domingo, 7 de octubre de 2012

Diálogo con Rodrigo Rey Rosa en Revista de Letras







Rodrigo Rey Rosa: “La escritura no puede falsear la realidad”, por Jordi Corominas i Julián | Entrevistas | 23.09.12

Volver tras las vacaciones a la gran ciudad es un infierno donde la rutina se traiciona a sí misma para darnos ritmo e integrarnos, otra vez, en la más absoluta normalidad. Recibí Los sordos de Rodrigo Rey Rosa (Alfaguara), lo leí y mientras avanzaba su trama no paraba de preguntarme si las similitudes que notaba con ciertos elementos españoles eran fruto de mi imaginación o más bien de certezas destinadas a cumplir la máxima italiana Tutto il mondo è paese. Caciques, mafiosos, guardaespaldas y secuestros no son el pan nuestro de cada día, pero algo me dice que quizá sobrevuelan la superficie sin que nos enteremos de sus acciones, lo que encajaría con algunas piezas de esta crisis en la que malvivimos como buenamente podemos.

Dejemos las pesquisas. Es jueves, estoy en Barcelona y me muevo por Paseo de Gracia a la espera de mi rentrée con las entrevistas tras la pausa veraniega. Accedo al hotel de turno, busco con la mirada en los sofás y doy con el escritor guatemalteco con el que compartiré una divertida media hora entre mi velocidad preguntona y su calma en la respuesta. Enciendo la grabadora.

Has comentado en algún sitio que para ti vivir en Ciudad de Guatemala es algo que cuesta mucho, y eso me ha hecho pensar en Cayetano, quien tras llegar a la capital desde la provincia parece ser un mero peón en el entramado urbano sin ninguna apetencia por instalarse en él, como si fuera un mensajero que analizara las cosas y una vez cumplida su función desapareciera del mapa.

Yo siento que él no pertenece al paisaje urbano. Es un guardaespaldas que acude a la ciudad por necesidad y luego vuelve a sus orígenes, pero es un periplo bastante común, ir a la capital para trabajar, ganar dinero y regresar al pueblo.

¿Pero comparte tu visión de Ciudad de Guatemala como pesadilla?

Sí, sin duda, no sólo yo, es un pensamiento compartido por mucha gente. Es una percepción normal. La gente del campo ve lo urbano como un espejismo monstruoso.

La misma estructura de la novela divide los espacios de una manera muy nítida que diluye esta sensación de íncubo urbano e idilio rural.

Sí, desde luego, también dicen pueblo pequeño, infierno grande. Los espacios están marcados, pero no debemos olvidar que en Guatemala hay dos tipos de campo, que asimismo forman parte de un territorio con muchos realidades. Cayetano es originario de Oriente, con campesinado blanco y una tradición mixta entre lo español y lo indígena. Occidente es casi cien por cien indígena, y en medio está la ciudad.

¿Cuál fue la idea que propició Los sordos?

Tratar de ponerme en el lugar de un guardaespaldas que llega a la ciudad por trabajo, esa es la línea argumental principal. Soñar que soy un campesino de Oriente, mi tío me llama y decido emprender la aventura.

¿Y desde ese punto estructuraste el resto del puzle?

No, suelo dejarme llevar por la prosa, no estructuro el contenido de las novelas, dejo que evolucionen.

Una vez terminas de leer el libro se tiene la sensación que los personajes, que no son tantos, resumen la sociedad guatemalteca.

Hay tres líneas que activan los personajes. Cayetano, Don Claudio el banquero y Javier. Los demás son marginales.

Marginales o no está claro que esa amalgama sirve para que personas de otras latitudes puedan hacerse una idea de los entresijos del contexto actual de tu país, y si te planteo esta cuestión es por desconocer casi todo de Guatemala.

Uno lee un cuento de Chéjov y se imagina lo que era Rusia por aquel entonces. Es parte de la fuerza del poder de la ficción, que te hace comprender a tu manera algo que es ajeno a ti.

Recientemente, bien sea por la crisis o por otros motivos, parece que Guatemala pese a nuestra hermandad lingüística y cultural sea una gran desconocida, por lo que la historia de Los sordos provoca un impacto mayor en el lector, como una bomba.

Perviven otros tiempos y otros mundos que están muy arraigados en la sociedad guatemalteca. España corre a otra velocidad, y naturalmente lo que ocurre en Latinoamérica es diametralmente distinto. Cada lugar se manifiesta con una particularidad irrepetible que no puede trasladarse a otros países. Lo genérico funciona a grandes rasgos, pero eso hace olvidar lo único.





Y en Los sordos esa unicidad parece corresponder en parte a la figura del guardaespaldas. ¿Es común una figura como la de Cayetano en la sociedad guatemalteca?

Tenemos un estereotipo de guardaespaldas, pero todos son distintos, que es lo que incrementó mi atractivo para con el personaje. Solemos identificar esta figura como la de un tipo duro y desalmado, pero tiene mil variantes. Camino mucho por la calle y me los encuentro en el supermercado y otros lugares. Y si charlas con ellos te das cuenta que son roles que surgen de manera espontánea, improvisada porque no hay una escuela de su profesión. El estereotipo es un prejuicio. Lo único en que coinciden casi todos es que provienen del campesinado.

Cayetano tiene unas inquietudes y un perfil rural muy definido. La otra cara de la moneda es Camilo, que quiere parecerse a Javier, su jefe.

Camilo está más maleado y muestra lo que decía, la diferencia entre los gorilas, que no responden a unas características precisas.

Y estos personajes no podrían existir sin otros personajes más poderosos como son Don Claudio el banquero y su familia, caciques omnímodos que mueven los hilos de los demás con total impunidad.

Sí, es un gran padrino en el vértice de la pirámide que supedita hasta a sus hijos a su poder, por eso tanto Claudia como Ignacio intentan encontrar formas para independizarse del patrón, alejarse. El drama de Don Claudio es que sus hijos no son como él, sobre todo Ignacio. Clara, que es la heredera designada, también termina hartándose.

Claudia parece vivir en una especie de cámara acorazada, su realidad está completamente alejada de la calle.

Ella logra escaparse de una manera muy extraña que tampoco es que sea la más normal, pero las drogas y no hacer nada sí se dan como vía de escape de estas hippies ricas. El poder familiar opresivo crea un rechazo y genera formas de evasión.

Ella sabe que dispondrá de los bienes de su padre, pero vive en una burbuja irreal.

Y al mismo tiempo es explotada, pero también tiene deseos de cambiar y hacer algo útil, ayudar a la comunidad indígena y paliar su culpa de clase.

La burbuja es tan grande que necesita tener al guardaespaldas en su propia casa.

El guardaespaldas, Cayetano, se lo impone un padre, y más que un tipo de vigilancia interna es un control que responde a un modelo que mucha gente considera necesario, como si el guardaespaldas fuera imprescindible.

Modelo que a la postre se revela inútil.

Así es. En los secuestros de los últimos años más de la mitad de los casos el guardaespaldas es el informante o el cómplice, porque conocen muy bien el contexto. Son peligrosos, gente de armas con la capacidad y la logística para dar un golpe dentro de tu casa.

Y aquí los guardaespaldas tienen también una especie de estructura paralela, pienso en Chepe, el tío de Cayetano.

Comunican dos mundos contradictorios y juegan de agentes dobles. En muchas ocasiones son el enemigo que está dentro, y eso es muy difícil de parar.

Llama la atención que los implicados en Los sordos en este tipo de acciones, los que las motivan, son gente de la misma clase que Clara, hombres ricos que hablan de construir hospitales. ¿Es una idea tuya o es normal entre las clases pudientes?

Es ficción, pero sí existen lugares que sirven para ocultar negocios turbios. Hace poco, mientras escribía la novela, salió a la luz el caso de unos médicos norteamericanos de los años cincuenta que estuvieron experimentando con guatemaltecos para comprobar el resultado de determinadas medicinas, todo ello ocultado bajo una máscara altruista. Hay más casos de complicidad entre guatemaltecos y norteamericanos, como el del centro de recuperación de drogadictos, donde cobraban a los clientes miles de dólares al mes para recuperarlos y luego les amarraban a un árbol. En verdad la posibilidad de una clínica financiada por ricos no es irreal en absoluto, en parte por lo geográfico, estar en un sitio alejado donde nadie sabe lo que estás haciendo y sólo existe una fachada.

Y hay muchos lugares que no pueden localizarse por satélite en esa zona. El otro punto importante de lo que comentas es la idea de fachada. La novela exhibe la solidez de la misma en muchos puntos de la sociedad, desde la desfachatez de los ricos hasta la máxima del no todo es lo que parece.

Efectivamente en Guatemala y otros territorios latinoamericanos hay muchos puntos ciegos. Si hablamos de la otra cuestión mencionamos uno de los grandes temas de la literatura, la fachada.

Y en Los sordos la fachada irrumpe desde el principio, con el mismo título y el niño sordo que inaugura el relato y los demás personajes. Parece como si les fuera bien perpetuar la fachada.

Esa es la metáfora del título, les va bien que así sea, es una sordera voluntaria. Están cómodos con el orden establecido y no les interesa tocarlo.

Un orden nefasto.

Desde luego. Hay un aire envenenado en la atmósfera a pesar del confort material.

Con la novela ejerces el papel de crítico de tu sociedad, un rol necesario que cada vez se da menos entre los escritores y debería ser natural.

Es un papel que no hace falta que uno se arrogue, pero que lo tiene. La realidad es la única universidad a la que debemos atenernos. No es una misión, simplemente hay que hablar de lo que vemos, de otro modo algo no funciona. La escritura no puede falsear la realidad.

Esa sería la actitud correcta, la de ser honesto, pero parece que exista cierto miedo para reflejar las problemáticas de nuestro tiempo.

En muchos casos hay una facilidad de representar una realidad que es la que se espera, y en ocasiones no se ve donde se debería.

Y en Los sordos se refleja la realidad de hoy en día en Guatemala.

Realidad es una palabra demasiado fuerte, quizá deberíamos hablar de peculiaridad, un tipo de realidad, y mi trabajo es reflejarla con fidelidad. Enfocar un aspecto de lo que es Guatemala, ponerle un marco y sacarlo, sin mucho más, y creo que es lo que hace cualquier novelista en cualquier lugar y lo que refleja al final es tu propia manera de pensar, y en mi caso el objeto de reflexión es Guatemala.