miércoles, 10 de noviembre de 2010

Ciclo "El mite discretíssim: Diàlegs al voltant de Mario Benedetti" en las Bibliotecas de Barcelona




Este jueves 11 prosigue el ciclo dedicado a la figura de Mario Benedetti. En esta ocasión las charlas se trasladan lejos del centro para hablar largo y tendido sobre la poesía del autor uruguayo.


BENEDETTI POETA

11 de noviembre de 2010 19. 30 h Biblioteca: Mercè Rododera

Camèlies, 76-80

Federico Nogara, escritor

Joaquin Marco, poeta, crítico literario y professor

Modera: Jordi Corominas i Julián

Miércoles 10, Cafés literarios en el laberint de Wonderland (Rne4)




La semana pasada dimos un buen recorrido por lugares de ficción que nuestro imaginario casi reales, como los cafés, protagonistas del laberint de esta tarde en sentido literario. Pasearemos por el desaparecido café pombo, circularemos por els 4 gats y clausuraremos nuestra ruta por Roma, donde visitaremos el mítico café Greco y pararemos en Piazza del Popolo para ver que nos cuentan los tertulianos del Rosatti y el Canova.

El laberint a Wonderland

Cada miércoles a partir de las 18h

Radio Nacional- Rne4

100.8 fm Barcelona

En directo: Rne4

martes, 9 de noviembre de 2010

Andy Warhol, entrevistas en Revista de Letras



Andy Warhol. Entrevistas”, edición de Kenneth Goldsmith
Por Jordi Corominas i Julián | Reseñas | 31.10.10

Andy Warhol. Entrevistas
Edición de Kenneth Goldsmith
Traducción de Ferran Esteve
Blackie Books (Barcelona, 2010)


Yo soy español, español, español. Y eso puede significar muchas cosas, y si hablamos de cultura contemporánea seguramente indique un navegar entre clichés que necesitan ser extirpados de nuestro cuerpo para dejar las apariencias y nadar en el mar de lo concreto. Todos sabemos que Andy Warhol es uno de los grandes faros de la modernidad, pero poco se ha hecho en la Península para conocer su figura como Dios manda. Algunos hablarán de la sopa, no confundir con Naomi, Campbell y otros, yo mismo, recordarán una lejana exposición a finales de los noventa en la Fundació Miró. Color, reproducción y, si me apuran, frío industrial. Resulta curioso constatar como en una tierra tan aficionada a los quince minutos de gloria, que ahora corren el peligro de eternizarse en basura que hubiese deleitado al genio de la Factory, han sido escasas las iniciativas de divulgar su luminosa figura. El pionero, ¿lo dudaban?, fue Jorge Herralde en 1972 y 1989, fechas de publicación en Anagrama de El director es la estrella de Joseph Gelmis y Warhol de David Bourdon. Después, salvo por un destello en Tusquets, el desierto hasta que una de las editoriales independientes más punteras decidió recuperar sus diarios de los años sesenta, fundamentales para comprender la magnitud del personaje. El camino trazado por la publicación de POPism en Alfabia lo continua con honores Blackie Books mediante la edición de las principales entrevistas al controvertido artista norteamericano en un libro que debe ser considerado como la Biblia esperada, quinientas páginas con treinta y siete conversaciones que abarcan cinco intensos lustros en la cima de la vanguardia y lo camaleónico para no perder comba y ser siempre un referente de la escena cultural y social de Occidente.

Antes de concentrarnos en el asunto conviene destacar otro salto trascendental del libro. El mercado español parece tener cierto temor a publicar compilaciones de entrevistas, como si ése contenido fuera poco vendible, lo que desmiente el universo anglosajón, donde suelen ser consideradas fuentes clave para investigar los tejemanejes artísticos del siglo XX. Nuestra escasa tradición en este ámbito se confirma con la introducción de Reva Wolf, donde se expone la pluralidad de las charlas con Warhol y lo variado de las entrevistas que presenta el volumen. El auge de este método de conocimiento se extendió en los años cincuenta de la pasada centuria más allá de la política, y al ser una novedad tuvo la fortuna de poder vestirse con muchos velos. El lector dirá que lo más normal es la fórmula pregunta-respuesta. Efectivamente, pero también cuenta cómo se enfoca el diálogo y quien es la persona que atiende las cuestiones. En el caso de Warhol entramos en otra dimensión que enlaza con lo radical de su poliédrica actividad. Los años sesenta son el mejor ejemplo, desde meras contestaciones monosilábicas- ¿Qué es el arte Pop? Sí- pasando por encuentros inventados por sus colaboradores y aceptados por el retratista de América, hasta llegar a desvaríos surgidos de la nada, viajes en taxi o la ingeniosa entrevista sobre su película Empire, donde el poeta Gerard Malanga sacó las respuestas del folleto publicitario del Empire State.


La excentricidad sobrevuela el conjunto, sin que ello signifique una oda a lo banal, ni mucho menos. El género merece ser elevado a otra categoría. ¿Puede Warhol responder un formulario para conseguir trabajo y adaptarlo a su contexto? Sí, claro, y también puede ser él mismo en cualquier circunstancia, dejando que una miríada periodistas de toda clase y condición, entre los que se cuentan muchos amigos, se adentren en su templo y plasmen en sus manuscritos el ambiente que se respiraba en el motor del bullicio de Nueva York para saber de su pasado en la publicidad, automatismos, happenings, serigrafías, pintura, vídeo, la Velvet Underground, Nico, novelas, las películas experimentales, Chelsea Girls, las superstars, Edie Sedgwick y captar a Warhol en estado puro, reacio a ser acribillado, pero con la grabadora siempre preparada para registrar lo acaecido, pistolero de la tecnología capaz de dar la vuelta a la tortilla y erigirse en entrevistador, con lo que reafirmaba su ascendente y, de paso, lograba, otra vez, revolucionar desde lo simple con la aceptación de los demás, pues de otro modo no se puede entender cómo algunos pobres chupatintas cedían al embrujo del hombre de las gafas oscuras y le dejaban ocupar el centro de la escena con bastón de mando incluido. Warhol preguntaba sobre su actividad y en alguna que otra ocasión el invitado de turno respondía siguiéndole el juego, que mutó hacia otros derroteros en los setenta.



En junio de 1968 la feminista Valerie Solanas intentó matar a Warhol, y éste nunca se recuperó físicamente del golpe. Redujo su actividad fílmica, enamorándose de la práctica fotográfica mientras retomaba la senda pictórica y se erigía en gurú de la Gran Manzana multiplicando su célebre presencia en fiestas, saraos y hasta, perdónenme el chiste fácil, en la sopa. Durante su penúltima década de existencia las conversaciones con el hijo de inmigrantes checos mantienen su aire corrosivo y apuntalan una especie de recorrido por la memoria de manera muy disimulada. Hay que leer entrelíneas, porque muchas veces puede parecer que Andy esté aguantando la pesadez del formato, cuando en realidad lo está usando en beneficio propio para consolidar su mito, figura cercana e intocable, familiar e inmortal, cariñosa y distante. La fama incide en las preguntas de esa época y se transmite en magníficas efemérides que simbolizan el estatus adquirido. El encuentro con Man Ray, delicioso y delirante monólogo interior repleto de ironía y nerviosismo, sería un buen ejemplo que los ochenta amplían en esa cena pseudo pornográfica con otro monumento americano, William Burroughs. Ambos departen de manera más que distendida sobre sexo homosexual, tamaño de falos, experiencias erótico-festivas y otros mejunjes del acoplamiento entre humanos. La libertad que emanan sus palabras contrasta con lo pacato de hoy en día, donde sería utópico imaginar algo parecido entre dos bestias culturales, y no vale elucubrar con nombres de postín, pues las tres décadas transcurridas han instalado un clima decadente donde se ha demostrado que las ocurrencias de Warhol son irrepetibles, quienes intentan repetirlas no hacen sino caer, salvo honrosas excepciones que ahora no recuerdo, en la más profunda mediocridad desde su efectismo de mercadillo. El chico de Pittsburg ya había ganado la partida en los ochenta. Durante ese período las entrevistas alaban su reconocida influencia para con las nuevas hornadas y siguen regalándonos el excéntrico repertorio de su protagonista, interrogado mientras consume alocadamente en Bloomingdale’s, una de sus mayores aficiones era acumular objetos, se confiesa católico, amante de la televisión, fanático del té y visionario que con su sola imagen puede levantar cualquier producto, mago de las finanzas que se apasiona con la informática y pese a la enfermedad que iba mermando sus fuerzas aun tiene arrestos para desarrollar una colosal energía hasta sus últimos días, entregado a lo que se le daba mejor: trabajar y vender, con gran eficacia, su imagen para el presente y la posteridad.



Lo bueno de esta compilación de entrevistas realizada por Kenneth Goldsmith es que después de leerlas cierras el volumen habiéndote divertido y queriendo más. Es lo que tiene el género. Federico Fellini afirmaba ser un gran mentiroso, hasta el punto de recomendar creer a medias sus diálogos con afamados críticos ansiosos por revelar algún detalle exclusivo. Warhol no era menos. Quédense con su personalidad, recaben los datos de más interés, desterníllense con sus ocurrencias y pidan a los Reyes Magos ser profesores de Grease o que se editen más libros como éste en España. Todos saldremos ganando.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Crónica de la misa loopoética en el Macondo Bar, 7 de noviembre de 2010















Un día de septiembre Lola Farigola y Jean Martin du Bruit estaban comiendo alcaparras y tuvieron una visión. Era un momento difícil para Loopoesia y convenía levantar el vuelo. Abrieron el periódico y de repente fijaron sus ojos en una noticia: El Papa Benedicto XVI visitaría Barcelona el 7 de noviembre para convertir en Basílica la Sagrada Familia, que no son los Jackson Five, sino un templo de Antoni Gaudí que lleva más de un siglo en obras, y eso que los romanos construyeron el Coliseo en ocho años. Tras leer la efeméride ambos héroes loopoéticos tuvieron varios espasmos y despertaron arriba de una montaña, descolocados y felices, por lo que decidieron organizar una contramisa como Dios manda. ¡No! El todopoderoso entraba poco en el juego, aunque nadie niega su importancia si se trata de liturgias. La idea era hilvanar una estructura escénica más lograda y hacer crecer el proyecto desde otras premisas para crear un evento único e irrepetible. Para conseguirlo Jordi Corominas i Julián se lo pasó en grande escribiendo un misal dividido en ocho partes que recibían conclusión con ocho poemas que optó por denominar oraciones, pues después de la prédica los versos musicalizados reforzaban el mensaje transmitido. No contentos con eso, los dos loopoetas reclutaron a varios seres del más allá: La monja esquizofrénica Belinda McCormack, la bailarina Benedetta Netzinger y el monaguillo Dj, eficiente al máximo en sus anotaciones melódicas, dispuesto a tope para que el tempo cuadrara con danzas, metralletas y palabras.




Los cinco protagonistas se unieron en varias ocasiones para que todo funcionara a las mil maravillas. El texto se creó en un santiamén, y el trabajo musical costó más, pero atorgó otra dimensión, insólita, fresca y punzante mediante la mezcla de música clásica, pop, melodías étnicas, voces papales, reales y hasta de entrenadores de fútbol que enlazaban las partes con mucha naturalidad y daban pie a introducir nuevas situaciones a la búsqueda de un espectáculo único e irrepetible que celebramos el domingo siete de noviembre de 2010 en el Macondo Bar de Barcelona. Lo que sigue es cómo fueron las cosas en una sala pequeña donde se juntaron entre sesenta y noventa personas unidas por el rechazo al Pontífice y ganas de sacudirse el sopor con una performance que sitúa la idea Loopoética en una esfera impensable hace año y medio. Por una vez dejamos muñecas fascistas, nuestro querido Pony, los íconos y el atrezzo y lo transformamos en un escenario con fotos de Hereu y Ratzinger, banderas catalanas, gatos chinos, una estatua cristiana del chino, un particular cáliz del que nadie sospechó nada hasta que el Papa loopoético se preparó para dar hostias, una cruz con guirnaldas navideñas y la guitarra chiquilicuatrika del gran poder. Asimismo, antes de iniciar la crónica, hay que destacar los atuendos de los participantes. Jean Martin iba con una capa cardenalicia, chilaba tunecina y tiara roja, exuberante entre tanta púrpura. Las bailarinas Lola Farigola y Benetta Netzinger eran monjas y eran porno, con un conjunto negro que resaltaba la belleza de sus formas corporales. Por su parte la monja esquizofrénica Belinda McCormack, brillantemente asesorada por Raquel Delgado, vestía con una incomparable elegancia, al igual que el monaguillo Dj, con su túnica blanca y un inolvidable gorro rojo que tanto recordaba al Vaticano como a la Shangai de cuando China no era la segunda potencia económica del mundo mundial.




La crónica

Una música africana, muy al estilo de las minas del Rey Salomón según Lola Farigola, dio el pistoletazo de salida. Rugían leones y nuestras monjas bailarinas precedieron al Papa paseando por la alfombra roja aguantado unas velas del mismo color. Sonaron campanas distorsionadas, Juan Pablo II quiso decir la suya pero no pudo porque Angelo Sodano se dirigió a toda la audiencia en varios idiomas hasta pronunciar, con el tema de 2001 Una Odisea en el Espacio de fondo, las míticas y rituales palabras: Anuntio Vobis Gaudium magnum: ¡Habemus Papam! Y no, no salió Ratzinger disfrazado en ningún balcón, quien irrumpió fue Jean Martin du Bruit en su papamóvil, una silla de ruedas de la posguerra bien dirigida por nuestra querida monja esquizofrénica. El cambio de la melodía preludiaba la primera de las apoteosis, y tras la endiablada guitarra de George Harrison en el Sgt. Pepper reprise llegó el turno de Bach, algunos acordes del desfile fashion religioso de Roma de Federico Fellini y….¡aleluya! Jean Martin bendecía a los expectantes fieles y atendía su momento para subir al escenario, For me, for me, for meeeeeeeeee y nuevamente aleluya, ya con el Pontífice en el escenario, soltando frases mientras las bailarinas encendían los ánimos con danzas sensuales y veneradoras. Ravel tocó la última parte y la misa pudo empezar. La primera parte era introductoria y mencionaba el tema clave de la liturgia: la comparación de dos instituciones deleznables, el ayuntamiento de Babilonia y el Vaticano, parecidas por su desfachatez y cinismo con el ciudadano y sus súbditos. El misal fue viento en popa, Jean Martin fluía verbalmente al son de la música ( La pasión de San Mateo y Tetris en órgano de iglesia) y sus vocablos dieron paso al primer poema para que el público orara mientras los versos destrozaban la sobrevalorada imagen de Juan Pablo II, al que no quiere todo el mundo, polaco demasiado endiosado entre cámaras y una campaña de promoción del sufrimiento para ablandar los corazones. Cuando retumbó el último verso, banal caricatura del nazareno, un coro hawaiano activó el salero de las bailarinas, y hasta el Papa se animó a seguir el ritmo de Honolulu, Ameeeeeeeeeeeeeeeeen.
Es difícil narrar lo ocurrido, porque mientras escribo se reafirma en mi cabeza la sensación que la misa de ayer fue mágica. En el segundo misal, con Mario Bros pululando entre acordes, la atención se centró en Babilonia y la poca vergüenza para con sus leyes cívicas, que permiten la desnudez y agitan polémicas idiotas de guiris que van sin camiseta. Vender humo es la marca de fábrica del ayuntamiento y para remarcarlo, mientras caía la tiara y la gente reía, la segunda oración fue un poema dedicado a las vírgenes vestales, pues de seguir las cosas así todos quedaremos sepultados bajo tierra por incumplir nuestra propia naturaleza. El Papa tocaba la guitarra, Lola y Benedetta bailaban y la monja esquizofrénica permanecía en un hieratismo muy difícil de conseguir entre tanto movimiento. Jean Martin quiso ser Hendrix, y se le quedó el instrumento en su sombrero pontifical para regocijo del respetable, que volvió a prestar atención con el tercer misal donde se comentaba la destrucción vaticana del paganismo y la avaricia de los de la cruz ocultando grandes obras de arte en sus cuatro lujosas paredes. Mozart violó sus normas aprendiéndose el Miserere, y mientras salían estas palabras de la boca del Papa loopoético su musa Farigola bailaba el Ave María de Schubert con una solvencia que arrancó aplausos y más aplausos. La oración viajó hacia el terreno de la revolución y preparó el campo para otro clímax tras el cuarto misal, donde se mencionaron los mecanismos de poder babilónicos-vaticanos, unos con la sucesión a la japonesa, los otros quedando en la Capilla Sixtina para fumar porros mientras los fieles aguardan la decisión. Si la Maria es de calidad sale humo negro, y cuando los cardenales van ya muy pasados se cansan de la intriga y sacan humo blanco por la chimenea para que un viejo salude a la masa congregada. Dicho esto la cuarta oración fue musicalizada con temazos relativos al dinero, destacando el bajo de money de Pink Floyd mientras la voz grabada de Jordi anunciaba que San Zacarías a granel, San Zacarías a granel vende la gitana con garbo en la plaza olivácea de Gracia. Dominus ora promovías vivis et difuntis gol de españa, ameeeeeeeeeeeeeen y llegó la aceleración.






Ring, Ring. Mi casa, teléfono. Las Walkirias de Wagner desataron la locura y tanto Lola como Benedetta crearon una danza perfecta al son del santoral loopoético….San David Carten, San sexo tántrico, San Santiamén, San José Luis Mula Amigó, San Cubano time, San Ringo Starr, San Peter O’Toole, San Paco Martínez Soria, San Souci, San Juniperio del gran poder, San Alain Delon rey de los Pakis, San Mortimer mirafiori, San Torrebruno, San Bungalow Bill, Santa Gloria Fuertes, Santa Usun Yoon, Santa Nadiuska, Santa Susana Estrada, Santo perro de Batman, San Kevin Costner de Jesús, San Renato Carosone, Santa Sofía Loren, San Pozí, Santa Ava Gardner, San Marcello Mastroianni, San voto en blanco, Santa Lola Farigola Romaní, San Jacques Brel, San Rosendo el rey de la baraja, San Jabier Lasaosa, San Andrés Iniesta, Santa Duquesa de Alba, San Hamid Atif, San Federico Fernández Giordano, Santa Rebeca Yanke, Santa Cristianne Fernández, San Miguel Hernández, San Paul McCartney, San George Harrison, San Chuck Berry, San Damon Albarn, Santa Perpetua de la Moguda, Santa Maria de Palautordera, Sanlucar de Barrameda. Era uno de tantos clímax, pues cuando esta pieza de cinco minutos concluyó las cosas avanzaron hacia lo más erótico. La pausada Belinda McCormack despertó de su letargo y se transformó por arte de birlibirloque en una depredadora sexual de la pradera, atando en el cuello del Papa un collar sadomaso, poniéndolo cachondo con sus movimientos, jugando con la carne del pobre Jean Martin en la silla de ruedas…el loopoeta levantaba los pies y agitaba los brazos de puro placer hasta el punto de descender de su impresionante vehículo, gatear como un niño, dejarse seducir por la monja, fornicar en directo y luego, tan pancho, volver al misal rememorando su visión de Ratzinger por obligación el 26 de mayo de 2005, orar un poema crítico con España, con presencia de Juan Carlos de Bourbon en las voces y del himno del PP en la música, y preparar los bártulos para la séptima parte donde se exponía porque la mejor religión es la loopoética, lo que dio lugar al repartimiento de hostias, que no eran mamporros, sino gominolas en un cáliz que en realidad era un orinal en forma de elefante naranja.








Todos los fieles recibieron la comunión entendiendo que Loopoesia es amor. Fraggel Rock, Barrio sesámo y Albert Pla amenizaban el ritual y ya nos preparábamos para los últimos compases. Lola Farigola, Benedetta Netzinger y Belinda McCormack en plan terrorista islámica avanzaban entre la multitud y Jean Martin hacia recitar el público nuestra oración:





¡Oremus papam!
Loopoesia es amor
El surrealismo exceso de realidad
Las máscaras con peca tienen glamour
y Lola Farigola
Un sacerdote musical
Jean Martin tiene a Carmen
Y con su palabra
Quiere daros revolución
Escuchadlo atentos
Y dejar que vuestros oídos
Se impregnen del sonido, lo nuevo
Entierra convenciones
Y vuela
Para regalaros armonías
Del más allá
Pensando que el futuro
Se vive en presente

Que pese a su carácter tajante no fue el punto y final. Belinda amenazó al público, estupendo en su interacción durante el show, con una metralleta y las dos mágicas bailarinas completaron el espectáculo mientras Jean Martin repetía delirante que Loopoesia es amor. El aplauso final fue renacer y confirmar que la misa Loopoética fue un éxito que siempre recordaremos e impulsa nuestra proyecto hacia dimensiones más grandes y una confianza mucho mayor en lo que hacemos, ayer fue inolvidable y por eso no nos cansamos de dar las gracias a los asistentes y a todos los que nos han apoyado durante la preparación del evento. Gracias. Loopoesia es amor.







Ficha técnica de la misa Loopoética


Poesía y música: Jordi Corominas i Julián
Preparación de los bailes: Laura Fillola y Giuliana Bendezu
Asistente preparatoria de la monja esquizofrénica: Raquel Delgado
Ayudante del monaguillo DJ: Javier Lasaosa
Papa Loopoético: Jean Martin du Bruit
Bailarinas loopoéticas: Lola Farigola y Benedetta Netzinger
Monja esquizofrénica: Belinda McCormack
Monaguillo Dj: un navarro de armas tomar





Loopoesia es amor

sábado, 6 de noviembre de 2010

Domingo 7 de noviembre, 19 horas: Misa loopoética en el Macondo Bar


Hace dos meses decidimos organizar una contramisa que replicara a la de Benedicto XVI. La idea nos motivó por experimentar con el formato y poder ampliar el proyecto loopoético con más performances, coreografías y un texto diferente. El domingo 7 de noviembre Jean Martin du Bruit se convertirá en Papa y se verá acompañado en el escenario por las monjas-bailarinas Lola Farigola y Benedetta Netzinger, la monja esquizofrénica Belinda McCormack y el Monaguillo Dj Jabier Lasaosa, oremos armarios.


Misa Loopoética , domingo 7 de noviembre a las 19 horas

Macondo Bar

c/conca 21

Metro L4 Guinardó, L5 Camp de l'Arpa

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Crimen de Irvine Welsh en Revista de Letras



Expiaciones en la posmodernidad: “Crimen”, de Irvine Welsh
Por Jordi Corominas i Julián | Reseñas | 1.11.10

Crimen. Irvine Welsh
Traducción de Federico Corriente
Anagrama (Barcelona, 2010)


Somos seres que vivimos en unas coordenadas espacio-temporales muy concretas. El ciclo de la vida parece marcar fechas señaladas, pero las verdaderas son caprichos del calendario, vuelcos inesperados que sellan la mente de quien padece el imprevisto calculado por malhechores con sangre fría y prístinas ideas, de escalofriante lucidez. En Crimen, última novela de Irvine Welsh, Britney tiene siete años y recorre las calles de Edimburgo tranquila, conociendo el camino, ignorante del mal aparcado en las postrimerías. Un hombre sale de una furgoneta blanca y ejecuta su macabro plan. Secuestra, viola y asesina a la niña.

El caso cae en manos de Ray Lennox, un perfecto antihéroe de vacaciones en Miami junto a su futura mujer para intentar superar la desazón de no haber evitado la muerte de otra persona inocente. El martilleo en la cabeza es constante. La depresión prosigue su curso y no da tregua, lo que podemos entender mediante la argucia del narrador, voz que se dirige directamente al protagonista, conciencia que nos acompaña en la senda una expiación para retornar a la normalidad. El viaje al otro lado del Atlántico estaba ideado para el contraste positivo. Florida y su sol, dolce far niente ocioso con Trudi, emocionada con los preparativos de la boda, antesala de un cambio hacia lo nuevo que sepulte fantasmas, que sin embargo, atenazan a Ray por secretos en principio inconfesables que provocan terremotos en la superficie. Las erecciones se desvanecen entre medicamentos, aunque lo peor radica en el desasosiego y la indiferencia que todo le produce. Quiere coca y alcohol para sobrellevar la pesadilla instalada en su cuerpo, muralla que impide progresos y le transforma en un monstruo capaz de soltar un que te den a la prometida y provocar una tormenta sentimental que no es sino otro paso en su búsqueda de dar con las cartas que le permitan vencer su partida interior.

Los movimientos se ejecutan con aplastante lógica. El cerebro del poli aficionado a los Hearts bulle a mil por hora, analizando el presente y volviendo la vista atrás, dándonos datos para encuadrar su íncubo. El vodka corre por su garganta y las sinapsis lloran por un túnel de su infancia y la deriva de los acontecimientos. Hay música, mucho qué hará Trudi y, naturalmente, las tentaciones de la noche a las que sucumbe el treintañero. Dos mujeres, polvo blanco y una fiesta borrosa tras atravesar la ciudad estadounidense y su idónea estructura de asfalto. De repente irrumpen extraños. Robyn y Starry, lascivas anfitrionas de mercadillo, le han llevado al piso de la locura, seduciéndole con rayas, sin avisarle del peligro y una niña, Tianna, advertencia que encenderá luces de alarma cuando los recién llegados flirteen con ella y se desate el golpe que sitúe las piezas de la trama en su lugar tras esta fase inicial donde luchábamos por descubrir las bifurcaciones de la historia. Citas inatendidas. Lennox no tiene ninguna obligación de protegerla, pero se verá reflejado en la niña desvalida que se las da de dura usando estruendosos vocablos mientras realza una feminidad prematura, erigiéndose en ángel guardián de la pequeña al tiempo que mantiene las antenas sintonizadas a un obsesivo canal en que la pederastia reposa en el pedestal de un atroz reino, neblina demasiado profunda que le bloquea. Y hay que decir basta.





Otro escritor hubiese planteado el segundo tramo de la novela como un relato rosa sin mucha chicha. Podemos imaginar cómo Hollywood habría apostado por la amistad entre el escocés y la niña, felices por alejar el infierno a base de tiernos diálogos y bonitos sucesos. Otro literato hubiese traspasado las fronteras de lo lúgubre para sorprendernos con un final cruel y mezquino. Irvine Welsh ha madurado, lo que es una excelente noticia en un autor que sabe combinar muy bien la bestialidad con lo social. En este sentido nuestra época y determinadas interpretaciones surgidas del impacto de Trainspotting le han situado como un icono de lo transgresivo, algo muy sencillo de decir si se toma su prosa como un banal conglomerado de temas para encandilar a quienes buscan sexo, drogas y rock and roll, como si estos tres tópicos fueran la maquinaria que sostiene su obra, cuando en realidad, a diferencia del último Easton Ellis, son elementos que vertebran la construcción y dan vigor a la acción impregnada en una materia por donde flotan las ideas y un hondo sentido crítico. Quizá por eso Crimen engancha, porque sus páginas narran una atribulada aventura en la que siempre prima la introspección psicológica. Los mamporros, roces, espejitos y piruetas son excusas que nos desplazan al meollo de la cuestión, la recuperación vital de un buen tipo atosigado que no sabe cómo recuperar el tiempo perdido hasta que, y asistimos a otro sutil pero contundente cambio de voz narrativa, toma las riendas y entonces entramos en el vértigo de la resolución en sus múltiples capas del puzzle, única salida posible para clausurar un texto de impecable estructura narrativa al saber cuándo ubicar cada migaja para darle sentido en relación al todo, saltando de Edimburgo a Miami, de la madurez a la infancia según requieran las circunstancias de la trama, con lo que se mantiene la tensión narrativa sin pretensiones epatantes, sólo con la coherencia de encajar las partes verosímilmente, cuidando cada uno de los estratos de una existencia que claman por una armonía: trabajo, traumas y amor.

Asimismo cabe recalcar otro acierto. Al situar los hechos fundamentales en territorio desconocido, Welsh concede a su protagonista una clásica válvula de escape. El mito nos ha enseñado que es más sencillo comprender errores si pisamos tierras que no nos pertenecen porque lo inhóspito lleva a escarbar más en nuestro interior. En la antigüedad las revelaciones de este tipo de experiencia conducían a proezas gloriosas. En el mundo del siglo XXI una urbe deshumanizada, larga autopista con apeaderos marítimos, sirve de escenario para la gran gesta de lo mínimo una vez han desaparecido leyendas y épicas guerreras. Las nuevas batallas, hijas del siglo XX y un revolucionario señor vienés, se juegan en campo propio a partir de efectos exteriores. El contraste, resolver el conflicto en las antípodas, refuerza la angustia del desbarajuste que acucia a Lennox, quien como su creador sabe muy bien que la supuesta fachada de paz por la que circulamos no es sino un decorado donde la normalidad vierte invisibles excrementos sin solución de continuidad en las esquinas por las que tú, yo y cualquier hijo de vecino pasamos cada día antes de desarrollar nuestras actividades cotidianas. Las del protagonista tienen carácter policial, y eso hace que desmenuce su calvario desde un doble prisma personal e investigativo, acierto clave que confiere a Crimen tono de novela detectivesca en una órbita que la trasciende.

Miércoles 3, Lugares literarios que no existen en Wonderland de Rne4




La Atlántida, Macondo, Camelot, Xanadú, El País de las maravillas, La Cartuja de Parma....sitios literarios que tienen mucha fuerza, se instalan en la imaginación y casi parecen reales. Ya avisó Vila-Matas que en Parma no hay ninguna Cartuja, que Stendhal la inventó, y el fenómeno cubre todo el globo terráqueo, navega entre libros y nos sorprende, por eso dedicaremos el laberint a precisar la verdad de estas maravillosas ficciones.


El laberint a Wonderland

Cada miércoles a partir de las 18h

Radio Nacional- Rne4

100.8 fm Barcelona

En directo: Rne4

martes, 2 de noviembre de 2010

Poema "Muerte de la cultura: A Pier Paolo Pasolini"


Muerte de la cultura: A Pier Paolo Pasolini de Jordi Corominas Julián

Il mare è amaro
e il marinaio muore in mare.

Así reza el proverbio
y así
expiró el poeta de la verdad.

Noche de los muertos,
noviembre anodino con
sangre de plomo y
digestión sexual al
lado de la estación.

La juventud aparece en
toda su corrupción de
triste inocencia adulta
y él
(protegido por el Alfa metal de su Romeo)
decide seguir el viaje
acompañado por carne placentera
y darle comida
para equiparar estómagos e
inspirar ternura
y confianza.

Noche de los muertos,
sitio simbólico,
lo sé,
pero no tengo pruebas,
lo sé
pero no tengo pruebas,
los dados eligieron arenal
con portería para sortear
sin hermetismos
mensajes para el mañana.

Vacío de arena negra
como verificación de
su pensamiento y
aislamiento ante el
mundo del cero,
portería de plenitud y
afición eterna,
pan de vida y
de su pueblo.
Y en medio, la muerte.

Palos de madera,
juventud perdida,
tacones de malicia,
deseos de degradación posteriores
y el caucho fatídico.

La mañana siguiente,
(día de los muertos)
la cultura lloraba no lloraba...
¡Qué ya la habían matado!

Y Pier Paolo seguía
inevitablemente
teniendo razón.

Idroscalo de verdad
y vida de perros
por indigencia mental.

Il mare è amaro
e il marinao muore in mare.

Escrito en 2006

lunes, 1 de noviembre de 2010

Ciclo "El mite discretíssim: diálegs al voltant de Mario Benedetti" en las Bibliotecas de Barcelona


A lo largo de este mes de noviembre Púrpura Visual organiza el ciclo "El mite discretíssim: diálegs al voltant de Mario Benedetti", que moderaré en sus tres sesiones, y lo aclaro porque quien se encarga de poner mi nombre en las páginas municipales tiene una obscena manía en anular mi primer apellido y catalanizarlo con una e, algo vergonzoso si se tiene en cuenta que todos venimos de unos orígenes. Si mi apellido es COROMINAS no obedece a ningún delirio españolista, simplemente es así y como tal debe respetarse. Las personas estamos más que hartas de estas sutiles muestras de infantilismo político.

Dicho esto adjunto información sobre la primera charla del ciclo


Benedetti i l'exili

Dijous 4 de novembre, 19hores 30 minuts

Biblioteca Francesca Bonnemaison

Sant Pere més Baix 7 (Metro Urquinaona)

Intervindràn: Anna Caballé i Mario Catelli

Modera: Jordi Corominas i Julián

Ewald Tragy de Rainer Maria Rilke en Literaturas.com


Ewald Tragy, inéditas páginas de autoánalisis por Jordi Corominas i Julián


Rainer Maria Rilke,

Ewald Tragy,

Navona, Barcelona, 2010,

Traducción y prólogo de Miriam Dauster.









Hora de paseo en el centro histórico de Praga. En esa Europa desaparecida un padre y un hijo circulan por una emblemática avenida. Los ritos se crean para cumplirse. Los saludos hacen descender sombreros. Todo fluye entre esa burguesía orgullosa, feliz en su inmóvil estabilidad de macabro cuento de hadas, mundo que desde la nostalgia rebosa encanto pese a llevar en su interior el gen del descalabro. El señor von Tragy repite el gesto. Hola, buenos días. Su hijo observa y deduce, no sin ironía, que esos intercambios corteses son pura hipocresía que impide el progreso, pues los paseantes agitarán todo lo que quieran, pero no se conocen, son sólo cuerpos familiares con mucho dinero en la cuenta corriente, seres humanos que comparten pertenecer a la flor y nata de la comunidad germánica de la carismática capital checa, cuna de Kafka y Rilke.

La obra inédita que nos presenta Navona se introduce en esa tesitura de desfile monetario que asfixia a Ewald von Tragy, poeta con la suerte de nacer rico y la desdicha de ser demasiado consciente de la asfixia que produce el sosiego y la comodidad de negar los nubarrones del cielo. Paradójicamente ese estancamiento de los mayores fue el acicate que los jóvenes austrohúngaros necesitaban para convertirse en los máximos estandartes culturales del continente durante un ciclo histórico excepcional en la mayoría de las artes, plenitud en la agonía que era un salto de proporciones gigantescas antes de despeñarse con el estallido de la Primera Guerra Mundial y el fin de un modus vivendi que adoraban pese a su hartazgo, que en la corta novela alcanza su cénit en un ambiente clásico del cambio hacia la rebelión.

El salón de la comida es el centro de la casa familiar, reflejo arquetípico de la imago mundi finisecular y centroeuropea. Podríamos pensar en Los Buddenbrock y no erraríamos el tiro, como tampoco lo haríamos si nuestra mente recorriera las mil estancias vienesas, praguenses y triestinas de la literatura de la época, habitáculos donde se respira una paz embalsamada y encadenada, salas perfectas en las que el polvo es una palabra del diccionario. Los comensales usan con delicadeza sus cubiertos, charlan de banalidades de clase y uno, porque sin oveja negra la velada no cumple los requisitos, discrepa y arde en su fuego interior hasta que emprende el camino de la rebelión, renuncia a la seguridad y emprende la ruta del romántico empedernido, empecinado en el éxito lírico que alcanzará volando del nido para aterrizar en otros parajes más vanguardistas que le proporcionen los estímulos útiles para abrazar la vida y soñar con un futuro diferente.

Esa ecuación la cumplió Rilke de manera dolorosa por una serie de circunstancias que se reflejan en Ewald Tragy, prosa autobiográfica publicada tras la muerte del autor, quien seguramente la escribió como expiación memorística, documento de recuerdo fundacional donde mostrar el amor al padre, el padecimiento por su malestar con la madre, la lucha de amor por la literatura, los primeros consejos y la adaptación a la soledad del guerrero, que en su batalla desprecia el lujo e ingresa en la miseria de un cuartucho que condensa su existencia en Munich entre fracasos amorosos, encuentros con vacas sagradas, anhelos frustrados y una esperanza melancólica que deriva en la enfermedad del crecimiento, hechos narrados con irónica habilidad, dado que mediante la tercera persona el autor cobra distancia de su alter-ego al tiempo que se mantiene puro en los diálogos, cargados de intensidad y energía a la búsqueda de canalizarse para rendir pleitesía a las letras y hacer eficaz el proceso de maduración personal.