miércoles, 15 de febrero de 2012

Crónica del debut de Loopoesía en el Llantiol, lunes 13 de febrero de 2012




Cada año Loopoesía ofrece cambios que son evolución de la propuesta inicial que presentamos en el ya lejano 2009. Las campanadas de nochevieja sin patriarca suponen para servidor el despertar de un letargo que conduce a un sitio muy concreto. De septiembre de 2011 a enero de 2012 dejé de escribir poesía porque notaba, en una repetición otoñal en el camino hacia la nueva Loopoesía, la llegada de ideas que perfilarían el camino para darle la fuerza necesaria del verso al todo, de la parte más importante, la suite que articula el espectáculo, a música, proyecciones, escenografías y movimientos.

Antes de ese parón medité algunos posibles temas. Enriqueta Martí tuvo durante cierto tiempo muchos números para ser la protagonista absoluta, pero deseché la posibilidad porque empecé a interesarme por el extraño psicoanálisis del paseo de Leyden entre Sigmund Freud y Gustav Mahler. La charla entre ambos genios acaeció en 1910, y poco después la falsa vampira del Raval, mala aunque vilipendiada en exceso por mera rumorología, secuestró a Teresita Guitart. Me gustaban las dos historias y opté por juntarlas a partir de otro enlace puente. Creí tener el argumento.





Y era lícito pensarlo. Sin embargo, luego llegó otra imagen más potente que dio sentido a mi búsqueda. Un gladiador en un confesionario en medio del desierto. Un hombre abandonado en la inmensa soledad donde nadie escucha sus súplicas. Un ídolo caído con la virtud de ver más allá de la rejilla y contarnos una serie de hechos que se conectan con naturalidad entre sí. Escribí, conjugué y terminé la suite a mediados de enero. La música salió sola en su intención de no ser sólo una melodía. Los versos, repito, siempre son el motor que activa las otras piezas, y la música, así como las proyecciones, sirven para entender lo que transmite el poemario, que saldrá en abril y se titulará el gladiador silenciado.


Escasos días antes de la presentación en el Llantiol cuadré mi particular circulo con las proyecciones. El show de este año es veintiún minutos más cortos que el de 2011 porque actúo solo, y eso exige cuadrar mucho mejor la mezcla multidisciplinar que propongo. Medité mucho sobre los fotogramas a elegir, y al final resultó que suman doscientos más que en el anterior montaje porque están más sincronizadas con la voz grabada y los loops que la sobrevuelan.
Otra importante novedad de Loopoesía 2012 radica en que se alternan poemas registrados y en directo. Probé el experimento en noviembre y funcionó, entre otras cosas porque ayuda a comprender los enlaces entre cada fragmento, algo que asimismo queda más consolidado con mis movimientos en escena, más minimalistas tanto por los objetos como por mi interpretación.





Dicho esto quizá convenga resumir lo que fue el estreno en el teatre Llantiol, un clásico que nos recibió de manera estupenda, facilitándome mucho el trabajo previo por su buen criterio técnico y organizativo. Ojalá vuelva a su platea, me encantó, y desde ella tracé la base para lo que viene, un decálogo de sensaciones, aciertos y errores de una experiencia que me hizo recordar lo bien que está uno al terminar y percibir el cuerpo agitado, la mente en blanco y las venas cargadas de flashes de intensidad, pausa y una energía que tras treinta y seis minutos en el teatro equivalentes a tres horas de actividad cerebral normal nada hacia la calma de meditar lo transcurrido.




Preparar, respirar: Debía actuar junto a otro grupo que causó baja a ultimísima hora. Fantástico. Pude familiarizarme con el lugar, imaginar la actuación en el escenario y relajarme un poco. Estaba de los nervios, y me gustaba, me confería seguridad y tensión que almacené hasta que me presentaron, se apagaron las luces y el todo hilvanó su partitura. Imágenes de desiertos, gladiadores y confesionarios. Música amenazante, tenebrosa. La platea vacía, sólo los elementos y el público observando. Una nota de piano me incitó a salir con mi casco romano y unos ojos extraviados, de lunático puro y duro. Accedí a la silla, cogí mi piano naranja, y poseído hice sonar esas teclas infantiles, hierático y atento a escuchar la voz del primer poema. Continué con lo mío, sintonicé mi radio de pasos a dar a lo largo del show y me levanté agitando mis maracas del Coliseo muy animado y hasta con ritmo, bailando hasta que sonó una batería, brotaron silbidos de los cincuenta y tomé el cetro de otra identidad sin casco y con mis pupilas de toda la vida. Así,con la chaqueta naranja y el negro cubriéndome, procedí al abrazo con el micro, listo para recitar la invasión babilónica de los soldaditos de plomo.


El micrófono: Fue más un enemigo que un amigo, y lo supe desde que cruzamos miradas. Estaba viejo y no tenía ni la mitad de clase que el resto del teatro. Se paró en dos ocasiones, pero como había ensayado el recitado en vivo con mil tonos y variaciones no hubo problema, marqué los tiempos, cuadré el recitado con las imágenes y sus engarces musicales y sólo me trabé en una parte repleta de aliteraciones, pero fue un lapsus que dio pie a inventar trabalenguas y otras tretas de fontanero.





Yo y los objetos del escenario: Un abrigo, paraguas, un gorro de Napoleón, los soldaditos, un extravagante plástico destinado a la metamorfosis, pianos, maracas, un muñeco de Freud, ropas ocultas, monedas en mis bolsillos, pócimas policromas. Debía, nunca mejor dicho, interactuar con tal marabunta y sacarme el carné de metrónomo. Mientras actuaba tuve en algún momento la sensación de que el reloj se comería mi plan, pero no fue así, y además todos los chismes permanecieron firmes en el escenario, ninguno voló por los aires y…


Volar: ¡Mentira! Sí,uno voló, el paraguas que lleva a un hombre, que de repente ha adquirido poderes made in Mary Poppins, para viajar al delirio de la verdad. Cerré la umbrella, descubrí el nuevo mundo y Liza Minelli me susurró al oído un golpe de efecto. Tira las monedas. Money, money. Loopoesía es el único show del mundo donde el público recibe dinero por asistir, y comestible. Tanta moneda indica algo, la proyección deriva en unos conocidos trajeados y con corbata, entra frío, me pongo el abrigo, recito las aliteraciones y corro, corro hacia el gorro napoleónico que pulsa el botón de play para otra sorpresa sonora clamando aparecer. Moc Moc.





La era de las metamorfosis lógicas: Gladiador, supercalifragilísticoespialidoso, Napoleón y…rumbo al terror. Los deseos recitados cerraron el primer segmento del show y procedí a llenar de aire el elemento más característico de doña muerte. No triunfé en exceso, el plástico tardo en adquirir forma y asustar en su advertencia de lo venidero. Sombras chinas en las pantallas, bailes renacentistas y referencias contemporáneas. Mahler en la sinfonía, Sigmund en mis manos. Eros, Tanatos. Comentarios andaluces y terminar siendo Enriqueta Martí en una transición hacia su habitáculo de la Calle Poniente 29.





Enriqueta: Supone un mínimo retorno a la máscara y el travestismo de calavera y magia negra con un significado que la apariencia estética no muestra. Puedo actuar, moverme y todo, pero si no se escuchan los versos el resto del conjunto es baldío. Manipulé venenos y recetas en mi rinconcito de las pócimas, pasee saludando al respetable en mi mítica feminidad y bueno, lo confieso, no me puse bien ni el chal ni el pañuelo, no volverá a ocurrir, y levanté el puño en la antesala dla apoteosis de los anónimos, preludio del punto y final donde vuelvo a ser Jordi, hago la habitual reverencia y dejo que los aplausos esbocen su sonrisa.

Bragas: Sí, dos entusiastas completaron la platea con treinta y dos bragas del chino, eso es espíritu loopoético y lo demás son tonterías.




Feliz estupor: El que proporciona comprobar con posterioridad a lo acontecido que el debut fue a las mil maravillas. Las partes encajaron con mucha naturalidad, la sincronización de toda la secuencia fue precisa y los comentarios de la gente indicaban que el espectáculo pasó rápido, se hizo corto y gustó. La primera vez pierdes la virginidad, en la segunda sólo puedes mejorar, y por eso auguro que la próxima Loopoesía, el viernes 24 de febrero en Fnac Castellana de Madrid, será, simplemente, espectacular. Lo sé.

Loopoesía es amor