lunes, 20 de febrero de 2012

Cristo y los cinco millones en "Peligro de extinción" de Bcnmes





La salvación, Cristo y los cinco millones, by Jordi Corominas i Julián

La primera escena es idílica. Transcurro mis vacaciones de Navidad en Italia muy bien acompañado. Un amigo decide regalarnos un momento especial. Acciona su coche, duda en el momento de aparcar y tras depositar el vehículo en las estribaciones de un mirador nos conduce ante una vista espectacular de la ciudad donde yace enterrado Virgilio. Sí, la vista es espectacular, pero lo interesante de la anécdota es que estamos al lado de una Cartuja cerrada a cal y canto porque dejó de ser útil para la vida religiosa del lugar.

Segunda escena. Han pasado tres semanas y vuelvo a caminar por Barcelona. Un hombre me ofrece un panfleto en la entrada del metro de Camp de l’Arpa. Me sorprende tanto folio bien hilvanado, algo extraño en un enclave estratégico donde lo normal es que un chino te ofrezca, siempre que tengas pinta de macho ibérico, una tarjetita de orientales a 40 euros con una bonita foto de una chinita en ropa interior. Abro el regalo, procedo a leerlo y mis ojos no dan crédito. ¡Han vuelto! Y no, los testículos de Jehová reposan en la imaginación de nuestra infancia. Los replicantes no tienen nombre, y pese a ello ofrecen lo de siempre. Calmado, de manera muy sutil, deposito el pliegue de hojas en una esquina de la escalera y procedo a escuchar la charla del buen pastor a un tipo que atiende la llegada de su novia. Sí, nosotros queremos que la llegada del señor sea un acontecimiento a escala planetaria. ¿Cómo llegará tu Dios? ¿En monopatín? ¿En avioneta? No haga broma con temas tan importantes, nuestro señor sabe que todos somos pecadores y nos reserva el mayor estruendo posible para su adviento, el fin del mundo se acerca y es por nuestros méritos. No podemos limpiar nuestros errores, toca aceptar la nada y la nulidad de cualquier acción. Él tiene la verdad en su seno y abrirá la puerta de un mañana mejor donde nuestra pútrida mortalidad sea ceniza, porque más allá del Planeta el Reino de los cielos es la salvación de la carne. ¡Hola Jordi!

Tercera escena. Otra jornada rutinaria. He visitado la exposición de los impresionistas en el Caixa Fòrum, y durante más de un instante he sentido que el público asistente levitaba a mi alrededor. Efectos de la mercadotecnia. Saco dinero del banco sin pisar su templo y cojo el primer autobús para llegar a casa y descansar de tanto trajín. Leo el periódico. Nada nuevo bajo el sol. Siempre hay una oportunidad histórica para remediar la crisis y un Barça-Madrid. De repente, una voz me despierta de la normalidad incitándome a ingresar en otra vía más espiritual. Un adolescente distribuye opúsculos y grita bien fuerte que el señor prepara las maletas para rescatarnos, como si se tratara del Banco Central Europeo o el Fondo Monetario Internacional. Mi compañero de asiento, aturdido por el mensaje, suelta la frase de la semana. ¿Por qué no viene el señor y nos da trabajo a los cinco millones de desempleados de este puto país? Tímidos aplausos de fondo. El predicador enmudece.

No hay cuarta escena. Sería alucinante si os contara más casualidades epifánicas. Hace décadas era relativamente frecuente lo de observar una miríada de calvos vestidos de naranja con su letanía. Hare Krishna, Krishna, Krishna. En épocas de depresión económica no es anómalo refugiarse en la fe. La caída del Imperio romano propició la llegada del Cristianismo a base de decretos ley que ahogaron al mármol pagano. Desde pequeñines configuramos una determinada visión del mundo donde las figuras divinas juegan su rol en el tablero. Con ello no digo que sean determinantes ni nada por el estilo, pero sí es cierto que pululan a nuestro alrededor. Por suerte, somos seres libres y tenemos la opción de declinar credos y proclamas, lo que no impide que los dinosaurios invadan el espacio público a la búsqueda de nuevos acólitos.

Roma es la ciudad con más iglesias por metro cuadrado del Universo. La falta de fieles y la ausencia de vocación provoca que algunos centros de oración usen una grabación para alentar el rezo. Eso demuestra que el panorama no es halagüeño para los viejos disfrazados con estridentes sotanas, poder enfermizo con bula para despotricar y soltar barbaridades. Sus aliados en la calle son una minoría que tiene el viento a favor por un motivo muy simple: nunca desaparecerán y su microclima lanzará chispas que los demás, eso espero, ignoraremos mientras oteamos un horizonte que redima la pesadilla y la transforme con nuevas coordenadas que quizá aún no hemos sido capaces de escribir o vislumbrar.


Ilustración: Nil Bartolozzi