martes, 4 de mayo de 2010

Mi diálogo con Vicente Luis Mora en Culturamas




Jueves al mediodía. Subo a la cafetería de la librería Laie de Barcelona y busco con denuedo a Vicente Luis Mora. Creo atisbarlo en medio de un sinfín de pequeñas mesas y repostería variada. Habla por teléfono y se ha dejado barba. No me fío, bajo las escaleras y lo encuentro en la calle, afeitado. Arrastra las consecuencias del jet lag. Su ritmo es imparable entre entrevistas, conferencias y presentaciones. Hemos quedado para hablar de su última libro Alba Cromm, editada por Seix Barral, obra que desde la pederastia se mueve por vertiginosos caminos literarios que van más allá de lo narrado y plantean válidas reflexiones para intentar comprender las transformaciones de nuestra época sin caer en tópicos manidos ni recursos redundantes.


Jordi Corominas i Julián: En uno de los chats que protagonizan dos de los protagonistas del libro hay una mención al videojuego como artefacto en el que se avanza superando pantallas. ¿Podríamos comparar su estructura con la que has usado en Alba Cromm?


Vicente Luis Mora: El videojuego tiene sus leyes, que son bastante estandarizadas y muy normativas, si bien es cierto que los juegos actuales siempre tienen más posibilidades y son más abiertos, pero toda esa limitación siempre parte de una plantilla narrativa de la que es imposible salir. Nunca me he planteado escribir nada de ese estilo, porque de entrar en ese mundo lo haría bien, escribiría un videojuego.

Sí, quizá por las múltiples ventanas que abres es una novela de información o sobre el exceso de información o de cómo lo distribuimos y manipulamos.

La información es un elemento clave de la novela. No obstante si hay un punto que tiene similitudes con videojuegos, que es cuando en el concurso para superar el programa Lesmer, ahí sí podría hablarse de algo parecido a un videojuego, porque es como cuando Mario debe vencer a un enemigo para acceder a la princesa y tener una recompensa al final. De todos modos, sí, la información es fundamental, los personajes más poderosos son los que la poseen. Nemo es temible porque nadie sabe exactamente la información que tiene, tiene mucha, pero nadie sabe exactamente cual es. Nautilus sería el paradigma, un personaje virtual encargado de defender el programa es precisamente el dueño absoluto de la información, un moderno Funes el memorioso, en tiempo real y sin olvidar nada, lo cual es una imagen terrible. Toda la novela está construida sobre la idea de cómo representar hoy en día toda la saturación informativa de nuestro tiempo.

Y de ahí el uso del formato revista, una novela que en realidad es un número monográfico de la publicación Upman.

Cumple los requisitos de organizar la información sin que haya una sola voz cantante, dueña de todo el discurso.

Además por la misma estructura de la novela seria imposible generarla desde un punto de vista narrativo tradicional.

No tendría coherencia ni lógica, sea por mis obras anteriores o por la propia Historia. Se dice que hay libros inadaptables al cine. A Alba Cromm le pasa lo mismo en relación a la literatura tradicional, creo que no se podría escribir esta historia como una novela convencional, precisamente porque en ella la imagen no es un elemento añadido, no es algo que complete, es sustancial. Describir las imágenes que están en el libro es imposible, porque su diseño, organización y el efecto visual que provocan en el lector es para mi tan importante como lo que contienen, por lo que pienso que no podría narrarse desde una óptica tradicional.

A lo largo de la Historia se han usado mil textos e imágenes dentro del texto novelístico. Al tiempo que lo haces das un salto en el tiempo y sitúas la publicación del número monográfico hacia 2017, por lo que quizá el nuevo formato novelístico estaría más justificado.

Como bien dices la imagen en la literatura se viene usando desde el Tristam Shandy de Lawrence Sterne. La cuestión es cómo se utiliza la imagen. El paso cualitativo no es tanto su uso, sino utilizar un medio de comunicación para contar una historia, y utilizarlo hasta las últimas consecuencias, ese me parece el salto más importante. El hecho de ubicarla en el futuro me permitió una libertad absoluta para imaginar cualquier cosa.

¿Por qué elegiste la pederastia como tema central?

Los temas antiliterarios no existen. Todo puede ser narrado o contado, sólo hay que encontrar un mecanismo narrativo adecuado y un tono literario aceptable para hacerlo.

¿Era un tema excusa? Un tema con menos importancia si lo comparas con toda la intención estructural de la novela.

No lo sé distinguir porque en mi mente la idea de la novela surge como un todo. Hay tres partes fundamentales. La primera es Alba, el personaje. Uno de mis propósitos era sumergirme a fondo en una psique femenina. El segundo es la estructura, y el tercero evidentemente es el tema, crear la historia para hablar de los peligros de la tecnología y la informática. Para mostrarlo usé una de sus manifestaciones más preocupantes como es la pederastia, el posible abuso de los niños mediante Internet.

Y precisamente ahora el tema rebosa rabiosa actualidad.

El problema de la pederastia es que siempre está de actualidad. Podía haber sacado la novela hace cinco años y seguro que coincidiría su salida con redadas y arrestos. Eso es triste y casual.


¿Empezaste a escribir la novela hace un lustro?


La primera versión es del año 2005. Ha llovido mucho, pero ya cuando la escribí venía documentándome desde tiempo atrás. Ahora hay una mayor conciencia social y compromiso mediático desde el año 2000. Es un problema acuciante de nuestro tiempo y me pareció un tema tan literario como cualquier otro.


Sí, y se puede enfocar de muchas maneras. Lo que me parece interesante, y ya lo hemos comentado al principio, es cómo se ordena la información, supongo que algunos podrían considerar Alba Cromm un ensayo ficticio, aunque también podemos verla como un archivo por acumulación de datos.


La idea de archivo es muy importante. Mi obra siempre ha sido muy híbrida, poco genérica. En mis ensayos hay poemas, en los poemarios hay ensayos y microcuentos y sí, soy bastante multigenérico. En Alba Cromm hay muchas partes de novela, lo es más que otras cosas, pero también existe la variedad de la que hablamos.

Comparando Alba Cromm con otras obras fragmentarias de la reciente literatura española, percibo en ella una diferencia de peso: se palpa cotidianidad y hasta en alguna ocasión se alude a su importancia.

Es cierto que a lo mejor mis libros son más cotidianos. Éste concretamente es sobre un tema muy de la calle, pero creo que las obras de Agustín Fernández Mallo y otros sí son palpables en el sentido que indicas. El hecho de hablar de la televisión o distintas cosas…

Pero lo analizo más desde cómo se sitúa el yo que narra en esas novelas, marcando mucha más distancia con el lector.

Es una opción, y no porque mi novela esté más apegada al lector es mejor. Es cuestión de elecciones. En esta ocasión he usado un narrador más cercano, pero otras veces no fue así. Son meras opciones, no hay ninguna virtud en una u otra, sino en el uso que se le de.


Desde mi punto de vista la virtud en Alba Cromm consiste en hilvanar temas cotidianos con el uso de las nuevas tecnologías que están directamente relacionadas con el día a día.


Ése es uno de mis caballos de batalla. La conjugación de cotidianidad y tecnología existe desde la invención de la rueda. Algunos que critican una supuesta disfunción entre tecnología y literatura deberían pensar que usan gafas, ropas, zapatos. Hay muchos tipos de tecnología y su uso es de lo que más nos define como seres humanos.

Pero quizá podemos ver la diferencia de su uso, entre ahora y hace veinte años, con el ejemplo de American Psycho de Bret Easton Ellis y la descripción obsesiva de ropas, tarjetas y todo los elementos característicos de Patrick Bateman y los otros protagonistas, eso no deja de ser una descripción tecnológica.

Es una descripción tecnológica indirecta, aunque la veo más sociológica por la importancia que tiene la imagen para nosotros.

La transformación que media entre American Psycho y Alba Cromm quizá se deba a la irrupción de la alta tecnología, que ahora ocupa el lugar que antes pertenecía a otro tipo de descripción.

Seguramente sí. Nos hemos habituado a la moda y a la representación icónica de nosotros mismos, también a medir a los otros por su atuendo. Hoy la tecnología juega un papel muy importante en un campo que antes no estaba presente, el de la comunicación interpersonal. Evidentemente la comunicación colectiva siempre se ha hecho por periódicos, al menos desde el siglo XIX. Ahora la posibilidad de comunicarnos con otros a larguísimas distancias, a veces de manera totalmente gratuita, creo que ha revolucionado como mínimo nuestro modo de relacionarnos con los demás.




Los personajes de Alba Cromm usan las nuevas tecnologías y tienen un trato directo con ellas, pero también destacan por su soledad urbana, casi prototípica en nuestra era. Buscan ir más allá para paliarla.

Pues ahora que lo dices no había pensado en ello, pero tienes razón. Los tres principales personajes principales de la novela son solteros, aunque han estado casados y viven en soledad. Además la mayoría de sus comunicaciones son registrables o son registradas, incluso cuando hablan las personas llevan grabadora, y se ven afectados por la hípertecnologización. Alba usa la red constantemente, Ezequiel también, y enciende la grabadora por su labor periodística; la psicóloga también graba conversaciones y busca informaciones en la red. Los tres son muy solitarios y usan la tecnología cotidianamente.

Son muy conscientes del uso tecnológico, conocen sus peligros, pero al mismo tiempo otro factor que podemos relacionar con la soledad es que todos ocultan algo. Hay muchas parcelas oscuras en la trama de la novela.

Iría más allá. Todos ocultamos algo. El secreto, lo no contado, es una parte fundamental de la novela, de su poética, porque hay tres tipos de secretos. Los que se ven y detectas, los que no detectas, aquí haría falta una relectura de la novela, y un tercer grado, que son las cosas que no están en el libro, y aquí lo enlazamos con lo que hablábamos antes. ¿Qué información es más importante, la que aparece o desaparece?


Sí, y además el editor de Upman como quien dice no puede cubrir con un monográfico todos los contenidos informativos del caso.


Esa es la clave de la literatura fragmentaria. Nada- ni una revista, ni una novela ni una generación, ni la Historia de la literatura española- puede alcanzar la totalidad, hay que ser humilde e intentar transmitir mediante la propia obra nuestra incapacidad para definir la totalidad, debemos ser conscientes de las limitaciones del arte, que son las de las personas. Pensar que nosotros podemos percibir la realidad por entero me parece demasiado soberbio.

Tanto en la vida como en la literatura es como si tuviéramos que completando un mosaico, poniendo pequeñas teselas, nuestra aportación al crecimiento de la comprensión de lo que nos rodea.


Sí, y remite a la imposibilidad de escribirlo todo.


Aunque tengamos un Google Earth seguro que aun existen sitios que nadie ha pisado, y seguramente ocurre lo mismo con la literatura.


Y es maravilloso que así sea. La idea es aprovechable desde un punto de vista ético, me genera humildad pensar que nunca llegaré a conocerme enteramente, lo cual es una suerte.

Ahora estamos en este punto, pero tú mismo lo planteas en la novela con la parte de Aina Fernández-Mallo Lorente y su novela con múltiples trayectos, quizá en el futuro lleguemos a un momento donde la psique del lector genere el itinerario de la historia.

En realidad cuando leemos una novela nos gustaría que existiera una opción alternativa a la trama. Eso me pareció interesante reflejarlo desde la concepción sensualista de la novela. La lógica de la razón pura irá cediendo siempre terreno a la del impulso.

Con la lógica del impulso volvemos a la soledad, porque implica una capacidad de poder sobre lo que puedes ver, consumir o catar, ejercida desde un punto de vista onanista.

Los personajes de la novela están caracterizados por los que les falta, las carencias que sentimos son las que no llevan a sentir el impulso de completar, el deseo, proyectado en aquello que no tengo, porque cuando lo posees lo sacias. Hablar de alguien a solas es hablar de alguien tal y como es. Sus profesiones completan su soledad. (ndlr: está parte en nuestra charla era considerablemente más larga, nuestra escasa soledad en el lugar del diálogo generó un ruido que ahogó parte de nuestras palabras durante este tramo de la conversación).

En la novela hay la anécdota del repartidor que no se comunica con nadie, pero al fin y al cabo está en contacto con los demás, porque la soledad es casi imposible al deber actuar.


Para él la soledad es terrible porque su contacto con los demás no dura más de dos segundos y es totalmente incompleto, cargado de frases formularias y anodinas entregas a domicilio. Su carencia es mucho más dura, llega a su casa y se da cuenta de haberse quedado con la miel en los labios, mudo. Es un personaje muy triste, desolador.

Y hay una imagen muy arquetípica de la posmodernidad que es la del hombre, la persona normal y corriente, que después de trabajar vuelve a casa y se queda solo, apartado por la inmensidad del espacio.

Efectivamente, y ello se agrava hoy en día con el ensanchamiento de la jornada laboral, la dificultad que ello conlleva para formar una familia y finalmente las enormes distancias geográficas existentes entre los distintos puntos de la ciudad; en Estados Unidos la gente queda mucho menos que aquí porque ir y volver ya implica perder hora y media de tu tiempo, y en esa fracción temporal también entra en juego el gasto de gasolina y otras cosas. La comunicación directa se vuelve verdaderamente complicada.

Aunque hablemos de América, en Madrid, donde transcurre la novela, eso podría darse, si bien en la novela el anhelo de comunicación de los personajes puede verse realizado, seguramente porque las distancias son más cortas y también por las afinidades que comparten pese a ser diferentes.

Fíjate que Ezequiel y Alba siempre quedan en bares distintos, nunca repiten, hacen recorridos en compañía, lo que demuestra que Madrid aun es una ciudad habitable, en otras urbes un contacto así ya es complicado.




No mencionas casi nunca la ciudad pese a esos recorridos, pero el lector siempre tiene presente el trasfondo urbano.

Que se manifiesta por la forma de vida y comunicación de los personajes. Sobre ese tema no quise insistir en absoluto por una sencilla razón, no quería saturarme con la idea obsesiva del espacio madrileño, y por eso quise centrarme en el ciberespacio, porque el otro es un territorio asumido. El ciberespacio tiene su narrativa y siempre va hacia lugares más amplios y variados, me fascina la topografía del espacio virtual.

Quizá la gran novela de principios de siglo XXI, siempre desde términos relativos, sea la que logre captar la sinfonía que es la ciudad y la otra paralela que es la red.

La sinfonía urbana se ha manifestado desde varios prismas a lo largo de la Historia de la cultura. Quizá la cuestión sea volver a lo de antes. ¿Cómo podemos aprehender la red en su totalidad? Deberíamos tomar una parte de la red como epítome de todo e intentar desde ahí trazar un mapa virtual de posibilidades.

Y la red permite jugar mucho al hecho de estar en una ciudad y referirte a otra, algo que también sucede en Alba Cromm, porque podemos tener en nuestra cabeza varios espacios sin la antigua lejanía espacial. Al haberse acortado las distancias nuestro modo de abordar el mundo ha cambiado, la red nos permite abrazarlo.

En algún artículo reciente he mencionado el concepto de narrativa local, la capacidad de seguir siendo locales dentro de la globalidad. Viajamos más y nos movemos más, pero podemos hacer desplazamientos no físicos antes impensables desde Google Earth, Google Images o YouTube, sistemas que nos permiten ver otras partes del Planeta y presenciar acontecimientos casi en tiempo real, lo que las diferencia de las fotografías o las imágenes de otros tiempos. Eso ensancha y expande nuestras posibilidades de percepción, y por ende las posibilidades narrativas.

Esa variedad, esa velocidad también incide mucho en el componente estructural de la novela. Hace veinte años quizá se hubiese definido Alba Cromm como una novela negra, o quizá como una novela de espías porque Ezequiel en realidad es amigo y enemigo de Alba, es periodista, ambos disponen de información pero no pueden dársela. Al mismo tiempo puede ser una comedía, bien por el blog, por los comentarios o por los incisos que hay, naturales en el formato misma revista.


Los únicos géneros que quiero que aparezcan en mi novela son el masculino y el femenino. Es difícil clasificar Alba Cromm. Puede ser muy diferentes cosas, hasta en alguna librería de Barcelona la han ubicado en ciencia ficción, increíble, lo que no deja de ser resultado de una no lectura del libro.

La única cosa que la podría enmarcar en la ciencia ficción seria que habla de un modo de vida lejano a la gente normal, porque el tema es conocido por todos pero es distante para la mayoría, aun así se nutre directamente de la realidad.

Sí, pero como es difícil de clasificar es normal que se produzcan confusiones. Me gustaría simplemente verla en la mesa de novedades. Tiene elementos de muchos tipos de novelas, y eso no ayuda a encuadrarla.


Y también enlaza con ese debate bastante estéril sobre la definición de que es novela en la actualidad.

Ese debate cae por su propio peso, es secundario y oculta problemáticas mucho más interesantes. No hay que hacer lecturas categóricas de los géneros.

Es una herencia de la antigua crítica, casi retrotraerse a Unanuno.

Hay cuestiones y debates mucho más interesantes y acuciantes en la narrativa, tanto en el fondo como en la forma, que van más allá de la novela.

Pero hay bisagras que quizá permiten pensar en transformaciones, como Austerlitz de W.G. Sebald, que por su estilo, imágenes y otras novedades se discutió si era ensayo o novela; al fin y al cabo me interesa más el contenido, lo que muestra y, sobre todo, cómo lo muestra.

Sí, pasa con libros como el Danubio de Claudio Magris, fascinante. Llamar a eso novela o no, me da un poco igual, prefiero la palabra, obra, texto o aparato tecno visual dependiendo de si tiene imágenes o no.

Michelangelo Antonioni en 1960 dijo que vivía en un tiempo en que el pensamiento del hombre era el mismo en lo básico que el de la Prehistoria. La contradicción, el desajuste, nacía de la velocidad de los cambios tecnológicos, produciéndose un choque entre la normalidad cotidiana y el avance técnico, que altera el ritmo. Quizá el gran reto es mostrar cómo la literatura entiende o muestra este cambio.

Estoy de acuerdo. La aceleración histórica viene favorecida por la de la gestión del conocimiento, es muy importante porque estamos llegando casi al paroxismo, al instante absoluto, de 24 horas, en el cual ya casi todo es indistinguible, porque las cosas pasan y dejan de pasar al mismo tiempo con una espontaneidad que nos supera. Por eso me supuso un desafío pensar en futuro cercano, 12-20 años, e intentar ver hasta que punto podía llegar a otras conclusiones o modelos.

Hay un momento en que parece que hables de una nueva religiosidad a través de las imágenes, que provocan epifanías.

La religiosidad es trascendente y yo hablo de la inmanencia, del más acá. No se trata de ver otros mundos, sino de ver mejor este, comprenderlo.

Es tener los pies en la tierra y entender el porqué.

Efectivamente, por eso me parece importante la inmanencia porque es situarnos en el aquí y ahora y ver la cotidianidad como la realidad aumentada.

1 comentario:

Alberto M dijo...

Adoro los cuentos de este escritor (Circular 07), así como la serenidad en el humor que maneja. Este último me gustaría leerlo...
Pero no quiere ser mi amigo en facebook.