jueves, 14 de octubre de 2010

Crónica del show loopoético en el Elèctric, Martes 12 de octubre de 2010





Crónica loopoética del show del 12 de octubre en el Elèctric Bar

El 11 de agosto de 2009 era martes e invadimos el Elèctric en nuestra quinta actuación. Por eso volver, catorce meses después, era increíble. Han cambiado mucho las cosas y estamos cerrando 2010 para que los jugadores de Ajedrez regresan a la Plaza de Catalunya a descansar como tienen merecido. Otro tema ocupará su lugar durante 2011, pero de momento ellos, y bien que le gusta a la concurrencia, lo saben todo, pom pom pom pom.

Llegamos pronto al local, y para Jean Martin era muy curioso observar cómo el vídeo cambia la concepción del espacio. Recordaba un escenario pequeño y una zona amplia para el público. Más bien dimos con un hermoso cuadrado, perfecto para que el respetable se emocione y empape, con una platea así es imposible que el show funcione mal porque la excitación se palpa, se produce empatía y la adrenalina se dispara al estar todos muy juntitos, casi, pero eso será el siete de noviembre en el Macondo, como en una misa.





Preparamos el atrezzo. Sé que nos estamos enrollando mucho en los prolegómenos, que en nuestro caso no son lo mejor, pero era una noche muy especial. Todo tenía que salir a la perfección. Desde aquí agradecer a Laura, la técnica de sonido, toda su ayuda, fue indispensable e hizo que desde el primer instante sintiéramos que iba a ser increíble. El pony miraba fijamente al público. Nuestros íconos estaban esparcidos por la sala, quien entraba y quería arreglarse el pelo se topaba con Enriqueta en el espejo, mientras Pericles, George Harrison y Juan Pablo II, al que no quiere todo el mundo, tomaban posiciones en los laterales. Las piernas del negro de Banyoles y Paul McCartney marcaban territorio. La primera en el piano con una serie de gadgets, la segunda, cerca del escenario, a escasos metros de la mesa con la calavera mágica y los instrumentos que Jean Martin toca en el interludio.
Antes de nuestra actuación llegó el turno para Delaonion, e insistimos. Esas viejas maderas son milagrosas, los poetas estuvieron como siempre, fantásticos, pero la luz y el ambiente les dieron alas. Su recital fue divertido y memorable, los cinco Delaonion se alternaron con soltura y el tempo siempre fue in crescendo, dando buenos augurios para Lola Farigola y Jean Martin, inquietos aunque muy tranquilos, como si intuyeran que el desarrollo de la velada iba a ser el previsto.






El show loopoético
La oración fue fenomenal. Se notaba una cierta motivación y ganas de pasarlo bien. Pensando que el futuro se vive en presente. Breve silencio. On. Leve oscuridad. Aparece la espléndida Lola Garigola y logra lo imposible al bailar el mix inicial- un loop de piggies con fragmentos descompasados de otros temas- dándole forma, como si tuviera alguna lógica, que la tiene, pero debe interpretarse, y ella lo hizo como nadie. De repente, Morrison habló. And opening your door…efectivamente, se abrió la puerta loopoética y de ella salió Jean Martin, contento por escuchar los versos finales de 2009, enloquecido y paciente, con el micro, su arma de predilección. En declaraciones posteriores al show el enmascarado valoró el arranque porque se desgastó menos físicamente, rebajando decibelios de Carmen e Isabel para que la voz lírica graba pudiese empapar más el local, y los espectadores comprendieran mejor la suite que enlaza con los movimientos del tipo del traje psicodélico y las danzas de nuestra querida Lola, que prorrumpía palabras desde detrás del telón, y oigan, no vean cómo se lo curró para atravesarlo enterito y seducir con su reingreso al inicio del interludio desde la escalera de caracol. Jean economizó para enriquecerse, medio volando, intimando poco con el Pony, saltando lo justo y sincronizando su reloj corporal con la medida de los poemas. Así llegaba fresco al momento de la improvisación y tomaba aire para el envite. La primera parte te hizo corta, teniendo como anécdota destacada la sorpresa de la calavera. La muy pobre perdió el cerebro el otro día. ¿Cómo suplirlo? Con gominolas que saltaron eufóricas para deleite, como dicen los versos, púbico del intelectual. Se veneró la pierna de Paul, hubo interacción con la gente y la paranoia, este chico siempre tiene una movida a punto, de Jean Martin tocando el piano con los pies, efeméride de la que quizá no tengamos nunca foto, porque todos se quedaron estupefactos con sus calcetines. Madredelamorhermoso. En esta ocasión el llanto hermanado con Chopin y sus funéreos compases fue audible y moderado. Semejantes a los modernos. Reaparece Farigola, inmensa en el interludio y cautivando cómo sólo ella sabe, y se produce un ritual de rechazo, amor, vuelta al ruedo y…¡ataque de epilepsia! Fue intenso, el suelo botó y el escondite oral acogió a Jean, magullado, aturdido por las convulsiones, pero con un estado de ánimo muy alto, tanto como para opinar que el inglés está sobrevalorado, ulular, mentar a Carmina y filosofar en una espiral que se encadena desde el cero al infinito. El tiempo pasaba deprisa. Sonó un gong, Lola se fue a los puertos, despidiéndose por penúltima vez antes de la decapitación, recibió sus más que merecidísimos aplausos y el enmascarado consiguió el alboroto, lo que solamente acaece cuando se han juntado una serie de factores inexplicables. Sí amigos, el público no fue soso y rezó la oración hindú, se carcajeó con la trompeta de barbie girl, alzó los brazos, y las cuerdas vocales, con el trecho de Ras Putin y finalmente sonrió, con alguna que otra risa taumatúrgica, con el solo con la guitarra infantil al ritmo de Seven Nation Army. Prometemos no romperla nunca más, pero claro, que un loco se suba al escenario colocado de MDMA sólo pasa una vez en la vida.





La última parte es más complicada de interpretar de lo que parece. Su resultado depende de la euforia y una buena dosis de cálculo. Se empieza con los modernos y posteriormente la sardana- setze jutges d’un jutjat- se erige en término medio. Jean le va cogiendo el tranquillo, casi se le ve suelto con la Santa Espina, tanto que para, improvisa y la retoma como si llevara espardeñas. De la ceba, claro. Hay varios clímax. El poema crítico con la situación actual es subidón y pausa, tentempié para apaciguar reflexionando antes de la catarsis. Música infernal. Ascenso descenso. Hola Farigola, bienvenida again! Jean agarra el tridente, coge la muñeca, se arquea, cae, se levanta, invoca a Carmen y asesta muerte a la pérfida muñeca fascista. El piano de A day in the life alarga la nota, respiramos y él, con ella creando geometrías en el aire, alza los brazos para mostrar su conquista. El último poema es una celebración, retorno al hogar, orgasmos de toma y dacha, que bien comemos con Isabel, sentir tu humedad que es mi calor y atender a Jean en plan Derviche dejándose guiar por el órgano místico y el toque final de batería que permite la reverencia. Fue una noche mágica. Gracias. Loopoesia es amor.




Fotos: Raquel Delgado


A lo largo de los próximos días subiremos vídeos, fotos y otras cosas, al tiempo que informamos del próximo evento, la misa loopoética del 7 de noviembre en el Macondo





Loopoesia es amor