martes, 13 de marzo de 2012
Miércoles 14, Enrique Vila-Matas y su novela "Aire de Dylan" en el Laberint de Wonderland
Mañana el laberint de Wonderland se viste de gala para recibir a Enrique Vila-Matas. Con él hablaremos de varias cosas, pero sobre todo de su nueva novela "Aire de Dylan"; al ser un pogram especial el tiempo de la sección se alarga y dedicaremos media hora al escritor barcelonés, con quien uno se pasaría charlando la vida entera.
Cada miércoles a partir de las 15h
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domingo, 11 de marzo de 2012
El Nazi perfecto de Tim Davidson en Revista de Letras
La disección del engranaje a través de un peón: “El nazi perfecto”, de Martin Davidson
Por Jordi Corominas i Julián | Destacados | 8.03.12
El nazi perfecto. Martin Davidson
Traducción de Jaime Zulaika
Anagrama (Barcelona, 2012)
“La desdicha, la vergüenza, el odio, las mentiras y la guerra civil se grabaron en nuestra alma y nos hicieron crecer deprisa. Así que buscamos y encontramos a Adolf Hitler. Lo que nos atrajo como un imán fue precisamente el hecho de que sólo nos puso exigencias y no prometió nada. Exigía únicamente nuestro compromiso con él y con Alemania”.
(De un oficinista nazi nacido en 1911).
Decía Ian Kershaw en su monumental biografía sobre Adolf Hitler que el nazismo es el tema que mayor volumen de publicaciones ha generado en la densa y vasta historiografía dedicada al siglo XX. No es ninguna sorpresa. Seria interesante clasificar tal enorme cantidad de información en varias parcelas que seguramente abarcarían desde bodrios infumables hasta concienzudos ensayos de gran magnitud.
Circulas por la calle, charlas en los bares y notas que el nazismo ya tiene una imagen determinada en el imaginario colectivo. El problema es que algunos atributos de su mal han ganado la partida de una matemática sencilla donde nos dejamos impresionar por los hechos y no pensamos en la banalidad de las causas y acciones que terminaron provocándolos. Ojo, algún lector dirá que estamos minimizando una cuestión fundamental. Se equivoca. Lo más dramático fue la normalidad desde la cual millones de hombres siguieron la estela de unos postulados contrarios a cualquier noción de Humanidad. Hitler sedujo a una generación de alemanes, y más allá de los nombres rimbombantes de sus colaboradores y las fechas de batallas y decisiones conviene fijar la vista en los peones adictos a su credo.
El nazi perfecto de Martin Davidson tiene un claro aire a Los hermanos Himmler (Libros del Silencio, 2011), donde Katrin Himmler, sobrina nieta del líder de las SS, diseccionaba las actividades de su clan durante el Tercer Reich. Y la verdad, su conclusión fue la de hallar un mundo sin inocentes donde el engranaje funcionaba con piezas anónimas que contribuían desde su insignificancia a potenciar la explosión de la salvaje máquina nacionalsocialista.
Martin Davidson, encargado de la sección de Historia de la BBC, siempre sospechó que su abuelo alemán Bruno Langbehn ocultaba un pasado más que oscuro. Sus conversaciones con el otrora dentista berlinés le hicieron intuir una personalidad autoritaria con ademanes marciales. Hasta finales del Novecientos muchos habitantes del país más poderoso del Viejo Mundo se hacían los suecos cuando alguien preguntaba por la etapa nazi. No, yo no sé nada, no estuve implicado. Los rastros debían cancelarse para poder proseguir con la cotidianidad.
Sin embargo, a principios del siglo XXI se abrió la veda, y ello ha permitido redescubrir viejas vivencias que plasman una sociedad entregada a la vorágine de la locura. Bruno fue un pionero en dar su existencia a lo mesiánico de la esvástica, y lo hizo de manera que su biografía constituye un excepcional documento para comprender el funcionamiento interno de las huestes germánicas en la encrucijada de entreguerras y su diabólica deriva.
Bruno creció en Perleberg, una ciudad de provincias en la que rápidamente se imbuyó de un clima militar pesimista que tras la Gran Guerra incrementó su amargura por el fracaso y la culpabilidad que acarreró el Tratado de Versalles. En 1922, con apenas dieciséis años, se trasladó a Berlín, sacudido por una inflación desproporcionada y las ansías populares de enmendar el desastre. La derecha no se resignaba y el joven no tardó en inscribirse al Partido de la Libertad, que abandonó en 1926 para apostar sus cartas al por aquel entonces minoritario NSDAP. El hecho de ser un camisa vieja se unió a su irremediable y bravucona vocación callejera. Se enroló en las SA cuando ése cuerpo era el no va más de lo paramilitar, y además lo hizo en el escuadrón más temible. Las hazañas del Sturm 33 ocuparon infinitas páginas por su bestialidad, lo que no impidió al objeto de estudio de Davidson dedicarse a la práctica de la profesión médica, lo que más tarde revelaría su más tenebrosa faceta en el entramado nazi.
La crisis del 29 fue la plataforma sobre la que Hitler sustentó su éxito electoral. Las SA, omnipotentes y conscientes de su atractivo para una multitud deseosa de transformar la República de Weimar, quisieron aprovechar la situación para imponer sus prerrogativas. El envite entre política y milicia urbana se saldó a favor de la primera, lo que culminaría en 1934 con la noche de los cuchillos largos, penúltima jugada nazi en su tablero de consolidación hegemónica.
Bruno no se vio salpicado y supo leer bien la que se avecinaba. En 1937 subió otro escalafón al ser aceptado en las SS. Ya no era uno del montón. Pertenecía a la jerarquía y se sintió cautivado por el privilegio y el letal símbolo del uniforme de los hombres de negro, aunque sus tareas fueran de despacho en despacho y de inteligencia en inteligencia hasta revisar elencos de dentistas judíos y desplazarse a Praga en la agonía del Reich en la Segunda Guerra Mundial.
El nazi perfecto sobrevivió al calvario de la posguerra. Mandó su apellido al exilio burocrático, no osó pisar Berlín durante una buena temporada y recobró vigor cuando el mundo bipolar y la Guerra Fría eclosionaron para decretar la desmemoria del crimen y la impunidad de muchos de sus ejecutores. Bruno tuvo una plácida vejez, juntándose con sus nostálgicos amigos que nunca renegaron de su deleznable epopeya.
El volumen publicado por Anagrama apunta a la confirmación de una tendencia en obras recientes que versan sobre la época nacionalsocialista. Antony Beevor, desde una óptica más académica, inauguró la senda con Stalingrado, que analiza e informa con rigor combinando con acierto las anécdotas y discursos más íntimos del frente. Pese a ello, sus libros son ensayos donde el narrador no interviene en los hechos, algo que sí prevalece en HHhH de Laurent Binet, en el texto que nos concierne y en la ya mencionada Los hermanos Himmler, como si así el relato personal y su brío cercano empatizaran más con el lector medio que no devora, por pavor a lo sesudo con notas al pie o por el tono de los manuscritos, otras posibilidades con un estilo más propio de especialistas en la materia.
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sábado, 10 de marzo de 2012
Mi no entrevista con António,con acento en la o, Lobo-Antunes en Sigueleyendo
Todo es cronología, hasta las palabras que flotan, la música que escuchas o el ruido que traspasa las paredes de tu hogar. Oh sí, muy lírico. Dejémonos de tonterías. Escribo sobre una no entrevista al aspirante a ganar el Nobel, un portugués llamado António, la tilde no es un error, Lobo Antunes, un portugués con experiencia bélica, muchos libros escritos y una trayectoria que suele ser alabada por propios y extraños por riesgo, temáticas y tener aquello que solemos denominar estilo. Hasta aquí todo bien.
Hace dos semanas la editorial Mondadori me envió su última novela. Se titula ¿Qué caballos son aquellos que hacen sombra en el mar? Y pensé en una canción hortera de Cecilio: Los pajaritos. “Desde niño fue criado con mucho temor de Dios, de sus padres estimado y del mundo admiración. Fue caritativo y perseguidor, de todo enemigo con mucho rigor“. Una y otra creación no tienen nada que ver, pero coincidieron en mi existencia justo en el mismo instante. Cecilio me dio humor, Lobo Antunes una novela árida con una estructura que asimila la muerte de la matriarca familiar con la evolución de una corrida. Y no vean los vaivenes del clan protagonista. El padre un cabrón infumable, los hijos unos desgraciados que flirtean con la avaricia, las drogas, la homosexualidad y la pesadilla de su condición. Todo ello transcurre a lo largo de trescientas páginas que en principio parecen deshilvanadas, aunque la clave cuando las cosas se ponen complicadas es prestar atención y así se doma el hilo narrativo, sin dificultad ni lamento, y hasta sacas aprendizajes útiles que fermentan con el tiempo, porque la verdad, cuando uno preparara una entrevista se fija en los detalles, que sin embargo se valoran a posteriori, cuando el encuentro se ha asimilado y los frutos han madurado en la materia gris.
Lo peor es que a quien escribe le gusta un tipo concreto de entrevista río, un diálogo que se basa en la concatenación de la pregunta con la respuesta anterior para que las partes tengan plena relación entre sí. Mi método- criticado por los trolls de siempre, imitado por algún que otro sinvergüenza y alabado por personas que olvidan el ego en casa- es exigente y comporta una pesada labor que no sólo comporta transcribir palabras y más palabras. Pues muy bien majo, tú te lo has buscado, bien podrías hacer como todos los demás y no te quejarías.
A ver, que quede claro. No me quejo. Leí el manuscrito del luso, respiré al saberme un inútil a medias y hasta hice un esquema de la dramatis personae para aclararme entre tanta ausencia de puntuación, apariciones esporádicas del autor, repeticiones mnemotécnicas como si de un volumen historiográfico se tratara y un dolor general que no supe percibir auténtico porque la estructura lastra al resto de la novela, lo que es loable por voluntad experimentadora y defectuoso porque significa confirmar un fracaso en la cuadratura del círculo. Remarqué los pliegues en las páginas que activaron mi curiosidad, deposité la obra en mi mesita de noche y a otra cosa mariposa, que uno entre performances, ganar dinero para comer, e-mails y llamadas telefónicas ya tiene bastante. Además ya saben, conviene reposar las ideas, no es bueno estudiar la noche antes de un examen.
Así que terminé ¿Qué caballos son aquellos que hacen sombra en el mar? y abrí La vida de hotel de Javier Montes, uno de esos jóvenes treintañero españoles que al no pertenecer a ningún grupo de leche, cacao, avellanas y azúcar no goza del reconocimiento que su prosa merece. Bueno, en realidad quería decir que es un completo desconocido para muchos, pero si preguntan por la calle sobre el mundillo se darán cuenta que eso ocurre con el 99% de los individuos que conforman tal extraño engendro. Uno que sí es célebre por méritos propios es Juan Marsé, con quien citaron a Lobo Antunes para conversar en el CCCB. No asistí a tan magno evento porque un recodo de mi cerebro ya intuía el desenlace de esta historia que os cuento para paliar la frustración de una negativa, un rechazo poco amoroso y nada caritativo en el hall de un hotel, colmo de mis males, en una esquina inventada en pleno centro de mi Babilonia natal.
Hace una semana incubaba un resfriado. Localicé sin dificultades la escena del crimen, saludé a la encantadora Eva Cuenca y divisé a escasos metros la figura que me había llevado a la neutralidad de un salón trastornado por las cámaras de televisión. En la novela de Javier Montes el vestíbulo del hotel es una refundación con vestigios de antaño que conduce, una vez el protagonista se dirige a su habitación, a la efeméride de una llave universal y un equipo en pleno rodaje de una porno o de sexo en directo para la red. Otra vez un autor se carcajeó a lo loco al comentarme que su habitación del Barceló, el monstruo que quiere embellecer la Rambla del Raval, le recordaba a un burdel con su impepinable luz rosa. Cosas de jinetes polacos. Hace poco Elena Blanco, Gonzalo Suárez y quien escribe presenciaron el derrumbe de una mujer de mediana edad tras resbalar en la recepción de un cinco estrellas ramblero. Las maletas se precipitaron al abismo y la fémina, rubia y anglosajona, deslizó su no tan grácil figura en el suelo reluciente a la T-1, donde la transparencia es obscena.
Aquí lo sórdido fue saber que como mucho dispondría de diez minutos. Lobo Antunes estaba sentado en un sillón de ringo rango y los de la tele le hacían sudar con sus focos. Sudaba y respondía. Respondía y en su fuero interno rezaba por una paz tan contundente que dejara la de Westfalia a la altura del betún. Un cigarrillo. Nicotina. Jordi, síguenos. Ruido de motores. António, con acento en la o, me ofrece fuego. Come on baby light my FIRE. Una periodista italiana es la siguiente y dice aterrizar de Madrid. A Lobo le encanta Madrid. Es muy imperial según la rubia napolitana. Estoy medio enfermo y pienso en lo que tiene que soportar un mortal al portar con porte el portal de la literatura de calidad. Murmullos. Es imperial. Y castiza añadiría, con gente estupenda, una juerga quince veces mejor que la de Barcelona y menos ranciedad, con garitos abiertos hasta las tantas y carcajadas que justifican la sonoridad del vocablo. Callo y penetramos otra vez en lo diáfano y siniestro del hotel. Diez minutos. Es una revista del corazón que sólo consumo en las peluquerías de mi barrio.
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Me recomiendan, para complementar mi hipotético diálogo con el lisboeta, escuchar las disertaciones de la blonda. António, con acento en la o, está fatigado de grabaciones, libretas y la rutina de los que arden por ser originales con sus cuestiones. Cierra los ojos. Se toca la cabeza. Habla muy bajito, y eso alarga el lance. La fiesta, las mujeres y la frontera. Sí, el título es una canción. No entiendo su pregunta. Tensión. Tic TAC, tic TAC. La mayúscula es del Word, pierde la chaveta. Lobo es un veterano curtido en estas lides y no quiere empatizar, y hasta cierto punto es normal, no por ella, sino por la maratoniano sesión de toma y daca promocional. Ya canceló de su disco duro la gestación de la novela y su argumento. Las escribo, no soy su lector.
Yo sí lo fui, pero concluyo que es quimérico calentar mis posaderas. Cinco minutos con un escritor exhausto al que le disgusta coloquiar sobre su obra con desconocidos es un límite que ni el Bronx. Suena mi teléfono. Me apremian para comer. Por la tarde doy clases. Lo siento, realmente no hay tiempo, y es irrefutable. Recojo mi grabadora, el periódico y me despido. Que una no entrevista era esto, no lo supe hasta más tarde. Languidecer, revertir, es el único consuelo a la zozobra.
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jueves, 8 de marzo de 2012
Viernes 9 de marzo, 21h30 minutos, Tercer aniversario de Loopoesía en Inusual Project
Increíble pero cierto, Loopoesía cumple tres años y desde entonces van más de 50 shows, una misa loopoética, un poemario con todas las suites en e-book, transformaciones y nuevos shows en un año y ahora el espectáculo de 2012, que a partir del 23 también tendrá su propio poemario, editado por Versos&Reversos.
Para celebrar el aniversario hemos elegido nuestro local fetiche, Inusual Project. Contaremos con el siguiente cartel.
Tercer aniversario de Loopoesía
Viernes 9 de marzo, 21h30
Inusual Project c/ de la Paloma 5 (Raval)
con
Habana con Kola
Wesphere
y Loopoesía 2012
3 grupos 4 euros
¡Os esperamos!
Loopoesía es amor
Podcast de escritores que no encontraron reposo ni en su tumba en el Laberint de Wonderland
Ayer en el Laberint de Wonderland paseamos con Kant, Poe, Descartes y Voltaire. Les visitamos, gracias al asesino hipocondríaco de Juan Jacinto Muñoz Rengel, en sus tumbas, sepulcros donde pese a todo no encontraron reposo, porque sufrieron múltiples y variadas incidencias. Puedes escuchar el Podcast a partir del minuto 42 clickando aquí
martes, 6 de marzo de 2012
Miércoles 7, Escritores que no reposaron ni en la tumba en el Laberint de Wonderland
De las fechas significativas sacamos buen partido y volverán, pero esta semana leí con sumo placer El asesino hipocondríaco de Juan Jacinto Muñoz Rengel y descubrí en su contenido algunos capítulos que parecían diseñados para un Laberint. Entre ellos me quedé loco con el dedicado a los escritores hipocondríacos que no encontraron reposo ni en la tumba bien sea por guerras, accidentes o disparates varios. El elenco es el siguiente.
1.- Immanuel Kant y la desdicha de Konigsberg
2.- E.A. Poe y los errores ajenos
3.- Descartes y la tumba de viaje y cabeza.
4.- Voltaire y el corazón en la Biblioteca Nacional
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lunes, 5 de marzo de 2012
Biblioteca Nacional de Mario Crespo en Literaturas
Biblioteca Nacional de Mario Crespo, por Jordi Corominas i Julián
Mario Crespo, Biblioteca Nacional, Eutelequia, Madrid, 2012
Villa no es futbolista, ni estaba de parranda. Trabaja en la Biblioteca Nacional, pero su labor se ha visto obstaculizada por un tumor en vías de resolución que, no obstante, debilita su energía y le produce una profunda alteración de sus visiones cotidianas. La calvicie quimioterápica le da un aire a Pep Guardiola, y no sólo eso. El entrenador del Barça irrumpe en su vida mediante epifanías en lugares y momentos absolutamente inesperados, justo lo que le faltaba a este seguidor del Real Madrid con novia estable y una creciente afición al arte de la escritura que crece por pasión y los habituales artilugios contemporáneos que permiten conocer a otros literatos y así compartir el mal incurable de las palabras.
Cuando no acude al templo bibliófilo que le permite ganarse el pan transcurre el tiempo enganchado a Internet. Sus búsquedas corresponden a un afán de creerse único en sus pensamientos. Asocia conceptos, los teclea, fuma hierba terapeútica y atiende resultados. El problema es que cada vez que se enciende su lucecita topa con una repetición googlesca con nombre y apellidos: Mario Crespo, quien siempre se anticipa y publica en El viento que agita la cebada reflexiones idénticas a las suyas. ¿Es un ladrón que le ha robado el alma? ¿Todo? Nada?
La cuestión de tan molesto doble vehicula parte de la narración, bien nutrida de elementos simbólicos en el camino que conduce a una anómala puerta de la percepción donde Pablo llegará de la mano de los elementos que ocupan su día a día. María es la cordura de la duda en la estabilidad. Su compañera Alicia la posibilidad de cambio y el temor al mismo con un toque a Lewis Carroll. El amo, un veterano empleado que tiene en su cerebro un mapa tramposo de fantasía y escucha con atención al enfermo, que además de alucinar con las apariciones del Mister del mejor equipo de la actualidad también profesa una admiración sin par por otro catalán de armas tomar: Enrique Vila-matas, faro para parte de los escritores españoles que nacieron entre 1975 y 1980.
Entenderán que la tesitura ofrece un buen abanico de opciones. La rutina está presente y se rompe por el padecer del protagonista, físico y mental. Sus dilemas son interiores. La realidad exterior ejerce de campo de batalla para ubicar sus paranoias en lo concreto de la red y una arcana historia de científicos en el sótano de la Biblioteca Nacional.
Sanar. Hacerlo con garantías y allanar la ruta para que el mañana carezca de neurosis. Puede que tú, lector de la reseña, juzgues a Pablo Villa desde la perspectiva de un irremediable maniático en un tobogán de acelerado delirio. Sí, la rueda gira con obstinada regularidad en su ocasional ardid de confusión. El resto del proceso es calmo y analítico propio de una novela de iniciación que busca comprender el mundo para formular un yo definido en el reto de aparcar incertidumbres y abandonar el universo, tan típico de nuestra época, de idealizar el propio ego hasta los topes, como si al convivir con nosotros mismos tuviéramos mil piedras filosofales que nadie siquiera ha vislumbrado con anterioridad.
Lo autobiográfico del volumen corresponde al género en que se enmarca, que el autor usa con inteligencia, sin conformarse con lo tradicional a través de la vuelta de tuerca del alter ego. Mario Crespo cuenta las efemérides de un Pablo Villa atormentado, entre otras cosas, por la frustración que supone comprobar cómo Mario Crespo siempre le adelanta en ingenio.
Un club de la lucha a la española, la similitud entre ambas reside en la temática, en un ambiente libresco puede ser una buena oportunidad para jugar con varios registros. Lo surrealista se junta con lo realista y circula por parajes que bailan con lo mediático y lo minúsculo, charlan con el deporte rey y los poetas de bar y departen con el éxito y lo anónimo hasta configurar un volumen que entre sus referencias de cabecera tiene a El hombre del salto del estadounidense Don Delillo. Palpar el umbral, sobrevivir, recomponerse. Raíces, identidad y quilómetro cero.
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Algunas menciones entre John Wayne, blogs y las Vanguardias latinoamericanas
El último mes es una maldita locura entre Loopoesía y otras actividades que irán saliendo a la luz a medida que los libros aparezcan y decidan hablar. De momento recojo frutos ya sembrados entre John Wayne, el prólogo de las Vanguardias Latinoamericanas y el Encuentro de Blogs Literarios celebrado el pasado sábado tres en Madrid. Os dejo los enlaces.
Sobre John Wayne hablan Juan Gamero y Antonio Tello
Sobre mi prólogo de las Vanguardias latinoamericanas Domingo Ródenas cita una de sus partes en El Periódico de Catalunya
El Mundo se hace eco doblemente del EBT2012 en El cultural y en El blog de Juan Palomo
Sobre mi intervención en el EBT2012 hablan varios blogs y revistas, entre ellos El viajero más lento y Pop Pol Magazine
viernes, 2 de marzo de 2012
Sábado 3 de marzo, EncuentroBlogsLiterarios en Medialab de Madrid
#EncuentroBlogsLiterarios 2012
El próximo sábado, 3 de marzo, se celebrará en Medialab Madrid (calle Alameda, 15) un encuentro en el que blogueros, escritores, editores y periodistas debatirán sobre el papel que desempeñan en la actualidad las bitácoras de creación literaria, su trascendencia como género y sus posibilidades más allá de la Red, bajo el título genérico Los blogs como género literario. ¿Realidad o ficción?
Además de las diferentes mesas de debate que se irán desarrollando a lo largo de la mañana, la librería La Independiente (calle Espíritu Santo, 27) acogerá a los autores participantes en una firma de libros, a partir de las 19.30 h.
11:00 Apertura con Gonzalo Garrido, Escritor y autor del blog Literatura Basura; y Belén Bermejo, Editora de Espasa Ficción y creadora del blog La amena biblioteca de Redfield Hall
11:15 A qué llamamos blogs literarios
. Paloma Bravo, escritora y autora del blog La novia de papá
. David Pérez Vega, escritor y autor del blog Desde la ciudad sin cines
. Pilar Adón, escritora y autora del blog Leo en el océano
. Jordi Corominas i Julián, escritor con blog personal
. Julián Rodríguez, escritor, editor de Periférica y con blog personal
. Ainize Salaberri y Jenn Díaz, escritoras y editoras de la revista Granite&Rainbow
Modera: Daniel Arjona, periodista de El Cultural
12:15 Qué aportan y cómo influyen en la narrativa actual
. Alberto Olmos, escritor, autor de los blogs Lector Mal-herido y Hikikomori
. Javier Avilés, escritor y autor del blog El lamento de Portnoy
. Constantino Bértolo, escritor y editor de Caballo de Troya
Presenta: Luis Magrinyà, escritor y editor en Alba Editorial
13: 15 ¿Puede convertirse en un género literario?
. Enrique Redel, editor de Impedimenta
. Gregori Dolz, editor de Alrevés
. Juan Aparicio Belmonte, escritor
. Sergio del Molino, escritor y con blog personal
. José Antonio Valverde, librero
Modera: José A. Muñoz, director de Revista de Letras
14:15 ¿Tiene sentido editarlos en libro?
¿Cómo se comercializan los blogs?
. Eduardo Laporte, escritor y autor del blog El náuGrafo digital
. Imma Turbau, escritora
. Emi Lope, editora de Plaza & Janés
. Amalia López, editora de Sinerrata
. Jorge Degeneffe, jefe de compras del departamento de librería de Hipercor
. Javier López. Librero de La Independiente
Modera: Ana Tagarro, subdirectora de XL Semanal
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jueves, 1 de marzo de 2012
Cien años del descubrimiento de Enriqueta Martí en Revista de Letras: algunas pistas para cancelar tanta mentira en Revista de Letras
Cien años del descubrimiento de Enriqueta Martí: Algunas pistas para cancelar tanta mentira
Por Jordi Corominas i Julián | Portada | 27.02.12
Hoy se cumple un siglo de uno de los escándalos que en los últimos tiempos ciertas plumas han aprovechado para sacudir la imaginación del pueblo barcelonés. Supongo que sigue siendo extraño para la gran mayoría pensar en unos agentes de policía que entran en un domicilio particular con la supuesta intención de saber si su propietaria albergaba gallinas, algo prohibido en 1912. Esa fue la treta que pescó a Enriqueta Martí, la mal llamada Vampira del Raval, personaje del que preparo un ensayo que entierre toda la pésima literatura, alguna de ella premiada como muestra de la escasa importancia que damos al rigor histórico, que ha generado a lo largo del último decenio.
Si opté por preparar un texto más o menos científico sobre el tema es, entre otras cosas, porque yo mismo erré el tiro en mis apreciaciones pasadas. Eso y la necesidad de reivindicar una Historia de la cultura popular que se olvide del bulo y vaya al grano de la verdad sin temor, como si así formuláramos una apuesta a lo Courbet y su Entierro de Ornans, lienzo enorme que enterraba el proverbio que reservaba gran envergadura sólo a motivos históricos y mitológicos. Cuando paseo por la actual calle Joaquín Costa y observo la ventana de la desdichada me emociono porque toda investigación implica cierto vínculo sentimental, pero también lo hago por el reto que me he planteado, poco usual en Barcelona, tan dada a conformarse con lo que le dictan y creerse la reina de lo cool, factor que ahonda en su prostitución barata de contenido y continente.
Por desgracia aún no sé en que instante terminaré mi investigación. Muchos son los personajes implicados en la trama, fascinantes, novelescos y hasta repugnantes. Tenemos adivinos, vegetarianos con aspiraciones pictóricas, familias con ansias de protagonismo, periodistas amantes de la crónica banal para vender periódicos, tergiversaciones de dos más dos son cuatro y una mujer desequilibrada que muy probablemente nunca asesinó a nadie por mucho que los voceros de turno le concedan la macabra corona del crimen múltiple.
En mi último show de Loopoesía, inevitable enlazar proyectos, dedico una parte del poemario, de próxima aparición, y la performance a ajustar cuentas con su figura. Los versos, inéditos hasta la fecha, relacionan el clamor de otrora, el impacto del suceso, con el crimen de Gádor de 1910, origen real de la leyenda del hombre del saco y su parafernalia de tuétanos, tuberculosis y temor al secuestro de infantes.
«Amigo, en Gádor, Almería, la superstición
dio con un niño para aliviar a un tuberculoso, iba el chiquillo
por el campo cuando un saco veló su vista, introduciéndole
en una nauseabunda pocilga comandada por zarrapastrosos
nigromantes, le horadaron el sobaco, infame fuente linfática
regeneradora, el tísico consumió la esencia y rogó cataplasmas
de tuétano, macabro postre taumatúrgico, baldío tentempié
ibérico amalgamado por aciagas tradiciones de adoración al bulo
en una Babilonia que a falta de destripadores autóctonos adoptó
la estela andaluza aliñándola en Poniente 29 con rasgos femeninos,
Enriqueta Martí era una huérfana endogámica en el pozo de su útero
cancerígeno, formaba parte de la desequilibrada mayoría limosnera,
pero pactó con infecundo desasosiego proxenetismo adolescente
y raptos virginales para paliar vientres planos y la desdicha indigente
ungida de calamidad conyugal, caninas singladuras y tiros
por la culata en febrero de 1912, San Vicente, Teresita Guitart,
una vecina y el desmadre del marujeo de quienes
heredaron hemerotecas y las lincharon por pereza de estudio,
no se investiga leyendo pesquisas iniciales y transcribiéndolas
Como verdades de tomo y lomo, el Liceo era políglota, la Rambla
artería desclasada y la choza de los horrores con pócimas, ungüentos,
opulentos lupanares y cámara de torturas, un deslavazado y cochambroso
tugurio anegado de lustrosas direcciones, timbres de clemencia, cuatro duros
y concejalías que usufructuaron a granel la bancarrota del pordiosero harapo
envolviendo tráficos prostibularios y explotaciones laborales hasta que la noticia
fue un titán atlántico y un iceberg en el telón de la Belle Époque, soterrada
en su soberbia con agallas y coletazos arrojando al vampírico mono de feria
en una fosa común de la montaña pelada…».
La versión canónica de los sucesos relacionados con Enriqueta Martí es una sarta de mentiras como la copa de un pino. Hay libros que dan más en el clavo, pero lo que conoce la mayoría es pura bazofia de morbo y sensacionalismo, como si el pasado también sirviera para elaborar un Sálvame cualquiera. Entre otras falacias he comprobado cómo la mayoría de “investigadores” se han limitado a hojear las páginas de ese 28 de febrero en que todo saltó a la luz, páginas que hablaban de infanticidios, prostitución de menores, extrañas listas con peces gordos implicados y muchos crímenes atroces que en realidad, una vez la investigación avanzó hasta clarificar el panorama, nunca acaecieron.
Enriqueta Martí nunca fue al Liceo de noche a conversar con la burguesía catalana. Iba a una institución llamada Liceo Poliglota, sita en la Rambla de Catalunya, para recoger ropa y comida. Así, mito ya divulgado en esas primeras semanas de pánico gratuito, la leyenda empieza a caer, y continúa su deriva cuando rebusco en un diario llamado La Correspondencia de España y compruebo que una entrevista era un sueño del redactor para divertir a los lectores con la historia que traía de cabeza a toda España. El problema nace si el documento se usa como si fuera una información fidedigna. Es vergonzoso que justo cuando la decadencia de la prensa es más notoria sigan usándose tretas que tratan al público de retrasado mental profundo. Y es una lástima, pues ahora Internet goza de notorios archivos que recopilan publicaciones de antaño, con lo que comprobar la mentira fue muy sencillo, bufar i fer ampolles. Ese 27 de marzo Enriqueta no habló con ningún chupatintas, y las pocas charlas que concedió fueron colectivas y poco útiles para recabar información
Siguiendo con el tema sorprende que siga vendiéndose tan preciada figura como epítome del mal en la Ciudad Condal. Enriqueta no era muy normal que digamos, eso nadie lo pone en tela de juicio. Engañó a su cuñada en un parto diciéndole que la niña que esperaba había muerto, y por si esto fuera poco también ayudó a registrar la defunción de un sobrino para que no hiciera la mili. Además tenía cierta querencia a frecuentar traperos y otras malas compañías, pero ni quitaba el tuétano a los niños ni montaba burdeles de gran lujo. La policía de la época tuvo que lidiar con unos incipientes medios de comunicación que se morían por tener una exclusiva, que en el tema que nos concierne se centraba en el hallazgo de huesos humanos en los domicilios de la vampira, término que no aparece en ningún artículo de los consultados, siendo pura invención contemporánea para adornar la cuestión hasta los topes.
Nuestra protagonista tuvo una vida de perros que incrementó con su conducta. Se casó con un pintor chiflado que comía alpiste, intentó prostituir a una chica en la calle Tallers y por lo visto tenía una fuerte frustración por no poder ser madre. El personaje se las trae y merece ser objeto de estudio, aunque quizá deberíamos ser algo más serios, consultar las fuentes como Dios manda y dejarnos de pamplinas. ¿Necesita Barcelona un Jack el destripador de la terra? No, y además resulta que en nuestra urbe no se estila para nada lo de asesinar en serie. Disfrutemos de nuestras carencias y seamos más precisos con la Historia popular, urna que con su pequeñez completa un puzle por el que circulamos con demasiado desconocimiento.
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