domingo, 1 de agosto de 2010

Cómo comprar Paseos Simultáneos en la red


Son muchas personas las que me preguntan cómo comprar Paseos Simultáneos en la red. La distribución es estupenda y se puede encontrar en cualquier Casa del Libro, pero la opción más rápida siempre es ir a la página web de la librería y encargarlo. El link es el siguiente

http://www.casadellibro.com/libro-paseos-simultaneos/1703886/2900001382327

sábado, 31 de julio de 2010

La ceba, la merenga i la necessitat de canvi en la revista Bagant


La ceba, la merenga i la necessitat de canvi per Jordi Corominas i Julián

Aquests darrers dies he anat a recitar amb uns amics a Madrid. Ens fem dir Delaonion, i el nom no té intenció bromista, és ben seriós, i significa entendre des de la nostra edat que hi ha una nova Catalunya que pot ser de la ceba, però des d’una realitat multicultural, on vàries llengües poden ser vehicle d’expressió dels ciutadans que habiten la nostra terra. El mateix ha de passar amb l’eterna concepció que tenim de Madrid, ciutat encantadora que no cal confondre amb el seu equip de futbol. La meva visita ha sigut la confirmació de la confirmació d’una estima recíproca basada en la possibilitat de fer coses plegats, sent ciutadans amb iniciativa i voluntad d’entesa, no com els desacreditats polítics que ens governen, persones que des d’un cinisme més que evidente manifesten a cada pas que donen no haver aprés res dels grans homes, empetitint-se mentre fan el ridícul i demostrant que convindria abandonar el conformisme i fer que la veu del poble cridés ben fort la necessitat de canvi. Aquesta es pot enfocar de moltes maneres, i una d’elles és abandonant tòpics, sempre fomentats pels mitjans de comunicació, per a centrar-se en un apropament positiu. La història de dos ciutats de Dickens ha de quedar resolta en el cas español mitjançant tonteries de pa i circ, rivalitats esportives de diumenge per la tarda, bar i patates braves.
Les dues mentalitas del Barça i del Madrid no representen exactament la mentalitat de les dues capitals. Els blaugrana també hem viscut etapes dures de despropòsits, no molt llunyanes, on algunes frases presidencials eren més que patètiques. En Guardiola, que no pas en Laporta, ha tornat uns valors al club, valors que por sort els onze jugadors han ampliat amb el seu joc artístic i contundente. La manca d’idees del Madrid es deixa veure a través del talonari, més pràctic que el pensament, vàlid per a amagar defectes que igualment salten a la llum pública per arrogància, prepotència i unes maneres xulesques que encaixen amb la dels polítics. A l’aeroport de Madrid es venen més samarretes del Barça, i m’agradaria analizar el fet com un èxit del sentit comú i l’amor que la gent sent per la feina ben feta, de la que tots hauriem de prendre exemple per a crèixer, entenent que més que les banderes els punts de vincle entre els èssers humans són les virtuts que s’apliquen i corren pletòriques de millora.

Foto: JCJ, Roma, Julio 2006

viernes, 30 de julio de 2010

Poema "La ceremonia"


La ceremonia por Jordi Corominas i Julián


Las adolescentes se ciñen el bañador, marcan labios
y me preguntan si tengo un objeto en el bolsillo,
termino mis cincuenta largos en la piscina
con la espalda magullada antes de transitar
al matrimonio de conveniencia de unos amigos.

Siempre fui malo con los regalos, psique de cuatro duros,
paso por una ventana del extrarradio y robo un pato de barro
para ahorrarme las escaleras mecánicas, clímax
del menaje en El Corte Inglés.

La novia viste de naranja, su moda clama optimismo,
todos los invitados vomitan en la mesa sin sabiduría romana
y
el esposo sabe de caballos por el dentista,
recaudador nasal en las rebajas de agosto.

A media tarde alzamos las copas, voy al lavabo
y levanto el vestido de la ignara madrina, sus manos
apoyadas en el mármol del inodoro, escancio
el sexo cadenciando sus caderas hasta un orgasmo
que agita el onanismo inalámbrico de la patética concurrencia.

El inspector fuma en el jardín, prende su puro con un USB,
lanza con desprecio su colilla en la tarta nupcial, notificación
del fracaso urdido por las arcas administrativas, huecas de LSD.

Lo animalesco resurge en la despedida,
motores callados, oda a lo reclinable
y elogio a la lavadora del mañana,
regocijo de las neuronas, capaces
de transformar el crepúsculo en alba
para completar la perfección de la huida.


Foto: JCJ, Roma julio 2006