jueves, 16 de enero de 2014

Con mis propias manos, de Maurizio de Giovanni



Con mis propias manos, de Maurizio de Giovanni, por Jordi Corominas i Julián
Maurizio de Giovanni, Con mis propias manos: La Navidad del comisario Ricciardi,  Barcelona, Lumen, 2014
Traducción de Celia Filipetto

En un pasaje de Autopsia, notable novela de Miguel Serrano Larraz, se menciona la flagrante ausencia de los pesebres en el pop español en contraposición con su uso frecuente en el mundo de la canción anglosajona, donde los fonemas de la palabra facilitan su rima con otras.

La imago mundi que representa esta construcción navideña se forjó en Nápoles, donde es una tradición muy arraigada que hace las delicias de niños y adultos. Por ello no es de extrañar que Maurizio de Giovanni sitúe una de sus figuritas como clave resolutiva de uno de los crímenes de su serie dedicada al enigmático Luigi Alfredo Ricciardi, comisario de la ciudad partenopea en tiempos oscuros.

La quinta entrega de sus aventuras se sitúa en vísperas de la navidad de 1931. El asesinato de una pareja en el barrio de Mergellina desata todas las alarmas. El crimen ha sido muy violento y huele a venganza, entre otras cosas porque uno de los finados era centurión de la milicia fascista del puerto, con suficiente poder para extorsionar a pescadores y acaparar enemistades que explicarían las sesenta puñaladas recibidas en su cuerpo.



El escenario del crimen está repleto de sangre que no oculta a un pobre San José en el suelo. El símbolo de la paternidad despreocupada, que sólo lucha por el bienestar de sus hijos, yace a los pies de una mesa, desgajado de su hábitat natural que es el pesebre.

Ricciardi, puente entre vivos y difuntos por un don especial, acaba de sortear los peligros de un adiós prematuro tras un accidente. El milagro de su recuperación y su poco interés por subir escalafones en la jerarquía policial le hacen un ser incómodo pero útil por su capacidad. Nadie más aúna tantas virtudes en pesquisas y resoluciones.

A su lado siempre está Maione, su Sancho Panza partenopeo, con barriga, un amor profundo por su familia y la desdicha de sentir como en esas fechas de paz y amor duele el recuerdo de la pérdida de un hijo asesinado.



¿Quieren más ingredientes? En esta aventura todas las piezas ya son muy reconocibles porque cada historia de la saga ha dado a sus protagonistas rasgos muy reconocibles. El doctor Modo, contrario al régimen mussoliniano, es el ojito derecho del comisario. Le ayuda en sus cavilaciones y no tiene problemas en ser generoso con los más necesitados. Su papel es determinante porque muestra el lado más humano del protagonista, asimismo visible en sus visitas a un cura que sabe de sus quebraderos amorosos entre una rica romana, la viuda Vezzi, y Enrica, su tímida vecina que cierra la ventana desde donde con anterioridad esperaba el discreto saludo del investigador de la sordidez urbana. La madeja no se lía sólo en el trabajo. Los hombres somos un perpetuo bucle de preguntas útiles para avanzar en el camino.

¿Quieren más? Los casos de Ricciardi son un estado mental que fluye por el tejido de una ciudad única e irrepetible. Los paseos y movimientos reflejan el exterior aún insertándose en un orden interior que es el del cerebro de todos y cada uno de los implicados, que no por nada residen en unos espacios determinados que explican, además de su profesión, personalidades y circunstancias. Lo dicho sirve tanto para monjas como para marineros o rufianes caídos en desgracia.

La estela de Ricciardi no deja a nadie indiferente. En Con mis propias manos deberá vérselas con fascistas de primera hora caídos en desgracia, superiores ineptos, religiosas amargadas, pescadores sin recursos y mil fuerzas ocultas que conspiran para impedir facilitar la tarea detectivesca, importante hasta cierto punto en un universo donde las cuestiones privadas tienen una relevancia cómplice con el lector.


Si nos centramos en un análisis basado en el giallo, observaremos cómo de Giovanni sabe aguantar la intriga casi hasta el último aliento mediante una intensidad acrecentada por la brevedad de los capítulos y la sabiduría con que alterna las varias voces narrativas que pueblan sus textos. Por otra parte cabe decir, y me parece de suma importancia, que no estamos ante un narrador que se limite a lo escabroso. Merece un aplauso porque su serie dedicada a la Nápoles fascista transcurre con la lentitud de la época de la que refleja tradiciones e idiosincrasia sin resultar petulante ni forzado. Todo fluye y se enmarca en el contexto, tan fundamental si se habla de un pasado tan negro desde el doble sentido mortuorio y dictatorial de aquella Italia, un pesebre viviente donde las nuevas simbologías añadían más riesgo a la ya de por sí tortuosa existencia.  

miércoles, 15 de enero de 2014

Podcast sobre Venecia en el Laberint de Wonderland



Hoy en el Laberint hemos hablado de Venecia. La ciudad de los canales da mucho juego, y por eso nos hemos centrado en Marco Polo, su puente de los suspiros, la novela de Thomas Mann y el filme viscontiano y, para terminar, el Harry's Bar con sus mil y una leyendas. Puedes escuchar la sección a partir del minuto 23 del enlace clickando aquí

martes, 14 de enero de 2014

Diálogo con Iván de la Nuez en Número Cero



Hace cosa de un mes tuve la suerte de charlar con Iván de la Nuez sobre su último ensayo, El comunista manifiesto, donde aborda desde una perspectiva ciertamente innovadora cómo nos ha afectado la caída del muro de Berlín y la influencia de la hoz y el martillo en pleno siglo XXI. Puedes leer el diálogo en estos dos enlaces:

Primera parte

Segunda parte

sábado, 11 de enero de 2014

1914: El año de la catástrofe, de Max Hastings


1914: El año de la catástrofe, de Max Hastings, por Jordi Corominas i Julián
Max Hastings, 1914: El año de la catástrofe, Barcelona, Crítica, 2013
Traducción de Gonzalo García y Cecilia Belsa

Entramos en un año horrible porque cumplirá esta nueva moda de conmemorar todo lo conmemorable. Sin embargo, hay fechas señaladas en el calendario que merecen ser estudiadas por la relevancia que aún tienen para entender nuestro presente.
Vayamos por catorces. 1714 es una excusa de manipulación política. 1814 se recuerda demasiado poco. Pobre Napoleón. 1914 es la hermana pobre que ahora vuelve a la carga con la efeméride del centenario de la Gran Guerra. De todos modos resulta curioso comprobar cómo a lo largo de las últimas centurias este año de su cronología ha sido fundamental.

Y no es de extrañar. Los principios de siglo suelen ser convulsos, como si su inocencia apuntara a repentinos cambios que la gente que los vive tarda en asimilar. Y de ahí surgen errores garrafales como los que causaron la primera conflagración mundial.

El libro de Max Hastings repasa de manera exhaustiva el año en que empezó el conflicto, y lo hace con una capacidad de análisis que ya conocíamos, pero que en el caso que nos concierne brilla aún más si cabe por la dificultad que implica narrar una contienda de la que existe mucha menos bibliografía que su continuación de 1939-1945. Si hablo desde esta perspectiva lo hago en parte desde mi posición de lector español, donde el tema no ha suscitado nunca gran interés, y por otro lado desde la conciencia de quien sabe que la lucha que dio el verdadero pistoletazo de salida al Novecientos fue el punto y final de una era donde aún se respetaban, aunque hasta cierto punto, determinadas consignas caballerescas que evitaron que el baño de sangre fuese mayor.

Al mismo tiempo, y el historiador británico lo glosa con suma precisión, la tecnología pudo cambiar ese factor. Sin embargo, la segunda revolución industrial aún no estaba en condiciones, al menos durante ese fatídico 1914, de ser totalmente decisiva en la suerte de las armas. A medida que avanzaron las hostilidades la aviación, los gases y otros artilugios incrementaron su efectividad mortuoria.



Retomemos el hilo. El extenso volumen editado por Crítica aborda la cuestión con la habitual solvencia del autor, que desgrana pieza por pieza los antecedentes y la evolución militar de los primeros meses. Las causas son claras pese a estar bañadas por tópicos que se imparten desde primaria hasta la universidad. No hay duda alguna que la muerte de Francisco Fernando en Sarajevo se usó como excusa para decidir las declaraciones que enfrentaron a varios imperios que desde hacía décadas habían tejido una serie de alianzas en vistas a una previsible movilización. El estallido fue una mezcla de incompetencia por parte de los máximos gobernantes e imprudencia de unas élites que aún tenían la mente en el siglo XIX y creían que todo duraría pocos meses. Las tropas volverían a casa por navidad. Quizá Thomas Mann con su "La muerte en Venecia" fue el único que intuyó el desmorone de un mundo que dijo adiós incrédulo e incauto pese a todas las señales que avisaban de la fragilidad de la paz burguesa, con sus buenos modales y criados con pelucas como si el reloj se hubiese parado en un tramo indeterminado de la carretera.

El recuerdo, sobre todo en Alemania, de la guerra franco prusiana de 1870-1871 fue una calamidad y un error garrafal de lectura. El Káiser fue responsable de activar la carnicería por culpa de una ambición desmedida. En vez de aprovechar el aprecio de las demás naciones por el desarrollo cultural, industrial y científico de la suya prefirió entablar un delirio en dos frentes que mostraba su precipitación, pues hubiera ganado mucho más frenando el paso a su colega austrohúngaro, el viejo Emperador Francisco José, quien llevaba en el trono vienés desde 1848, toda una eternidad, y desencadenó el infierno al tomar la determinación de acabar con Serbia.



En el otro bando Francia, Rusia e Inglaterra tenían la ventaja de exigir a sus rivales una lucha en dos zonas que hacía muy complicada una victoria inmediata. Los alemanes apostaron sus cartas a Occidente. Invadieron Bélgica y entraron en el Hexágono. Durante el primer mes de guerra la poca pericia de los comandantes galos y británicos hizo temer que París caería en un santiamén. El gobierno huyo de la ciudad de la luz y el pánico se apoderó. Lo que se temía fuese una repetición de lo acaecido cuarenta y cuatro años atrás se calmó porque algunos generales, como Joffre, evitaron el golpe que ansiaba Moltke mediante la ofensiva del Marne, que estabilizó hasta cierto punto los frentes en la antesala del horror que nadie deseaba: las trincheras y una inmovilidad que duró hasta la primavera de 1918, cuando al fin se rompió el horror de millones de hombres en un espacio reducidísimo, un despropósito que costó millones de vidas que llenaron los campos del norte de Francia, donde los invasores fueron crueles con los civiles en un grado que nunca alcanzaron ni por asomo sus adversarios. 

En el Este, frente al que se dedica menor espacio en la investigación, la escasa disciplina rusa contrastaba con su ingente número de combatientes, que sin ser infinitos siempre podían reemplazar a los muertos en su oposición al rigor teutón. En Tannenberg Hindenburg volvió del retiro y empezó a dorar su mito, al que se unió el de Ludendorf, despreciado por el emperador por sus orígenes sociales. Ambos nombres serían recordados más allá de la paz de Versalles por su implicación en el crecimiento y consolidación nazi. En 1914 fueron leyenda marcial, todo lo contrario que sus compañeros de profesión austrohúngaros, un desastre al mando que cavaron la tumba de la doble corona tanto en Polonia como en Serbia.

Hubo días de agosto donde las bajas ascendieron a decenas de miles. Los hombres que padecían su participación en la escabechina estaban mal preparados, como cualquiera que de repente pasara de una plácida vida civil al martirio de caminar cuarenta quilómetros diarios de retirada u ofensiva. El fuego de artillería mutiló y trasladó lo dantesco a la realidad. Cuerpos sin cabeza, caballos agonizando y partidas de carta al lado de cadáveres devinieron la normalidad en una extensión de terreno, del mar a Suiza, que desprendía el hedor infecto de la guerra.



Entre los protagonistas de ese primer año Hastings remarca la personalidad de testas coronadas, primeros ministros y otros encargados del mando, entre los que no queda muy bien parado Churchill, por aquel entonces primer Lord del Almirantazgo. Pese a su excelente informe de 1911, donde acertó cómo se desarrollarían la fase primeriza de la lid, sus capacidades se revelaron poco aptas para trabajar en equipo y comprender que necesitaba la marina más allá de su ego. Lo demostraría en 1915 con su plan de los Dardanelos, fracaso que igualmente forjó su mito, como bien podría haberlo hecho el excelente traslado de los contingentes británicos de la isla al continente.




El libro no se limita a la explicación de los sinsabores de la soldadesca. Desde su primera página se nos advierte se pretende dar al lector una información asequible al alcance de todo hijo de vecino, y se consigue mediante anécdotas, síntesis y un detallismo que hará las delicias de aquellos avezados a la Historia con mayúsculas. Puede ser una obra demasiado exigente para iniciados, más que nada porque su autor no se limita en ningún momento. Es exhaustivo por vocación y deber, como si contar los hechos del íncubo fuera esencial, una misión. ¿Y bien? Cabe agradecérselo porque con su actitud honra la profesión y también dignifica a los que cayeron hace no tanto, antepasados que esperemos no caigan ninguneados por el cinismo de nuestro afán de tanta vacua guirnalda que amenaza con tapar el horizonte. 

Cómo parecer deportista en "Todos somos sospechosos"

Este pasado miércoles hablamos en Todos somos sospechosos de cómo parecer deportista. Ya saben, gimnasio, piscinas, vestuarios y toda la rutina de los centros deportivos que llenan los españolitos de a pie. Puedes escuchar la charla clickando aquí

viernes, 10 de enero de 2014

Ejemplos de Ultramar: El Centro Balmaceda Arte Joven, en Jarana y Poligamia

Ejemplos de ultramar: El Centro Balmaceda Arte Joven

Este pasado mes de diciembre tuve la suerte de cerrar 2013 en Chile. Pude cruzar el charco gracias a la ayuda de Acción española, asociación que en este tiempo de penurias se moja para que los artistas de nuestro país puedan tender puentes con otras naciones, pues hasta que se demuestre lo contrario la única forma de avanzar en la cultura es viajar y enlazar aquello que nos une mediante la lengua y la creación.
Mis actividades, bien coordinadas por poetas y narradores de la tierra que me acogió, abarcaron, recitales públicos y privados, una performance de Loopoesía en La Furia del Libro y un workshop de mi proyecto en el Centro Balmaceda Arte Joven.
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Balmaceda

Vayamos por partes. ¿Qué es Loopoesía? Una idea que me surgió en 2009 que a partir de un poemario que se renueva anualmente lo presenta con un espectáculo donde mezclo música, audiovisuales y recitación en directo. El último año lo llevé a ocho ciudades españolas y poder presentarlo en Latinoamérica fue una oportunidad espectacular, sobre todo por cómo acaecieron las cosas, con un público positivo que me sorprendió muy gratamente en el taller.
Este no hubiera sido posible sin una idea tan brillante como Balmaceda. Estamos relativamente acostumbrados en Europa a encontrarnos lugares que tuvieron importancia en el pasado que en la actualidad se aprovechan para dinamizar zonas urbanas. Pienso en el Museo de Orsay de París o en el Edificio de la Tate Modern de Londres. En Barcelona se ha impulsado una red de equipamientos que apuestan por talleres y actividades artísticas de un modo que alterna lo popular con lo elitista que llega poco porque los medios no saben transmitir bien la función de los nuevos centros.
Desde una primera vertiente convendría destacar espacios como La Casa Elizalde, La Sedeta, Golferichs o Fort Pienc, donde se proponen una barbaridad de cursos que propician aprendizajes para todas las edades, desde cocina y yoga hasta Historia Contemporánea. Sin embargo, estas clases no aspiran a una promoción de aspectos artísticos de primera magnitud, pues se insertan en una dinámica que recuerda a las universidades populares que quieren democratizar el conocimiento, extendiéndolo a toda la población.
Desde la segunda creo que tenemos una excelente oportunidad con el Fabra i Coats, bello en su fachada e interesante en su interior siempre que, además de exposiciones, nos aventuremos a darle un calado más profundo y que desvanezca esa nebulosa que flota en el aire y que amenaza con transformar Barcelona en un parque temático para los extranjeros y un villorrio de provincias para sus habitantes.
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Fabra i Coats

El edificio que hoy en día alberga Balmaceda Arte Joven pertenecía a Ferrocarriles del Estado, donde se ubicaban sus oficinas administrativas. Justo al lado estaba la estación Mapocho. En 1992, dos años después del adiós a la dictadura de Pinochet, ambas construcciones estaban abandonadas y se decidió emplearlos, a imitación de lo que se hacía en el Viejo Mundo, para actividades artísticas y culturales. La estación Mapocho se destinó para actividades de carácter más masivo, mientras que el antiguo enclave de las oficinas se convirtió en un centro cultural de talleres para la juventud. Rodrigo Hidalgo, coordinador de su área literaria, me comentó que en la financiación de Balmaceda Arte Joven participan tanto la Alcaldía de Santiago como el Ministerio de Cultura. La primera se encarga de cubrir los gastos propios del inmueble- agua, luz, guardias de seguridad, teléfono- mientras que el organismo estatal cubre el presupuesto del equipo de gestión, los materiales para los talleres y los honorarios de los artistas que imparten los workshops.
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Los centros de Artes de Mapocho y Balmaceda

El único problema de este método es que el dinero recibido también varía cuando cambia el gobierno. La aspiración es que algún día se asigne a Balmaceda un presupuesto fijo para no preocuparse por izquierdas y derechas.
¿Y bien? ¿Por qué no podemos hacer algo parecido en nuestra amada Babilonia? Antes de coger el avión rumbo a Chile tenía la intuición que algo vira en la otra latitud, con mucha más energía que nosotros, dedicados a mirarnos el ombligo y protestar desde una nada encomiable pasividad. Más que Santa Mónica y sus desaguisados, más que apuestas de manipulación histórica deberíamos tener entes gubernamentales que meditaran la cultura desde unas coordenadas de futuro. El taller de Loopoesía en Balmaceda fue un éxito porque acudieron alumnos de edades comprendidas entre los 16 y los 50 años. Los más jóvenes eran preguntones, conocían a Joan Brossa y no se encogían de hombros si les mencionabas a Cocteau, Satie y Picasso. Los más sabios lectores dirán que no es extraño, que son nombres imprescindibles. Déjense de eurocentrismos. Me gustaría ver cuánto moderno de Barcelona, carentes de la generosidad de mis anfitriones, sabe de Huidobro, sin el que en Madrid la Vanguardia solo sería un periódico de la Ciudad Condal.
Para propiciar este tipo de centros hay que dar una formación previa que estimule y sugiera educaciones distintas, con una fuerza de la que nosotros carecemos. Para que me entiendan, esto es como el Barça, que no tendría un estilo propio de no trabajarlo desde la cantera. Lo mismo deberíamos emular en lo cultural, con ambición y sentido común.

miércoles, 8 de enero de 2014

Albertine Sarrazin y su Astrágalo en Mujeres Malditas de Rne



Hace pocos días tuve la suerte de ser entrevistado por Valle Alonso en su programa mujeres malditas. El tema fue Albertine Sarrazin, de quien Seix Barral ha vuelto a publicar su novela "El astrágalo". Puedes escuchar la charla clickando aquí

martes, 7 de enero de 2014

El arte de leer, de W.H. Auden



El arte de leer de W. H. Auden, por Jordi Corominas i Julián
W.H. Auden, El Arte de leer, Lumen, Barcelona, 2013
Edición de Andreu Jaume
Traducción de Juan Antonio Montiel
Uno de los aparentes problemas del mundo contemporáneo es la velocidad que ahoga la perspectiva e impide que muchos autores tomen conciencia de su oficio. Para lograrlo no está de más dedicarse a la crítica. La lectura de los demás permite asumir la tradición, enmendar errores y trazar un perfil de coordenadas que va de lo general, mediante el análisis del pasado y el presente, al punto particular que siempre es uno mismo.

Por eso creo que el poeta del siglo XXI debería ser fiel al estímulo de alternar su propia producción con ensayos que le permitan navegar con mayor fiabilidad. Sin el conocimiento de lo pretérito no es posible alcanzar nuevas aguas con solidez. Ir a ciegas a veces puede resultar interesante como experimento, pero ya dice W.H. Auden que cada poema que escribimos es fruto de lecturas, vivencias y un vasto conglomerado de factores, por lo que el resultado será consecuencia del todo, con sus virtudes y sus carencias, siempre más visibles en verso que en prosa.
Los ensayos del autor inglés nacionalizado estadounidense, como si se tratara de un anverso de su admirado y temido T.S. Eliot, deben leerse desde una doble vertiente que viene condicionada por el paso del tiempo. La primera es la esencial y se relaciona con los interés del poeta anglosajón, quien a lo largo de toda su trayectoria supo combinar sin excesivas petulancias su amor por la prosodia y una voluntad de ser entendible desde la conciencia que sus opiniones no contienen ninguna verdad universal.

Dentro de este primer punto cabe destacar, algo bien visible en los ensayos dedicados a leer y al propio arte de la escritura, el dominio de Auden para con el aforismo, utilísimo por su capacidad de síntesis, que en ocasiones parece erigirse como un rasgo diferencial, como un modo de alejar la sombra del monstruo de La tierra baldía, más dado a extensos circunloquios igualmente válidos pese a su poso menos coloquial y mucho más retórico.



Desde esta tesitura reluce la segunda faceta característica de nuestro protagonista, quien habla con una naturalidad que hace fluir el ensayo. Ello se debe en que en ocasiones los textos son conferencias que pronunció para un auditorio, aunque este rasgo estilístico no se debe sólo al público. Lo entendemos en parte a través del último apartado del volumen, fragmentos de conversaciones donde el poeta se suelta desde la sinceridad de la conversación. En esos pedacitos orales captamos lo personal e intransferible de su idiosincrasia, desde la ironía, de la que advierte sobre su abuso, hasta un gusto contrario a lo francés salvo excepciones como Cocteau, valorado por su agudeza sin par, y Valéry, encomiable por una inteligencia que no explota al máximo sus talentos para aquello a lo que se dedica.

Estas consideraciones sirven al bardo para trazar líneas de oposición entre las varias prosodias, que entiende no sólo desde el lenguaje, sino también desde el contexto en que fueron forjadas las obras. La lucidez de estas reflexiones derriba mitos y ahonda en una evolución que ni puede eternizar la figura romántica ni privilegiar, un peligro que hoy en día sigue de plena actualidad, una propensión al ombligo que deje la construcción del verso como una especie de cementerio de seres vivos que se leen entre ellos sin preocuparse en absoluto por la sociedad y su devenir.

Otro valor fundamental de estos ensayos es el espectro temporal que abarcan. Las disquisiciones sobre los griegos, donde alarga lo canónico y con buen criterio no sólo se limita a los clásicos anteriores a la era cristiana. La cuadratura del círculo se completa con su veneración por Kavafis y la heterodoxa forma que este tenía de volcar sus filias y fobias mediante la historia y la evocación de una época que sin ser la suya le daba más que juego para glosar la contemporaneidad con inusitado lirismo.

El trozo más goloso del pastel que es esta edición de Andreu Jaume es la dedicada a los autores de lengua inglesa. Admirables son los ensayos dedicados a los sonetos de Shakespeare, los místicos protestantes y el mártir como héroe dramático, si bien creo que se percibe la vocación y la constancia de Auden en la serie que desmenuza las figuras de D.H. Lawrence, E.A. Poe, Tennyson y Lewis Carroll, donde además de una querencia puede confundir ironía con sarcasmo hallamos una capacidad de hilar fino con los pequeños detalles, visible, por ejemplo, en la explicación sobre las preguntas que Alicia hilvana para desmontar el rígido mundo victoriano y las convenciones entre niños y adultos.


La escuela anglosajona del siglo XX supo mezclar con solvencia, y mucho rigor, crítica y creación. Auden no es Eliot, ni falta que hace. Ambos gigantes, con el primero mirando al segundo con cierto pánico reverencial, son una puerta que nosotros no debemos cerrar para aprender y regar el camino con aguas que a veces creo demasiado olvidadas. La rapidez de nuestra era hace necesarias estas publicaciones que advierten y ubican la musa en territorios que dan a la inspiración una ética del trabajo muy alejada de frivolidades más que prescindibles, lacras a sepultar en la basura con rabiosa inmediatez. 

lunes, 6 de enero de 2014

Miércoles 8, Venecia en el Laberint de Wonderland




Año nuevo, Laberint nuevo. Volvemos a retomar la sección con un viaje a Venecia. Teníamos mil opciones para abordar el tema, pero nos hemos decantado por estas cuatro catas.


1.- Marco Polo y el millón

2.- El puente de los suspiros y la poesía de la muerte

3.- La Muerte en Venecia de Mann y Visconti

4.- El legendario Harry's Bar



Cada miércoles a partir de las 14h

Radio Nacional- Rne4

100.8 fm Barcelona

En directo:Rne4