jueves, 1 de marzo de 2012

Cien años del descubrimiento de Enriqueta Martí en Revista de Letras: algunas pistas para cancelar tanta mentira en Revista de Letras





Cien años del descubrimiento de Enriqueta Martí: Algunas pistas para cancelar tanta mentira
Por Jordi Corominas i Julián | Portada | 27.02.12


Hoy se cumple un siglo de uno de los escándalos que en los últimos tiempos ciertas plumas han aprovechado para sacudir la imaginación del pueblo barcelonés. Supongo que sigue siendo extraño para la gran mayoría pensar en unos agentes de policía que entran en un domicilio particular con la supuesta intención de saber si su propietaria albergaba gallinas, algo prohibido en 1912. Esa fue la treta que pescó a Enriqueta Martí, la mal llamada Vampira del Raval, personaje del que preparo un ensayo que entierre toda la pésima literatura, alguna de ella premiada como muestra de la escasa importancia que damos al rigor histórico, que ha generado a lo largo del último decenio.

Si opté por preparar un texto más o menos científico sobre el tema es, entre otras cosas, porque yo mismo erré el tiro en mis apreciaciones pasadas. Eso y la necesidad de reivindicar una Historia de la cultura popular que se olvide del bulo y vaya al grano de la verdad sin temor, como si así formuláramos una apuesta a lo Courbet y su Entierro de Ornans, lienzo enorme que enterraba el proverbio que reservaba gran envergadura sólo a motivos históricos y mitológicos. Cuando paseo por la actual calle Joaquín Costa y observo la ventana de la desdichada me emociono porque toda investigación implica cierto vínculo sentimental, pero también lo hago por el reto que me he planteado, poco usual en Barcelona, tan dada a conformarse con lo que le dictan y creerse la reina de lo cool, factor que ahonda en su prostitución barata de contenido y continente.

Por desgracia aún no sé en que instante terminaré mi investigación. Muchos son los personajes implicados en la trama, fascinantes, novelescos y hasta repugnantes. Tenemos adivinos, vegetarianos con aspiraciones pictóricas, familias con ansias de protagonismo, periodistas amantes de la crónica banal para vender periódicos, tergiversaciones de dos más dos son cuatro y una mujer desequilibrada que muy probablemente nunca asesinó a nadie por mucho que los voceros de turno le concedan la macabra corona del crimen múltiple.

En mi último show de Loopoesía, inevitable enlazar proyectos, dedico una parte del poemario, de próxima aparición, y la performance a ajustar cuentas con su figura. Los versos, inéditos hasta la fecha, relacionan el clamor de otrora, el impacto del suceso, con el crimen de Gádor de 1910, origen real de la leyenda del hombre del saco y su parafernalia de tuétanos, tuberculosis y temor al secuestro de infantes.

«Amigo, en Gádor, Almería, la superstición

dio con un niño para aliviar a un tuberculoso, iba el chiquillo

por el campo cuando un saco veló su vista, introduciéndole

en una nauseabunda pocilga comandada por zarrapastrosos

nigromantes, le horadaron el sobaco, infame fuente linfática

regeneradora, el tísico consumió la esencia y rogó cataplasmas

de tuétano, macabro postre taumatúrgico, baldío tentempié



ibérico amalgamado por aciagas tradiciones de adoración al bulo

en una Babilonia que a falta de destripadores autóctonos adoptó

la estela andaluza aliñándola en Poniente 29 con rasgos femeninos,

Enriqueta Martí era una huérfana endogámica en el pozo de su útero

cancerígeno, formaba parte de la desequilibrada mayoría limosnera,

pero pactó con infecundo desasosiego proxenetismo adolescente

y raptos virginales para paliar vientres planos y la desdicha indigente

ungida de calamidad conyugal, caninas singladuras y tiros

por la culata en febrero de 1912, San Vicente, Teresita Guitart,

una vecina y el desmadre del marujeo de quienes

heredaron hemerotecas y las lincharon por pereza de estudio,

no se investiga leyendo pesquisas iniciales y transcribiéndolas

Como verdades de tomo y lomo, el Liceo era políglota, la Rambla

artería desclasada y la choza de los horrores con pócimas, ungüentos,

opulentos lupanares y cámara de torturas, un deslavazado y cochambroso

tugurio anegado de lustrosas direcciones, timbres de clemencia, cuatro duros

y concejalías que usufructuaron a granel la bancarrota del pordiosero harapo

envolviendo tráficos prostibularios y explotaciones laborales hasta que la noticia

fue un titán atlántico y un iceberg en el telón de la Belle Époque, soterrada

en su soberbia con agallas y coletazos arrojando al vampírico mono de feria

en una fosa común de la montaña pelada…».









La versión canónica de los sucesos relacionados con Enriqueta Martí es una sarta de mentiras como la copa de un pino. Hay libros que dan más en el clavo, pero lo que conoce la mayoría es pura bazofia de morbo y sensacionalismo, como si el pasado también sirviera para elaborar un Sálvame cualquiera. Entre otras falacias he comprobado cómo la mayoría de “investigadores” se han limitado a hojear las páginas de ese 28 de febrero en que todo saltó a la luz, páginas que hablaban de infanticidios, prostitución de menores, extrañas listas con peces gordos implicados y muchos crímenes atroces que en realidad, una vez la investigación avanzó hasta clarificar el panorama, nunca acaecieron.

Enriqueta Martí nunca fue al Liceo de noche a conversar con la burguesía catalana. Iba a una institución llamada Liceo Poliglota, sita en la Rambla de Catalunya, para recoger ropa y comida. Así, mito ya divulgado en esas primeras semanas de pánico gratuito, la leyenda empieza a caer, y continúa su deriva cuando rebusco en un diario llamado La Correspondencia de España y compruebo que una entrevista era un sueño del redactor para divertir a los lectores con la historia que traía de cabeza a toda España. El problema nace si el documento se usa como si fuera una información fidedigna. Es vergonzoso que justo cuando la decadencia de la prensa es más notoria sigan usándose tretas que tratan al público de retrasado mental profundo. Y es una lástima, pues ahora Internet goza de notorios archivos que recopilan publicaciones de antaño, con lo que comprobar la mentira fue muy sencillo, bufar i fer ampolles. Ese 27 de marzo Enriqueta no habló con ningún chupatintas, y las pocas charlas que concedió fueron colectivas y poco útiles para recabar información

Siguiendo con el tema sorprende que siga vendiéndose tan preciada figura como epítome del mal en la Ciudad Condal. Enriqueta no era muy normal que digamos, eso nadie lo pone en tela de juicio. Engañó a su cuñada en un parto diciéndole que la niña que esperaba había muerto, y por si esto fuera poco también ayudó a registrar la defunción de un sobrino para que no hiciera la mili. Además tenía cierta querencia a frecuentar traperos y otras malas compañías, pero ni quitaba el tuétano a los niños ni montaba burdeles de gran lujo. La policía de la época tuvo que lidiar con unos incipientes medios de comunicación que se morían por tener una exclusiva, que en el tema que nos concierne se centraba en el hallazgo de huesos humanos en los domicilios de la vampira, término que no aparece en ningún artículo de los consultados, siendo pura invención contemporánea para adornar la cuestión hasta los topes.

Nuestra protagonista tuvo una vida de perros que incrementó con su conducta. Se casó con un pintor chiflado que comía alpiste, intentó prostituir a una chica en la calle Tallers y por lo visto tenía una fuerte frustración por no poder ser madre. El personaje se las trae y merece ser objeto de estudio, aunque quizá deberíamos ser algo más serios, consultar las fuentes como Dios manda y dejarnos de pamplinas. ¿Necesita Barcelona un Jack el destripador de la terra? No, y además resulta que en nuestra urbe no se estila para nada lo de asesinar en serie. Disfrutemos de nuestras carencias y seamos más precisos con la Historia popular, urna que con su pequeñez completa un puzle por el que circulamos con demasiado desconocimiento.