viernes, 26 de julio de 2013

El cementerio del Teatre Grec en Bcn Mes



El cementerio del Teatre Grec, by Jordi Corominas i Julián
¡Pobre Montjuic! Durante años fue víctima de un olvido injusto que relegaba su belleza a la condición de basurero de Barcelona. La montaña mágica ha sido durante décadas un muerto ilustre que sólo ha gozado de gloria efímera mediante grandes acontecimientos como la Exposición Internacional de 1929 o Los Juegos Olímpicos de 1992.

En la primera se inauguró, entre muchas otras cosas de carácter españolista y perspectivas fascistas como la propiciada por las dos torres venecianas y el Palau Nacional, el Teatre Grec, complemento perfecto a una red de jardines que a principios de los años veinte dieron otro tono a un paisaje que necesitaba orden para dar a la zona algo más que, el clasismo siempre ha existido, meros merenderos populares y la cantinela de la noia i el soldat. Esta cancioncita muestra la cara alegre del monte, donde las parejas tonteaban los domingos y la esperanza se expresaba en un jolgorio colectivo, algo que intenta conseguir, la organización del Festival Grec, que ha decidido, según la Wikipedia porque no tiene sentido organizar actividades al aire libre fuera de la estación veraniega, usar el flamante teatro sólo durante el mes que dura su magno evento.

Este hecho, y sé que aquí muchos discreparán, demuestra lo ridículo de determinados parámetros culturales barceloneses. Me gustaría saber qué ocurriría si me da por coger mis bártulos un día cualquiera, plantarme en la construcción ideada por Ramón Reventós y Nicolau Maria Rubió i Tudurí para montar una performance. ¿Me detendrían por realizar un acto ilegal? ¿Saldría en TV3 pese a proponer actividades en castellano?

Hace poco he encontrado por la ciudad carteles que sugieren proponer actividades en solares vacíos. El Teatre Grec lo es durante once meses donde se pudre en silencio y su magnífica acústica llora por la imposibilidad del ruido, aniquilado porque el interés económico prima ante lo creativo desde una perspectiva muy poco democrática, exclusiva y elitista.


En otro artículo, ahora sólo puedo desearos felices vacaciones, ahondaremos en la cuestión del embrutecimiento y banalización de la cultura. Bibiana Ballbé en el Santa Mónica y una revista empecinada, a partir de su figura, en proponer un debate que supuestamente habla de la vitalidad artística catalana. Se equivocan: hablar de asuntos tan mediocres sólo demuestra que la provincia ya está instalada en su cerebro. Una lástima.