miércoles, 11 de marzo de 2009

Camus a contracorriente en literaturas.com




Camus a contracorriente
(traducción: José Luis Aristau)


Jean Daniel


Galaxia Gutenberg, 2008


Jordi Corominas i Julián
Jean Daniel, Camus a contracorriente

Una de las grandes enseñanzas de la historia es tener la llave para captar los males del presente desde pasadas experiencias. Albert Camus mantuvo una postura justa y pacifista en la crucial encrucijada del conflicto Argelino. Condenó al FLN, pero también a los ocupantes franceses, ávidos de sangre magrebí después de la Segunda Guerra Mundial. Los civiles no merecían morir por luchas donde siquiera pidieron participar. La postura del premio Nobel de 1956 establecía una frontera dirigida a una negociación de término medio que permitiera la integración y convivencia de ambas comunidades. Ninguna podía salir derrotada. La fusión, mantener la mezcla sin obtener un totalitarismo excluyente, era la clave imposible, utopía ideal del escritor que nació en el país africano y se horrorizaba, no como Sartre u otros, ante la violencia, injustificable desde que la bomba de Hiroshima eliminara el desequilibrio del holocausto.

Jean Daniel fue admirador de Camus y rompió con él por Argelia. Eran tiempos, como bien dice en su librito, donde los intelectuales simpatizaban por Israel. ¿Cómo no hacerlo? Todo cambió en 1967 con la Guerra de los seis días. El autor de El extranjero ya no estaba, pero su ética del periodismo podía dar un justo enfoque de denuncia desde una ética comprometida con el presente.

Camus a contracorriente nos habla de un hombre y una actitud. Algunos especialistas del gran intelectual francés han considerado que no sentía especial apego al periodismo, cuando en realidad adoraba las redacciones, las imprentas y todo lo que significaba la información de consumo rápido y voraz. En la primera parte de la obra, mezcla de autobiografía amistosa y ensayo, Daniel traza con brillantez la trayectoria periodística de su amigo, enfant terrible que desde 1938 llenó de buena tinta las páginas de periódicos y revistas. Su dirección de Combat sirve para entender su concepción periodística: ética, búsqueda de una verdad no dogmática, sobriedad tipográfica desprovista de sensacionalismo publicitario e información carente de sensacionalismo unida a una buena prosa. En este sentido es interesante constatar como, justo después de la barbarie nazi, Combat evitó deleitarse, como hicieron los demás rotativos de la época, con los crímenes del Doctor Petiot. No era cuestión de intentar dignificar otra vez a los asesinos. Informar con honor, alegría y virtud, informar para crear una sociedad mejor desde una visión subjetiva que llegó al paroxismo cuando Camus, ya en la década de los 50, colaboró con el semanal L’Express con el único objetivo de posibilitar el ascenso al poder de Mèndes France para salvar al país del caos.

La segunda parte de la obra se orienta más hacia una valoración filosófica del legado camusiano, pero Daniel yerra el tiro por exceso de retórica y un sentimentalismo trasnochado que a quien escribe le parece muy francés. Se agradece el recordatorio de las fuentes en las que bebía Camus, Nietzche y Dostoievski en un imaginario altar, y valoramos las reflexiones sobre la contemporaneidad del autor de La caída, pero asimismo creemos que Jean Daniel quiere algo más que la mera corroboración del apego ético de su amigo al tiempo presente, algo como saldar cuentas ahora que la muerte se acerca y la posteridad emitirá un juicio sobre su legado personal.

El de Camus es inabarcable, pero válido para el siglo XXI. Lo es, entre otras cosas, por su conciencia de ir en contra del espíritu de la época y denunciar las convenciones burguesas desde su voz de hijo del pueblo que tuvo fortuna, la amplió y nunca perdió su personalidad por mucho que Francia y el mundo desearan caer en el conformismo. Su actitud tiene la fuerza de quien sabe que no existe una verdad dogmática, por lo que conviene usar la ética para entender los intrincados vericuetos de la sociedad humana, una casa de locos donde Camus vivió como un dios palpable y benefactor.

http://www.literaturas.com/v010/index0903revista.asp