jueves, 3 de enero de 2013

Idilio con perro ahogándose de Michael Köhlmeier en Revista de Letras


Los flecos ocultos del tejido: “Idilio con perro ahogándose”, de Michael Köhlmeier

Por  | Destacados | 2.01.13
Idilio con perro ahogándose. Michael Köhlmeier
Traducción de Joan Ferrarons
Rayo Verde (Barcelona, 2012)
Una prolongada relación con los libros hace que a partir de la editorial y la cubierta puedas intuir parte del contenido, lo que convierte la futura lectura en una especie de recorrido previsible, algo que acaece sobre todo con algunos sellos independientes que se repiten más que el ajo. No sé si es porque Rayo Verde lleva poco tiempo en esto, pero de momento cada volumen me depara mucha curiosidad porque no sé qué encontraré una vez que las páginas comiencen a desfilar por mis ojos. Desde La pesquisa de Saer hastaIdilio con perro ahogándose de Michael Köhlmeier sus volúmenes me hacen pensar en una coherencia basada en la diferencia de lo reciente que puede devenir clásico, factor que distingue su selección de muchas otras empecinadas en recuperar lo pretérito con el riesgo de, a base de recobrar el pasado, olvidar el futuro.
Con eso no quiero decir que todo lo que publica Rayo Verde me entusiasme, pero percibo un estilo, y eso es de agradecer, en especial si éste desafía una cierta monotonía y propone textos con un atractivo que escapa de moderneces y se centra en intentar ofrecer buena literatura. Idilio con perro ahogándose se enmarca dentro de esta línea con una trama que debe analizarse con sumo cuidado. No es que nada sea lo que parezca, las cartas están sobre la mesa. Son claras, casi prístinas. Simplemente la historia y su ambientación, lo externo, viran hacia recovecos interiores hondos, de un malestar que asfixia y plantea un todo de relaciones personales individuales y colectivas muy condensadas, sin que ello implique ahogarse.
Un escritor tiene una extraña amistad con su editor, un tipo más bien desconocido, al que trata de usted y al que se supone poca capacidad para la empatía. Sin embargo, decide invitarle a pasar unos días a su casa, aislada del mundanal ruido, para trabajar en pulir su nueva novela. Durante tres días, marcados por la sombra de Joseph Conrad, los dos hombres descubrirán su interior mediante pequeños detalles de comportamiento cotidiano en los que influirá, el tercer elemento tan necesario cuando se plantean situaciones narrativas, la mujer del literato, reina del hogar hasta en la confección de una jungla a mitad de camino entre lo real y lo artificial, aviso de interpretación que evoca laberintos, retos y mucha inteligencia para solventar problemas que el narrador presenta con sórdido humor y unos diálogos secos como preludio de una sucesiva escalada hasta un clímax plácido, muy centroeuropeo en forma y composición.
Michael Köhlmeier (foto © Udo Leitner / literaturundwein.at)
La pérdida se erige en la idea que sobrevuela el relato y se capta con silencios, la muerte de la hija del matrimonio, y ruidos ensordecedores y cansinos con consecuencias metafóricas. En la soledad del campo el editor expresará su imperativa ansía por pasear un número determinado de horas. Recorrerá kilómetros, seguirá fielmente la zanja al lado de la autopista y topará con un perro con pinta de ser peligroso que, no obstante, lo seguirá como si fuera su amo hasta un túnel subterráneo donde su romance se finiquitará por miedo del can y advertencia de una oscuridad que a todos disgusta.
Las conversaciones, los gestos y el resto de minucias significantes dibujarán un cuadro que enmascara, y exhibe tras los velos, un disgusto crónico con la existencia y los obstáculos del camino, lo que en algún fragmento de la novela nos remite de forma casi inevitable a El ángel exterminador de Buñuel o a la magnífica Teorema de Pasolini, películas donde el domicilio aprieta y ahoga con letal suavidad.
El exilio de la realidad tras la tragedia y el sopor provoca inseguridades y una serie de hábitos que el día a día de los protagonistas acentúa en la negatividad de ignorar, hasta que sucede, el bienestar de lo excepcional, motor de cambio que sólo podrán reconocer mirándose a los ojos mientras exploran rutas más allá de la puerta.
Idilio con perro ahogándose es asimismo un ejercicio de expiación. Köhlmeier lo dedica a su hija Paula, fallecida en un accidente en 2003, lo que transforma este pequeño volumen en un canto de supervivencia del grupo y del mismo ser humano frente a las adversidades inesperadas, oda lacrimógena que se resuelve con ingredientes que traspasan esa frontera y se instalan en lo que solemos denominar literatura de ideas, expresada con una admirable economía de medios que, como reproche, tiene un hermetismo que quizá sea indigesto para quien guste de exégesis sencillas, lo que sin duda no hallará en el libro del escritor austríaco.