viernes, 17 de febrero de 2012

Diálogo con Maurizio de Giovanni en Revista de Letras


III Ciclo de Autores de Novela Criminal (I): Maurizio de Giovanni
Por Jordi Corominas i Julián | Destacados | 13.02.12



Lo versa en gran parte de estaciones. En otoño Lumen publicó El invierno del comisario Ricciardi de Maurizio de Giovanni. Me impactó, y lo comprobaréis a lo largo de la entrevista, el personaje del comisario, que desde mi punto de vista añadía nuevos elementos a un modelo clásico de investigador, ya visible en la tradición italiano desde el Pasticiaccio de Carlo Emilio Gadda. Roma no es Nápoles, y por eso Ricciardi y los mismos crímenes viven de otra atmósfera y agitación. Frío y atormentado el protagonista. Caliente y vibrante la ciudad, envuelta en una átona neblina fascista que enturbia los pasos sin anular una esencia propia que impregna los tejidos de la novela, teatral, analítica y muy entretenida, de lectura rápida.


Hace escasas semanas recibí la segunda entrega de la serie, La primavera del comisario Ricciardi. La segunda estación depara una trama más rica de elementos, con una vertiginosa estructura en la que los personajes se bifurcan, convergen y ejecutan un rompecabezas con muchos sospechosos, una muerte extraña y la pasión desatada más allá del asesinato que vehicula el relato, repleto de acción reflexiva en un escenario donde la investigación es una clave para comprender lo que nos rodea. Llego al hotel, espero, estrecho una mano, me siento y enciendo la grabadora.


¿Cómo nace el personaje del comisario Ricciardi?

Por pura casualidad. Tenía cincuenta años y no pensaba para nada en la escritura. Un día, teniendo la tarde libre, me inscribí en un laboratorio de literatura humorística. Siempre he leído mucho, sobre todo narrativa, me apasiona. Los chicos del laboratorio mandaron, sin decírmelo, un texto mío a un concurso para escritores noveles de crónica negra. Era un concurso duro, tenía varias etapas y Nápoles era la penúltima antes de la final en Florencia, en Le Giubbe Rosse. Fui y nos dieron novecientos once minutos, lo organizaba Porsche, para escribir un relato en el Café Gambrinus, que siempre aparece en las novelas de Ricciardi para homenajear esa anécdota.






Con tanto tiempo por delante era inevitable que pasara algo especial.

Sí, tenía mucho tiempo para mirar desde la ventana. Era junio, y una chica de la calle se paró a mirar lo que ocurría en el interior del Café. Al cabo de un rato se aburrió y se fue. Sin embargo me di cuenta que entre todos los que estábamos sólo yo me fijé en el detalle. Así se me ocurrió uno de los motivos clave de Ricciardi. ¿Qué sucedería si una persona viera siempre imágenes terribles e invisibles para los demás? A partir de ahí decidí ambientar sus historias en los años treinta por estar en el Gambrinus, con su decoración tan Liberty.

Y de ahí, a la novela.

Gané el premio, y luego me pidieron otro relato del personaje. Ricciardi es extraño.

Tiene un aire misterioso muy particular.

No es guapo, ni fuerte, y ni siquiera se interesa en exceso por la comida, tampoco por las mujeres. No disfruta la vida.

Pero es porque interioriza muchos sus emociones y sentimientos.

Sin duda. El mutuo desdén que se profesan él y lo exterior incide en que sea un hombre enigmático, y eso produce atracción y el surgimiento de preguntas sobre su personalidad.

¿Desde el principio de Ricciardi pensaste en crear una serie de novelas?

No, ni mucho menos. Escribí la primera novela. Ricciardi tuvo éxito. En todo el proceso me ayudó mucho Paola, mi mujer, que trabaja en el editing del libro. Piensa que aunque la serie tenga tan buena acogida yo nunca he dejado mi empleo de toda la vida en la banca. Quiero conservar mi independencia de la escritura.

¿Antes de Ricciardi escribías sin pretensiones de publicar?

No, nunca escribí antes de cumplir los cincuenta, una edad que por otra parte no parece propiciar la eclosión de un talento, siempre pensé que si eso existe se descubre en la juventud, y no pensaba, en realidad nunca he contemplado la posibilidad, tenerlo.

Lo decía porque en las novelas del comisario Ricciardi hay muchos pasajes cargados de licencias poéticas, párrafos sumamente líricos que sorprenden en una novela negra.

Cuando escribes metes dentro del texto todo lo que tienes, lo que has vivido. Amores y pasiones. También metes toda lectura, película o experiencia que te ha dejado alguna cicatriz, y eso significa que te ha impactado. En las novelas de Ricciardi introduzco mi todo: hijos, fracasos. Supongo que al fin y al cabo lo poético que mencionas es una emoción.

Que por otra parte quizá aparezca por estar las novelas ambientadas en los años 30. ¿Qué te motivó, además de la efeméride del Gambrinus, para situarlas en otra época y no en la actualidad?

La verdad es que no soporto las investigaciones científicas, y tampoco creo que hagan mucho para encontrar al culpable por una serie de excepciones de procedimiento de los abogados defensores que producen la imposibilidad de dar con el culpable.

¿Ves? Desde la renuncia de lo científico y neutro el acercamiento vira a lo cotidiano y a su poética de la búsqueda, los detalles y la reflexión intuitiva.

Quería situar las novelas en una época donde las investigaciones se movieran desde la pasión. Los detectives o comisarios sólo podían dar con el culpable investigando la vida de la víctima para entender cuándo una pasión positiva devino negativa. ¿Qué generó tanto envidia, odio y celos como para asesinar?

Y el crimen generalmente irrumpe por hambre, amor o dinero, como menciona Ricciardi en La primavera.

Son los elementos clásicos del crimen. Ahora existe una industria del crimen, pero también es por hambre, hambre de poseer. Tiene razón Ricciardi, las constantes son las mismas de antaño.

Pero en los años treinta en Nápoles imagino que el crimen era más pasional, cargado de mil pulsiones.

Una ciudad de pasión como Marsella o Palermo, no es una ciudad organizada y fría. La violencia nórdica, que en los últimos tiempos tiene tanto éxito, parte de la locura o de crímenes de extrema frialdad.

Quizá es una violencia más prototípica de nuestra época.

Seguramente sí.





¿Ricciardi se inspira en algún investigador previo de otros autores? Mientras leía El invierno todo el rato acudía a mi mente la imagen de Pietro Germi en Un maledetto imbroglio, la película basada en el Pasticiaccio brutto de Gadda.

Creo que no me inspiré en ningún investigador de otras historias. Si te fijas, Ricciardi tiene una pose casi sacerdotal.

Casi un asceta.

Se distancia voluntariamente de las pasiones. Le dan miedo. Observa desde la ventana a la mujer que desea, pero no interviene. Nació así, piensa en su vida, que le ha dejado muy marcado. En la cuarta novela de la serie pensé que Ricciardi moriría y escribí sobre su adolescencia, todos esos recuerdos de alguien que ve el último momento de los muertos. Al final optó por sobrevivir.

¿La idea de las cuatro estaciones, una por novela, la pensaste para estructurar toda la serie o también surgió casualmente?

Escribí El invierno del comisario Ricciardi pensando que sería la primera y última novela de la serie. Una vez comprobé la buena acogida que tuvo entre los lectores pensé en probar de crear una novela ambientada en una estación bonita, para ver si lograba transportar el horror a la primavera.

En El invierno se sentía el efecto de la estación, pero en La primavera se percibe todavía más, mencionas más la estación. Además de esta diferencia, se percibe un progreso entre ambas. El invierno es más corto y quizá lineal, mientras que La primavera es una obra muy compleja, con muchos personajes y tramas.

Es mucho más coral. Yo veo cada novela de la serie como parte de una sola historia. Los personajes evolucionan. El Ricciardi de la quinta novela ha crecido, no en vano ha transcurrido casi un año desde que empezó su historia con muchos casos y cosas.

Es un personaje que vive mucho los casos, pero también insistes mucho en su contexto cotidiano, desde su amor platónico hasta la relación con sus compañeros.

Sí, su mismo comportamiento viene determinado de sus fantasmas y del don que tiene. Es un observador, pero naturalmente sus relaciones personajes juegan un gran papel. Su Enrica, el ayudante Maione…

Que en La primavera gana protagonismo con una historia paralela al caso principal.

En El invierno está siempre al lado del comisario y en La primavera tiene más libertad. En breve una televisión producirá una serie sobre Ricciardi y siempre pienso que el personaje más complicado de interpretar es Maione. Ricciardi no llora, raramente expresa emociones. El problema es Maione. En El verano, que llegará en español a lo largo de los próximos meses, será un personaje cómico. Tiene mucho calor y por obligación debe llevar el uniforme de invierno. Pesa más de cien kilos y para respirar aliviado se mete a dieta. Y su mujer sufre porque puede aceptar cualquier cosa menos que su marido no coma en casa. Y es un cambio trascendente, porque en La primavera Maione es trágico y padece una situación que lo pone contra las cuerdas.

Y en ese aspecto entra el contexto. Ya lo has explicado antes. En los años 30 el investigador se implicaba en los casos, que repercutían en su existencia de manera directa.

Absolutamente. Hoy es un trabajo. En esa época existía una fuerte implicación personal.

En La primavera tanto el comisario Ricciardi como Maione se ven afectados a nivel personal por la evolución del caso que investigan.

Sí, y es a partir de las madres y los hijos. La mujer de Maione sufre por la muerte de un hijo fallecido años atrás. También tenemos a la tarotista Carmela Calise y hasta a la madre de Ricciardi, que sueña con ella. Rosa, su tata, es como una madre. Y no podemos olvidar a Filomena, con su hijo Gaetano. Trabajé en estas relaciones materno filiales. El amor de madres a hijos y viceversa es el más perfecto, pero también puede causar mucho dolor. La primavera es la novela del amor materno, que hasta se condena con un testigo.

Sí, un hombre de sesenta años con una novia de su edad que no puede casarse porque su madre no quiere. Y claro, la mujer ya tiene noventa años y esperan su muerte para liberarse y cobrar la herencia.

Sí, y además él aún aspira a tener familia numerosa. También su historia está muy relacionada con la madre, algo que no deja de ser muy napolitano.

Y en las novelas introduces muchos elementos que caracterizan Nápoles, entre ellos el aspecto teatral que siempre rodea a los crímenes que centran la trama.

Intento dar siempre un elemento teatral a los crímenes. En Nápoles hablar del teatro es hablar de la ciudad, en la calle y en la platea, es inherente a nuestra condición.

Y estos elementos napolitanos, tan especiales, marcan con naturalidad la atmosfera de toda la novela, la ciudad es otra protagonista que modula los eventos y las personalidades.

Y no hay necesidad de usar los clichés como la pizza o la mandolina. Se trata de que el lector reconozca una Nápoles verosímil, creíble a todas luces.

Los espacios en que transcurren las novelas son siempre los del centro de la ciudad, más reconocibles, lugares donde todo el mundo se conoce.

Nápoles, más allá de sus calles principales donde hay dinero, acoge una serie de barrios populares que son otro mundo, con una musicalidad muy diferente, se habla otra lengua y hasta la teatralización de los sentimientos es opuesta en ambos lados, que casi se tocan, lo que no impide una gran diferencia de potencial que provoca constantes descargas eléctricas de gran intensidad.

Y Ricciardi puede entender a las dos Nápoles por ser de origen noble al tiempo que sabe tratar a la gente humilde.

Ricciardi es el único habitante de una ciudad donde vivos y muertos se ignoran. Y él capta ambas voces a la perfección. Si lo miras bien es una metáfora muy clara, porque solemos caminar en nuestro mundo alienados, sin penetrar nunca en el otro. El napolitano suele pisar raramente la periferia. Ricciardi es equidistante entre ambos mundos y ello le permite comprender mejor las situaciones que se generan.

Y por otra parte no nació en Nápoles, tiene algo de observador externo, un antropólogo.

No, es de la provincia de Salerno, no lo suficientemente lejos de Nápoles como para no conocerla, pero tampoco suficientemente cerca como para integrarla al cuerpo, interiorizarla y no poder escapar a sus garras.

Lo que contrasta con Maione.

Que de tan napolitano se integra en el tejido de la ciudad. Será corpulento y vestirá de uniforme, pero sabe moverse y desaparecer por las calles, conoce el laberinto y sabe esconderse, como si la ciudad fuera consciente de su presencia, y aparecer en el momento oportuno.

En La Primavera lo demuestra siempre que visita a Filomena, la belleza con una cicatriz en el rostro. En La primavera lo polifónico gana mucho terreno y las tramas son múltiples. ¿Cómo organizaste el material y su complejidad?

El invierno era una autopista, muy lineal. Hay un solo flashback con el barítono, y es más bien la mera narración de un hecho. En La Primavera articulé las cosas de manera muy diferente. Su primer borrador era muy onírico, sin los nombres de los personajes secundarios, como en un sueño. Ya en el segundo estructuré mucho más el conjunto. A veces pienso que sin definirlo tanto hubiese logrado que fuera más vívido.





Pero la estructura ayuda a crear tensión. Lo polifónico del relato y la división de sus acciones mediante párrafos cortos y el uso de la simultaneidad producen inquietud, todos cobran protagonismo y nos preguntamos por su destino.

Quería crear inquietud, inquietud en parte por todo el delirio del amor equivocado, con los personajes moviéndose sin parar en lo físico y en lo mental. El suicidio del pizzero es una historia fuerte, porque su muerte implica que paga un sueño. Filomena se sacrifica por otro motivo. Por la belleza, un lujo que determinadas clases sociales no pueden permitirse, para Filomena es un obstáculo, con gente poco fiable a su alrededor que condiciona su modo de afrontar la vida.

El mismo Ricciardi parece sacrificarse con su pasividad amorosa y la renuncia a vivir la normalidad, de casa al trabajo, del trabajo a casa con ligerísimas pausas para comer siempre lo mismo, un hombre de rutina hasta las últimas consecuencias.

El comisario debe juntar los elementos para resolver la investigación, pero no puede evitar que lo imprevisto se cruce en el camino, y en La primavera los nombres de la libreta de la tarotista asesinada llevan a Enrica al despacho de Ricciardi, y claro, ni uno ni la otra reaccionan con normalidad, el shock es tremendo. Por otra parte el comisario tendrá más sorpresas amorosas, su misterio no deja indiferente y Livia, la influyente viuda del tenor y amiga personal de Edda Mussolini, volverá más que decidida a conseguir lo que desea.

Otro contraste con Ricciardi, que pese a vivir durante el fascismo no profesa simpatía por el régimen mussoliniano ni tampoco abre mucho la boca para quejarse, no se pronuncia. ¿Querías realzar lo político?

Quise dar una visión realista, y me explico. Nuestra visión de la época viene determinada por todo lo que supimos a posteriori de los veinte años de fascismo. La lectura de este período se nutre de datos que juzgan su totalidad con una negatividad absoluta.

Por algo en la historiografía se le llama Il ventennio nero.

Sí, pero esa es la visión histórica, el análisis del pasado desde el presente. Los italianos en los años donde sitúo las novelas de Ricciardi tenían otra percepción. Mi trama acaece en los primeros años treinta. En 1929 un 97% de votantes aprobaron el fascismo. No había una adhesión absoluta. En Nápoles, acostumbrados como estamos a la dominación de un sinfín de pueblos, siempre hemos pensado que la nueva dominación seria mejor que la anterior. Luego se daban cuenta que no era así, sino que era aún peor. Quería reflejar el desinterés general de los napolitanos por el régimen. Naturalmente existía una cuota de disidencia intelectual que representa el Doctor Modo, el forense, pero el resto de napolitanos sólo lo utilizaba si podía. En caso contrario se distanciaban.

Ricciardi sólo entra en riesgo con el fascismo por su superior.

Garzo, que en su diplomacia asciende no tanto por méritos como por habilidad en el trato con los que mandan. Ricciardi, pese a no sentir simpatía por el fascismo por su tono militar, cree que la naturaleza humana es la que debemos combatir, y esta no cambia con el fascismo, siempre es la misma.

Y en su renuncia a la normalidad no lleva sombrero ni frecuenta los ambientes que le corresponden por clase y origen.

No se preocupa por las formas, lo que desconcierta a Garzo, le da miedo porque no entiende su proceder y cree que su conocimiento de los criminales sólo puede deberse a que él también lo es.

Y para Ricciardi otro problema del fascismo es que la prensa no mencionaba ningún crimen, eran imposibles en un Estado de orden y seguridad.

Y lo combate, sabe que la prensa no puede hablar de estos temas, y eso dificulta su tarea y la reduce a la nada, como si su labor fuera invisible pese a que toda la calle sepa de crimen, sangre o cualquier otro chismorreo.

Ya para terminar. ¿Te imaginas un investigador al estilo de Ricciardi en 2012?


Me lo imagino, pero lo veo más necesario que real. Es compasivo y se preocupa por los demás. Nosotros lo somos cada vez. Vemos un accidente y no sufrimos, simplemente somos espectadores, y eso es desagradable ética y estéticamente.

Una actitud ética.

Sí. Hoy en día me imagino a Ricciardi más político que policía.