viernes, 14 de diciembre de 2012

Diálogo con Miqui Otero en Revista de Letras


Diálogo con Miqui Otero, por Jordi Corominas i Julián

Por  | Portada | 11.12.12
Miqui Otero (foto: miquiotero.com)
Con Miqui Otero nos hemos comprometido al conocimiento en profundidad de los bares de barrio. La excusa para iniciarnos en esta senda necesaria y desconocida es la publicación en Blackie Books de su novela La cápsula del tiempo, una reformulación de la famosa serie juvenil, al menos para los que crecimos en los ochenta, Elige tu propia aventura.
Eran libros que planteaban la literatura como un juego de posibilidades, y así debería ser también en el universo de los adultos, pero estamos marcados por convenciones que nos llevan a un determinismo donde las estructuras narrativas y los roles de muchos personajes parecen seguir una pauta unidireccional. Plantear constantes bifurcaciones en la ruta de un relato para mayores de edad puede verse como un obvio guiño pop que en su interior contiene otras normas enfocadas a hilvanar una novela con contenidos de todo tipo, desde tramas sociales y amorosas hasta nostálgicas, futuristas, gamberras y románticas en un contexto muy barcelonés, como el bar donde hemos quedado, pletórica reliquia de la tierra media ubicada entre Sant Antoni y el Paral.lel.
El ruido es insoportable para mi grabadora, por lo que, en un arranque de valentía, cogemos nuestros bártulos y nos aposentamos en una terraza donde nos advierten desde el principio que van a cerrar en media hora, una amenaza que surge efecto en nuestro inconsciente, porque en un visto y no visto cambiamos la distensión por la concentración del diálogo centrado en La cápsula del tiempo. Eso sí, decantándonos por la opción menos segura, como si nuestro encuentro fuera una elongación de la novela.
La idea del libro no surgió de la noche a la mañana. Cuéntame un poco el proceso de gestación.
Sí. En la primera página de Hilo Musical hay una frase que menciona este tipo de novelas, pero surgió más firmemente tomando cervezas con Jan Martí, editor de Blackie Books. A partir de ese momento tengo libertad absoluta y sólo decidí mandarlo cuando lo tuve casi completo.
Hay una falsa coincidencia entre Hiilo musical y La cápsula del tiempo. En esta última se plantea en la introducción un encuentro entre amigos en un parque temático, un espacio muy parecido al de tu primera novela.
Parecen novelas irreconciliables, pero en el fondo son dos caras del mismo disco. Dos formas de explicar cosas semejantes. La primera fase de Hilo musical es “Usted está aquí”, y se refiere a un estar perdido, mientras lo primero que te ofrece La cápsula del tiempo es un mapa, donde teóricamente debes desorientarte. Han pasado una serie de años, estás más perdido que nunca y esta forma de contar la historia -de manera fractal, con universos paralelos y tramas dentro la trama- potencia el hecho de estar perdido.
Y el mapa, tanto en Hilo musical como ahora, parece corroborar una obsesión por la cuadrícula, por la idea de un espacio concreto por el que nos movemos, sea o no urbano, y en este sentido el Metro simboliza este punto a la perfección.
Sí, y el Metro no está en la superficie. Es un mundo subterráneo, un tejido que sirve al libro desde esta perspectiva urbana para reivindicar la anécdota y las historias en apariencia inverosímiles, tanto como los personajes extremos que podemos encontrar y que las personas no suelen contemplar porque han perdido la capacidad de sorprenderse en la normalidad. En mi caso empezar con algo tan leve como la historia de una chica a la que se le cae el teléfono en la vía del Metro ya implica un posicionamiento.  No he escrito un simple remake de Elige tu propia aventura con ninjas y demás, es algo muy diferente.
A nivel crítico es fácil que se genere el tópico de “has hecho un Elige tu propia aventura para adultos”, pero creo que el libro va más allá.
Por suerte no dependemos de cómo venderán nuestro libro.
Por eso lo digo, porque dentro de la idea de Elige tu propia aventura, descartando el tópico, hay un planteamiento que difiere del normal.
Es lo que hablábamos. Si juntáramos todas las tramas paralelas del libro de manera lineal estoy convencido que se parecería a una novela normal, con un protagonista que vive situaciones a lo largo de cada uno de los capítulos. Podría parecerse, sin que sea exactamente una comparación, a unas aventuras de Rocambole o a Julien Sorel, tipos que se enfrentan a situaciones muy diferentes, en ocasiones extremas, que van definiendo al personaje. Además, en este tipo de novelas por episodios el personaje evoluciona, no es coherente, cambia su mentalidad con frecuencia.
A partir de este punto entra un aspecto muy literario, aunque por desgracia no se practica en exceso, que es jugar con la casualidad de la realidad y las decisiones instantáneas, algo que no suelo encontrar en la mayoría de novelas actuales, donde muchos personajes tienen un aire robótico.
Esto empieza con la constatación de que el futuro no es lo que era. La obra está en nosotros, en los personajes y no en cosas tan arquitectónicas, y lo que le ocurra a los personajes y a ti mismo depende de muchos factores. No es verdad lo de “carácter es destino”, también entran en juego la casualidad y el azar, que para mi son el motor de toda buena novela y de la vida misma.
Al dirigirte constantemente al lector lo insertas dentro de una cotidianidad fuerte; cualquier escenario de la novela puede existir en la realidad, puede ser que un día topemos con esas anécdotas en la superficie.
Le pueden pasar a cualquiera, y hasta en un escenario se encuentran dos lectores, dos de los amigos que debían acudir a lo del parque temático. A lo largo de la noche han seguido trayectorias antónimas, en circunstancias muy diferentes, y han llegado al mismo sitio. Eso explica muchas cosas. Hay una continua mención a que TÚ eres el protagonista, pero hay una gran cantidad de secundarios y extras, protagonistas de sus existencias, que ayudan mejor a explicar la idea de ser otro si tomaras otro tipo de decisiones.
Comparto que los secundarios nunca lo son tanto. Es importante porque en el día a día ocurre, te encuentras con personas que marcan tu jornada y en el recuerdo son igualmente protagonistas.
Y en ocasiones son secundarios que roban planos y terminan siendo más protagonistas que los protagonistas.
En estos últimos tiempos la literatura los ha descartado en demasía.
La figura del secundario que merece su propia historia se ve clarísima cuando sales una noche y descubres mil historias de personas que, si reciben atención, pierden su aspecto folklórico de borracho de bar o el paki que incordia. Todo depende de cómo cuentes la historia, ya que de repente pueden ser protagonistas y que su relato sea más interesante que el tuyo.
A partir de poder elegir varias tramas puedes mimar más a estos personajes.
Totalmente. Puedes verlo como un tren de la bruja donde entran secundarios o como dices tú, un homenaje a las personas anónimas. En muchas de las tramas se repiten motivos, como el anillo de gelatina de los pakis, o frases como “los sueños son mapas del futuro” y también gestos o comportamientos que comparten varios personajes. Este tipo de estructura me dio  mucha libertad. Hay cosas que he hecho conLa cápsula del tiempo que no podría introducir en una novela lineal.
¿Podríamos ver La cápsula del tiempo, pese a ser una novela, a partir de sus posibilidades combinatorias y varios finales como una colección de relatos?
¿Por qué no? Pero una colección de relatos con el mismo protagonista. Lo difícil era lograr cierta profundidad con el protagonista, que es el lector. Funciona por sedimentación. Tiene profundidad si te enfrentas con las situaciones que encontrará el lector. El montaje es antagónico ya sólo por el hecho de elegir una opción y luego saltar a la contraria. A partir de esos puntos puedes entender al protagonista, por sedimentación de lo que lees. Puede ser una colección de relatos, en realidad hay muchas novelas que lo son.
El lector elige, hablo desde la experiencia personal, y desde ese punto cada elección es una apuesta por ver hacia dónde guía el carácter, elegimos algo porque nos es más afín, pero luego los varios finales con sus moralejas pueden desconcertar y hacerte pensar que quizá tú eres lo que dice el texto.
La novela tiene esa intención de libro espejo, pero también en la introducción se dice que es posible volver atrás y corregir tu comportamiento. Podemos imaginar nuestros comportamientos como coreografías, y al mismo tiempo como si fueran ensayos, más claros en el Libro Negro. Es una lucha constante entre el carácter y la casualidad.
Libros de la colección “Elige tu propia aventura” (foto: yofuiaegb.com)
Me acuerdo que, de pequeño, con los Elige tu propia aventura llegaba a un punto donde los leía linealmente. No lo he hecho con el tuyo, pero estoy convencido que si lo hiciera se entendería sin problemas su coherencia y las relaciones entre las partes.
Seguramente. Lo he leído linealmente muchas veces para desordenarlo mejor. Funciona porque las páginas no son auto conclusivas, cada página es una imagen y podría verse como una película que sólo entiendes al final. Es un libro capicúa, termina como empieza. Si tienes paciencia puedes leerlo de muchas maneras y hacerlo tuyo, esa era la idea.
Y es un libro muy “Blackie Books”, jugando con diferentes tipografías y páginas de colores que dividen las partes y te transportan a las mismas.
Cada trama tiene un ritmo y un código. Somos muy contradictorios. Normalmente no me gustan estos juegos tipográficos, pero en esta ocasión tenía sentido, como puede ser con el Libro Negro, donde los personajes más eminentes tienen estos mismos momentos de duda idiota que pueden catapultarlos a verdaderas catástrofes.
El Libro Negro me ha gustado mucho por sus anécdotas, pero lo más interesante de las mismas es cómo las escribes y apuntas, son parodias dentro de un ejercicio de estilo.
Mientras escribía el libro no estaba preparado para su posterior análisis. No pensé en lo del ejercicio de estilo, todo está escrito con absoluta honestidad.
No, si en ningún momento lo digo como algo negativo, más bien como prueba de versatilidad que refuerza el juego que genera el libro.
El cuerpo me pedía adoptar ciertos estilos para contar ciertas cosas. En este caso ante la solemnidad de libros como Momentos estelares de la Humanidad de Stefan Zweig quise hacer el mismo procedimiento desde una perspectiva cómica. Era el contrapunto ideal, no son las dos caras de la misma moneda, pero me pareció que sería interesante reflejar la misma idea desde la precariedad y la comedia.
Mezclas Superman, E.T., Michael Jackson con Julio César, Napoleón, un barco sueco… alternas elementos que quizá resuma el pop, lo chocante de la tradición con ítems medio nocillistas. Lo digo por el contraste, no por querer enmarcarte en ninguna corriente.
Sí, lo sé, pero conviene aclarar bien los matices. Uno de mis principales estímulos a la hora de escribir es mostrar conexiones latentes que normalmente no ve mucha gente. Lo planteo desde un punto de vista cómico, lo que descarga a quien escribe, pero también por el hecho de enfrentarnos con las mismas dudas que las personas del s. XVIII o de Julio César. La gente concibe la vida como una línea de Metro donde las decisiones importantes están en las estaciones de transbordo. Todo el mundo piensa que las decisiones importantes se resumen en pocas preguntas. Creo que toda decisión es importante. No es una cuestión de nudos: es continua, lo que tiene que ver con algo tan simple pero tan complicado como entender en una fotografía cuando una persona sale natural. La entiendes en ese estado, no si posa. Nos preparamos para las grandes decisiones, reflexionamos sobre ellas racionalmente, pero nos definimos en las decisiones más pequeñas, supuestamente menos importantes.
Pero esto puede verse en la historia de Severo, que surge a partir de una vaca, y es la metáfora de cómo una minucia puede resultar muy significante.
Es una minucia que después capitaliza. Cuando llegan a Nueva York los represaliados se hace pasar por uno de ellos y se convierte en su guía por la ciudad. Aquí entra la contradicción y subirse al carro ganador. Hay otras metáforas. La tormenta es la crisis y el hombre del tiempo el economista, todo eso está claro, pero del libro prefiero un personaje que marcha desde su aldea gallega a Nueva York durante la gran depresión, contando un relato de éxito. Luego vuelve y escribe esa novela retrofuturista donde admite la absurdidad de la situación, y sobre todo el momento de la distopía presente, cuando se cumple el tiempo en que planteó la acción. El hijo comprueba que se han cumplido las cosas.
Leer ese trozo en El Carmel huele a homenaje a Juan Marsé.
Por supuesto. Es una influencia, sin que ello implique que me sitúe en su tradición. Podía subir dos montañas. Una era ésta y la otra Montjuic, por Casavella.
Marsé tiene la virtud de narrar el contexto histórico de su época sin añadir datos impactantes. Narra la normalidad y a partir de la misma nos hace entender si sobrevuela el malestar.
Es la clave de la literatura que nos gusta.
Sí, pero de momento no lo he visto mucho en las novelas que quieren reflejar nuestra era, y en esas páginas, mediante la distopía creo que se observa bien cómo es nuestra época a partir de pequeñas pinceladas de la calle, pinceladas críticas.
Hay una ambición de no ser evidente ni panfletario. Mientras escribía esta parte pensaba en El talón de hierro de Jack London, y en otros escritores que tradicionalmente se les considera panfletarios y para mi son talentosos. No quería hacer la crítica de entrar en un bar y poner a parir cualquier cosa. Me llevo a un gallego a Nueva York durante los años treinta mediante una peripecia folletinesca. Le pasan mil cosas y hace un viaje al futuro en Nueva York, donde llega pensando que en esa ciudad todos hablan gallego. Al volver al origen se da cuenta de lo vivido y su excepcionalidad. Severo fabula y narra las cosas como algo maravilloso, el emigrante parte y vive en el paraíso, contado con pequeñas historias increíbles. Sin embargo su último deseo es que permanezca lo que ocurrió en realidad.
Un homenaje a la permanencia de las pequeñas cosas de la historia oral que se pierden al no aparecer en textos.
Sí. Marcha siendo un iletrado y luego se ha relacionado con intelectuales republicanos y al final puede escribir una novela ayudado por su hijo. El lector puede atar cabos, pero por suerte hay varios niveles de lectura.
Múltiples interpretaciones.
Que sea una historia que haga reír al lector, si quieren rascar más darán con otros niveles del tejido.
Lo gracioso de un libro así es que saltas de una página a otra, y mientras lo haces te fijas en las varias tipografías y coges frases al vuelo. En mi caso me apetecía llegar a la parte de Severo.
La historia de Severo existió, y no se puede considerar un caso tan anómalo entre los inmigrantes de entonces.
Si hablamos de los inmigrantes actuales, aparecen en el libro en una escena del Metro, con el rumano y el ecuatoriano que se acercan con sus instrumentos y casi estalla la Tercera Guerra Mundial. Elige entre el ecuatoriano y el rumano.
Ese vagón era demasiado grande para los dos.
De este modo sutil introduces aspectos sociales en la novela.
Sí, creo que tiene un alto componente social, que hago que sea muy evidente. Lo planteo desde esos personajes, y es un pequeño riesgo por sus contradicciones, porque depende de que final elijas podrás pensar que soy un racista, mientras que si vas hacia otra conclusión verás la bondad de ambos personajes.
En el rumano destacan sus dientes de oro, y es algo que expones de manera muy irónica. Puede que un lector plano y quisquilloso no lo vea así, y se enfade.
Muchos los tienen así.
Sí, es verdad. A partir de estos aspectos cotidianos se crea el Pop.
Luego este personaje tiene comportamientos muy nobles, y suele criticar la falta de lealtad y honradez, con sentimientos purísimos. Es insobornable, y hasta descubrimos que está implicado en una trama donde un grupo quiere robar un anillo de la familia Billet, y él será el héroe que cumpla el más gran acto de justicia de poética barcelonesa consistente en robar el anillo y fastidiar a esa familia. Pones en la balanza los dientes y su proeza y queda claro lo que verdaderamente cuenta.
Y en esa doble opción está presente la dualidad de aceptar la belleza de la aventura o guiarse por lo racional que conduce a la monotonía, el conflicto entre pasión y razón.
Tú decides según tu carácter, pero luego entran en juego muchas más cosas, que es uno de los factores relacionadaos con los Elige tu propia aventura que leíamos de pequeños. No eran novelas ejemplares ni cuentos morales editados por los salesianos. Siendo virtuoso podías morir en la tercera página.  Y eso está. Un comportamiento cobarde puede tener dos pasos chungos y un feliz desenlace. La trama te conduce hacia lo inesperado.
Pero la trama marca mucho la dualidad desde el principio, en el Metro con el móvil de la chica. Por una parte está el conductismo de dejar que las cosas sigan su curso y acatar el mantra de “está terminantemente prohibido bajar a la zona de vías”, ni que quisiéramos suicidarnos en masa. Por la otra tenemos una chica guapa y desconocida, a quien puedes hacer un favor y volver a ver, un poco como cuando vemos una chica guapa en el andén y sólo por su aura o por verle la cara subimos a su vagón, algo que mucha gente hace pero que no está bien visto socialmente, se juzga vulgar. Haciéndolo te rebelas contra la convención victoriana, contra esa doble moral siempre imperante.
Existe el conflicto entre el conductismo y la rebelión, entre razón y pasión y todo ello dentro de la historia de volver a rescatar en un parque temático una cápsula del tiempo enterrada veinte años atrás. La duda entre la fidelidad al pacto y la pereza de reencontrarte con tu grupo de antes. Quería que todas las historias, sobre todo las primeras, fueran cotidianas. No me planteé grandes decisiones, más bien lo contrario, llegar a ideas con las que el lector congenie por haberlas vivido.
Mapa que acompaña a “La cápsula del tiempo”
Tengo la sensación que este libro sólo podía editarlo Blackie Books.
Eso no lo sé, pero desde el principio del proyecto Blackie estaba presente y fueron más que flexibles con todas las locuras que se me ocurrieron. Lo que hay en el libro no es todo lo imaginado en el proceso. En algún momento hasta pensé en poner espejos. Ellos dieron suOK a ciertas cosas y negaron otras, eran un magnífico termómetro para calibrar el límite a la locura, darle sentido. Jan quería un libro que tuviera categoría de novela, y en eso su papel fue fundamental.
Tengo la sensación que poco a poco va formándose en un pequeño grupo de escritores con un interés muy fuerte por recuperar Barcelona en la novela. Creo que se refleja enLa cápsula del tiempo.
El lector es el protagonista. Sería mejor situar la novela en un lugar indeterminado. Percibo un cambio muy fuerte en lo que escribiré después de esto, y creo que quiero explicar mi ciudad para entender un montón de cosas. Con La cápsula usé lugares que son míos, desde bares hasta otros sitios que aparecen en los pasos que doy. Barcelona es especialmente interesante.