Artículo que glosa la actitud de la Iglesia española durante el primer tercio del siglo XX a partir de dos cardenales tarraconenses: Vidal i Barraquer y Isidre Gomà, primado de Toledo. Puedes leerlo aquí
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miércoles, 4 de agosto de 2021
miércoles, 30 de diciembre de 2020
La Historia de la Segunda República de Josep Pla en El Confidencial
El penúltimo artículo del año en El Confidencial Cultura aborda el libro negro de Josep Pla, o su Historia de la Segunda República Española, recuperado ahora por Destino. Puedes leerlo aquí
miércoles, 4 de diciembre de 2019
Marina Ginestà en Mujeres Malditas
Esta foto siempre nos impactó a Valle Alonso y servidor, pero tras la imagen hay una vida, y hoy en Mujeres Malditas os hablamos de la de Marina Ginestà. Si quieres puedes escucharla aquí
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sábado, 2 de noviembre de 2019
Arqueología de un mito en 24 horas
Ayer en 24 horas Sandra Urdín y servidor dedicamos el paseo de los viernes a hablar de Arqueología de un mito, de Severiano Delgado Cruz sobre Unamuno durante la Guerra Civil. Puedes escucharlo aquí
miércoles, 24 de octubre de 2018
Frederica Montseny en Mujeres Malditas
Esta semana Mujeres Malditas se centra en Frederica Montseny, Anarquista, primera mujer ministra en la Historia de la España y mucho más que puedes escuchar aquí
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martes, 7 de febrero de 2017
Margarita Xirgu en Todos somos sospechosos
Esta madrugada Laura González y servidor dedicamos las noches en la tierra de Todos somos sospechosos a Margarita Xirgu. Si quieres puedes escuchar el programa clickando aquí
martes, 10 de enero de 2017
María Teresa León en Todos somos sospechosos
Esta madrugada Laura González y servidor hemos dedicado las noches en la tierra de Todos somos sospechosos a María Teresa León, mucho más que la compañera de Rafael Alberti. Si quieres puedes escuchar la charla clickando aquí
martes, 20 de diciembre de 2016
Sofía Casanova en Todos somos sospechosos
Esta madrugada Laura Gionzález y servidor hemos dedicado las noches en la tierra de Todos somos sospechosos a Sofía Casanova, una absoluta pionera que cubrió cuatro grandes conflictos internacionales, se ganó el respeto del priodismo de su tiempo y luego cayó en un triste olvido. Si quieres puedes escuchar la charla clickando aquí
martes, 6 de diciembre de 2016
Federica Montseny en Todos somos sospechosos
Esta madrugada en Todos somos sospechosos Laura González y servidor hemos dedicado nuestras noches en la tierra a Federica Montseny, anarquista y la primera mujer que dirigió un ministerio. Si quieres puedes escuchar la charla clickando aquí
lunes, 24 de octubre de 2016
La cabeza de Franco en El Diario
Este domingo escribí en El Diario sobre el derribo de la estatua de Franco en el Born desde sus múltiples perspectivas. Si quieres puedes leerlo
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miércoles, 5 de octubre de 2016
Segunda parte del especial Federico García Lorca en Todos somos sospechosos
El pasado lunes dedicamos las noches en la tierra de Todos somos sospechosos a clausurar el especial Federico García Lorca. En esta ocasión abordamos sus últimos años, del viaje a Nueva York hasta su asesinato. Si quieres puedes escucharlo aquí
martes, 9 de agosto de 2016
Josep Pla en Todos somos sospechosos de Radio3
Ayer dedicamos las noches en la tierra de Todos somos sospechosos a Josep Pla, sin duda el mejor prosista catalán y uno de los mejores de la Europa del siglo XX. Si quieres puedes escuchar la charla aquí
jueves, 17 de diciembre de 2009
La noche de los tiempos en Revista de Letras

Viaje hacia el abismo personal y colectivo: La noche de los tiempos de Antonio Muñoz Molina por Jordi Corominas i Julián
Hace frío en Madrid. En Estados Unidos la estación es anonimato. Ignacio Abel es un hombre sólo en el mundo, cargado de recuerdos que una maleta no puede llevar. Su pobreza estética y su alienación española son el mal de un país en guerra, enfrentado al irraciocinio por exceso de retórica y salvajismo contrario a reformas.
Leer La noche de los tiempos de Antonio Muñoz Molina me ha hecho pensar mucho en dos cuestiones fundamentales. La primera se refiere al estado de la literatura española y al debate entre jóvenes y consolidados. La prosa del ubetense contiene una naturalidad cargada de experiencia y madurez que permite reflexionar sin alardes, escribiendo desde una desnuda solidez que quiere contar la historia de un tiempo y su tensa atmósfera para explicar o intentar entender los motivos de la catástrofe. La Guerra Civil asoma otra vez y asiste a su cita más que anual vestida de cotidianidad, con traje de altos vuelos. Cabe suponer que cada narrador que trata el tema de los temas busca dar con la visión definitiva del conflicto. Es imposible. Moriremos y las generaciones venideras continuarán con la cantinela, y probablemente así sea porque nunca hemos sido claros con esos tres años, presentes en nuestra educación sentimental desde una vertiente anecdótica que ofrece muchos datos, lágrima fácil y escasas certezas. Nos sobran los motivos, pero también hay que intentar entenderlos si queremos ser honestos con la Musa Clío, la gran protagonista de un relato colectivo difícil de hilvanar por su abrumadora importancia que supera personas y las engulle sin piedad.
Para resultar creíbles en esta batalla conviene armar con mucha precisión el contexto y el alma de los personajes. Ignacio Abel es válido para la causa, un hombre templado que observa con inevitable pasión la antesala de la carnicería. Arquitecto de origen humilde, vive en el barrio de Salamanca y sigue con devoción las obras de su proyecto más ambicioso: La Ciudad Universitaria. Abel es un español que mira más allá y abraza valores modernos. Ha estudiado en la Bauhaus, tiene amistad con altas figuras político-culturales y detesta la rancia tradición nacional-católica encarnada por su familia política, obstinada en negar el progreso y alentar desde su mediocridad la defensa de un orden caduco. Su vida ha alcanzado una plenitud agridulce. Su cenit profesional contrasta con la rutina casera, con una mujer a la que no ama y unos hijos que le preocupan bastante menos que sus ocupaciones laborales. La ruptura llegará bajo el signo del amor. Judith Biely irrumpirá y ya nada será igual. La americana es joven y curiosa. Sus preguntas e inquietudes obtienen respuestas que ayudan al lector a situarse en el ambiente de 1936, cuando el Frente Popular gobernaba y la calle se llenaba constantemente con proclamas políticas que alimentaban hambres revolucionarias de varios colores, todos nefastos.

El romance es como un puente conector hacia la huida de una realidad desagradable y angustiosa, fuga que se concretará cuando el arquitecto emigre a Estados Unidos para edificar una biblioteca en un campus. Las citas furtivas y el deseo manifiestan la voluntad de aislarse del mundanal ruido y disfrutar de un sueño dentro de la pesadilla que se cierne en el horizonte. Durante más de quinientas páginas leemos caricias, arrumacos, besos, carantoñas y anhelo físico, aunque lo importante, reiteramos, es lo que flota en el aire, una lluvia tóxica que explotará el 18 de julio, golpe de Estado fascista que coincide con el fin de la relación a escondidas, como si lo palpable y conocido se desvaneciera y sólo quedara lugar para sangre, fusiles y el delirio. Ese día de estallido bélico y amargura sentimental Ignacio Abel asumirá la soledad como divisa impuesta por las circunstancias y cruzará otro peaje en su camino hacia el desapego al comprobar que sus esperanzas de una República reformadora y democrática se van al garete porque las pasiones políticas no entienden de leyes y sí de proclamas, uniformes y venganza, pura y dura. En este sentido el pensamiento del protagonista muestra cómo, desde su retiro neoyorquino, analiza Muñoz Molina el problema del ruedo ibérico, donde todos fueron grandes farsantes imbuidos por no muy nobles ideales, mentirosos de escándalo que tanto en un bando como otro engañaban a sus semejantes para difundir que todo iba bien en la senda hacia la victoria.
En ocasiones Ignacio Abel puede recordarnos al Aschenbach de La Muerte en Venecia. Ambos pasean por ruinas pletóricas, rebosantes de energía, ignorantes de sus límites decrépitos. Son estandartes de una humanidad quimérica, muñecos de tinta que aspiran al orden que debería existir si todo fuera perfecto. Su utopía topa contra un muro hecho de verdades dolorosas donde padecen y desaparecen porque la función no va con ellos, la realidad les supera porque no contiene en su interior la esencia del bien o la belleza. Estos personajes tienen en su haber la potencia del ideal que nunca será y tendría que ser, el magnetismo de quien cree en una cierta justicia que los demás no comparten porque se dejan sumergir, frágiles como el barro, en el fragor de la existencia, animales inércicos que prefieren el combate descamisado al pensamiento positivo. Abel y Aschenbach son oasis en un triste desierto, exiliados mentales que lloran en silencio por culpa de la locura que todo lo invade e impide crecer a nuestra desdichada especie.
La noche de los tiempos es una obra de dimensiones épicas. Lo es por su extensión y por lo que pretende. El tono neutro y pausado es su principal fuerza al generar un discurso político que amonesta el pasado con sutileza, poniendo los puntos sobre las ies para intentar comprender el porqué del desastre. La lentitud inicial del relato se aviva cuando se desencadenan los acontecimientos. La parte dedicada a ese terrible mes de julio es memorable por su alternar noticias periodísticas con la evolución de la trama, dando a la novela una velocidad vertiginosa y envolvente, sobre todo en esos nebulosos fragmentos de Madrid en armas, con Abel vagando intentando recabar información de su amor mientras el pueblo toma el inicio de las hostilidades como una gran fiesta que cimentará la futura revolución. Esa parte de la novela alcanza grandes momentos narrativos de inusual intensidad, pero luego el tempo decae y volvemos a sumirnos en pausas que parecen posos con llantos silenciosos, donde el reloj mueve sus agujas con lentitud a medida que se acerca el punto y final, como si con ese ritmo el narrador quisiera transmitir con más bestialidad la agonía republicana, dama violada por unos y por otros. Ignacio Abel reposa en una casucha norteamericana donde se sobresaltará por última vez mientras en España las tropas nacionales destruyan su querida Ciudad Universitaria.

El enfoque que Muñoz Molina da a esta eterna temática guerracivilista es sumamente interesante porque aúna didactismo y la novedad de quien prefiere escarbar más en los motivos que no en batallas o efemérides históricas que al ser noveladas quedan deformadas e irreconocibles, bien por partidismo, bien por no atenerse a la objetividad que requiere un asunto de tamaña importancia. Sí, lo sé, siempre seremos subjetivos, pero cabe la posibilidad de narrar lo más cruento de España con intención de aprehender y no erosionar. Los tópicos a veces son ciertos y esa comprensión es la única manera posible de aprender errores pretéritos, usándolos para mejorar y advertir a los que vendrán, que a buen seguro lo harán mejor que nosotros.
http://www.revistadeletras.net/viaje-hacia-el-abismo-personal-y-colectivo-la-noche-de-los-tiempos-de-antonio-munoz-molina/
domingo, 29 de noviembre de 2009
La foto de Agustí Centelles y el pavimento

Hacía ya mucho que no colgaba uno de estos posts anecdóticos consistentes en hablar de mi ciudad natal. La noticia de la compra del Archivo Centelles por parte del gobierno español ha resucitado por una sola jornada, es el signo de los tiempos, la imagen que ilustra mi reflexión de hoy. La foto es histórica e inmortal. La desaparecida clase obrera inconformista luchando en las calles de Barcelona el 19 de julio de 1936. Caballos como barricadas, fusiles contra el fascismo en defensa de la añorada República...conozco la instántanea, la amo, pero nunca antes centré mi atención en un detalle cotidiano que piso siempre que salgo a la calle. Las baldosas del pavimento barcelonés en esas trágicas horas son las mismas que nuestros pies acarician o destrozan en 2009. Su símbolo, su silencio, es el testigo mudo de un cambio horrible. El telediario de la primera en su sección histórica recordaba la labor del infausto TOP, el tribunal de orden público franquista, y sus sentencias carcelarias por repartir panfletos. Tancredi sigue teniendo razón: hará cosa de un par de años dos jóvenes fueron multados por BCN, muy diferente a Barcelona, al colgar carteles. Los uniformes son sutiles herramientas de distracción. Las corbatas públicas son baches para el normal desarrollo de la libertad del ciudadano por mucho que el Ayuntamiento se venda con eficaces campañas publicitarias. Las baldosas observan. Y nosotros sufrimos la ley.
¡Visc(a) Barcelona!
Quien escribe agradecería, es domingo y pienso más en el Barça que en otra cosa, si alguien le proporciona la fecha exacta en que esas baldosas empezaron a cubrir el empedrado barcelonés.
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Tancredi Falconieri
martes, 17 de noviembre de 2009
Entrevista con Jordi Gràcia en Literaturas.com

Jordi Gràcia
«Uno crea una revista, uno escribe un artículo, otro publica un libro, es un mosaico que poco a poco produce que la gente entienda que la encarnación histórica de su desasosiego intelectual o ético es política»
Jordi Corominas I Julián
28 de abril de 2009. Ocho de la mañana. Me despierto. Siete horas antes recibo incontables SMS. Acabo de cumplir treinta años, una edad dichosa, la puerta a muchas oportunidades. Bebo el café y pienso en las posibilidades de la jornada. Una de ellas es ir, por última vez, a un trabajo mal pagado donde me han tratado peor que a un perro. La otra es acercarme a la Universidad de Barcelona para hablar con Jordi Gràcia (Barcelona, 1965) sobre su última obra La vida rescatada de Dionisio Ridruejo. Nos saludamos en su despacho, congeniamos sin muchos problemas y al entrar al bar donde transcurrió nuestra charla empezamos a hablar como si nos fuera la vida en ello. Por eso, y no por otro motivo, el diálogo que leerán a continuación tiene un inicio abrupto, anómalo para un texto de estas características.
In media res
Jordi Corominas i Julián: La evolución de Ridruejo lo lleva hacia postulados federalistas...
Jordi Gràcia: Es federalista antes que nadie, desde el primer momento. Quizá sólo lo es con anterioridad Ferrater Mora, quien decía que la única manera de resolver las tensiones de un Estado como España era el federalismo. A principios de nuestro siglo algunos tuvieron la oportunidad de propagarlo por todo el país pero les venció el miedo y dejaron la idea en el camino después del adiós de Pasqual Maragall. Algunos tendrían que perder el miedo a la palabra federalismo. El mejor ensayo político de Ridruejo, Escrito en España, data de 1961-1962 y expresa la idea del federalismo como el mejor sistema posible.
¿Podemos encontrar las obras de Ridruejo en librerías o es difícil?
Podemos hallar una obra preciosa que escribió al final de su vida, una guía de Castilla la Vieja que reeditó Destino en edición de bolsillo. Dos volúmenes impresionantes. Recientemente reedité Escrito en España en una editorial de circulación universitaria. Asimismo podemos encontrar Casi unas memorias, autobiografía del chico, del falangista, del primer franquista que termina en el 42, cuando concluye su formación. Es una de las mejores autobiografías españolas y por supuesto la más cruda, cruel, veraz, culpable y arrepentida. La ha editado Península con un extraordinario prólogo de Jordi Amat.
Ridruejo el falangista: un hombre erróneamente bajo sospecha. Desde la perspectiva de mi generación creo que mis coetáneos pensarán en Ridruejo como un falangista.
Tendrían que quedarse con el poeta del régimen por mucho que el franquismo lo represaliara, y eso no aparece en los manuales. La paradoja es que pasó a la historia como falangista y poeta galardonado con el premio nacional, sus partes más innobles; la memoria olvida su gran prosa y su lucha socialdemócrata.
Parece como si la izquierda, aunque detuvieran a Felipe con él, lo encontrara incómodo.
Porque su pasado era molesto. Hace cuarenta años era incomprensible y difícilmente justificable estar en el centro izquierda cuando provenías del falangismo.
Su postura es heroica.
Es el componente de su integridad moral de reconocer los errores y considerar que la fidelidad al pasado no es una virtud. Se da cuenta, lo reconoce y rectifica manu militari.
Es un proceso de madurez. Desde mi punto de vista es falangista por sus circunstancias regionales.
Eso es muy importante. La formación dentro de un núcleo católico, provinciano, sin ningún contacto con la realidad humana; era un chico con aspiraciones de pureza en el ámbito moral y religioso. En su casa, adinerada sin estrépito, estaba rodeado de mujeres...su entorno lo lleva a ser muy católico, pero no quiere serlo en modo clásico porque lee literatura, conoce las vanguardias, cultiva la poesía. Elige el modelo de cambiar España desde la vía fascista, que es la que tiene cerca. Está fuera del mundo, necesita encontrar un rumbo.
Durante los años de adolescencia parece que su solidez sea la formación jesuítica.
Claro. Y su llegada a Madrid con veinte años lo pone en contacto con personas cercanas al falangismo, la derecha española, la CEDA, gente como Agustín de Foxá, Samuel Ros, un grupo de escritores y bohemios que están en la orbita de la derecha golpista. Todo esto refuerza su aspiración de pureza, de caballero noble en sentido mítico legendario.
¿Cuál fue su relación con la muerte durante la Guerra Civil Española?
Probablemente, sin poder afirmarlo al 100%, no tuvo trato con ella. Al ser jefe de propaganda estaba exento del servicio de armas por permiso expreso de Franco. Esa era su misión importante. Durante ese tiempo viajaba por España para generar euforia a través de sus discursos. Era joven, tenía gracia y sabía agitar, como sucedió en el otro lado del conflicto con la Pasionaria. Si lees los discursos de Ridruejo hielan la sangre, no activan el cerebro, apuntan hacia otra dirección.
Terminada la Guerra se produce un cambio, reposa en el Brull. ¿Podemos interpretarlo como un lírico reposo del guerrero?
No querría interpretarlo en términos líricos. Estaba muy delgado y la guerra consumió sus energías. Con 40 años tendrá su primera angina de pecho. Fumaba mucho y necesitó parar. Cuando vuelve de la División azul, donde sí luchó, pesaba 37 quilos, llegó a España consumido, como un cadáver ambulante. Sus pausas eran recuperaciones físicas que al mismo tiempo servían para recapacitar y escribir poemas.
Me imagino un joven con una maleta cargada de libros...
Sí. El momento que de verdad sirve para recapacitar, y ese sí que es voluntario hasta cierto punto, es el destierro en Ronda en octubre de 1942. Lo condena Franco, pero él también lo provoca. Nadie escribió al dictador una carta como la de Ridruejo en julio de 1942, la escribió sabiendo que lo pagaría. Franco además ya se la tenía jurada.
Aún así Franco le tenía mucho respeto.
Es un respeto basado en la valentía y en el cálculo político. No convenía generar otro mártir falangista después de José Antonio, y menos en la posguerra. Ridruejo percibe que la lucha falangista por la revolución social nacional-sindicalista no está en la mente de Franco, el franquismo no es el falangismo, ambos son deplorables como más tarde reconocerá Ridruejo, pero si abandona su apoyo al régimen es porque percibe que éste no tiene ninguna intención de seguir los principios falangistas, no lo abandona por demócrata.
Su marcha a la división azul es por su creencia en el fascismo integral.
Sí, porque es la única manera de lograr que Franco sea más fascista de lo que es, que no sea sólo un reaccionario católico, un conservador oligárquico, una persona tradicionalista, sino un revolucionario. Se trataba, aunque era complicado, de lograr que Hitler y Mussolini le obligaran a ser revolucionario.
Hacia el cambio: el despertar de la conciencia
Construcciones muy personales.
Ilusiones ideológicas. Por eso lo que aprende en Cataluña durante su retiro- fuera de la vida pública, cuando tiene poca visibilidad en prensa- es recuperar la dimensión material de la experiencia, y por ende del cerebro, que debe pensar sobre lo real, no sobre quimeras ideológicas, que acaban convirtiéndose en toxinas nocivas al impedir ver cómo es la realidad. La experiencia empírica, la racionalidad, los límites...aprende eso, y lo consigue mediante el contacto directo, personal y lector con Joan Maragall, Josep Pla, Pío Baroja y Eugeni d’Ors, de quien aprendió la conciencia del límite. Los sueños utópicos siempre se convierten en mecanismos de destrucción.
Tengo la sensación que se ha hablado muy poco de Franco y el destierro a través del confín, cuando por ejemplo en Italia tiene una importancia muy relevante con casos como los de Antonio Gramsci, Cesare Pavese o Ettore Majorana.
Tenemos un caso español transparente: Jorge Semprún. Se hizo amigo de Ridruejo cuando organizaba la militancia comunista en España. Congeniaron al instante, pero la clave de esa amistad, sobretodo desde mediados de los sesenta, fue su evolución paralela desde dos utopismos totalitarios y destructivos. Ridruejo se hace socialdemócrata desde el falangismo, Semprún desde el estalinismo.
Y es importante remarcarlo porque existe una especie de desconfianza sobre Ridruejo, como si estuviese condenado por su pasado y no se considerara su decisiva metamorfosis, como si la gente no se fiara del personaje.
Joan Margarit, poeta al que tengo mucho aprecio por su obra y la amistad que nos une, desconfiaba de Ridruejo. Leyó el libro y cambió de opinión. No sé si mi texto es bueno o malo, pero estoy contento porque me sirve de prueba para levantar una verdad que cancele tópicos.
Una etapa que me parece muy importante en Ridruejo es su estancia en Roma a finales de los cuarenta; debió ser una apertura increíble en esa Italia de neorrealismo, democracia limitada y nuevas formas expresivas.
Es una sacudida. Semprún lo definió como el principio del fin, o la materialización del principio del fin en sentido moral. Vivir dos años en una democracia en plena marcha y ver que funciona caóticamente marca. El caos italiano era fértil, el orden español, estéril.
La posguerra italiana es excepcional...
Había libertad de prensa y fenómenos culturales únicos. Podías escribir lo que quisieras y no te pegaban un tiro. La experiencia le da alas para atreverse a intentar trasladar los conocimientos adquiridos a su tierra natal, quiere intentar algo.
Quizá en España tendemos demasiado a simplificar, cuando en Ridruejo encontramos ejemplos únicos, muy difíciles de captar en otros españoles, un ejemplo seria la Revista Revista.
Fue un ejemplo de valentía y una prueba de fuego. Si salía bien cambiaba cosas, no acababa con el franquismo pero lo mejoraba; es un reformista desde dentro sabiendo como es la realidad, consistente en tolerar hasta que Franco muera. Pensó en mejorar el sistema, cambiar las cosas, permitir el retorno de los exiliados, publicar más libros, introducir nuevas voces en los periódicos. Lo intenta durante dos años y al ver que no funciona se da cuenta que poco más puede hacer.
Y lo hace muy pronto, a principios de los cincuenta.
Cuando aún no está fuera del régimen. El totalitarismo engendra la doble cara del teatro y la intimidad. Cuando los amigos cenaban juntos, todos sabían que eso, hablando en plata, era una grandísima mierda. Pero una cosa es la intimidad y otra la vida pública. Al final la tensión se desborda. Muchos de sus amigos de la guerra se exiliarán, como Torrente Ballester, Valverde o Aranguren. En ese momento no existían voces antifranquistas, quizá ni siquiera él mismo lo era. Pero la inmovilidad del régimen lo impulsa hacia posturas
contrarias, se convierte en antifranquista; estaba de acuerdo en cambiar cosas sin cambiar la estructura política, pero si ve que hasta hay una marcha atrás, si lo meten en la cárcel por las buenas, dice basta, no se expulsa, lo expulsan. Laín Entralgo- prudente, cauto, miedoso- le decía que tensaría la cuerda hasta que lo metieran en la cárcel.
Durante la Primera Guerra Mundial, nombres ilustres del Imperio Austrohúngaro colaboraron en la oficina de prensa para ayudar a la causa bélica. Cuando en 1919 el sueño del mundo de ayer, parafraseando a Stefan Zweig, terminó, la mayoría de esos brillantes intelectuales declaró sentir una profunda nostalgia del pasado imperial. ¿Sucedió con Ridruejo y los otros opositores que previamente apoyaron al régimen?
La redescubrieron, En 1943 los vencedores del campo intelectual entienden que no han ganado nada. Por lo tanto no sienten nostalgia del franquismo, sino de los años veinte y treinta, de la residencia de estudiantes y la segunda República. Saben que eso no volverá. Lo comprobamos por la correspondencia entre los vencedores y los vencidos en el exilio. La ilusión posterior a la Segunda Guerra Mundial se esfumó y tocaba esperar. En los cincuenta la recuperación empezó desde brotes más simbólicos que reales.
Y a nivel social los cincuenta indican un cambio de mentalidad, como mostró la huelga de los tranvías de 1951 en Barcelona.
Los brotes de conflictividad laboral fueron más abundantes. Hubo muchas pequeños disturbios similares a la huelga de los tranvías; la frontera se traspasó cuando el régimen encarceló a personas del bando vencedor.
Máxime cuando la prensa extranjera se hizo eco de la situación.
Aparentemente no ocurría nada, y por eso sorprendió más. Es como si el propio régimen no pudiese reprimir la noticia pública de movimientos subterráneos; aunque lo intentaron, fueron incapaces de silenciarlos.
En 1956 la insurgencia era ideológica, literario-intelectual, estudiantil y académica. ¿Cuál sería la diferencia entre lo que sucedía entonces y lo que ocurre ahora con la represión anti Bolonia?
La diferencia es cualitativa. La cantidad de visibilidad y libertad real de hoy es diferente a la de entonces. Porque en aquel momento los grupos minoritarios tenían todo en contra, mientras que los estudiantes de hoy en día tuvieron conferencias montadas por catedráticos, algo imposible en los cincuenta. Las dos movilizaciones son profundamente distintas. La de 1956 fue trascendental a nivel simbólico, en 2009 la protesta es otro ingrediente del malestar colectivo. Intenta imaginar a un hombre del franquismo abriendo el periódico y encontrándose el nombre de Ridruejo entre los detenidos; otra muestra de la relevancia del hecho es la historia del policía que lo detuvo, quien dijo conocer a Ridruejo pensando que hablaba con su hijo, cuando en realidad lo hacía con uno de los más ilustres vencedores de la guerra. Era un shock bestial, hasta lo fue para Franco.
De todos modos Franco podía esperárselo...
Hasta cierto punto. Había informes sobre la Universidad en los cincuenta. La policía secreta tenia informes muy fiables sobre la situación. Todos los jóvenes rebeldes estaban fichados. El régimen tenía pretensiones totalitarias sin poder serlo, por eso quería controlar todos los resortes. Por suerte no existe el totalitarismo real, el irreal ya es devastador. Pero el examen de lo no visible en un Estado fascista revela un tipo de dinámicas viscosas, contradictorias y ambiguas que permiten construir formas de disidencia, de resistencia, de marginación y automarginación que no obstante no salen a la luz pública por mucho que en las cenas se hablase de ello.
Y Ridruejo en 1957 publica en la revista Bohemia de La Habana un texto explosivo.
Quiere escribir abiertamente, sin censuras ni tapujos. ¿Cómo explica un vencedor que está contra sus iguales? Sólo puede hacerlo desde el exilio, incluso propone al periodista que le entrevista preguntas comprometedoras, cuestiones que él desea plantear aunque se juegue la cárcel. Su deseo es que todo el mundo perciba cual es su posición. La censura del franquismo impidió que sus opiniones fuesen de dominio público.
Parece que descubramos ahora la resistencia al franquismo, como si en la época la clase media no conociera estos movimientos subterráneos previos a la gran explosión de finales de los sesenta.
Se controlaba la información. A medida que pasaban los años el régimen era más incapaz de controlar la vorágine; sin embargo, muchas capas de la sociedad permanecieron ignorantes de lo que sucedía.
En este sentido su gran momento resistente seria la parte final de los cincuenta y los primeros sesenta culminados con la reunión de Munich.
Sí, adquiere conciencia de su posición de estar contra. Es cuando decide juntar a los opositores del régimen, sean vencedores o vencidos, de dentro o de fuera. En 1962, en Munich intentan juntarse todos para dar una conciencia pública en Europa de la existencia de una resistencia política al franquismo, y éste comete el gran error de represaliar a estas personas.
Momento que coincide con el caso Grimau.
En Munich no están los comunistas, por el miedo que provocan sea ideológicamente, sea por lo bien que hilaron su resistencia en el interior; de todos modos se tolera la presencia de dos observadores del partido: Francesc Vicens y Tomás García. ¿Qué ocurre en el PCE? Tenían que entender que su estrategia de resistencia en España necesita apoyos y que a lo mejor esos jóvenes de buena familia expulsados de la organización- Semprún, Pradera, Claudín- tienen razón en el sentido del error de, por ejemplo, Radio pirenaica en su discurso iluso de proclamar que se acerca el fin del régimen, palabras contraproducentes que no ayudaban en absoluto a crear un tejido social resistente.
Además en España el comunismo partía con desventaja por su situación oprimida.
Naturalmente. No era lo mismo ser comunista en España que en el resto de Europa. Grimau es ejecutado veinticinco años después del fin de la Guerra por crímenes cometidos durante la misma. Si hubiese matado a tres policías días antes seria justificable desde una óptica fascista. Ética, moral y políticamente es deleznable hasta para los vencedores. Ridruejo escribió uno de los mejores artículos sobre la muerte de Julián Grimau.
Creo que se ha obviado demasiado el papel de los hombres de Munich en la futura construcción intelectual de la Transición.
Se obvia porque siempre pasa lo mismo, el protagonismo de la vida política es tan alto a nivel mediático que el proceso histórico se simplifica y se transforma en mecánicas de poder político, cuando éste se pone en marcha, se legitima y se autojustifica mediante procesos intelectuales que son secretos porque están en las mentes, como esta misma charla. Uno crea una revista, uno escribe un artículo, otro publica un libro, es un mosaico que poco a poco produce que la gente entienda que la encarnación histórica de su desasosiego intelectual o ético es política. ¿Cómo lo consigues en la clandestinidad? Asociándote con grupos con los que puedas entenderte, algo muy complicado. Había hasta hermanos que no sabían del comunismo del otro.
Ridruejo en este aspecto es muy moderno, porque desde su nomadismo forzado logra mantener el contacto con los grupos.
Es su virtud personal. Te lo confirmarían Juan Marsé, Colita, Josep María Castellet, Anna María Moix...un hombre con un encanto, con una racionalidad, con una capacidad de persuasión que lo hacían confiable. Tolerante en el sentido de escuchar y razonar, capaz de regular sus prejuicios y con un programa intelectual de apertura. Nunca seria anarquista, pero quería saber cómo pensaban. Tenía amigos anarquistas y revolucionarios. ¿Si eres revolucionario estás dispuesto a pagar el precio de los muertos? Tenía que convencerlos de su error.
Al mismo tiempo es antinacionalista.
Y eso es muy complicado de explicar. ¿Un antinacionalista en el contexto español es alguien que cree la única forma de crear una nación es con el respeto simultáneo de los dos bandos? ¿Pero cómo se hace si la población ha sido educado machaconamente en una sola visión? Se hace poquito a poco, con programas de radio, televisión....
Con una didáctica...
La pedagogía de la libertad consistente en superar prejuicios, multiplicarse, no arrinconarte en tus postulados. Ridruejo tuvo la virtud de hacerlo en el contexto catalán cuando traduce El Quadern gris de Pla. El secreto de esta traducción además su amistad tiene mucho que ver con la pasión de Gloria, su mujer, por Pla, quien colaboró con trece artículos en Arriba, siempre he creído, sin poder demostrarlo, que su colaboración con el periódico oficial de falange tuvo como responsable indirecto a Ridruejo.
Hablando de su mujer, creo que ella tiene mucho que ver en su transformación. Mientras es falangista parece un aventurero del amor.
Era un caballero del ideal, como los caballeros medievales. El mundo está mal hecho, yo lo cambiaré, pero para que la mujer me quiera tengo que merecerla. Como en el amor cortés. Cuando termina sus amoríos con una alemana retoma la relación con Gloria, ya existente durante la guerra, y desde ese momento se considera un Don Juan sin puntilla, es seductor, le gusta seducir, le gusta gustar, aunque no sé si le gusta mantener, desde un punto de vista ético-psíquico, relaciones inestables con el sexo opuesto. Hay mujeres que le pidieron relaciones extramatrimoniales, pero, después de leer miles de cartas no creo que accediera.
Desde hace años siento una pasión muy fuerte por la figura de Giacomo Casanova, me parece uno de los grandes hombres del siglo XVIII, un moderno antes de los modernos. Don Juan busca su placer y Casanova da y recibe, quizá en este sentido Ridruejo es más casanoviano.
Se entrega, no es egoísta ni mezquino, y hasta lo considero puritano, católico-idealista de la pureza del amor por ser justo y noble también en el amor. Cuando sus compinches se iban a burdeles él no quería frecuentarlos. Su componente puritano le impide transgredir la pureza, el elemento primordial en las relaciones hombre-mujer. Cuando en los años sesenta está en el exilio su relación epistolar con su mujer es maravillosa.

Memoria histórica
¿Crees que juzgaría correctamente el proceso actual sobre la memoria histórica?
Es una pregunta muy complicada. La única pista que tengo de su pensamiento la encuentro en escritos de los sesenta, donde pone el límite en el juicio a los responsables de los crímenes de guerra, en la medida que lo ve como una operación útil para el presente pero muy complicada y destructiva con vistas al futuro. Él era corresponsable de muchas atrocidades y de animarlas, y sabe que hay muchos que están en su misma situación. No le parece razonable este juicio retroactivo, aunque naturalmente cree, y por eso escribe Casi unas memorias, en la obligación de contarlo todo, ser transparente para explicar la barbarie sin tapaderas, con desmenuzamientos, algo que en la parte de los vencidos no hizo nadie como él. ¿Cuántos fueron en el lado de los vencidos tan autocríticos? Ridruejo tiene conciencia de culpa y sabe que la razón era de los derrotados. Los malos fueron los vencedores, lo sabe, pero al mismo tiempo intenta aplicar su lucidez para saber el porqué se encontró en ese bando. Desde su poco orgullo y gran soberbia reflexionó y halló respuestas. El orgullo no impide reconocer errores, la soberbia en sentido positivo le obliga a aceptar su equivocación.
Me sorprende y admiro su actitud por el silencio en el que el campo académico y social se ha visto sumido desde 1977 hasta 2004 en relación a la Guerra Civil y el franquismo.
No estoy de acuerdo. Se ha tratado, pero creo que estamos ante un problema cronológico-temporal, no histórico, sino de curso académico. El profesor tenía que valorar la posibilidad de prescindir del XIX e ir hacia temas más espinosos.
Desde el 2004 hay otra mentalidad, no sé si por el cambio de gobierno....
No sólo por eso, por muchas otras cosas, el componente social de reactivación de los niños de la guerra, factor sociológico común en toda Europa.
Y Javier Cercas.
Sin duda él es uno de los grandes responsables a partir de Soldados de Salamina por su éxito multitudinario y gratuito, por hacerlo desde su soledad, que constituye un elemento sintomático de movimiento. No creo que existiese un olvido de esos temas, veo más una falta de repercusión e interés público, relacionado con hechos biológicos. Los nietos han crecido y preguntan a los abuelos. Este es el factor fundamental. El otro lo relaciono con una efectiva rehabilitación de la memoria franquista desde la segunda legislatura en el poder de José María Aznar, lo que provocó que padres y nietos reaccionaran ante esa rehabilitación franquista. ¿Cómo sucedía eso cuando el parlamento aún no había denunciado los cuarenta años de Dictadura? A partir de ese momento empezaron a publicarse obras literarias, audiovisuales y de todo tipo sobre la guerra, lo que no significa que antes no se publicara nada sobre la materia.
¿No crees que es necesaria una pedagogía sobre el pasado a través del cine, que es el vehículo cultural de consumo mayoritario?
Sí, el cine lo trata más, sólo se corre el peligro que esa pedagogía se convierta en moda. Si la moda significa ampliar, adelante. Fíjate en el título de la ópera prima de Isaac Rosa: Otra maldita novela sobre la Guerra Civil. Era necesario que los herederos de los vencidos crearan productos reivindicativos que han provocado también una reacción neo-franquista. Es indispensable en democracia, aunque parezca muy exagerado, que esos nostálgicos existan. ¿Qué se venden 150 mil ejemplares de un libro? ¡Somos 45 millones, son una minoría! Es más una manía de historiador, no hay que ser alarmistas.
Libros que vienen y van.
La derecha española ha entendido que ese discurso no servía, han sido intoxicados por sus propios ideólogos. No hay miedo, no pasa nada. La Guerra Civil es nuestro Far West.
En el caso de la izquierda intelectual también hay una nostalgia que yo mismo sufro, con el deseo de volver a la residencia de estudiantes.
Pero es que el crecimiento actual de España es superior. Lo que quedó interrumpido es el crecimiento siguiendo el son europeo, que por suerte se retomó a finales de los sesenta y sigue siempre en expansión.
Suenan las campanas. Ha transcurrido una hora exacta de reloj. Me despido de mi tocayo Jordi con otras mil preguntas en mi cabeza. Habrá tiempo para formulárselas. Mientras eso no suceda espero que nuestro diálogo les haya desvelado la verdadera personalidad de un hombre que supo cambiar para mejorar y que desde la conciencia, aprendió de sus pecados de juventud, graves pero subsanables si se actúa con coherencia y se usa el raciocinio, algo que muy pocos hacen a lo largo de su existencia.
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