lunes, 16 de mayo de 2011

Dani Jándula entrevista a Loopoesía para Revista de Letras


Diálogo con Loopoesía, por Daniel Jándula
Por Daniel Jándula | Destacados | 13.05.11


Cuando uno queda con Jordi Corominas i Julián y con Laura Fillola, dúo integrante de Loopoesía, nunca sabe exactamente cómo acabará la conversación, aunque tampoco cómo ha de comenzarla. Si algo he aprendido de ellos es que es más una cuestión de sumarse a la conversación, que ya estaba ahí antes, como la magia de los elfos. Y menos aún se sabe empezar cuando uno repite sus consignas a los seres queridos, que se quedan mirando con cara de no entender nada, y la primera hora y media transcurre entre esas consignas y un montón de chistes, una botella de vino blanco envuelta en una tabla que es como el torso de Cristiano Ronaldo, con unas aceitunas y unas tostadas de dátiles que no emocionan a Jordi, y con la indecisión de la carta manoseándose mientras cae la tarde y el nivel de las copas. El cielo está un poco tristemente encapotado, nuclear, dice una taciturna Laura, y Jordi y servidor intentamos por todos los medios que nos siga sonriendo. En medio de esa pausa dentro de una locura contagiosa en la que cantamos hasta el cumpleaños feliz a un tipo, encuentro el momento perfecto para hablar de fresones, de destrucción, de danza… de poesía en definitiva, que son todas estas cosas juntas. Tras dos años de invención y transformación, este proyecto músico-danzarín-poético-audiovisual-teatral y lo que ellos quieren se adentra en una nueva senda con su espectáculo dedicado al Negro de Banyoles, catalán universal.

Laura, hablabas de tu fascinación por lo nuclear, ¿crees que tiene algo que ver con la danza?


Puede ser. Todo lo que tenga que ver con una implosión o explosión de energía tiene parecido con la danza. Es como cuando ves un edificio derrumbándose.

¿De dónde te viene lo de bailar?

De mi abuela. No necesitaba más que una pequeña chispa y enseguida se arrancaba… yo lo he heredado claramente.

¿Y cómo lográis conjugar, o conjurar, la danza con una suite poética?


Jordi: Hablando mucho. Haciendo mucho el indio. Probando y actuando sin parar.

Laura: Todo procede de dentro. Se trata de escucharnos el uno al otro. Hemos pasado por muchas cosas desde que empezamos a trabajar, y esa complicidad es básica… hace las cosas más sencillas de lo que parecen




¿Te lees primero los poemas?

Laura: Me los pasa Jordi. Escucho el audio y me hago una idea. Luego son tus sentidos y tú misma. A veces improviso…

Jordi: Es una crack en improvisación, lee la musicalidad de los poemas al instante.

Laura: A mí me gusta mucho improvisar…

Jordi: Nosotros queremos que la gente piense… pero también tenemos que pensar con, y en el espectáculo. Dejamos de ser nosotros siendo más nosotros que nunca durante casi una hora.





¿Y cómo ha cambiado el espectáculo desde que comenzara en 2009?

Jordi: Este año hay una estructura más trabajada. De 2009 a 2010 la suite poética articulaba, pero la interpretación escénica era más un delirio. Cambió con la misa loopoética de noviembre de 2010, cuando ya estructuramos en profundidad las partes. Marcó un antes y un después muy fuerte.

Laura: Sí, ahí quedó claro que nos importaba esto mucho, y que ganábamos precisando y ampliando las varias estructuras del conjunto, desde lo poético hasta pasar por la danza, lo escénico, lo audiovisual y la música.




Ahora marcas tus momentos y los discursos…

Jordi: Lo del Negro de Banyoles (protagonista temático del espectáculo de 2011) tiene un trabajo más fuerte de documentación. Antes de escribir la Suite leí mucho, entre otras cosas porque el tema es delicado y nunca hago nada relacionado con la Historia sin olvidar la precisión. Cuando explico las partes, antes que Laura baile los poemas musicados, tengo muy poco tiempo, y eso hace que me sepa su historia “de pe a pa” y pueda contarla siempre de manera diferente.

Laura: El espíritu loopoético sigue presente, pero está más organizado… cuando te salen las cosas simplemente salen, que es lo que pasaba antes, pero no sabíamos cómo nombrarlas… ahora en cambio está la Moreneta, o París, las Olimpiadas, Hitler con una jota… (risas).

Jordi: Sí, En 2009 la suite que vertebraba el todo era Las Nocheviejas del Patriarca, y en 2010 Los jugadores de ajedrez de Plaza Cataluña (más risas)… Pom, pom, pom… ellos lo saben todo. Las suites guiaban todo el show y contaban viajes circulares, Las Nocheviejas eran la crónica de una pesadilla, Los jugadores de Ajedrez un mosaico de la ciudad, pero en lo escénico era pura escritura automática, hasta con una libreta en los primeros tiempos que luego desechamos para vigorizar todo. Sin embargo, el error era que la suite no se hilaba tan bien como ahora con lo demás. Con el negro hay momentos más vivos que antes, quizá no tan alocados, pero sí más vivos, y eso que el pobre se pasa más de 170 años en una vitrina o en un almacén.

Y luego todo tiene que ser cada vez más grande…

Jordi: Lo siguiente son los teatros.

Laura: Es una prueba más de autoexigencia, de no conformarnos con lo que tenemos, ni Jordi ni yo somos así…

Jordi: Tanto ella como yo pasamos por las mismas cosas, pero nunca hacemos lo mismo.

Laura: Nunca es igual.

Jordi: Y eso obliga a pensar en crecer, en ir a más.

Laura: Y a pasar todos los estados de ánimo.

Jordi: Son cada vez mejores, pero tendremos que moderar la intensidad, no podemos actuar en 2011 como en el pasado porque son propuestas iguales en la base pero muy diferentes en otras cosas, desde lo escénico hasta el mensaje. Ahora me quité la máscara de Jean Martin du Bruit porque con el negro y su historia no debemos ocultarnos, es algo muy gordo.

Laura: Sí, y ser siempre más Jordi y Laura, no Jean Martin du Bruit y Lola Farigola.

Jordi: Eso es esencial.

¿Te da la sensación a veces de que te implicas mucho en lo que escribes? ¿O ha dejado de importaros la historia en algún momento, aunque sea una tentación?


Jordi: Un señor me preguntó una vez si me identificaba con el negro, y yo creo que sí… todo lo que escribes tu cerebro lo procesa… una historia de un señor marginado por su color y todas las absurdidades encuadradas dentro de la normalidad que suceden aquí… además, por el modo en que ocurren las cosas, por el hilo que sigue, todo entra en la filosofía del proyecto, es decir, que la normalidad no es tan normal. Llevaba lo del negro en la cabeza desde hacia tiempo, sólo necesitaba sentirme preparado para contar sus peripecias poéticamente, primero con la suite, luego con el show, que va más allá.

¿Siempre habéis contado historias alrededor de algo?

Jordi: Son suites, siempre hay un tema o un motivo central que articula el todo. Si falta un poema no puede entenderse porque cada fragmento es parte básica de una totalidad, las teselas y el mosaico.

Laura: La misa tenía estructura de misa. Jordi escribió un misal, yo prepararé la parte de danza y participaron una bailarina más, Giuliana Bendezu, y una monja que estaba como una regadera, Raquel Delgado.

Jordi: El Papa entraba en silla de ruedas, en el papamóvil. Era muy bestia. El suelo estaba tapizado de Hereu y Ratzinger.

Laura: Y banderas de Cataluña.

Jordi: Luego el cáliz de las hostias era un orinal naranja en forma de elefante. Era hermosísimo.

Laura: Y las hostias eran gominolas bañadas en vino blanco.

Jordi: Y no sé, mezclar el Carmina Burana con Mario Bros con sentido, y el mismo día que Ratzinger visitó Barcelona. Fue el día que menos dinero ganamos porque todo Dios, nunca mejor dicho, estaba atentísimo a la misa y no iban a la barra a por birras.

Una serie de catastróficas desdichas.


Jordi: Sí, yo las uso mucho. Empecé con los Paseos simultáneos (Vitruvio, 2010)… de ahí pasé a estos poemas, aunque Las Nocheviejas del Patriarca fueron el verdadero punto de partida que me decidió a querer musicar los poemas, lo que hasta julio de 2010 hizo Neill Higgins. Luego me encargué yo. La música cada vez me influía más y cada vez veía más sentido emplearla. Luego, volviendo a la prehistoria loopoética, me compré un traje muy hortera que dejé de ponerme por riesgo a ser atacado. Gritaba Carmen, era Isabel la Católica, decapitaba a la muñeca fascista y tiraba cosas al público.

Laura: Tirábamos gominolas.




Lo de tirar cosas no lo habéis abandonado. Yo aún guardo confeti de cinco ocasiones en que os he visto.

Jordi: Es como una sofisticación progresiva. Los audiovisuales que hemos puesto ayudan… pero nos faltan muchos recursos.

Laura: Nos faltan maniquíes de color y con un ataúd estaríamos más contentos aún.

Jordi: Sí, tenemos muchas más ideas, pero muchas oscilan entre las deficiencias y las posibilidades. Siempre he dicho que Loopoesía es como una banda que tiene que sacar un disco al año y dar dos singles… porque tienes que exigirte, dar un paso más, y a la vez contentar un poco a los que van a verte. Aquí es cuando damos vueltas al Maduixot Oximoron, un proyecto paralelo con una mezcla musical que es casi una composición propia y un tipo de poesía del gesto, importaran nuestros movimientos, las proyecciones y los objetos del escenario, pero casi no hablaremos.

Laura: Hacemos veinte shows al año y al final nos los sabemos demasiado bien. Por eso solemos montar proyectos paralelos. El año pasado fue la Misa, única e irrepetible, y este año será el Maduixot Oximoron.

Jordi: Y quizá musiquemos de nuevo Las Nocheviejas y reformulemos ese espectáculo para un show y no más.

¿Creéis que la gente que va a veros también evoluciona?

Laura: No es un show para una sola vez, pero tampoco para verlo diez veces.

Jordi: Nos dicen que mejor ahora que antes. Estamos de acuerdo.

Laura: Antes la idea era «interprétalo como quieras», y también daba más miedo.

Jordi: Una vez un chico, que ahora es un muy buen amigo, entró justo cuando gritaba Carmen. Imagínate. Entrar y toparte con un tío enmascarado envuelto de luces rojas.

Y ahora hay una expectativa mayor ante lo que se viene encima, la FNAC de Madrid y muchos más bolos.

Laura: Seguro que también habrá aquí un antes y un después.

Jordi: No tengo ni idea de cómo será el antes ni el después. Pero volvemos a lo de los medios y las posibilidades. Ahora con el show en Madrid daremos un salto. Acompañado por la repercusión diminuta pero importante que ha habido en los medios. Hemos de salir más de Barcelona, mucho más.

Laura: Lo único que hemos bajado en público. Sin desmerecer al que hay, también habría que cambiar un poco en ese aspecto. Porque esto ya es teatro y danza.

Jordi: Exacto. Ya no es sólo poesía. La poesía queda escrita, y el show es algo más. Aunque suena pretencioso, tenemos algo conceptual. Nadie inventa nada, pero sí que hacemos algo nuevo.

Laura: O investigamos.

Yendo con cuidado.

Jordi: Es que aquí hay que partir de la tradición. Vila-Matas lo dice muy bien: hay mucha gente que se lanza a la experimentación sin saber antes de la tradición. Eso es vender humo y engañar a la gente.

Laura: En caso contrario, cuando sólo hay vacío, te agobias enseguida. Hay que poner algo más que la estética, tienes que reunirte con los clásicos.

Jordi: Algo más que un poema y una guitarra y ya. La gente tiene que empezar a acostumbrarse, por muy fuerte que suene decirlo, a que esto tiene como pretensión acercar la poesía y la danza a la gente.

Cosas muy minoritarias, además.


Jordi: Claro, a la poesía se la tiene por solemne, y a la danza por elitista.

Laura: Este espectáculo no es solemne ni es elitista.

Jordi: Tratamos temas serios pero enfocarlos de manera que cualquiera pueda captar la idea. La mezcla de muchas cosas no debe dar miedo porque se busca un equilibrio, y no sé, es lo de antes, para repetir lo de siempre voy a la biblioteca, repleta de volúmenes idénticos pero con distinto título.




¿Qué os obsesiona?

Jordi: A mí la realidad. Una vez hice un relato y me preocupaba por ser muy detallista, que cada minucia significante fuera simbólica, o casi. Lo que pasa es que luego enfermé… fue algo psicosomático. Pero sirvió para darme cuenta de que había entendido aquello, que había un limite, lo había alcanzado y tocaba intentar ir más allá, entender la totalidad de la realidad no desde una linealidad clásica, la del relato, sino más bien desde una óptica fragmentaria. Esa palabra ha perdido mucho peso en los últimos tiempos, se ha malinterpretado. Si juntas el sinfín de teselas de la realidad tienes un mosaico alucinante. Y no es surrealismo, es hiperrealismo. Luego, entre los poemas y Loopoesía, hay gente que ha usado palabras muy idiotas, que si se dicen en presente no sirven para nada, sólo son basura de impacto. ¿Vanguardista? Meter palabras tan gordas es ridículo, vanguardista…

Laura: Sí, y el rey de la pista, no te jode (risas).

Jordi: Y si es el boxeador, boxea que es un primor.

Laura: Soy yo, y dentro de mis posibilidades hago algo que quiero hacer.

Jordi: Si falta forma y concepto…

Laura: Es aire.

Jordi: Una indigestión, o gases.

Laura: También nos obsesiona estar en escena.

Jordi: El amor al escenario.




¿Habéis desechado cosas?

Jordi: Sí, si hay algo que no nos gusta lo podemos cambiar.

Laura: No es cuestión de dejar la barra libre para todos los cambios. Hay que saber cerrar. A veces actuamos, vemos que esa parte falla y la arreglamos. Corregir defectos, de nuestras partes y del conjunto.

Jordi: Sólo tienes que pensar en cuándo se acaba tu tiempo. Aparte que por escritura no puedes permitirte que haya partes flojas, no puedes dejar un verso débil por el camino. Es un espectáculo teatral, pero el texto lo articula, es la clave que vehicula todo lo demás.

Laura: Algunas cosas cambian también, y tienes que admitir y aceptar el cambio.

Y ante el cambio que se avecina en el mundo y la falta de sensibilidad y la apatía que dicen que tenemos los jóvenes, ¿Loopoesía es algún tipo de antídoto?

Laura: Absolutamente. En el negro de Banyoles se ve claramente que nos importa lo que sucede con la persona, es una historia con vigencia, no sirve sólo para hoy.

Jordi: Es la cosa de incitar a pensar. Es un entretenimiento donde jugamos con el significado de las palabras. Entretenimiento reflexivo, si quieres. Que te lo pases bien pensando.

Laura: Cosas compatibles.

Jordi: Y desdeñadas. Aquí pensamos en cortar jamón y en paliar el hambre en el mundo.

En este punto ya decae la conversación porque estamos cada vez más alegres, y nos vamos a comer confeti. Me quedo con lo de más arriba, que hay que saber cerrar; miro la plaza y no hay nada cerrado, excepto quizá la terraza donde hemos estado haciendo el canelo, algo que aquí no he podido transmitir del todo. Recogemos, pagamos, apuramos la charla y el viento fresco. Dejamos a Laura y a Javi, su novio, en casa. Jordi y yo andamos media hora más por lo menos, hasta desaparecer del mapa de Gràcia.

No sé qué conclusión grande sacar de todo esto. Quisiera quedarme con todo, hasta con las frases que se quedaron a medias. Si vas a verlos, sólo recuerda que Loopoesía es amor, y todo irá sobre ruedas.


Daniel Jándula
www.nedham.blogspot.com