miércoles, 13 de octubre de 2010

La emboscada de Iván Humanes en Culturalia


Reinventar, literatura: La emboscada de Iván Humanes, por Jean Martin du Bruit

Hay prostitutas muertas, un sanatorio, una relación de pareja ambigua, conflictos laborales, un asesino serial y un bosque, oscuro como el clima que se respira en toda La emboscada, supuesta novela negra de Iván Humanes. Y decimos supuesta porque en el paseo siempre hay bifurcaciones, la línea recta suele ser muy aburrida. Quien busque el típico libro de crímenes y sospechosos puede irse a otra estantería y seguir gozando la amarillenta sensación de leer un volumen por gusto a la repetición. Estamos en una época de cambio donde proponer formas poco ortodoxas debería ser la norma que nos sacudiera el sopor, algo que saben hacer muy bien los detectives, conscientes que sus casos son espejos de la existencia, donde nada sigue una la lógica establecida de la introducción, nudo y desenlace, donde es menester mirar atrás para avanzar al ser cada detalle una tesela fundamental, indicio que unido a otros abre la puerta de la totalidad.
El detective Spade tiene un buen marrón encima porque su presa es correosa y sabe moverse bien por el laberinto. Desentrañarlo se erigirá en su principal caballo de batalla, también en el del lector, intrigado y meditabundo por la polifonía que ofrecen las páginas repletas de voces que articulan el discurso hasta anular el espacio y lograr que el movimiento sea mental. ¿Una novela de ideas? Sin duda, aunque podríamos calificarla de psicológica, y tampoco erraríamos el tiro si la definiéramos como un viaje en una carretera teórica que se funde con la práctica. A lo largo del recorrido Humanes desgrana pequeñas perlas que nos dan un cuaderno de bitácora sobre su concepción de la literatura, osada y fresca, descarada por decir las cosas sutilmente y sin tapujos, con una crítica lógica, que clama a gritos una reinvención para despojarse de antiguas cadenas demasiado eternizadas, anclas negativas que no permiten a la narrativa fajarse de un abrazo mortal que aquí desaparece, dando aire tanto a la forma como al contenido.
Puede que algunos piensen que al mencionar lo arriesgado en La emboscada estemos cayendo en la senda de la experimentación sin freno. Tirémonos del precipicio. Suele hacerlo quien usa la racionalidad para plasmar una idea de mundo al no aceptar que lo establecido sea inamovible como la Constitución española. El bosque flota por todo el manuscrito, y si lo hace no es por casualidad, sino por su simbología. Hay que adentrarse en lo desconocido y hallar respuestas, sortear la maleza y los extraños de la naturaleza para certificar que es posible transitar por espacios ignotos, que nunca nadie ha pisado, zonas crepusculares que anticipan el alba y, finalmente permiten ver el paisaje, con mil colores.
Asimismo el jeroglífico ante el que caemos rendidos es comprensible, y exigente. El mercado ha acostumbrado demasiado mal a la pereza lectora, como si los libros fueran una hamburguesa, comida rápida que engullir y olvidar. Recomiendo a quien se acerque a La emboscada tomarse su lectura como una tarea de investigación. Pónganse el traje de detective, analicen, indaguen y por favor, descubran que tras lo fragmentario hay una unidad que rebosa pluralidad y alienta a la reflexión profunda de la creación y sus deseables vías para el futuro.

Iván Humanes, La emboscada, Inéditor, A Coruña, 2010