martes, 26 de marzo de 2013

Poema "Visión de la ciudad en el retorno"




Visión de la ciudad en el retorno
Una ciudad de cobardes nacionalistas
donde las novias meten los cuernos
a sus parejas y las obras sirven a chicas
que se sacan fotos en los lavabos
por la ilusión de última moda,
pero no son nada, sólo belleza marchita
en la flor de la vida, comida rápida
que no entiende de frenos, carne fresca
que perdió la brújula del museo
en la basura de lo contemporáneo,
sutil en su adoctrinamiento,
el sexo así es simulacro,
minucia de paupérrimas momias
de cuatro gatos, no salen de casa,
la porcelana ahora prescinde de cajas,
está anclada en la pantalla, su cutis
es un pixel sin emociones,
por eso hay que salir a la calle,
queda cursi decirlo, lo sé,
se trata de una ecuación lógica,
charlar en bares, flirtear con sonrisas,
acercarse, pedir teléfonos
o actuar en el acto, el coito
es más longevo que un me gusta
y la apariencia de lo efímero,
puede que no me veas nunca más,
no importa, el recuerdo de fundirnos
en un lapso concreto, sellar anhelos
entre gemidos, besos y fluidos
de pura humanidad,
de repente todos somos etarras,
actué en el piso de abajo
del zulo del marido
de Cifuentes, que me cabrea
con sus palabras, pero no soy pirómano,
me gustaría sacar fuego de los ojos,
acabo de comprar huevos de oca,
uno sirve para que coman tortilla
dos comensales, es la gloria,
una apoteosis económica de pueblo,
con la crisis el bolsillo es un compartimento
ordenado, sin embargo, dejo la cautela
en la sala de espera, siempre avanzo
asumiendo riesgos, aburrirse es una excusa
de inopia, una mala puta de feria,
prefiero disparar inteligencia en el centro,
desde el lateral, siempre somos periféricos
y muchos son homeopáticos,
se creen su cantinela en cápsulas patéticas,
no saben que jugar se hace el aire libre
para luego recoger la cosecha en versos
que escribo sólo para divertirme
en la pausa del té de las siete,
sigo con resaca del viaje,
no me duele la cabeza, dejé
las estrellas en un cajón, juré
cambiar de lengua por un homenaje
y notar como ya nada me oprime,
aislado como un ermitaño,
abierto al mundo eternamente,
pesco en el río y la literatura
repite esquemas del respirar, savia
que deja flotar imperfecciones,
engulle sensaciones ignoradas
y crea un estilo propio ajeno
a fachadas que caerán en menos
de lo que canta un gallo, enemigo
de los farsantes de la romería.