jueves, 5 de mayo de 2011

El maleficio de la mariposa en "Se fue al otro barrio" de Bcn Week


El maleficio de la mariposa, por Jordi Corominas i Julián


“In their eyes there's something lacking
What they need's a damn good whacking.”
(The Beatles, Piggies, The White Album)

En 1924 Benito Mussolini decidió cargarse una serie de barrios medievales romanos para abrir una recta avenida imperial que uniera visualmente el Altar de la Patria y el Coliseo. Los habitantes de la zona fueron desplazados a la periferia, donde recibieron como contrapartida pútridas casuchas sin luz ni agua corriente. Malvivir por imposición y destrucción estética.

En 1912 el arquitecto Josep Graner i Prat construyó la Casa Fajol en el número veinte de la calle Llançà, justo en las estribaciones de Montjuich. Coronó su obra con una mariposa policroma ejecutada mediante la técnica del trencadís. El insecto constituyó durante más de un siglo la puerta de entrada a un mundo mágico típico de Barcelona, dama que sabe seducir repartiendo pequeños detalles que sorprenden al viandante cuando menos se lo espera, epifanía cotidiana surgida de la nada, magia fugaz con dirección fija para deleite del espectador deseoso de repetir encuentro.

El jueves 24 de marzo de 2011 circulaba por Plaza España. La vía se alargo y comprendí que Las Arenas de la Ciudad Condal ya habían mutado para mayor gloria del capitalismo, que siempre las usó para entretener a la plebe. En 1900 nacieron para suplir a la caduca Plaza de Toros de la Barceloneta, empequeñecida por el creciente apego popular a la lidia. Las nuevas dinámicas culturales sepultaron su coso en un olvido que también sufrieron otros lugares emblemáticos de la capital catalana. El ocio se trasladó a la caja tonta y a otros espectáculos más gratos y menos sangrientos. Una época moría. Se cerraron las luces del Paralelo y el tendido que acogió tanto Miura decretó el adiós para que la Monumental enarbolara la bandera de la fiesta. Ahora el beneficio y la idiotez se juntan en un gran centro comercial que preserva la antigua estructura. El día de la inauguración la zona estaba infestada de policías que desviaban a la plebe. Ya llegaría su oportunidad de comprar y endeudarse.

Sorteé el inmenso dispositivo de seguridad, pisé el asfalto de la Gran Vía, miré hacia arriba y divisé dos torres tubulares. En ellas han instalado las oficinas de un complejo que aúna lo viejo y lo nuevo para no levantar polémica y perpetuar la falacia municipal de preservar la memoria reinventándola de manera útil. Las maldita verticalidad de despachos y ordenadores donde los empleados, y bien que hacen, matan sus horas en Facebook ocultaba la mariposa. Me enfadé, no respiré, me quedé anonadado y maldije la madre que parió al ideólogo del engendro, y eso que la pobre poca culpa tiene del desbarajuste aniquilador de su retoño, un sinvergüenza que vende eficiencia para destronar bellezas.

Las Olimpiadas de 1992 sirvieron para modernizar la urbe y darle un cariz uniforme. La gran mayoría de las plazas, fíjense cuando las pisen, tienen un suelo duro, gris, impersonal. Sólo alguna excepción de arena resiste al desastre, aliñado por los jerifaltes con innecesarios rascacielos, plazas privadas, velas hosteleras que finiquitan vistas marítimas y la represión para el residente, víctima de multas al que creen satisfacer organizando mediocres embolaos que incluyen Foros de las torturas, carnavales de compañías telefónicas con brasileños dando palmas, películas publicitarias pagadas con nuestros impuestos y múltiples tomaduras de pelo a las que, por desgracia, ya nos hemos acostumbrado. Balance de una gestión.


El maleficio de la mariposa es una pieza teatral de Federico García Lorca que estrenó en Madrid y fracasó totalmente. Su clima se ha trasladado a Barcelona y promete demolición que provoque urticaria en la piel de esos cínicos que nos gobiernan desde hace treinta y dos años. El espacio influye en nuestro comportamiento y modela un modo de afrontar las peripecias urbanas y el resto de la jornada. Si nos quitan fragmentos de deleite deberemos buscarlos en la casualidad porque ellos quieren matar lo eterno a favor del grasiento y soporífero fast food que tanto les embriaga. Velocidad consumista, atraco a la sensibilidad. Vayan por la calle y estén alerta. Sujetadores alineados, armarios desterrados que colocados sin ningún tipo de intención son una obra de arte, zapatitos infantiles colgando del hilo eléctrico, el tres en raya de la Vía Julia. Lo efímero puede ser eterno si permanece en nuestra memoria.


Jordi Hereu, Artur Trías. ¿Os gustaría que fuera a vuestro hogar y levantara un muro que imposibilitara ver más allá de vuestras ventanas? ¿Verdad que no? Tanta soberbia será castigada. El 22 de mayo hay elecciones. Ojalá os hundáis y muchos voten en blanco. Cada hora que pasa la indignación es mayor y amamos el aire magrebí con viento islandés. Aquí las dictaduras visten marketing y culminan obra pública para presumir en campañas electorales. El seny se fue al otro barrio en una fecha indeterminada. Nunca fuisteis nada, ni nunca lo seréis.