lunes, 5 de noviembre de 2012

Diálogo con Giorgio Faletti en Revista de letras







Diálogo con Giorgio Faletti, por Jordi Corominas i Julián | Portada | 29.10.12


Leí Apuntes de un vendedor de mujeres de Giorgio Faletti entre un avión del puente aéreo y dos sentadas en las que el tiempo pasó volando. El poliédrico autor transalpino me sorprendió por su capacidad para mantener el suspense y su buena navegación por temas históricos, los años de plomo y el secuestro de Aldo Moro, capaces de tumbar a más de uno y mostrarle el camino de dedicarse a otra cosa. Al mismo tiempo su construcción de los personajes encaja con el plúmbeo ambiente de la Milán de los setenta. Todos y cada uno de los roles de la novela juegan a la metamorfosis por necesidad de supervivencia, nada es lo que parece, y sí, ya sabemos que esa es una frase muy manida, pero es que la época y la ciudad descritas por Faletti se prestaban sobremanera a un juego de máscaras y dudas.

Giorgio no conoce la palabra “tocayo”, aunque al saber de nuestra coincidencia nominal y del vocablo se emociona y me pide que se lo escriba en un papel. Entramos en el Instituto Italiano de Barcelona, charlamos un rato con el bibliotecario y nos sentamos en una mesa donde enciendo la grabadora. Media hora más tarde me percataré de su inminente defunción temporal por escasez de pilas. El registro del diálogo se salvará por los pelos. Os dejo con las palabras.





¿Crees los años de plomo italianos se parecen a nuestra época? ¿Te parece válido el símil?

Creo que en ese período Italia tenía figuras políticas con un peso muy superior a las de la actualidad. Sí, después también cayeron en el descrédito con Mani Pulite, pero hoy en día es complicado encontrar hombres con ese talento e inteligencia. Sé que puede ser polémico, pero uno de ellos fue Andreotti, pese a lo podrido de su biografía, que sólo con la frase “El poder desgasta a quien no lo tiene” ya muestra la diferencia que existe entre ayer y hoy.

Es una máxima casi universal.

Exacto. Y eso ya dice mucho.

¿Cómo es que decides escribir un libro sobre los setenta italianos cuando hasta Apuntes de un vendedor de mujeres eras conocido a nivel literario por ser un escritor que ambientaba sus novelas en los Estados Unidos de América?

La historia de lo que me preguntas es larga y extraña. Un crítico italiano se aficionó a destruir mis obras, hasta que en el cuarto libro ya cambió su opinión y afirmó que le gustaría leer una novela de Faletti ambientada en Italia. La idea ya me rondaba por la cabeza y el crítico me dio el impulso. La elección del tema fue sencilla, pues en la novela hablo de la época de mi llegada a Milán desde Asti, los sitios y las situaciones son las que conocí en los setenta, hasta el Bistecca es un personaje real, que existió y me contó cosas que aparecen en el libro.

¿Todos los personajes del libro son reales, existieron de verdad?

Algunos sí, y otros, que son fruto de mi imaginación, los creé a partir de los parámetros del ambiente donde crecí en Milán. El libro tiene algo de necesidad de enmendar, pedir excusas porque nosotros, un grupo de personas desconocidas que luego alcanzamos la fama, vivimos esa época como patos en el estanque, éramos impermeables. De noche hacíamos espectáculo y de día dormíamos. Buscábamos constantemente formas para lograr la risa mientras en el exterior el país vivía unos años bañados de sangre.

Seguramente la risa era una vía que usabais para escapar de la realidad.

Sí, indudablemente. De todos modos debes pensar que el trabajo de cómico es durísimo, has de aprender a saber generar la risa aunque tengas un día de perros. Lo mismo pasa con el escritor. Ni musa ni tonterías. Debes cumplir con tu oficio a las duras y las maduras. Luego, volviendo a la novela, pensé en un personaje atípico, Bravo…

¿Te exigió mucho trabajo de investigación? Es un personaje oscuro, que ya sólo por su condición de castrado se revela especial.

Una de las cosas que más me gusta de mi faceta de escritor es la posibilidad de investigar, de informarme, lo que normalmente se consigue viajando. Para preparar otras novelas viajé por Vietnam, Arizona y otros lugares, pero para Apuntes de un vendedor de mujeres el viaje fue mental a través de un viejo camarero que yo había olvidado. Su memoria histórica fue de gran ayuda para dar forma a Bravo y los demás personajes de la novela.

Háblame más de la construcción de Bravo.

Hace años participaba en Milán en una película sobre las Brigadas Rojas. De repente me dio por pensar qué hacía yo en 1977, y aparecieron Bravo y sus circunstancias.

Es un personaje poliédrico. Lees el libro y entiendes que es de esos roles que te atrapan. Piensas en su condición, pero al mismo tiempo al estar castrado ves que eso condiciona sus opiniones, momentos y hasta cambios durante la trama.

Bravo detesta a todo el mundo. Le gustan las mujeres, pero no puede darles nada. Los hombres lo odian porque convive con mujeres extraordinarias, y sobre ellas tiene un poder absoluto porque les proporciona contactos importantes. Son prostitutas de lujo, ni más ni menos.

Me costó meterme en la piel de Bravo. Muchas veces cuando escribo un personaje también busco interpretarlo, es decir, pienso en cómo lo ejecutaría a nivel actoral.





Pese a su poder, Bravo tiene un punto de contención muy fuerte, sobre todo al principio de la novela, y sorprende, porque tiene un poder casi absoluto sobre personas fundamentales de la sociedad, sabe todo de todos.

Él ha aceptado vivir en la penumbra, también porque le va bien así. Seguramente no será feliz nunca. Al empezar la novela vive un momento de calma. El problema llega cuando lo ponen en duda personas de su entorno. Al fin y al cabo el conflicto radica en que él quiere seguir como siempre, pero los demás le niegan esa posibilidad de manera rotunda.

Y de repente su existencia adquiere tonos de tragedia griega, las cosas se acumulan negativamente y llegan de repente, sin previo aviso.

Sí. Todos los personajes que me interesan tienen un hándicap. En este caso es físico y es muy explícito. En mi próxima novela es psicológico y se centra en un hombre que ha cometido errores en la existencia que afectan a los demás. Me apasiona mucho romper equilibrios porque creo que siempre son precarios, frágiles.

Lo que suele suceder por errores de cálculo.

Y se rompen desde fuera cuando uno menos se lo espera. La inteligencia, que a nivel evolutivo ha creado la supervivencia de la especie, se mide en función de cómo nos adaptamos a los cambios. Quien se adapta con más velocidad tiene más posibilidades de resistir al diluvio. Bravo sufre convulsiones brutales y sabe afrontarlas.

Bravo parece impermeable, pero cuando todo explota nota desde el primer momento que está inmerso dentro del caos italiano de los años de plomo.

Sí, y además desde fuera aparece la cosa, algo que ningún hombre puede controlar. No olvidemos que mi novela es un giallo, pero también una historia de amor. Bravo es absolutamente frío, esa es su fuerza, y sabe soportar a las personas que tiene cerca con un odio enmascarado que es hastío. Su frialdad hace que no se implique con los demás. Trafica con mujeres. Al principio de la novela una de sus chicas le dice que ha sido maltratada, y él sólo se preocupa que no le hayan desfigurado el rostro.





Porque podrá tener relación con ellas, pero al fin y al cabo son la base de su negocio, de su empresa.

Sí, pero ya sabemos que el universo femenino es imprevisible. Bravo encuentra una mujer que trastoca sus planes, la ve con otros ojos y ese elemento que uso como comodín genera que la estabilidad desaparezca en esta historia de personas que quieren matar enfrentadas a otras que quieren librarse de la muerte. La implicación amorosa altera el mapa.

Conocer a Carla para Bravo tiene connotaciones epifánicas.

Sí, piensa que él vive permanentemente en el engaño, y cuando le engañan eso aumenta su consideración y admiración por la chica e incrementa la implicación amorosa.

Bravo es el centro de la historia, pero a lo largo de la novela la mayoría de personajes tienen connotaciones simbólicas. Lucio, el vecino, es ciego, aunque después descubrimos que la apariencia no es la realidad.

El juego del autor de thrillers o noirs es buscar golpes de escena, jugar a las apariencias y crear culpables que sean plausibles. Aún no me he enfrentado a una historia en la que el culpable sea evidente desde el principio. Sería divertido declararle al lector quien es el culpable desde la página uno.





Una estructura totalmente diferente a la de Apuntes de un vendedor de mujeres.

Existe un triángulo narrativo en el que uno de los tres no sabe lo que ocurre. En comedía seria la señora que está con el amante, llega el marido y lo esconde en el armario. El marido no lo sabe, el público sí. A partir de eso se crea el juego. Si el público ignorara que el amante está en el armario arruinaríamos el plan, no habría suspense. Todas las veces que escribo determinadas cosas, tengo presentes estos parámetros. Es una norma que si la analizas verás que es importante, dejar un elemento de desconocimiento que aumenta la tensión.

Cambiando de tercio… no sabría decirte si es porque me interesan mucho los años de plomo, pero da la sensación que en la novela la atmósfera es completamente gris, y que nada puede cambiar esa idea de tiempo congelado.

Los años de plomo eran así. En Milán teníamos miedo. La derrota del terrorismo en los ochenta hizo que naciera un período de extremo bienestar que se conoce como la Milano da bere, lema que nació a partir de una publicidad. Fue entonces cuando mi generación explotó con todo su potencial artístico desde la mezcla entre cultura y lo chic. Los años de plomo fueron la antesala. Ahora tengo la tentación de escribir de la época buena, que se pareció a los años sesenta con su boom económico con toneladas de dinero, el surgimiento de muchos canales de televisión y un nuevo mundo cargado de creatividad fundamental para el Made in Italy.

Antes de ese momento todo tenia un aire muy contenido, puede que por el miedo que alcanza su máxima expresión con el caso del secuestro de Aldo Moro, que sobrevuela la trama de la novela…

Me servía para establecer el contexto histórico, para hacer comprender al lector la atmósfera de esos años. El secuestro de Moro fue un suceso global, un momento italiano central en la historia, pero que no quería establecer como tema central.

Todos los ambientes, desde el arte a la política, hasta traficar con prostitutas, se unen, cada una jugaba su función pero estaban en el mismo cesto.

Cuando se escribe un thriller, que siempre es una historia que se lee entre líneas, hay una cierta libertad para que la realidad se adapte a la trama. En mi caso la novela tiene algo de histórico, y la necesidad y una honestidad de creador me impusieron adaptar la trama a la Historia.

La historia de estos años en Italia tiene una tradición cultural importante. En Roma la novela, a posteriori adaptada al cine, sería Romanzo Criminale, que muestra muy bien la intersección de todos los tejidos que se mezclaron durante los setenta italianos. Creo que has completado una operación similar, pero en clave milanesa.

Si he logrado eso sería maravilloso. Hace años un amigo americano vino a Milán y lo acompañé a ver los sitios de la novela. Es inevitable que la literatura aporte sentido a la Historia, a su importancia en la vida de todos nosotros.