viernes, 21 de junio de 2013

Twist de Harkaitz Cano en literaturas

 Que lejano parece el siglo XX. Es extraño hablar de su presencia en pasado. Hace pocos años caíamos en el error de hablar de nuestra centuria y olvidarla, como si aún no se hubiera producido el cambio del 2000, como sitwistfuéramos víctimas de un bucle del Novecientos, instalado en nuestro cerebro por fecha de nacimiento y la pesadilla de la que no podemos despertar.
Ese íncubo joyceano, la Historia, articula Twist de Harkaitz Cano, una novela excepcional donde las peripecias de Clío se insertan en el tejido cotidiano desde lo zafio y un detallismo que desde puntos mínimos alcanza máximos que percuten y repercuten en las personas durante decenios porque la evolución de los tiempos y las acciones individuales terminan fundiéndose en el magma colectivo sin remisión y con saña. La ausencia de piedad se transmite de generación en generación y la justicia será ciega, pero contendrá en su interior el eterno defecto de no poder ser diáfana porque los engranajes se han diseñado para pensar y no decir en una machacona repetición que acrecienta la barbarie hasta la insensatez.
El punto de partida del argumento de Twist, y su subtítulo seres intermitentes es una invitación para quien quiera adentrarse bien en sus razones, es el asesinato por parte de los GAL de José Antonio Lasa y José Ignacio Zabala, enterrados en cal viva para dificultar su reconocimiento. En la novela forman un binomio irrompible. Soto y Zeberio participan en las aspiraciones de juventud de un nutrido grupo que del teatro avanzará hacia las vicisitudes de la existencia, separándose con una sentencia sobre sus cabezas basada en el recuerdo de esos ochenta donde la calle era tensión y la muerte se infiltraba con plena naturalidad en las jornadas del país vasco.
Para uno de los componentes de esa cuadrilla la memoria será una condena. Diego Lazkano parece un profesional de éxito. Ha cimentado una sólida carrera como escritor que oculta una lacra de su pasado grabada en la espalda. Fue, entre torturas, quien delató a sus compañeros, y ese peso no se va. Poco importan los sueños de la literatura, las mujeres o la fama. La conciencia tiene la última palabra y la de Diego opta por recurrir acudir a la Audiencia Nacional para desvelar la verdad y sobrellevar, que no superar, el íncubo.
Sin embargo la trama sería demasiado sencilla y la arquitectura de Twist es más que compleja. La polifonía de la novela hace que lo previsible esté totalmente prohibido porque su contenido está lleno de cajas que parten de, volvamos al inicio, lo que se piensa pero no se dice en la resistencia por conservar un supuesto orden que es inexistente, pues las teselas del mosaico deparan sorpresas que surgen por aplastante lógica. Aún en el siglo XX era imposible no dejar rastro de la impostura, y lo que las singladuras de cada uno han sembrado finalizan por generar una lúgubre cosecha donde imposturas, falacias, engaños, poses  y secretos están para derrumbarse en la maraña que ajusta cuentas con lo pretérito.
Todo es política, desde comprar el pan hasta acostarse con una novia de tus años mozos. Diego ha urdido un microcosmos de protección que juega deliberadamente con la ambigüedad. Lo descubriremos poco a poco, a cuentagotas mediante símbolos que revelan como del homenaje se pasa a lo poliédrico de una personalidad que ha sucumbido a la máscara para obtener un estatus, pero su caso es aplicable a la de varios de los personajes del conjunto. El agua clara es una quimera en Twist, donde las líneas de los ochenta siempre retornan en una pasarela que engloba múltiples prismas sociales en el vaivén viajero de los espacios, que pueden ser ínfimos o enormes. La geografía se traza desde una doble perspectiva, mental y física. La primera atenta contra la imposición del recorrido elegido. No somos jueces del destino, más bien meras marionetas que no controlamos las casillas del tablero. La segunda circula en el movimiento de quien se desplaza para reencontrar afectos que son puñales porque sirven para reconstruir la estela que depositamos con cada uno de nuestros pasos.
Y en la tesitura que propone la inteligente prosa, no se me ocurre ninguna definición mejor para retratarla, de Harkaitz Cano estos periplos que son un lamento y una invitación a conseguir una literatura que destierre lo evidente y apueste por hilvanar las piezas del rompecabezas con un estilo diferente que exige a cada página un tratamiento único para que la totalidad canalice como una potencia de impacto. Alguien pensará que rizo el rizo. No se equivoquen.
Es más que complicado plasmar la Historia y su dictadura para quien la sufre en una novela. El escritor vasco ha realizado un esfuerzo que explica bien en algún instante de la trama. Los efectos de los últimos estertores del Franquismo condicionan el devenir de un cuerpo que son muchos, epidermis que alcanza hasta nuestros días. La más bella metáfora, y que imbrica el discurso del arte con la trama, es la instalación que Gloria realiza con un tapiz de su padre, coleccionista de viejas reliquias del régimen que dominó España desde 1939 hasta 1975 y que, entre un sinfín de minucias significantes, determinó por mentalidad la creación del terrorismo de Estado de los GAL.
Gloria es una secundaria de lujo que a priori viste ropajes irrelevantes, característica que comparte con parte de los roles de Twist, donde el engranaje requiere una hegemonía compartida en los caracteres, con un eje que interrelaciona puntos sin ningún azar.
Gloria vuelve al teatro tras una larga ausencia y con Platónov desnuda sin querer las vergüenzas de Diego, abrumado por la casualidad. Tras esa experiencia opta por dedicarse de pleno al arte, que ha sido siempre su excusa de fuga. El tapiz franquista que devoran las ratas escandaliza y se erige en santo y seña de lo narrado al resumir en un límite, la galería donde se expone, la tormenta de la Historia y el colapso de su acción.
De este modo el arte, bien explicado como sucede en Intento de Escapada de Miguel Ángel Hernández, y la imagen devienen útiles, y lo mismo puede decirse de Twist, demasiado vasta para estas pocas líneas que sólo han intentado reflejar, desde mi propia insuficiencia, como una novela contemporánea da un salto gigantesco y desde la valentía formal y conceptual arroja nueva luz en los senderos de la literatura escrita en España. ¿Por qué? No hay necesidad alguna de ser comprometido de cara a la galería. Hay formas de serlo sin fuegos artificiales, y una de ellas es con la habilidad de contar historias, usar los recursos de los que dispone todo buen narrador y explotarlos hasta un extremo que abrace el equilibrio desde una estructura que vierta en la letra una voluntad de reflejar la realidad histórica en la que ha sido concebida., sabiendo que el pasado es el arca que permite comprender el presente, con la lucidez de denunciar para combatir el olvido y exhibir el error para no perpetuarlo en la continuidad del tormento que está en la herencia de las generaciones.