miércoles, 24 de septiembre de 2008

la rosichabacanización de EL PAIS



EL PAIS es el mejor diario español con diferencia. Ostenta tal posición desde 1976. Los tiempos están cambiando y el motivo no concierne a una espectacular metamorfosis del periodismo español.


Desde hace unos meses, soy de los que empieza la prensa por la última página, la primera sección que leo es la deportiva y luego salto a Catalunya, Sociedad, España e Internacional, los apartados que mejor salud conservan del rotativo si olvidamos algunos marujeos que descolocan a cualquiera que tenga en sus manos la publicación más emblemática del grupo PRISA.


La parte cultural pierde nivel a pasos agigantados. Se salva Babelia, renovado y con cierta fuerza basada en tener en su nómina bastantes escritores que ejercen de críticos. Uno que dice serlo- crítico, no escritor- es Carlos Boyero, periodista autoendiosado, redactor de sus artículos mirándose al ombligo. Boyero se adora con toda su alma y ese amor llena la tinta con una sustancia siempre más nociva.


El escándalo saltó con sus crónicas venecianas. Boyero se quejaba de los alojamientos y abandonaba la sala durante la película de Abbas Kiarostami recomendando a los distribuidores españoles siquiera meditar la posibilidad de adquirir sus derechos para España. Cuatro ilustres nombres del cine español, entre ellos Víctor Erice y José Luis Guerin, escribieron una educada y sincera carta al director en que se criticaba la labor de Boyero, y con razón. EL PAIS decidió guardar silencio y esperar que el Jaime Cantizano del celuloide disparara con una bala conclusiva.






¿DE QUÉ?




De la decadencia del que un día fue un espejo donde muchos esperábamos encontrar un cristal verdaderamente europeo. Las primeras críticas que leí fueron de Ángel Fernández Santos. Respondían a la que siempre ha sido mi idea de buen periodismo, iban al asunto con precisión quirúrgica y aportaban, eran un verdadero estímulo intelectual.


Por lo que parece los nuevos tiempos requieren egocentrismo al cubo, chuleria de taverna y clima made in salsa rosa. Boyero ha reaccionado con mentalidad de Pantocrátor de Sant Climent de Taüll. Ego sum lux Mundi. El 19 del presente mes tildó a los autores de la carta de comisarios de la cultura y Policía de la cultura. La sovietización de las expresiones esconde el pensamiento de un hombre homologado vendido al cine de palomitas y al mejor postor de la gran taquilla, un hombre que en la edición de hoy miércoles 24 de septiembre de 2008 se suelta la lengua y ataca rabioso. Víctor Érice se ha convertido en el juglar del membrillo, Guerin es el fotógrafo de Estrasburgo y todos sus "enemigos" los mariachis de la nada.

La pluma de Boyero alcanza sus máximas cotas cuando usa en su crónica de hoy la palabra coño. Si el mundo fuera más raro de lo que ya es y los únicos textos disponibles fueran críticas de cine me hubiese sobresaltado. ¿Qué pinta ese vocablo en un artículo dedicado al séptimo arte?





Ésta pérdida de estilo, esta pauperización del periodismo cultural tendría que alertarnos de la pérdida crítica de la crítica y de la misma razón ante el insano ombliguismo que antes pregonaba esperanza y ahora nada en el conformismo de la izquierda sin rumbo con aires conservadores bendecidos por el capital.




Por eso Boyero es tan campechano. Como los príncipes y su abrazo en la semi de la Eurocopa.






En fin.