lunes, 5 de abril de 2010

Diálogo con Pola Oloixarac en Culturamas






Diálogo con Pola Oloixarac por Jordi Corominas i Julián


Por fin es viernes. Entre mi barrio y la sede de Alpha Decay media toda Barcelona. Algo así, pero a lo grande, ha recorrido Pola Oloixarac para presentar su Ópera prima, Las teorías salvajes. Desde Argentina a España el libro ha erosionado pensamientos y rasgado vestiduras, al tiempo que ha vertido ríos de tinta con pasmosa facilidad, como si nos encontráramos con un nuevo fenómeno sudamericano, algo que desde la muerte de Roberto Bolaño está de moda en nuestro país. Pola, creo, es más sinceridad que artificio. Su prosa lo demuestra al no conformarse con parámetros establecidos. El desafío no es tanto el modo de narrar sino la manera de enfocar lo narrado, y aquí esta porteña rompe esquemas con elegancia, siendo sutil pero contundente, con unos planteamientos originales, y no en típico sentido d’épater le bourgeois, que se reflejan en la charla que tuvimos el día después de la presentación de su novela en la Ciudad Condal.

El libro ha recibido una acogida extraordinaria en prensa, con un sinfín de críticas que quizá han condicionado mi lectura. ¿Cómo ves ahora Las teorías salvajes? ¿Cómo lo pensabas mientras lo escribías?

Hay algo que siento, que el libro realiza. Realmente mutó una vez pasó por la criba de todas las percepciones de los demás. Montó sobre otras conciencias y despegó solo, se expandió. Ahora lo veo más complejo y completo que cuando lo terminé. En ese momento el experimento que me interesaba hacer… era cómo… me gustan mucho los puntos suspensivos. (Risas).

Pero cuando lo hiciste, todo lo que ahora se valora, su complejidad formal y filosófica, ¿te salía relativamente fácil? ¿Lo hilabas sin problemas?


He trabajado como una bestia en el libro, y lo que quería era que se mantuviera como una especie de enigma. Me gusta sentir que pese a tantas lecturas diferentes sigue siendo un misterio.

La gran pregunta sería…

¿De qué va? (Risas).

O cuales son las teorías salvajes, o su esencia. Al fin y al cabo vas leyendo y por mucho que sea una novela no tienes que dar una solución, obligas a que el lector la encuentre.

Quería armar un laberinto de teorías, donde cada lector pueda generar su propia teoría de la conexión entre las teorías y de lo que venían a significar los personajes… crear el espacio para la hipersignificación, como si esa fuera una manera de hacer novela contemporánea, donde puedes pasar de introducción, nudo y desenlace, y asimismo establecer con un juego la conciencia como que la ficción retroalimenta la ficción, autogestiva, autoconsciente, englobando todo lo que está fuera.

Aquí tendríamos la metáfora del final con la conversión del Google Earth, transformado por arte de magia en una ficción de lo virtual.

Y eso se puede hackear perfectamente. Imagina que hubiéramos trasladado la idea (JCJ: que verán en la próxima pregunta) a España.

Pero es interesante por lo que implica con las imágenes y la visión que dan de un lugar y su historia. Ayer leyendo la crítica que hizo Vicente Luis Mora estuve de acuerdo con su apreciación sobre el tratamiento que a das a través del artificio de Google Earth de la memoria reciente. Si alguien lo hiciera en España, tecnológica o literariamente, levantaría muchas ampollas.


La memoria es una de las líneas en las que se basa la novela, que trata un poco sobre cómo vemos el mundo y lo utilizamos para nuestros fines egoístas, esa es una vertiente. Quería mandar una tropa de misiles teledirigidos hacia cierto sector del poder, cierto sector que posa de progresista y que no lo demuestra en sus hechos.

Sería ese supuesto progresismo que anquilosa el progreso, que no deja que avance.

En Argentina es un poco distinto. ¿Tienes que esperar hasta que se jubilen para poder cambiar las cosas? Se puede analizar desde los parecidos entre la sociedad y la universidad. La gente joven que quiere hacer otras cosas no suele tener cabida en la universidad, si eso cambiara todo mejoraría muchísimo

¿Entre la juventud argentina está bien considerada la universidad?

En este momento la producción cultural pasa por la universidad, no porque la universidad la produzca, sino que por alguna razón tiende a aglutinar poesía, editoriales… Lo ideal es tener una beca y colaborar en otros lugares, la universidad funciona como un mecanismo de supervivencia para muchos jóvenes. El problema es más político, porque hay un discurso oficial muy fuerte que ha encontrado la estrategia perfecta al aliarse retóricamente con una izquierda anquilosada por completo, tan tonta, que le cuesta darse cuenta de que hace mal ciertas cosas…

Pero esa es la manera de mantener el status quo…

Sí. Lo que me molesta, al tener una formación de izquierdas, es el neoliberalismo de derechas disfrazado de izquierdas. Me molesta la manera de hacer política. Tienen una estructura de ficción retórica, súper fuerte, donde hay una utilización de ficciones impuestas que interpretan la historia reciente.




El libro seria el análisis de ficción de la ficción que venden los que mandan en la realidad.

Tal cual. Imagínate. Ciertos sectores del marxismo revolucionario formaron guerrillas en los años setenta. Su plan era dar un golpe de Estado. Empezaron enfrentamientos de izquierda y derecha dentro del peronismo. Treinta años después hay una situación política en la que estos marxistas revolucionarios que querían derribar el Estado son los padres fundadores de la democracia.

Es una contradicción muy fuerte.

Es demasiado fuerte, y la operación retórica es muy burda, juega con las emociones de la personas. Murió un montón de gente por esto. ¿Estos muertos justifican que ahora se trate a la gente de estúpida?

La narradora-protagonista entabla unas relaciones en las que parece querer desenmascarar a los izquierdosos de los setenta con su actitud. Quitar la máscara de la mentira. ¿Era esa tu intención?


Sí, quería eso y mientras escribía la novela tenía una especie de aceleración y urgencia al sentir que nadie lo decía. Es muy raro como en Argentina hay como una utilización ficcional tan deliberada.

No me parece tan extraño. Aquí lo padecemos con la magnificación de la Transición, donde los vencedores no se fueron, integraron a los vencidos, que cedieron muchas cosas para alcanzar la reconciliación nacional.

Lo que pasa en Argentina es que todas las leyes de los militares siguen vigentes. Rodolfo Fogwill es de los pocos que lleva una cruzada con esto. Pero no nos metamos ahora con cruces y esas cosas.

Hay un momento decisivo de la novela en que los discípulos de Van Vliet, una especie de teórico preludio de la narradora protagonista, manipulan su teoría para que sea comercial. Si manipulas una teoría y le introduces elementos para que sea aceptada todo el mundo…


Todo el mundo se convierte en cliente de tu teoría.

Y eso es lo que pasado en el Estado. El otro tema es la teoría de la víctima y la presa, que deriva en el miedo. Tiene interés en la parte política y enlaza con los jóvenes del libro. Si en los setenta la población era víctima del poder, ahora es víctima de ella misma por lo que les han vendido. Aceptan el juego y se sienten cómodos.


La forma de vida de lo que vendría a ser vivir en un mundo con ideales de izquierdas está totalmente desligada de la utilización de ideas progresistas por parte del gobierno, ideas montadas en un aparato neoliberal donde las personas se arrojan a una liberalidad de las costumbres que es una falsa libertad, un imperativo de ser libre que es totalmente artero a la verdad de la libertad. Hay tal superposición de mentiras que debemos hacer algo para deslindar el grano de la paja y ver qué se puede hacer.





Al principio de la novela, analizando a Pabst y Kamtchowsky, los dos jóvenes protagonistas, pensé que habías construido un texto de soledades, pero cuando ellos se juntan con los guapos Andy y Mara es como si al unir todos los estereotipos de la juventud te arrogaras la libertad de hablar del tema sin riesgo a caer en el tópico.


Leo muchísimo ensayo, y muchos son buenos, pero en muchos casos necesitan un nuevo modo de explicar las ideas. Hay que establecer un nuevo pacto con el lector. Reformulemos los métodos de tratar y exponer las cosas. El pantano de la gerontocracia se ha agarrado al sillón, es como si a ellos no les hubieran salido bien las cosas y por eso avanzar para los demás sea imposible, algo infranqueable. Y no es eso. Ni fin de la historia, ni muerte del relato… ni de la novela.

Al mismo tiempo, ellos mismos, casi sin querer, nos han dado las herramientas para hacer algo nuevo.

Sí, pero eso es un ciclo ecológico inevitable.


IDEAS, NARRATIVA.


¿Cuándo empezaste a escribir tenías clara la cuestión narrativa, su enfoque?

Lo primero que surgió fue la historia. Dos en paralelo, Rosa con el montonero y un trío, el número mágico para otras cosas, tres momentos marxistas y después la historia de Pabst y Kamtchowsky. Mis personajes se definen por las ideas que tienen.

Personajes más mentales que físicos.

Sin duda. Siento que la gente es así. Lo que pasa en los cuerpos viene por lo que tienen en los cerebros.


Leyendo el libro pensaba en la cultura americana juvenil de los noventa, pero quizá por tener un pensamiento latino, en sentido mediterráneo, vemos las partes exhibicionistas como reflexivas, como cuando Kamtchowsky se va con el síndrome de Down en el McDonalds. Me gusta porque no lo juzgas, simplemente planteas el estado de las cosas, su anómala normalidad.


La doble realidad. La editorial argentina quería que lo quitara. Al final no hubo problemas y seguimos con el chico síndrome de Down.

Pero al final el más subnormal es el intelectual de los setenta, Collazo, que por cómo se comporta es patético.

Un personaje muy burgués, que es conocido, vive en Libertadores, una zona pija. Representa esta idea de la izquierda contenta con su poder y satisfecha con lo liberal de nuestros tiempos. Simboliza como quien dice la traición a los ideales, y el cinismo.


A lo largo de la novela lo vas dejando caer y al final hay un chaparrón. El año pasado leí Ciencias morales de Martín Kohan. Expresa las cosas de manera muy cruda y seguro que en el lector argentino evoca nostalgia del trágico período narrado, pero en tu caso por edad tu no puedes sentirla, con lo que seguramente tu intención reflexiva sea otra.




Él decía en una charla que la idea de reírse de los años setenta es imposible. Otros escritores que tienen interés en el período, como Alan Pauls, opinan lo mismo. La risa puede ser crítica.

Y la crítica también sirve para los jóvenes, porque también son víctimas.

Sí, pero no hay autocompasión, porque disfrutan y no se preocupan por su proceder.

Porque están alienados.

Ayer alguien dijo que la sexualidad de los personajes está marcada entre la frigidez y el onanismo. Kamtchowsky quizá es la excepción porque progresa a lo largo del relato y va sintiendo poder, notándolo en una orgía.

Ambos personajes, Pabst y Kamtchowsky, tienen su miga en relación a las diferencias entre la sexualidad masculina y femenina.

Podría ser. Pabst onanista, ella en expansión, sin cerrarse ninguna puerta pese a ser gordita, viviendo sin tapujos hasta en sus documentales.

¿Qué vendrá después de Las teorías salvajes?

Una novela sobre plantas.

Lo que no deja de ser una continuidad, pues tu primera novela es muy taxonómica.

Vicente Luis Mora dice que Las teorías salvajes tiene mucha botánica aplicada.

Es un poco ver, lo reflejas en las teorías antropológicas sobre las tribus, de ver a las personas como animales en sociedad.

Sí, puede ser que lo vea así. Como cuando vas en el metro y ves facciones, comportamientos… también se ve en el tipo de mirada, en el subte muchos pierden la expresión.

Toc, toc. Llaman a la puerta de la salita. Es el turno de otro entrevistador. Ahora, tras repasar nuestro diálogo, mil veces interrumpido entre visitas y bocadillos, noto que parte de su esencia no se ha reflejado en la transcripción. La idea clave de narrar y ser crítico desde nuevas coordenadas es de una abrumadora lógica generacional. Pola nació en 1977 y tiene las herramientas en su poder para reflexionar sobre el pasado enlazándolo con el presente. ¿Novela de ideas? ¿Falso ensayo? Disfruten de su lectura, piensen y tengan algo de mala leche. El mérito es enorme porque desde la literatura denuncia y ofrece otra visión, opuesta a la convencional, casi canónica. Volvamos a Vicente Luis Mora. En su reseña de Las teorías salvajes se pregunta por las consecuencias de un libro similar con contexto español. Las tónicas son un boomerang imprescindible. Conviene desacralizar el relato establecido, aceptado por todos, para precisarlo e insistir en la verdad. Si lo haces con inteligencia y capacidad de análisis el resultado será impecable. Pola lo ha logrado con Las teorías salvajes, debut que hace albergar la esperanza en un futuro aun más demoledor.