miércoles, 26 de abril de 2017

Flannery O'Connor en Todos somos sospechosos



La pasada madrugada Laura Gónzalez y servidor dedicamos las noches en la tierra de Todos somos sospechosos a Flannery O'Connor. Si quieres puedes escuchar la conversación clickando aquí

domingo, 23 de abril de 2017

Anécdotas del día del libro en el Laberint de Wonderland



Por una vez, y sin que sirva de precedente, en una fecha tan señalada hemos montado un programa normal con anécdotas del 23 de abril. Entre los protas Eduardo Mendoza, Huertas Clavería, Vila-Matas y Marsé. Puedes escuchar la charla a partir del minuto 33 clickando aquí

viernes, 21 de abril de 2017

Viernes 28, 19 horas, Loopoesía en el Jardín del Olokuti



Tras un leve parón Loopoesía retoma su senda con su tradicional show de primavera en el Jardín del Olokuti de la calle Asturias 38 del barrio de Gracia. Esperamos llenar por muchos motivos,entre otros que la perfo coincide con el día de mi cumpleaños. Os espero.

martes, 18 de abril de 2017

Mercé Rodoreda en Todos somos sospechosos



Esta madrugada Laura González y servidor hemos dedicado las noches en la tierra de Todos somos sospechosos a Mercé Rodoreda, una autora que va mucho más allá de su celebrada Plaça del Diamant. Si quieres puedes escuchar la charla clickando aquí

domingo, 16 de abril de 2017

Sombreros en el Laberint de Wonderland



Hoy en el Laberint de Wonderland hemos hablado de sombreros literarios. Empezamos con el de Mercurio, seguimos con el famoso sombrerero loco, continuamos con el de Sherlock Holmes y terminamos con las sin sombrero. Si quieres puedes escucharlo a partir del minuto 35 clickando aquí

sábado, 15 de abril de 2017

La estatua perdida de Sant Felip Neri


                                                        Foto: José Luis Mula Amigó.


La estatua perdida de sant Felip Neri, por Jordi Corominas i Julián
A veces las noches entresemana producen diálogos apasionantes. Con mi amigo José Luis solemos volver a casa y antes de despedirnos bebemos la última cerveza en la plaça Rovira. Sin la intervención de Marsé nos explicamos aventis, charlamos sobre el mundo y siempre, de modo inevitable, terminar por imaginar una Barcelona que no fue mientras observamos el proyecto ganador del concurso del Eixample de Barcelona, situado a los pies de la estatua del arquitecto, demasiado olvidado en el presente. La trace d’un ville est oeuvre du temps plutôt que d’un architecte.




Y el tiempo altera las ciudades, a veces con detalles imperceptibles. Si realizáramos una encuesta es muy probable que la plaça de sant Felip Neri fuera la ganadora de un certamen para designar el lugar más bonito de la Ciudad. Muchos de sus visitantes ignoran que su aspecto actual es una invención de invenciones dentro la gran fantasía que es el barrio gótico. En una imagen de 1940 se aprecia un hueco enorme producido por las bombas de la Guerra Civil, las mismas que asesinaron a más de treinta niños en enero de 1938. Este espacio vacío se cubrió en 1959 con el edificio del Gremi de Calderers, que de su emplazamiento inicial en el carrer Bòria fue desplazado a la plaça Lesseps, donde era una excentricidad brutal que encontró un acomodo coherente tanto por Historia como por estilo en sant Felip Neri.

Lo mismo ocurrió con el edificio del Gremi de Sabaters, trasladado a la plaza a principios de los cincuenta del siglo pasado, cuando se desmanteló el antiguo barrio de la Catedral. Estos dos palacios dan al lugar su particular estructura cerrada, que alcanza su perfección mediante la fuente octogonal del centro, obra de Joaquim Ros.



Esta fuente, ideal para que los guías cuenten historias y los turistas se saquen selfis, tuvo durante años una estatua del escultor Josep Miret, el autor del Cristo del Tibidado. Fue inaugurada en 1962 y la robaron al año siguiente, lo que el Ayuntamiento solucionó reemplazándola por otra al cabo de pocos meses.

Volvamos a la noche, ahora de muchos años atrás. Estamos en un momento indeterminado de los años setenta. La curiosidad me ha llevado a consultar hemerotecas de ese período. De sant Felip Neri se habla poco, sólo de los resucitados conciertos de cuaresma y de la muerte de unos yonkis. Mi recuerdo adolescente de la plaza es una mezcla de niños y drogadictos. Imaginemos el panorama. Hay silencio. No circula nadie. La última pareja besándose se ha ido a la cama hace bien poco. Irrumpen, todo salvo el hecho es ficción, dos personajes. Van colocados y bromean, pero tienen un plan. De repente deciden llevarse la estatua, encaramándose al pedestal y separándola del mismo con un golpe seco. Como no hay cámaras ni nadie en los alrededores la operación se desarrolla tranquila. A la mañana siguiente un vecino se percata y lo notifica a las autoridades.



Mi búsqueda de información ha sido bastante desastrosa. No encuentro noticias sobre este segundo hurto, y me fastidia muchísimo no poder datarlo con precisión. En varias ocasiones se ha solicitado restituir al pobre niño estudiante con una copia que devuelva la fuente a su estado primigenio, pero ya saben, en Barcelona nadie mira hacia arriba y los distintos consistorios no han dado importancia al tema, entre otras cosas porque, así lo afirmó algún antiguo responsable del departamento artístico municipal, no se dispone de suficiente documentación gráfica para realizar un duplicado con garantías.

Eso es falso. Este artículo nació porque, a lo largo de nuestras charlas nocturnas, José Luis me ha comentado que en los setenta sacó una foto de la estatua. Hace una semana me la regaló y la he escaneado para acompañar al texto y mostrar la existencia de documentación. A partir de buscar por la red he dado con más instantáneas. La de mi amigo, un contrapicado fabuloso quemado por el sol, es la mejor de todas y muestra la espectacularidad del conjunto. Las demás, desde un detalle que acompaña una breve nota de Lluís Permanyer hasta la cubierta de un libro de 1978 sobre el oratorio de sant Felip Neri, permiten reconstruirla a la perfección y al descubrir tantas fotografías me da por pensar más bien en desidia de los Consistorios.




Hacerlo ahora, cuando la plaza ha abandonado su relativo anonimato y empieza a ser conocida por ciudadanos y visitantes, sería un hermoso modo de terminar con este descuido imperdonable. Lamento no poder aportar más datos. En este caso escribir estas palabras es un mero canto barcelonés para recuperar esencias que están a nuestro alcance y mostrar cómo el interés de unos pocos puede dar belleza a muchos. No hay más. Ni menos. 

La fuente de Duchamp: el urinario que cambió la Historia del Arte en El Confidencial


Esta semana se cumple el centenario de La fuente de Marcel Duchamp y hablo del tema desde una amplia perspectiva en El Confidencial. Puedes leerlo aquí

jueves, 13 de abril de 2017

La mentira que siempre dice la verdad en El Mundo



Ayer, buscando una info para un nuevo proyecto, di con este hermoso artículo sobre La mentira que siempre dice la verdad, mi traducción de las poesías de Jean Cocteau. Puedes leerlo aquí

miércoles, 12 de abril de 2017

martes, 11 de abril de 2017

Han matado a Terry, han roto el paisaje


Han matado a Terry, han roto el paisaje, por Jordi Corominas i Julián.
L’ofici que més m’agrada, que diría Joan Salvat-Papasseït, es caminar por Barcelona. Es agradable porque de noche los transeúntes, salvo los escasos curiosos, van a la suya y la ciudad se vuelve una inmensa cuadrícula vacía. Una de mis rutas favoritas consiste en salir de las estribaciones de plaça de Espanya y caminar hasta Horta perdiéndome entre el Laberinto de calles.

Hace poco lo hice y, para preparar un artículo, quise ir al carrer de Sant Elies para dar con la casa donde vivió durante una buena temporada Carlos Barral, uno de los grandes olvidados de nuestra cultura. Dejé atrás plaça Molina, ascendí unos metros y ahí estaba, yerma y desolada, sólo enfocada por esas luces nocturnas más estridentes si las avenidas se estrechan.

Rehíce el camino para adentrarme en Gracia y algo turbó la normalidad. Barcelona, como cualquier otro lugar del mundo, tiene una serie de partículas mínimas que identifican zonas de su planisferio. Para mí el camino hacia plaça Molina desde Balmes se identificaba con la publicidad de Terry en un muro destinado a tener esa función, y así lo atestigua una fotografía de los años cuarenta. En ese espacio no podía ir otra cosa. Me va.


Por eso cuando constaté su desaparición emití un llanto mental compartido por muchos ciudadanos. La excavadora reposaba y una pequeña valla advertía de las obras causantes de la muerte de un símbolo minúsculo, de esos cuando desaparecen renuevan mientras empequeñecen el espacio. Consolidan memorias, nos hacen abuelos de batallitas y muestran el desprecio por ese patrimonio invisible.
En unas clases de Historia siempre les digo a los alumnos que me gusta husmear en las hemerotecas y leer noticias irrelevantes de los periódicos antiguos porque exhiben mejor el espíritu de la época. Si hubiera existido la prensa en la época de la supuesta crucifixión es probable que ni siquiera hubiera figurado en breves de internacional.



Lo mismo acaece con las minucias significantes de las urbes. Otra que me encanta, indultada en su momento, es el búho de rótulos Roura de passeig Sant Joan con Diagonal. Forma una curiosa trilogía con la Sagrada Familia, al fondo de la imagen, y el monument a Verdaguer. No es bonito, ni falta que hace, pero supone un baluarte de su territorio, una visión indispensable y lo mismo ocurre con otros elementos sin excesivo valor estético aunque fundamentales para el imaginario del paseante. Mientras lo escribo pienso en la casa de Mario Catalán Nebot en el número 112 de Sant Antoni Maria Claret, santo y seña de feísmo con teselas de suelo de piscina. Sin su presencia la calle sería otra bien distinta.

La ignorancia por el paisaje urbano es una vergüenza intolerable. Otras pruebas se han dado a lo largo de las últimas décadas. Acuden a mi memoria el mamotreto de la Diputació de Barcelona, sombra amenazante de la casa Serra de Puig i Cadafalch o las oficinas de las nuevas Arenas de Barcelona que tapan la maravillosa casa de la papallona del carrer Llançà, y ya puestos a no olvidar otra ruptura de la perspectiva es la del edificio del Gas Natural, culminación de la serie estatuaria que antes de su presencia era perfecta en los tres tramos de passeig de Sant Joan.
El lamento no conduce a nada, pero remarcar las ausencias conlleva, de forma inevitable, una reflexión. Quien siga mis artículos habrá entendido que, en líneas generales, estoy bastante de acuerdo con la gestión del actual ayuntamiento de Barcelona, entre otras cosas por su apuesta en pos de gobernar para todos e intentar poner freno al parque temático. Sin embargo la diferencia entre BCN y Barcelona se cifra también en esa nimiedad llamada memoria sentimental. Tiene tanto sentido salvar un edificio modernista como rescatar de la ruina un cartel de una publicidad franquista que para muchos importa y constituye una referencia que, asimismo, se ha transformado en esencia. Los vacíos se llenan para que nada sea lo mismo.