lunes, 30 de julio de 2012
Audio de mi entrevista en el programa Efecto Mariposa de Radio Uruguay
Hoy en el Programa efecto mariposa de Radio Uruguay me entrevistaron para hablar sobre Pierre Michon y su libro El origen del Mundo, que reseñé hará unos meses en Revista de Letras. Puedes escuchar el audio clickando aquí
Más menciones a mi novela José García
El verano sigue siendo óptimo para José García. Caen las reseñas y aquí os dejo con dos más, si bien la primera no sé si merece llevar ese nombre porque más bien parece una recopilación de las opiniones vertidas en la contra del libro.
1.- La página de cultura dice lo siguiente
2.- Y Miguel Ares reseña el libro aquí
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sábado, 28 de julio de 2012
El Gladiador silenciado disponible en La Central
Ahora que Loopoesía está de descanso veraniego,aunque volveremos en otoño para actuar en varias ciudades que no sólo serán Barcelona y Madrid, no está de más anunciar que es posible adquirir el poemario que articula el show de este año, El gladiador silenciado, en las varias La Central, bien sea acudiendo a la librería o encargándolo online. Para hacerlo sólo tienes que clickar aquí
viernes, 27 de julio de 2012
La soberbia y las burbujas en Granite and Rainbow
La soberbia y las burbujas, por Jordi Corominas i Julián
La soberbia es un vicio mal visto, casi peor que levantarle la novia al vecino. Ya lo sabían los reyes romanos. Uno de ellos, el último, recibió el apelativo que tanto nos preocupa y además se llamaba Tarquinio. Peor gusto y no nace. Su altivez comportó su caída y la eclosión de la República. Me encanta lo de la Historia se repite, y quiero que el mismo proceso acaecido en la Ciudad Eterna hace más de dos milenios tome cuerpo en España. Depende de los ciudadanos alterar el orden. Sí, estoy muy cabreado. Es martes veintinueve de mayo, pega un calor de mil narices visigodas y los millones que entre todos daremos a Bankia son una prueba horrenda de la prepotencia de los que mandan. ¿Lo toleraremos? ¿Os quedaréis en casa contentos sin más?
Las burbujas en España son una constante. Los antiguos consideraban que la humildad era un defecto, una intolerable muestra de hipocresía. El Cristianismo trucó el termómetro y desde ese instante fue bien vista, lo que debería ser delito. Lo políticamente correcto llena el vertedero de detritus que transforman las palabras en heces para retroceder. Otra cosa es la pedantería, que por otra parte también se halla en interminables monólogos de Facebook, que en lo literario es un ejemplo de lo que menciono, una burbuja de egos que se creyeron lo de Warhol sin pasar por Darwin. Los quince minutos de gloria y la selección natural no están tan lejos, el tiempo lo verificará. Miles de personas se han declarado creyentes de una religión como palestra de proyección pública. Milagro.
Te leerán, les sonará tu nombre y albergarás la esperanza de labrarte un futuro en las letras sin contemplar que vives en un país que se va a pique donde se publican más de cien mil títulos actuales. ¿Quién los compra? Seguirás en tu amanuense actividad en una bitácora, te comentarán los textos y sentirás un cosquilleo. Puede que al cabo de unos meses las energías desaparezcan y tanto aquí estoy yo te derrote, porque debes saber algo elemental. Aquí, así lo dicta la Historia, el dedo del azar no es casual. De nada vale criticar con ese goce de tertuliano. Lo único esencial es tener paciencia, trabajar con amor y ofrecer lo creado desde una sinceridad, lo contrario al efecto. Nuestros antepasados estarían de acuerdo. Su reloj era más lento y valoraban lo desprovisto de tendencia. Tenían la honestidad por bandera, y cuando se enzarzaban en debates literarios lo hacían con gracia infinita, con sátira, arte y razonamientos asesinados en un camino a principios del siglo XXI.
La palabra soberbia es bíblica, apocalíptica. Las burbujas me recuerdan a mi infancia y un sábado en la Fundació Miró de Barcelona. Un mago las generaba con artilugios verticales en una sala oscura con una luz rebelde que viraba de ángulo a ángulo mientras la música se sincronizaba con la deformación de las pompas, que tras alcanzar su cénit se contraían y empequeñecían hasta desaparecer. La metáfora de la anécdota es obvia y anticipa un estallido a lo Zabriskie Point de Antonioni con más de dieciséis cámaras para captar el estruendo, la horrenda belleza del colapso.
Será múltiple. Operación Triunfo acude a mi cabeza a la una y cuarenta y siete minutos de la madrugada. Los jóvenes aspirantes a cantantes de éxito atendían en insufribles colas, soltaban sus gallos o delicias y después recibían un veredicto. Un poco como Dios en las películas en blanco y negro. Bienvenido, es tu turno. No, no vales. Eso lo hace la vida y entre prosa, poesía, ensayo o lo que ustedes deseen la frontera también se fijará desde esas coordenadas. Vindràn els anys, i amb els anys la calma. Quedarán doce, dieciséis o un número multiplicado por cinco. La cifra disminuirá cuando estemos muertos.
La gigantomaquia es nociva, y entra en la línea del discurso. Hace poco más de un siglo que el Titanic finiquitó la arrogancia de la Belle Époque y su optimismo en un perpetuo progreso tecnológico y científico basado en una explotación de los desfavorecidos, del esclavismo a la clase obrera, del vagón de tercera clase a las grandes exposiciones universales. La época feneció con el atentado de Sarajevo y antes de apagarse propició las vanguardias desde la neurosis de lo común, que engendraron la rebeldía de unos pocos elegidos que mientras un modelo agotado y caduco se agotaba con la Primera Guerra Mundial triplicaron la apuesta hasta los topes. Cuando un cuerpo se pudre sólo hay que rescatar el esqueleto para que sus huesos sean arqueología de la ruta a trazar. Sin pasado no hay presente.
Picasso, Cocteau, Apollinaire eran soberbios buenos al tener plena conciencia que su propuesta asaltaba los parámetros de la normalidad, una dama monótona que llena demasiadas estanterías que protestan por el flagelo de la mediocridad al cuadrado, transmitida de generación a generación por individuos sin comprensión de una de tantas polisemias de la soberbia, la de errar en la percepción de lo que uno hace hasta sucumbir porque las pilas no están programadas para la misión.
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jueves, 26 de julio de 2012
Fotos de la presentación de José García en Le nuvole de Barcelona (11/7/12)
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martes, 24 de julio de 2012
El duelo y la fiesta de Jenn Díaz en Revista de Letras
Superar el reto de la segunda novela: “El duelo y la fiesta”, de Jenn Díaz
El duelo y la fiesta. Jenn Díaz
Principal de los Libros (Barcelona, 2012)
Si nos dieran los libros con una portada blanca todo sería muy diferente. En la actualidad la literatura española está representada por un amplio abanico de generaciones que van desde los veinte años hasta figuras casi centenarias como José Luis Sampedro. Los más jóvenes oscilan entre una actitud fotogénica y la solvencia de dedicarse a escribir con una profesionalidad sumamente adulta. Entre este último sector destaca sin lugar a dudas la figura de Jenn Díaz, quien a sus veinticuatro primaveras escribe con una envidiable madurez que ya apuntó en su primera novela, Belfondo, un texto coral con una trama ubicada en un pueblo ficticio que resumía con su esencia el conjunto de oficios y caracteres de la sociedad. El mérito de su ópera prima radicaba en un lirismo narrativo de alto voltaje y un fuerte dominio de la estructura, algo ciertamente al alcance de poca gente, pues no resulta sencillo encajar tantos cabos sueltos y convertirlos en un todo.
La autora barcelonesa ha evolucionado, y así lo demuestra su último manuscrito, El duelo y la fiesta, donde abandona lo utópico y se sumerge en la realidad. El salto de gigante es sutil, un progreso suave aunque contundente. De lo rural y la fantasía viramos a lo urbano encerrado en pequeños habitáculos, espacios cerrados que poco a poco convergen hasta crear una polifonía que sería imposible sin la abeja reina que vehicula el relato, la poetisa Blanca Valente, quien desde su lecho de muerte parece tener un poder supremo que hace bailar al resto de personajes, encabezados por su criada Luisa y Julio, un joven bibliotecario que desde su pasión por los versos de la agónica protagonista, muda en su cuarto y rimbombante por su resonancia, hará lo posible por acercársele mientras contagia con su pasión a su alumna adolescente, Candela. La dramatis personae se completa con Elías, un jovenzuelo que por orden del carismático Padre Damián acude al domicilio de la moribunda con el objetivo de darle confesión, Rosario, el marido de la sirvienta y un sinfín de voces anónimas que permanecen en escena pese a guardar silencio durante la mayor parte del relato.
Son presencias casi invisibles con un sentido que las hermana. El vínculo no sólo es la poetisa, sino más bien la figura materna que determina de un modo u otro la existencia de estos peones de la trama. Ya dice el refranero, y Rafa Nadal, que madre no hay más que una. Aquí Luisa lo es y sufre por ello, Blanca Valente lo es y atiende a la última, la que siempre nos lleva. Julio tiene una que corre por el barrio y la de Candela se preocupa por los trastornos de su retoña. Elías la tiene lejos, muy lejos, sobre todo en la conciencia del abandono. Todas influyen y han desbaratado la normalidad. Algunas han pagado el pato y lo saben. Otras siguen con la rutina, ajenas al dolor, ciegas al ignorar los mecanismos que generan una causa y un efecto en la doble intimidad de la relación materno filial y la carga que conlleva para los implicados.
Blanca Valente se inspira en la poetisa peruana Blanca Varela, quien expiró en 2009 y no concedía entrevistas. Aventuro que la anécdota puede haber ayudado a Jenn Díaz en la configuración de ese hermetismo simbolizado por la puerta de una habitación que divide a su inquilina de los que esperan con nerviosa parsimonia a escasos metros de distancia. El espacio está bien expresado porque cada pedacito del mismo contiene una clave interpretativa, y ello no se limita a la casa de la protagonista, centro neurálgico del relato, sino que se extiende por todo el perímetro del texto hasta generar una muñeca rusa de pisos que a su vez propulsan a sus ocupantes a otros sitios a través de palabras, fotos, casualidades y el capricho del destino.
Sería fácil hablar de vidas rotas que confluyen en una carretera trágica. Fácil y cierto, pero ahórrense lo lacrimógeno. El duelo y la fiesta es un ejercicio de pericia al servicio de la literatura que toma su modelo de referencias clásicas de las letras españolas, desde Ana María Matute hasta Carmen Martín Gaite con un punto de Delibes, buenas referencias para armar una prosa que tanto sabe usar la ironía enmascarándola de solemnidad y viceversa. Las situaciones humorísticas no aparecen de la nada, llegan porque así lo exige el transcurrir de los hechos y en ocasiones, sin ser gags de carcajada, nos arrancan buenas risas porque la autora ha sabido captar lo absurdo de ciertas situaciones de la cotidianidad, desde dudas maritales hasta señoras que se transforman por arte de birlibirloque en críticas de postín.
Jenn Díaz deja que sus creaciones hablen solas, que es lo que debería hacer cualquier escritor: trabajar mientras los hijos siembran sus frutos. Seré demasiado optimista, pero una actitud así me parece una excelente noticia de esperanza, un signo de inteligencia que gana enteros al cobijarse en el manto de la tradición para intentar generar novedad. No creo que El duelo y la fiesta sea, ni mucho menos, la novela definitiva de la barcelonesa, sino simplemente una piedrecita más en una senda que auguro larga y exitosa.
lunes, 23 de julio de 2012
De monjas y modernos en"Peligro de extinción" de Bcn Mes
De monjas y modernos, by Jordi Corominas i Julián
Es curioso que Pio XII muriera en 1958. Su sucesor fue Juan XXIII, el Papa de la sonrisa, hijo de campesinos que vivió demasiado poco para que su ideario surgiera efecto en las polvorientas estancias vaticanas, que siempre han gozado de cierta policromía por los atuendos de las monjas. Caminar por Roma y contemplarlas es tentador en un sentido conceptual de locos. En ocasiones paseaba por las calles de la Ciudad Eterna y pensaba que, en realidad, tan religiosas hermanas declaraban con sus maravillosos tocados la invención del Pop de los sesenta. Fíjense en ellas. Verdes, rojas y amarillas, como las pastillas pero ungidas por la divina providencia.
Si quieren observarlas deberán trasladarse a la capital italiana, porque en Barcelona hace tiempo que son una curiosidad, y les puedo asegurar que Nietzsche nada tuvo que ver con su desaparición. El esplendor de las señoras con cofias llegó a su punto álgido en el siglo XIX, cuando nuestra urbe rebosaba de cofias y conventos que desaparecieron entre desamortizaciones, medidas reales para erradicar la insalubridad e incendios de nuestros antepasados, gente indignada capaz de arrasar con todo para reivindicar mejoras sociales y denunciar milenarios privilegios. El culmen del proceso acaeció en 1909 con la Semana Trágica, una de esas revueltas que aún transcurrían en verano porque no existían vacaciones pagadas y el calor encendía más los ánimos de la multitud. Ese mes de julio la ira estalló por una guerra injusta y el cinismo de los ricos, felices de regalar rosarios y cigarrillos a los pobres soldados que embarcaban por no poder pagar las mil quinientas pesetas, el sueldo de todo un año, que automáticamente te eximían de la leva.
Las monjas se escondieron y los obreros se preocuparon de sacar algunos cadáveres de las iglesias y colocarlos en las esquinas con cigarrillos en la mano y otras lindezas. En julio de 1936 el odio de este proletariado vanguardista se cebó otra vez con tan pías mujeres, eternas víctimas del río político, tanto que poco antes Alejandro Lerroux, el maquiavélico emperador del Paralelo de los primeros años del siglo XX, había abogado claramente por su violación al sugerir que los jóvenes levantaran sus hábitos y las elevaran a la categoría de madres.
¿Cómo es que había más monjas que negros? Eso era en mi infancia. Ahora es más fácil hablar con gente de color, horrible eufemismo, que con sor Mercedes, por soltar un nombre cualquiera. Estoy triste y deprimido, sé que mi vida ya nunca será lo mismo sin el consuelo de esas damas del sagrado corazón. Siempre nos quedarán las modernas.
Sí, un fantasma recorre Babilonia, el fantasma de ese nuevo género que suele identificarse con lo cool pese a su estética vintage. Modelos imposibles, gafas de nerd y vacuo léxico. Bienvenidos al parque temático donde todos quieren ser diferentes pese a vestir igual con ligeros matices. El panorama de las modernas ha resucitado el uniforme desde lo laico. Los flequillos son las nuevas cofias, y de las estampitas han cedido su lugar a Instagram. Lo más interesante es que ambos grupos coinciden en determinados aspectos, que van desde defender unos postulados nimios que son incapaces de defender hasta el placer de circular en grupo para resaltar su estéril notoriedad.
Una diferencia de peso radica en su estatus. Las siervas de Cristo, entregadas a la devoción por fe o necesidad, están en grave peligro de extinción, mientras que la estupidez de sus sucesoras ya es un símbolo fatuo de la mediocridad de nuestra época, donde prima, además de la de riesgo, lucir palmito, dárselas de cutre intelectual a la última y esputar vocablos ingleses para renunciar a lo patrio, que para esta secta es algo casposo y patético. Perdón, execran lo patrio y lo europeo. El paraíso está en lo anglosajón, factor que apunta a otro factor de identificación con sus antecesoras de oración y virginidad: la alienación absoluta de la realidad. Unas por creer en un ser superior que hemos inventado los humanos, otras por creer que viven en L.A. o en un episodio de Mad Men. Ninguno de los dos colectivos analizados en este artículo ha logrado dejar atrás la infancia, eso está claro. Decía Elvira Lindo que muchos escritores españoles quieren ser americanos, lo que les lleva a adoptar una narrativa que traiciona el contexto en que viven, absolutamente desdibujado en sus textos porque es un artificio que en nada corresponde al aire que respiran. Las modernas también tienen eso, su vida es una tómbola de luz y de color. ¿Qué quedará de vuestras fotos cuando seáis viejas?
Ilustración: Nil Bartolozzi
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viernes, 20 de julio de 2012
El nomenclátor, la Canadenca y la closca pelada dels cretins en Bcn Mes
El nomenclátor, la Canadenca y la closca pelada dels cretins, by Jordi Corominas i Julián
Hace dos semanas quedé en la Plaza del Molino con un grupo de señoras interesadas en conocer la historia del Paralelo, una arteria desaprovechada desde que se apagaron los focos de los teatros y cabarets que la convirtieron en un gran centro de ocio popular durante gran parte del siglo XX. El tiempo y el cambio en las diversiones han alterado su aspecto físico, tanto que para quien no conozca nada de antigua fama puede resultar sorprendente saber que, además de un templo del liguero y la picaresca, fue un importante enclave obrero.
Entre los números 64 y 80 de la avenida se acumulaban bares proletarios sin puertas ante la inexistencia de horarios. El más célebre fue el café La tranquilidad, irónico nombre para un negocio por donde desfilaron, entre otros, Lluís Companys, Francesc Layret o Salvador Seguí, políticos que pisaban la calle y hablaban con las personas, seres transparentes para los que mentir era una blasfemia.
La tranquilidad, para más INRI, estaba en el número 69, al lado del Teatro Victoria. Un poco más abajo, mientras el barrio descubría desde el puerto la cocaína y el jazz, destacaban las tres chimeneas de la Canadenca, fábrica que durante decenios fue la mayor productora y distribuidora de energía eléctrica en el área metropolitana de nuestra ciudad. Este skyline compite en el recuerdo colectivo con el de Sant Adrià del Besós, salvado mediante un referéndum popular del que informamos en su momento. La diferencia principal entre los dos sitios es que en el del Paralelo tenemos un ejemplo de lucha que el Ayuntamiento dirigido por Xavier Trías intentó cancelar sin éxito hace bien poco.
Barcelona es una ciudad con muy pocas placas conmemorativas en comparación con otras capitales europeas, algo curioso si pensamos en la mentalidad que se nos atribuye a los catalanes, más germánicos que latinos, disciplinados y concienzudos con el recorrido de nuestros antepasados. ¿Seguro? No, más bien en este aspecto parecemos los vagos del sur, que diría Angela Merkel. Hay escasos rótulos que informen de hechos pretéritos.
Si somos precisos matizaremos mejor la poca vergüenza, y el miedo que implica su acción, del gobierno del hombre que erre que erre pronuncia esa letra con peculiar dicción. Para apreciar la estafa que se quería perpetrar conviene penetrar en la Plaza de las tres chimeneas, foro público con bancos de cuarta mano y un escenario al que, obviamente, no se le da uso útil. Mientras vislumbramos la platea avanzaremos y el siempre informativo nomenclátor nos comunicará que estamos en el Passatge de la Canadenca. Si leéis la explicación comprobaréis que sí se alude a la huelga de 1919 que paralizó la ciudad durante dos meses y propició por la presión obrera la consecución de las ocho horas laborales, un triunfo proletario que venía reivindicándose desde finales del siglo XIX.
Y diréis vale, está muy bien que el paseante pueda retener datos de suma importancia. El problema es que el 19 de mayo del presente año EL PAÍS publicó un artículo del polipoeta Xavier Theros, quien cada verano nos deleita con su sabiduría de las partículas elementales de Barcelona. El texto era brillante y comentaba el cambiazo. Durante una cantidad de meses que no podemos cifrar con exactitud, entre otras cosas porque nadie comunicó el cambiazo, desapareció de la placa del Passatge de la Canadenca la mención a la huelga revolucionaria y como contrapartida surgió una explicación más que neutra donde se especificaba que la emblemática fábrica fue fundada en 1911 por Frederick Stark Pearson, un señor fallecido en el hundimiento del Lusitania al que ya se rinden honores en la zona alta con una estatua y una conocida avenida de Pedralbes.
Pearson no es la cuestión. El tema es la manipulación del nomenclátor por parte del Ayuntamiento para anular y borrar del mapa una molestia de la curiosidad, como si cancelando la ineludible referencia al conflicto de 1919 este desapareciera también para siempre, por el bien del parque temático y su pavor, pueden estar tranquilos, a que los jóvenes decidieran imitar a sus abuelos.
El caso es que ardía en deseos de relatar a mis queridas señoras la sibilina maniobra. Mi decepción fue tremenda. Tras el eco que tuvieron las reflexiones de Theros, el ayuntamiento, en otro gesto cargado de secretismo, aceptó que había hecho el ridículo y volvió a colocar la placa original. Aquí no ha pasado nada. Total, sólo un periodista y sus seguidores se han cabreado con la chapuza, gravísima por su maquiavélica voluntad ideológica.
¿Por qué es básico con la que cae recordar a los héroes de 1919? Los empresarios catalanes se lucraron con la neutralidad española durante la Primera Guerra Mundial. Cuando cesaron las hostilidades su burbuja se deshinchó y la crisis por la disminución de ese maná de trinchera comportó en la empresa Riegos y fuerzas del Ebro, filial de la compañía canadiense, modificaciones en las condiciones laborales del personal de facturación. Se recortaron sueldos y los trabajadores pidieron asesoría al Sindicato único de agua, gas y electricidad de la CNT. La empresa reaccionó a la presión con ocho despidos. Los obreros siguieron acudiendo puntualmente a su tarea, pero aumentaron la apuesta con una huelga de brazos caídos que comportó ciento cuarenta despidos más. El reto llegó a su paroxismo cuando, finalmente, todos los asalariados abandonaron sus puestos y Barcelona se vio sumida en la más completa oscuridad. Los tranvías dejaron de funcionar, muchas fábricas tuvieron que cerrar y un apagón informativo, porque las rotativas estaban inhabilitadas, cuadró el círculo.
El gobierno, estupefacto ante la deriva de los acontecimientos, reaccionó tarde y mal. Encarceló a tres millares de valientes y la huelga específica pasó a ser general en toda Catalunya. Lo local adquirió dimensión nacional y se armó el rosario de la aurora que engendraría, pese a la conclusión feliz de este tramo de la disputa, la semilla que crecería hasta 1923 en la ciutat on es matava pel carrer porque la Patronal no se quedó parada y lanzó un ordágo que hizo de Barcelona un Chicago europeo donde el capital contrataba sicarios para ajustar cuentas con los que se oponían a su fascismo económico.
Pero eso ocurrió más tarde. La lección de la huelga de la Canadenca fue plantar cara a los malos de la película con pacifismo y un temple sensacional. Dos meses de paro total, no tonterías de una jornada con pancartas y tambores. Y en estas Xavier Trías o quien sea de su consistorio aprieta un botón y con su matamoscas aplasta al insecto estático que amenaza con volver si alguien lo lee.
El ardid no ha surtido efecto y han imitado a los cangrejos, lo que no evita que les hayamos pillado- primero con la metamorfosis, luego con la restauración del contenido inicial de la placa- con las manos en la masa en su fechoría de querer liquidar lo acaecido. En la era de la desinformación por exceso de fuentes no estaría de más enhebrar un manual que nos ayude a comprender las gestas y las actitudes de los que nos precedieron. Así seria más fácil darle razón a Karl Marx y gritar bien alto, por mucho que les fastidie a las autoridades, que sí, que la Historia, en mayúsculas, se repite.
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jueves, 19 de julio de 2012
Laura Fernández reseña mi novela José García en El Mundo
José García sigue cosechando buenas reseñas en este julio de locos. En esta ocasión es Laura Fernández quien habla de mi novela en la edición digital del periódico El Mundo. Si quieres leer su crítica clicka aquí
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martes, 17 de julio de 2012
Entrevista para el Blog Iletradoperocuerdo
Hace algo más de una semana la gente del Blog Iletraperocuerdo me propusieron una entrevista en la que hablar de muchos y variados temas, desde José García pasando por Loopoesía hasta llegar al estado de la crítica y otras cosillas interesantes. Acepté encantado y podrás leer el resultado si clickas aquí
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