viernes, 30 de septiembre de 2016

La absurda polémica del monumento a Colón en El Diario



Ayer jueves escribí en El Diario sobre la absurda polémica que la CUP ha montado con su propuesta de retirar el monumento barcelonés a Cristobal Colón. Si quieres puedes leerlo


aquí en catalán

aquí en castellano

martes, 27 de septiembre de 2016

Federico García Lorca en Todos somos sospechosos (I)



Esta madrugada en las noches en la tierra de Todos somos sospechosos inauguramos un especial dedicado a Federico García Lorca. En la primera parte del mismo Laura González y servidor recorremos la etapa inicial de su vida, de la infancia hasta los momentos previos a cruzar el charco. Si quieres puedes escucharlo clickando aquí

domingo, 25 de septiembre de 2016

Podcast de escritores supuestamente desagradables en el Laberint de Wonderland




Y decimos supuestamente desagradables porque todo el mundo puede serlo en algún momento. Hemos hablado de Arthur Koestler, Jacinto Benavente, Marcel Proust y James Joyce a partir de anécdotas y rumores. Si quieres puedes escuchar la sección a partir del minuto 35 del enlace clickando aquí

jueves, 22 de septiembre de 2016

El día del pregón


El día del pregón, por Jordi Corominas i Julián
Hay una serie de detalles minúsculos, en cierto sentido invisibles y por eso más notorios, que conviene remarcar. No había banderas entre el público presente en la plaça de Sant Jaume, como si supieran que el magnífico pregonero de las fiestas que ha sido Javier Pérez Andújar no mencionaría la palabra Catalunya a lo largo de su parlamento.

No había necesidad alguna porque su discurso estaba destinado a Barcelona. Meter cualquier otro elemento en medio carecía de sentido. No seré yo quien repita lo que muchos a lo largo de estas horas han dicho hasta la extenuación. Basta con leer el canto de amor a la ciudad medio oculta para entender el impacto de sus palabras.

En Gràcia tenemos muchas plazas. Una de ellas es la del Gato Pérez. Está justo debajo de la del Raspall, epicentro de la comunidad gitana de la antigua vila. De no ser por la placa del callejero nadie sospecharía que ese pequeño rincón es un homenaje al gran rumbero, sólo unas filigranas algo guitarreras del suelo parecen indicar guiños. Lo demás es imaginación y fantasía, por eso es tan importante que luchemos por hablar siempre de todas las Barcelonas entre ríos, Rius y los infinitos legados de una capital que en la actualidad atesora los ingredientes para recuperar una identidad colectiva que integre y nunca margine.

Quizá también por eso me ha emocionado escuchar tantas veces el nombre de mi barrio de origen, el Guinardó. Es una suerte haber nacido allí. El único ruido molesto es el del camión de la basura. Mi casa de infancia tiene dos metros a menos de cinco minutos, pero ni con esas nadie se atreve a visitarlo porque la pereza supera cualquier curiosidad. Está muy lejos, no, no he ido nunca, no lo conozco.

El ejemplo del Guinardó es el de tantos barrios y ciudades alejadas del centro. Son nombres en un mapa. No cuentan porque el relato privilegia el entramado burgués y olvida lo demás, cuna de culturas populares, tradiciones e infinitas leyendas que son la sal condal.

En un momento del pregón el autor de Paseos con mi madre dijo un nada casual dejadnos reír en paz. Puede aplicarse a cualquier esfera de la existencia y debe tomarse en consideración en comparación con el bochorno de la alternativa en forma de carnaval grotesco protagonizado por Toni Albà vestido de Borbón, una patética mascarada repleta de críticas poco constructivos, velados insultos y el apoyo de los medios públicos de este país, tan imparciales, permítanme la ironía, que dieron en su canal 24 horas más cobertura a la bufonada que al acto oficial, algo lógico si se considera cómo los informativos de la nostra, que cada vez es más la seva, siempre tienen una bala en su mirilla para criticar cualquier iniciativa de Barcelona en Comú, desde el proyecto de la súper-illa hasta el día sin coches, algo europeo, sostenible y muy necesario si queremos tener una verdadera cultura cívica urbana. Hoy en las noticias titulaban que el pregonero  rehuyó la polémica. A veces se cree el ladrón que todos son de su condición. Uno de los matices de la elegancia estriba en ser señor y comportarse com déu mana según lo que te han encomendado, con sobriedad y savoir faire. El hombre de la camisa roja y pantalón negro, muy CNT, lo ha cumplido a rajatabla en el acto del Ayuntamiento.

Plantear un pregón alternativo no debería ser ninguna afrenta si se planteara en términos correctos. En principio todos apreciamos la diversidad y defendemos la libertad de expresión. El problema es que si se ha montado ese show grotesco es porque los que acaparan el discurso oficialista, que no mayoritario, no aceptan puntos de vista opuestos a su engranaje. Ese ha sido el motivo de la farsa que sin pies ni cabeza ha recurrido al imaginario de 1714 en una fecha con otro significado. Haciéndolo ahondan en una brecha divisoria de una sociedad cansada, tanto que el respeto y los aplausos en Sant Jaume en realidad contienen una partícula muy importante.

Durante todo este largo lustro he escrito sobre el Procés sobiranista en periódicos y en mi página personal. Simplemente soy contrario al mismo porque en estos tiempos hay cosas mucho más importantes que crear fronteras en un mundo que debería hacerlas desaparecer. La crisis económica, social y política supone un cambio de época que ha venido para quedarse, destrozando los sueños de muchas personas mientras nos condena a una ruindad casi esclavista. Pensar en independencias para camuflar mil trapos sucios es un insulto a la comunidad que ha funcionado de maravilla en muchos puntos que van del merchandising a la tapadera para ocultar, con escaso éxito, no ya el mal gobierno, sino la nefasta inoperancia del mismo.

Por decirlo, por hablar siempre a favor de la pluralidad de Catalunya, he recibido todo tipo de improperios. Me han tildado de fascista, han insinuado que iba a presentarme en las listas de Ciutadans y hasta algún que otro energúmeno se ha atrevido a decir que soy menos catalán por defender lo que defiendo. En realidad soy una persona que juzga imprescindible una educación de categoría para que cada habitante del Planeta sea autocrítico, pues es la única manera de mejorar lo presente. Soy de izquierdas y federalista, pero eso no es relevante, como tampoco lo sería si Pérez Andújar compartiera mis postulados. Ante todo somos personas que expresamos con libertad nuestras ideas y soñamos con vivir en paz sin monotemas ni imposiciones.

Respirar cada jornada es un premio maravilloso. Me gusta leer, pasear por Barcelona, reírme con mis amigos, salir de noche y enriquecerme cada día entre descubrimientos propios y ajenos. Una bandera es un trapo con mucho colorido y poca sustancia, sobre todo si se ondea para marcar una línea divisoria que genera acritud, molestias y una cierta enfermedad, porque al fin y al cabo empecinarse en una quimera sin respuestas es un absurdo de primera categoría.

Ada Colau, Javier Pérez Andújar y yo mismo creemos, cada uno a su aire, en algo llamado bien común. Para la alcaldesa significa gobernar para todos los barrios. Para el escritor de Sant Adrià tendrá otro sentido, donde supongo tendrá trascendencia reivindicar, como demuestra su obra, la existencia de aquello que muchos desprecian porque ni siquiera quieren ver, como su discurso de hoy. Si buscan en Twitter encontrarán que muchos independentistas se niegan siquiera a leer su texto porque ya han dictado sentencia, hacen aquello que siempre dice mi amigo José Luis: son máquinas de prejuzgar, juzgar y condenar. Así les va, y así surgen odios, que siempre son cortos de miras y por lo tanto muy peligrosos.


En mi caso creo en el bien común desde muchas perspectivas. Para Barcelona deseo una ciudad más humana que respete mucho más el magnífico crisol que contiene y deje de ser una fachada para preocuparse por el interior del domicilio hasta poder incluir en su cuerpo todas las ciudades que ha sido, es y será. Lo mismo quiero para Catalunya en la utopía de la igualdad de oportunidades, el cosmopolitismo con sentido y el diálogo como única bandera. Esa sí la quiero.


Con el pregón de Javier Pérez Andújar todos hemos crecido un poco. Decía hace escasas semanas que los soberanistas se asustan con los comunes. No es sólo eso. Si se impone la lógica el panorama se despeja y el único Quijote sonriente es el literario. Sabemos demasiado bien que luchar contra molinos es delirante. Conviene palpar la realidad y enderezarla. Ya veremos si lo conseguimos, o si nos dejan. 

La normalidad

La normalidad, por Jordi Corominas i Julián
A estas horas de la tarde las personas vuelven a sus casas tras la múltiple manifestación de la Diada, la quinta masiva en muchos años, lo que demuestra sin lugar a dudas la gran capacidad de movilización de la ANC y Òmnium, siempre respaldada por los medios de comunicación públicos y un monotema que, sin embargo, parece mutar de forma y rebajar hasta cierto punto el grado de sus reivindicaciones.

A diferencia de otros años parece que la tensión haya disminuido. Las redes sociales bullen menos de frases hechas y tener el horizonte despejado de comicios o referéndums cercanos como ocurrió en las dos últimas ediciones ha producido un bajón en el furor colectivo por mucho que por vez primera el President haya asistido, posicionándose en una línea que lo excluye de la totalidad ciudadana, convirtiéndolo en el representante de un solo grupo de los habitantes de Catalunya.

Aún, ya llegarán, no hay cifras. No me parecen importantes. Seguramente se mencione el millón de personas. En 1906 la Festa de l’homenatge de Solidaritat Catalana llenó el passeig de Sant Joan con ciento veinticinco mil personas, una cifra impresionante para la época. No creo que la de hoy sea mucho más superior. Si sumamos las de Berga, Salt, Tarragona y Lleida hablar de centenares de miles será una fórmula correcta que ya no sorprende a nadie.

Y no lo hace porque ya llevamos un lustro de días históricos y la situación, quizá lo más preocupante de todo el asunto, se ha cronificado, como si asumiéramos que el once de septiembre toca organizar una reivindicación festiva que llena de ilusión a muchos y cansancio a otros tantos.

Asimismo hay ciertas novedades. Los gritos siguen siendo los mismos de siempre, pero hasta en los partidos independentistas la idea de una consulta consensuada parece que cuaje a sabiendas de su dificultad dada la actual situación de desgobierno en ambas partes. En Catalunya por la ausencia de leyes útiles que no sean fuegos de artificio en el Parlament a lo largo del último lustro y en España por el vergonzoso bloqueo de los cuatro partidos con representación nacional.

El recurso a un acuerdo entre las partes implicadas cobra fuerza es porque este último año las dos elecciones legislativas han hecho irrumpir con fuerza a un nuevo actor. En Comú Podem ha participado en la celebración general desde la segunda fila, sin hacer ruido porque durante las jornadas anteriores y la misma mañana de este caluroso domingo había propuesto otro tipo de concentración que en esencia recordaba la primera Diada tras la muerte de Franco, la unitaria de Sant Boi de 1976.

El viernes Podem, ERC y la CUP juntaron fuerzas en un acto que abre la posibilidad de un tripartito de izquierdas que para ser efectivo debería activar los mecanismos de pacto, abandonar maximalismos que de nada sirven dada la situación actual y actuar desde el trabajo para la comunidad. Este mitin casi tiene más trascendencia que lo vivido a lo largo de esta última tarde porque insinúa, aunque sea con mucha levedad, un hipotético cambio de vertiente para superar enroques. Mientras tanto en Barcelona y otras localidades se hacían marchas con antorchas, algo que debería eliminarse del simbolismo de estas fechas porque por mucho que nos pierda la estética es de pésimo gusto. Está claro que uno y otro grupo tienen un discurso basado en la Historia que difiere hasta en sus formas retóricas, por eso sería maravilloso que en vez de fuego usáramos razonamientos para encontrar vías válidas que generen un nuevo marco.

La normalidad del once de septiembre en su vertiente siglo XXI debería ser un motivo de preocupación al mostrar una sociedad dividida que asume con cierta resignación el status quo de las cosas. Que ahora los líderes catalanes sean mucho más endebles, quizá hasta llegue el momento en que reconozcamos a Mas una cierta capacidad en creerse y transmitir su rol presidencialista, puede propiciar que la opción del diálogo hacia una modificación del Estado Autonómico sea la más factible, pero claro, al otro lado de la línea no hay un interlocutor y si todo sigue así puede que la herida se quede en el cuerpo sin doler y sigamos tirando con lo que tenemos sin afán por resolver el embrollo, con ineficacia en ambos lados y la lamentable sensación de vivir cada año el día de la marmota del folklore contemporáneo.

Pasó una semana y todo sigue igual pese a una marea de acontecimientos absurdos, como todo el Procés. Tantas noticias demuestran cómo lo de hace un domingo ya es irrelevante y que algunos artículos, y este es un buen ejemplo, servirán más para comprender lo ocurrido en un futuro. De lunes a un nuevo domingo proliferaron los titulares y el más destacado  es también el más estúpido. Algunos fanáticos independentistas, apoyados por la ínclita y omnisciente tieta Pilar Rahola, han montado un pregón alternativo para la Mercè con el objetivo de criticar la decisión de Ada Colau consistente en otorgar a Javier Pérez Andújar la palabra en la inauguración de las fiestas barcelonesas. La contraproposición independentista será una buena oportunidad de ver a personas disfrazadas de época mientras un señor muy contento de conocerse cree hacer reír transformado en Felipe V.

Lo del pregón es otra prueba más de la batalla por la hegemonía cultural, o si quieren la confirmación de lo dicho al principio del artículo: Barcelona en Comú si asusta a los soberanistas y por eso surgen propuestas tan ridículas, vergüenzas de kindergarten.


Como es domingo por la mañana he pensado al devorar los periódicos que Joyce tenía mucha razón con eso de la Historia es una pesadilla de la que me gustaría despertar, pero luego reflexioné y vi como a mi alrededor los escritores, salvo algunos que provocan iras nacionalistas, se mojan muy poco. Los intelectuales callan, los chicos del Procés ríen y así la normalidad cambia su configuración, instalándose en este tedio insoportable de pataletas y utopías al que ya nos hemos acostumbrado.

martes, 20 de septiembre de 2016

William Faulkner en Todos somos sospechosos



Esta madrugada Laura González y servidor dedicamos las noches en la tierra de Todos somos sospechosos a William Faulkner, creador de un universo propio con valor universal a través de sus novelas centradas en el condado imaginario de Yoknapatawpha. Si quieres puedes escuchar la charla clickando aquí

domingo, 18 de septiembre de 2016

Muerte de un hombre feliz, de Giorgio Fontana





Muerte de un hombre feliz, de Giorgio Fontana, por Jordi Corominas i Julián.
Un título que desvela el final de la trama indica que debemos fijarnos en los matices del contenido. Muerte de un hombre feliz (Libros del Asteroide) del italiano Giorgio Fontana es un libro valiente, de madurez excepcional si se atiende que su autor nació en 1981, año en que suceden los acontecimientos que narra, de una dureza centrada en el desencanto por la izquierda tras el 68 italiano y los conflictos de un magistrado católico muy consciente de su labor y el rastro del tiempo reciente, de los acontecimientos, las ideas y las personas.
La cultura transalpina, a diferencia de la española, ha dado siempre muestras de saber afrontar los episodios fundamentales de su Historia sin esperar a la tan cacareada perspectiva. Lo hicieron con la Segunda Guerra Mundial a través del neorrealismo y en los últimos años, y no sólo, se han atrevido sin medias tintas con el plomo de los años setenta, de las Brigadas Rojas al terrorismo de Estado, de los trapicheos de la sempiterna Democracia Cristiana al omnímodo dominio de la Mafia en casi todas las regiones del país.
Películas como La meglio gioventú, Buongiorno, notte o Mio fratello è figlio unico han hablado sin tapujos sobre estas cuestiones. Lo interesante de Muerte de un hombre feliz es que lo haga un chico que no vivió los sucesos de su libro porque implica una voluntad de revisitarlos desde el punto de vista de una generación desdichada, la misma que en todo Occidente parece olvidada por el bloqueo demográfico. Además Fontana lo hace con suma habilidad al plantear su novela desde el rigor documental pese a centrarse más en aspectos morales.
Giacomo Colnaghi es un fiscal marcado por un pasado que no conoció. Su padre fue partisano y lo ejecutaron. Nunca lo conoció y aún así sabe que su figura le ha dado la dimensión de justicia que persigue. Por eso Fontana entrelaza presente y pasado. Las dos historias van entrecruzándose hacia su conclusión compartida, como si el hijo recogiera el testigo del padre a sabiendas de los peligros que implica querer mantenerse en el mundo a través de una ética concreta, la de querer un verdadero equilibrio donde la barbarie no pueda imponerse a determinadas creencias partidarias del bien común.
Por eso Colnaghi tiene una visión católica que duda y progresa a medida que avanza el relato. Fue un chico educado en la fe, gozó de las asociaciones típicas de su época, se aficionó al deporte, hizo amigos, formó una familia y ahora siente la dicha de cumplir con su deber en el instante decisivo. Dirige junto a dos colegas las pesquisas para detener y encarcelar a un grupo disidente de las Brigadas Rojas. Son los primeros años ochenta. Atrás quedaron los tiros en la pierna o los secuestros de políticos. La muerte se ha vuelto rutinaria y la guerra civil de unos pocos debe quedar soterrada para que la Bota respire y las aguas vuelvan a su cauce pese a los traumas que ya no podrán superarse.
Las víctimas y la coincidencia de aunar el plomo con los partisanos podrían concatenar la obra que reseñamos con No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles, de Patricio Pron. La comparación sólo se sostiene en lo cronológico, pues la excepcional obra del argentino afincado en Madrid tiene un poso intelectual que no entra en la intimidad de la historia en minúscula, el hilo íntimo de las vivencias, el reducto mental de cada habitante que sumado con los de los demás construye el inconsciente de las naciones.
Colnaghi, cuyo lema tolera las excepciones y no consiente los errores, vive en un apartamento milanés por su completa entrega para con su misión. Su madre le reprocha la ausencia del hogar conyugal y él, buen hijo asiente porque tiene clara la posibilidad de conjugar todas las parcelas de la existencia. El libro, repleto de magníficos y sutiles entrelineados, brinda párrafos en que se glosa cómo para el protagonismo la sencillez de las pequeñas cosas es la suma que activa un deseo de vivir que, no obstante, entra en conflicto con el mal de la pólvora, de los asesinatos que reivindican causas irresolubles con la fuerza de las armas.
Esta apuesta por el diálogo surca toda la novela y alcanza su cénit en la charla sin taquígrafos que mantiene el fiscal junto a un detenido. Ambos tienen el mismo origen social, han crecido en los mismos ambientes y sin embargo uno desea la clandestinidad de la extrema izquierda y el otro la toga para dictar sentencia. En este duelo verbal se produce el inevitable símil entre partisanos y brigadistas, refutado por Colnaghi desde su pertenencia a los cuadros de una Democracia contradictoria, la misma que tiene dos días nacionales porque celebra el 25 de abril cómo la jornada de la liberación desde el pueblo y el 2 de junio por ser el día donde las instituciones propusieron elegir entre República y Monarquía.

Muerte de un hombre feliz también advierte de la imposibilidad de ser enteramente justos, y al hacerlo destapa las miserias de una etapa negra que no debería volver a repetirse. Si todo es político Fontana clama por una unión de todas las partes de la Italia contemporánea desde la revisión del pasado. Es sanísimo hacerlo y proponerlo desde la literatura un hermoso canto a su utilidad, pues demasiado entretenimiento y distracciones tenemos como para que encima nos prohíban pensar con la cultura. 

Podcast de olvidos literarios en el Laberint de Wonderland



Hoy en el Laberint de Wonderland hemos hablado de olvidos literarios. Empezamos con el fascinante caso de la persona de Porlock, continuamos con la desaparición de Agatha Christie, continuamos con el manuscrito enterrado de Gerhard Heller y terminamos con El idiota de la familia y Jean Paul Sartre. Si quieres puedes escuchar la charla a partir del minuto 35 del programa clickando aquí

sábado, 17 de septiembre de 2016

Las mujeres que enamoraron a Renoir en El Confidencial


Con motivo de la exposición Renoir entre mujeres, inaugurada hoy mismo en la Fundación Mapfre de Barcelona, escribo sobre el artista francés, Picasso y sus concomitancias. Si quieres puedes leerlo aquí

martes, 13 de septiembre de 2016

Luis Buñuel (y II) en Todos somos sospechosos


La pasada madrugada Laura González y servidor dedicamos las noches en la tierra de Todos somos sospechosos a cerrar el díptico especial centrado en Luis Buñuel. Si en la primera parte analizamos su etapa más europea en la segunda cruzamos el charco y hablamos de la madurez del aragonés. Si quieres puedes escucharlo clickando aquí