martes, 13 de abril de 2010

Taxicómanos somos y en el camino nos encontraremos en Bcn Week


Taxicómanos somos y en el camino nos encontraremos by Jean Martin du Bruit


Taxistas taxidermistas, taxonomistas circulando por la calle Taxdirt. Suena Taxman y soy taxicómano por varios motivos que me dispongo a taxonomizar. Soy un caballero harto de TMB y su hipocresía manifiesta, tanto por poner revisores cuando la compañía sale en el periódico, como por su descarado cinismo aumentando tarifas con la que está cayendo. Soy un ser humano que ama pasear porque así puedo conocer mejor el mundo y deleitarme con los detalles. No hay prisa, simplemente un engaño cronológico con el que nos someten, desgastándonos para que peinemos canas prematuramente. Usando los pies soy más libre y rompo las cadenas de la monotonía. Soy un joven al que le gusta la noche y a veces bebo más de la cuenta, lo que genera cansancio ante la perspectiva de recorrer millas antes de sacar las llaves. Todo es divisar un cajero, apretar unos botoncitos y gastarse dinero. Sí. Los coches negro-amarillos con luz verde cuestan una pasta gansa y no tienen piedad de cenicienta. El suplemento para los amantes de la luna es una aberración, aunque es el plus que pagamos por tener un cómodo asiento y un veloz retorno al hogar en esas horas malditas donde nos pesa la cabeza y los ojos piden cerrarse para abrazar la almohada de las maravillas.
Ser taxicómano implica subir al vehículo de nuestros desvelos y acceder a una experiencia que trasciende el viaje y se instala en las relaciones interpersonales de la posmodernidad. Dejamos de acudir a misa y vivimos en una intensa soledad maquillada por un más que demoledor exceso de información, arma de destrucción masiva que sobrevuela nuestras conciencias, aturdiéndolas hasta el infinito. Retrocedamos un siglo. Don Pepito tiene un problema. Acude a la Iglesia del barrio y le suelta sus dolores al confesor, voz presente de rostro invisible, poder dotado de una autoridad moral que alivia mediante el perdón de los pecados. Ego te absolvo, vete tranquilo hijo, tengo que enseñar cosas a mis monaguillos.
Los nuevos templos de expiación privada tienen 4 ruedas y en ocasiones se diseñan con un muro transparente que imposibilita el contacto directo entre conductor y pasajero, quien tras unos segundos decidirá trayecto y si verdaderamente ha topado con alguien que se ajuste a las condiciones básicas para la terapia psicológica. Hola. Buenos días. Silencio. Escuchen la radio y sabrán si les conviene el tipo que les guía hacia su destino. ¿Detectan estampitas de la Virgen?¿Un escudo futbolero? Fíjense en sus atuendos y no olviden reparar en los múltiples objetos esparcidos por el habitáculo laboral del hipotético interlocutor. Si todo está en orden pueden entablar sacra conversazione. Sean educados, alzar la vista hacia el espejo retrovisor y traten al confesor de usted, sin que para ello importe su sexo o condición; después toca esperar que los accidentes del camino no perturben la armonía ni desvíen las palabras hacia otros derroteros como el tráfico o lo imbéciles que son los motoristas. Si hay partido aprovechen cualquier efeméride de los jugadores para resaltar un rasgo de personalidad que en ese momento les preocupe. Cristiano Ronaldo es gay. Sí, sin duda lo es, y además es prepotente, tiene una retirada al novio de Barbie. ¿Ha visto esa rubia? Soy más de morenas. Por favor, repriman sus impulsos políticos. Piensen en mis consejos. Tracen el perfil psicológico del espécimen del cogote en primer plano y las manos al volante.
A diferencia de los sacerdotes, los taxistas no ejercen su oficio desde el púlpito, lo que les sitúa en igualdad de condiciones con el usuario. Sus encíclicas versan sobre lo divino, pero más sobre lo humano tratado desde una aplastante cotidianidad que enlaza su sensibilidad con la de gran parte de la ciudadanía. Las guerras no las crea la gente, nacen de los extremos, que también habitan a cuentagotas en el automóvil de la luz verde, auténtico crisol social que me permite aprehender experiencias, sanear mi cerebro y reírme de los que ostentan, made in bcn, sin aceptar su normalidad. Taxicómanos somos y en el camino nos encontraremos.


Foto JCJ