Diálogo con Ignacio Echevarría, acompañado de un texto de Ignacio Vidal-Folch, sobre la reciente edición de los diarios de André Gide. Puedes leerlo aquí
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domingo, 1 de agosto de 2021
jueves, 25 de junio de 2020
Marie de Regnier en Todos somos sospechosos
Esta semana la bio lucanoriana de Todos somos sospechosos se dedica a Marie de Regnier, una mujer fascinante redescubierta hasta cierto punto por Lou Jeunet en su sensacional película Curiosa. Si quieres puedes escucharla aquí
domingo, 19 de abril de 2020
Confinamientos a la francesa en El Confidencial
Este fin de semana escribí en El Confidencial sobre confinamientos literarios a la francesa, de Balzac a Houellebecq. Puedes leerlo aquí
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Julien Green
sábado, 7 de diciembre de 2019
André Gide en El Confidencial Cultura
El pasado mes de noviembre se cumplieron 150 años del nacimiento de André Gide. Escribo sobre su figura, demasiado olvidada hoy en día, en El Confidencial Cultura y puedes leerlo aquí
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domingo, 13 de octubre de 2019
Censura en el Laberint de Wonderland
Hoy en el Laberint Marc, Pep y servidor hemos hablado de censura desde lo literario y lo musical. En mi caso abordé el caso de Corydon, de André Gide, para luego pasar a la censura fotográfica en Stalin, la de las cortinas en las salas de cine para terminar con La verdad sobre el caso Savolta, de Eduardo Mendoza. Puedes escucharlo aquí
sábado, 22 de junio de 2019
Moralistas en el Laberint
Hoy Marc Hernández y servidor hemos dedicado el Laberint a hablar de los moralistas. Por la sección han circulado Blaise Pascal, Pierre Drieu La Rochelle, André Gide y Josep Pla. Si quieres puedes escucharlo a partir del minuto 30 del enlace clickando aquí
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Josep Pla
martes, 13 de noviembre de 2018
El final de la Gran Guerra a través de los diarios de tres escritores en El Confidencial
La semana pasada publiqué en El Confidencial este artículo sobre el final de la Primera Guerra Mundial a través los diarios de tres escritores. Gide, Woolf y Josep Pla. Puedes leerlo aquí
jueves, 11 de octubre de 2018
Els plats de la cuina a Revista Mirall
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domingo, 28 de mayo de 2017
Voyeurismo y literatura en el Laberint de Wonderland
Hoy en el Laberint de Wonderland hemos hablado de Voyeurismo y literatura. Empezamos con El Rey Candaulo, seguimos con Las babas del diablo de Julio Cortázar, inspirador de Blow Up de Michelangelo Antonioni, continuamos con Si te dicen que caí y terminamos con El Motel del voyeur, de Gay Talese. Si quieres puedes escucharlo a partir del minuto 35 clickando aquí
domingo, 6 de noviembre de 2016
Frases de franceses Nobel en el laberint de Wonderland
Hoy en el Laberint de Wonderland hemos elegido cuatro frases de cuatro premios Nobel franceses para comentarlas y hablar de la obra de estos autores. Empezamos con Romain Rolland, continuamos con André Gide, seguimos con Albert Camus y terminamos con Patrick Modiano. Si quieres puedes escucharlo a partir del minuto 35 del enlace clickando aquí.
miércoles, 4 de noviembre de 2015
André Gide en Todos somos sospechosos
Esta noche en Todos somos sospechosos centramos nuestras Noches en la tierra en la figura de André Gide, un maldito de tomo y lomo con muchos ingredientes impresionantes. Si quieres puedes escuchar la charla aquí
domingo, 2 de noviembre de 2014
Podcast de impostores en el Laberint de Wonderland
Hoy en el Laberint de Wonderland hemos hablado de impostores literarios con un cuarteto de excepción. Empezamos el viaje con Los sótanos del Vaticano de André Gide, seguimos con Las confesiones del impostor Félix Krull, continuamos con Impostura de Enrique Vila-Matas y concluimos con Tom Ripley, paradigma de paradigmas. Puedes escuchar la charla a partir del minuto 35 del enlace clickando aquí
martes, 9 de septiembre de 2014
El meridiano de Greenwich y Cherokee, de Jean Echenoz
El meridiano de Greenwich y Cherokee, de Jean
Echenoz
Jean
Echenoz, El meridiano de Greenwich, Anagrama, Barcelona, 2014
Traducción
de Josep Escué
Jean
Echenoz, Cherokee, Anagrama, Barcelona, 2014
Traducción
de Josep Escué
Puede
que los últimos lectores que se han acercado al arte de Jean Echenoz juzguen su
producción a partir de esa senda biográfica donde lo mínimo se infiltra en el
tejido del espacio y sus protagonistas para lograr que a partir de los detalles
sobresalga la esencia. Esta fórmula alcanzó su paroxismo en 14, donde su autor prescindió de
personajes ilustres y convirtió a la Historia en el gran motor que acciona los
acontecimientos de estas atmosferas minúsculas, marionetas de un conjunto al
que están encadenadas.
Mediante
una serie de ardides narrativos la escritura y la trama se desnudan porque no
necesitan nada más. Lograrlo es una proeza que requiere una maestría surgida de
otra fase, cuando se llegó a un umbral que era inevitable superar para seguir
adelante entre prosas e historias. ¿Cuál era? No corre prisa, ya lo descubriremos.
Las
obras de Echenoz empezaron a traducirse al castellano a finales de los ochenta.
En 1989 Anagrama publicó El meridiano de
Greenwich y Cherokee. Ahora las
reedita y por eso quien escribe estas líneas ha pensado que ello da la
posibilidad de articular una crítica desde varios niveles cronológicos.
Si
fuera un crítico galo del momento en que salieron ambos volúmenes, 1979 y 1983,
creo que enfocaría la cuestión a través de diversos puntos que aun hoy en día
son de interés. En primer lugar centraría la obra en su contexto. Tanto El meridiano de Greenwich como Cheeroke parecen responder a una
urgencia literaria por reinventar el Polar
del Hexágono tras su edad dorada que deslumbró a medio mundo, sobre todo con
una producción cinematográfica donde se alternó lo popular con obras de culto,
y el joven Echenoz usó aspectos de ambas parcelas, como si así mostrara, algo
muy propio de la cultura que vendría en el siglo XXI, que lo elevado puede
conjugarse con tonos menos elaborados.
En
segundo término abordaría la cuestión de influencias ajenas al género negro. En
este sentido Echenoz se presentó en sociedad como un autor que conocía la
tradición de su país, algo detectable en leves dejes Nouveau Roman y
ambiciosos, pero sutiles, planteamientos donde emergía la figura de André Gide,
quien desde finales del siglo XIX se interesó por el acto gratuito. Empezó a
jugar con este concepto su Le
Prométhée mal enchaîné, donde un sobre con dinero y un puñetazo en plena
calle se erigían en caprichos con verdadera incidencia en la vida de las
personas. El mayor ejemplo en su producción es del asesinato que Lafcadio Wluiki
perpetra en ese tren camino de Nápoles en Los sótanos del Vaticano,
crimen cometido sin motivo alguno, sólo por la diversión de ver qué pasa.
En este último caso
las consecuencias del hecho afectan hasta al brillante malhechor, desencadenándose
episodios que parten de pequeñas minucias que devienen significantes porque el
destino es una casa donde todas las puertas están conectadas, algo que Echenoz
comparte con el “contemporáneo capital” y aplica desde distintos ángulos
que nos sirven para comprobar cómo construye sus personajes.
La joya de la corona
de El meridiano de Greenwich es Théo Selmer, traductor de las Naciones
Unidas que un buen día se cansa de su oficio, abandona Nueva York y comprueba,
mientras lee diccionarios para no perder la forma, que es un notable tirador.
De viaje por Sudamérica topa con tres viejos conocidos del edificio donde
trabajaba y acaba con ellos por mero entretenimiento, y lo mismo perpetra
Albin, killer que elige a sus muertos a partir de cuatro características
esenciales. Sus macabras ruletas rusas difieren de otra que encontramos en una
de las subtramas. Un hombre entra en un bar con un montón de sobres pardos en
la mano y los reparte por las mesas. Vera recoge uno y de este modo precipitará
su camino hacia las antípodas. ¿Les resulta familiar?
En Cherooke el
protagonista es Georges Vache, quien por la tontería de seguir a rubia de aúpa
y querer quedar con ella se ve involucrado en mil peripecias a cada cual más
surrealista que se introducen en el conjunto para jugar con el lector,
desbordado ante la profusión de elementos que configuran la novela, piezas de
un rompecabezas que terminan por confluir.
Para un lector avezado
en la obra del francés, tanto El meridiano de Greenwich como Cherokee
insinúan un itinerario que alcanzará un primer punto álgido con Rubias
peligrosas, donde todo lo insinuado en sus novelas de debut se consolidará
hasta un límite que conducirá a una nueva etapa que quizá ya haga agotado. La
próxima entrega nos desvelará el secreto.
lunes, 25 de agosto de 2014
Pasado Imperfecto, de Tony Judt
Pasado
imperfecto, de Tony Judt, por Jordi Corominas i Julián
Tony
Judt, Pasado imperfecto: Los intelectuales franceses, 1944-1956, Taurus,
Madrid, 2007
Traducción
de Miguel Martínez-Lage
A
veces el ansía de novedades hace que leamos con poco orden y ningún concierto.
Suelo valorar a cualquier tipo de autor desde la trayectoria, sobre todo si es
un historiador como Tony Judt, del que hace escasos meses leí El peso de la
responsabilidad, donde recogió tres ensayos dedicados a Léon Blum, Albert Camus
y Raymond Aron, tres hombres consecuentes que vivieron la época reflejada en
Pasado Imperfecto, obra de 1992 donde el malogrado historiador aborda la
actitud de los intelectuales franceses desde la Liberación de 1944 hasta los
sucesos de Hungría de 1956.
El
libro ofrece una visión global que en cierto sentido constituye una antesala de
El peso de la responsabilidad. Si olvidamos este aviso para navegantes y nos
centramos en el contenido del volumen caminaremos hacia la desmitificación
absoluta de un período muy hermoso para los cánones masivos de la cultura
actual, donde resulta fácil encumbrar a determinados iconos sólo desde la
fachada, y eso es lo que ocurre desde hace tiempo con Sartre, Simone de
Beauvoir y otros, pues los demás, de Mounier a Mauriac pasando por Paulhan o
Roy, salvo Camus son notas al pie de la nota al pie porque no gozan de ningún
tipo de predicamento en el universo que potencia el conocimiento de trivial
pursuit.
Los
nombres citados en el anterior párrafo han quedado como modelo de intelectuales
comprometidos para un mundo necesitado de faros visibles. Sin embargo es
curioso constatar cómo su influencia fue más bien escasa desde unas posiciones
donde era fácil contradecirse y soltar un sinfín de gloriosas astracanadas
sobre el Comunismo y los problemas de los regímenes de Europa del Este. En esto
quien se llevó la palma fue el premio Nobel literario de 1964, pero sería
injusto cargar todas las tintas contra su ya superada figura. Muchos pecaron de
una incontinencia verbal que desacreditaba la figura del intelectual en el
momento de su máximo apogeo.
¿Qué
podían decir esos monstruos galos del Imperio soviético y sus modulaciones?
Mucho y nada, porque la idealización afectaba su pensamiento, asimismo
corrompido por el antiamericanismo nacido tras el fin de las hostilidades. Las
actitudes estadounidenses en el Viejo Mundo y en su propio territorio generaron
la ira de esos hombres de letras que, en cambio, juzgaban con enormes loas
cualquier acción proveniente de Stalin y sus secuaces, como si el Comunismo
tuviese una bula que el Capitalismo, malvado pese a impregnar hasta la médula
el tejido del ropaje francés, no merecería.
Por
otra parte hay que considerar otro punto. Francia siempre ha tenido un discurso
político interno muy marcado que marca fronteras favorables y otras más bien
deprimentes. Entre las primeras figuraría la formación de una mentalidad a
partir de la Tercera República (1870-1940), propicia para crear la figura del
pensador civil implicado en cuestiones estatales de largo recorrido, con visión
histórica y una idea donde el Hexágono era por su especificidad un oasis de
riqueza filosófica. Entre lo negativo figuraría la poca influencia del
pensamiento extranjero si exceptuamos la prestigiosa escuela alemana, lo que
provocó una cerrazón ombliguista que explica muy bien la poca trascendencia de
los esgrimido por los galos, empecinados en defender su postura desde un
profundo complejo de inferioridad que se extendía como un cáncer a partir de la
desolación de la derrota contra Alemania en 1940 y el dominio yanqui a partir
de 1945.
¿Podía
tener el Hexágono cierta preponderancia en el nuevo orden mundial? ¿Estaba
destinada a ser un país de tercer orden?
Las tornas mostraban una dualidad en la que Francia debía someterse a los
dictados estadounidenses, aunque eso no impedía comentar con soltura la
actualidad soviética y enfocarla desde una positividad que horrorizaba a los
que sufrían la represión estalinista. Sartre siempre se apuntó a esos viajes
donde soltaba parlamentos donde se ridiculizaba en su elogio de virtudes inexistentes
ante súbditos humillados y reprimidos. Debía haber aprendido de la desilusión
de Gide en 1936 o de la prudencia de Camus, Mauriac o Aron, desencantados con
la hoz y el martillo para moverse en un ámbito donde su fuerza era expresarse
sin depender de símbolos.
Por
otra parte las discusiones de tan distinguidos personajes servían para apartar,
algo imposible porque la realidad era otra, el fantasma del provincianismo, y
en este sentido el libro de Judt es muy instructivo si pensamos en la situación
española, donde nadie quiere traspasar el muro y abarcar lo internacional.
Nuestros vecinos querían, y por eso eligieron un tema tan espinoso y actual en
su era como el Comunismo, irrelevante en Francia entre otras cosas porque los
USA prohibieron en 1947 la entrada de cualquier Partido con esa ideología en
los gobiernos occidentales.
Thorez,
el líder histórico, quedaba como un emblema que daba cobijo, pero ningún gran
nombre de los tratados, entre los que no figuran Picasso y se menciona poco a
Louis Aragon, se afilió al PCF, simple mito que debía ser respetado por su
significado en la Resistencia, de la que muchos, una vez fracasó el breve
ajuste de cuentas de la posguerra, renegaron para guardar formas e integrarse
en las dinámicas de la caótica Cuarta República.
La
situación gala podía compararse en lo abordado por Judt con el caso italiano,
donde el PCI fue una fuerza trascendental hasta la caída del sistema. Sin
embargo la diferencia entre ambos países radica en el instante del punto y
final del idilio con lo soviético. Los franceses, de ahí la cronología del volumen,
finiquitaron su amor en 1956 tras el discurso secreto, Hungría y el estallido del problema colonial.
Los transalpinos, con alguna duda tras la tragedia magiar, apuntalaron su
independencia tras los sucesos de Praga en 1968 en una reacción que fue un
claro preludio del Eurocomunismo y del resquebrajamiento de la Guerra Fría en
su bipolaridad.
El
declive de esa fe casi religiosa y el paso a tratar asuntos internos, pues
Argelia era francesa, muestra un viraje que resume un encogimiento de los
términos del diálogo cultural y la aceptación de una realidad donde pese al
prestigio todo se había reducido hasta dimensiones nacionales. En Estados
Unidos lo galo sigue siendo importante, pero lo es para una minoría académica
que venera a los sucesores de Sartre y compañía. Foucault, Lacan, Derrida y
otros son carne para universitarios, lo que por otro lado demuestra, y suscribo
plenamente lo que plantea el autor de El
refugio de la memoria, que reciben una educación alienada de lo palpable, y
lo mismo sucedió en la mente de estos pensadores tan reputados para quedar bien
y sacarlos a colación en charlas intrascendentes. Excepto Camus, más por su
muerte prematura y el mito de dejar un bonito cadáver, los demás forman un
panteón de ilustres muertos ninguneados porque al fin y al cabo, y eso es lo
más importante, sus opiniones no fueron básicas para la vida de un país que
había perdido un rumbo que aun no encuentra.
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USA
miércoles, 20 de agosto de 2014
Nacionalismo, merchandising y redes sociales en Cataluña en eldiario.es
Esta semana publiqué en Eldiario.es el artículo "Nacionalismo, merchandising y redes sociales en Cataluña." Si quieres puedes leerlo aquí
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