domingo, 27 de julio de 2014

Ensayos, de Italo Svevo


Ensayos, de Italo Svevo, por Jordi Corominas i Julián
Italo Svevo, Ensayos, Páginas de Espuma, Madrid, 2014
Traducción y edición de Cuqui Weller
Durante mucho tiempo España se comportó con Italo Svevo como la vida le había tratado literariamente. Era extraño encontrar obras suyas traducidas al castellano, pero desde hace unos años algunas editoriales, entre las que sobresale Gadir, resolvieron tan injusto destino para nuestro catálogo bibliográfico.

En el resto de Europa el nombre del triestino sonó con fuerza desde los años veinte, cuando Joyce y Larbaud ayudaron a cimentar una más que merecida fama que brotó al final de su vida con la difusión de su última novela, La coscienza di Zeno, obra personalísima con tintes freudianos donde la leyenda del último cigarrillo no debe oscurecer otras virtudes que ya sobresalían en Una vita y Senilità, novelas de juventud ignoradas en su tiempo y recuperadas cuando el reconocimiento y una muerte prematura dieron al comerciante de la empresa Veneziani un aura más que especial.

Uno de los puntos fuertes de su singladura literaria, poco valorado en nuestras fronteras, es su agilidad para con los relatos. Siempre recordaré la tensión de la nouvelle L’assasino di Via Belpoggio, donde el autor de la ciudad encrucijada transmitía una habilidad con la prosa al alcance de muy pocos. Sin embargo, ese texto, como tantos otros, sólo reflejaba una mente inquieta que a partir de un dilentantismo involuntario había conseguido una vasta cultura forjada entre lecturas y viajes. Ello puede comprobarse a lo grande en la cuidada edición que Cuqui Weller ha preparado para Páginas de Espuma, completando así el círculo sveviano en nuestro país.

El volumen glosa toda una existencia y la simboliza por los dimes y diretes de los escritos. Siempre me sorprendió, aunque es algo normal por el contexto histórico, que Ettore Schmitz optara por varios seudónimos, pero choca todavía más comprobar las enormes dificultades que tuvo para publicar cualquier tipo de propuesta que presentaba. Muchos de los artículos y conferencias del libro no vieron la luz cuando fueron ideados y esperaron con paciencia en el cajón.

No sucede así con los primeros, artículos de juventud que cubren una década de colaboraciones con L’Independente. Estas ágiles reflexiones son propias de un joven inquieto de finales del Novecientos. Francia es la luz que ilumina la imaginación del autor, quien por otra parte nos ofrece un envidiable abanico temático donde surgen con naturalidad todos los mitos de la época, desde el inevitable Napoleón hasta Wagner pasando por figuras más bien olvidadas, pese a su pretérita importancia, como los hermanos Goncourt o Giovanni Verga.



Svevo enarbola la bandera de una crítica que deja fluir su contenido como un torrente sin descuidar la estructura de la misma. Asimismo no es en absoluto complaciente con las materias tratadas, y esa ausencia de buenismo, de la que deberían tomar nota muchos hoy en día, denota sinceridad y ambición, también visible en la amplitud de miras de sus comentarios, capaces tanto de abarcar síntesis filosóficas a partir de acontecimientos cotidianos como la inauguración de la estatua de Giordano Bruno en Roma como exhibir obsesiones que más tarde aparecerán en su obra narrativa.

En esos artículos juveniles está una base que germinará definitivamente en la madurez, reforzada por las circunstancias vitales del triestino, a quien sería demasiado simple como el amigo y profesor de James Joyce. Su experiencia viajera nos regala unas descripciones londinenses de gran envergadura, aliñadas con el aliciente de la cronología, pues esas visiones de la capital británica cubren el período previo a la Primera Guerra Mundial, cuando Inglaterra aun era la potencia hegemónica, hasta el trance posterior al armisticio. Svevo nos habla de costumbres sin apartar para nada problemáticas sociales como la huelga de mineros.

Otros ensayos abordan un crisol de eventos y polémicas de principios de siglo. El autor se moja con sus ideas relativas a la paz y se divierte en su disección ciudadana a partir de los que suben a un célebre tranvía. Esta diversidad alcanza su apogeo, bien ansiado, con su conferencia dedicada a Joyce, donde el factor analítico se combina con maestría con hechos personales que dan al conjunto una dosis de humanidad donde se mezcla el elogio y el conocimiento de los pasos que llevaron al milagro, inigualable desde mi punto de vista, del Ulises, concebido en Trieste, enclave fundamental para entender una cierta literatura europea del inicio del Novecientos, algo que Ettore Schmitz entendió como demuestra al mencionar la diferencia entre su amigo irlandés y Marcel Proust. Ambos se unen en el imaginario porque el Ulises apareció en 1922, año de la muerte del francés. Ambas hombres crearon novelas que marcan fronteras. El galo clausuró toda una centuria y el autor de Dublineses abrió otra. Svevo lo intuye y lo dice casi en un susurro que avanza hasta cotas más profundas porque su coherencia requiere abandonar la mera anécdota para centrarse en el proceso que conduce a un objetivo, de Música de cámara al genial experimento que transcurre durante ese famoso 16 de junio de 1904.




Debemos aplaudir iniciativas como esta edición, útil más allá de la actualidad. Los libros de largo recorrido muestran criterio y la verdadera salud de un mercado donde sí, se necesita beneficio, pero también una política de calidad que no se limite a intentar vender todo lo antiguo como un clásico. Svevo lo es por derecho propio y esta edición le rinde merecida justicia.