domingo, 18 de septiembre de 2011

Crónica del show loopoético en Rai-art, sábado 17 de septiembre de 2011


La verdad es que el show de ayer era especial por muchos motivos. Tras el verano es como si volviera a empezar el año, pero en tema de eventos septiembre aún vive bastante del aire libre. Lo divertido es que me moría por actuar en RAI, sitio desde su escondite es impresionante, tanto por instalaciones como por ubicación. Temimos que mucha gente se perdiera por una tontería del nomenclátor, aunque finalmente no fue así y el público, poco a poco, fue acudiendo. En 2011 la crisis se nota, y parece que la mayoría no está para pagar entradas, y es una lástima, porque cuando veamos todo este tinglado desde la distancia comprobaremos que raramente se ofrecen espectáculos tan variados por un precio tan regalado.


Lo de ayer era un tríptico muy potente. De siete a nueve de la tarde ayudé a Sonia Barba a montar su performance. Probamos luces junto a su técnico, hicimos el indio como dios manda, testamos el sonido y nos relajamos al ver que todo, en una sala estupenda, iba de maravilla, por lo que aprovechamos un reducto fumador para apurar el tiempo previo antes de salir al escenario. A las ocho y media llegaron los poetas: Alex Reig, Sonia Serrabao y Santi Tena ofrecieron un recital heterogéneo y bilingüe en el que empezamos a evidenciar el contraste entre la platea y el público en sentido lumínico, pues la iluminación centralizaba absolutamente el protagonismo para los que estaban arriba, mientras que el respetable era una mancha oscura, eso sí, siempre atento a los lances líricos, que, insisto, se saldaron de manera muy positiva. Si por algo estoy contento de montar estas cosas es por las oportunidades que ofrezco de dar a conocer gente que vale mucho la pena, y este sábado 17 confirmó esta tendencia, corroborándolo con Hipercandy de Sonia Barba, performance valiente, muy trabajada y que reúne todos los elementos para funcionar largo tiempo. Su puesta en escena es fantástica, y Sonia lo borda desde su guitarra, sus danzas, monólogos y camareros, que ya era hora que adquirieran protagonismo. Los treinta y cinco minutos de función pasaron volando, tanto que casi no tuve tiempo para transformarme en Jean Martin du Bruit, que en esta ocasión se sentía absolutamente solo y con mucha motivación.


Las cosas en principio no iban bien. Lola Farigola se fue de viaje y mi camisa amarilla estaba en el pueblo, por lo que opté por una camisa gris de cuello mao que me protegería del bochorno de Babilonia. La treta funcionó y la preparación fue viento en popa. Las dificultades eran enormes. Salir sin el soporte de la danza era un reto, porque las partes donde suenan los poemas grabados están concebidas para ser bailadas, y el previsible vacío sólo podía suplirse con un redoble de tambores en forma de sacrificio físico y mental.


Con ese panorama salté con el temor de fracasar. Lo que siguió fue todo lo contrario por cabezonería y concentración. Los discursos previos a los versos fueron los mejores que nunca hice a lo largo de mi trayectoria loopoética, fuertes, irónicos y con mucha versatilidad vocal. Supongo que salieron así de bien por esmero y voluntad de superar el muro del miedo, que relucía en especial cuando mi propia voz recitaba las efemérides del negro y servidor intentaba llenar el escenario con movimientos, guiños, muecas e interacción con todos los gadgets. Las proyecciones me ayudaron, la música fluyó para contar la historia y facilitar su plena comprensión. No hubo un momento álgido, tampoco hacía falta. Ejecuté cada parte de memoria y le añadí otros ingredientes para mejorarlas, muy consciente de los recursos, virtudes y defectos del espectáculo, demasiado lúcido como para no ver cómo la noche olía a un hasta pronto.


Ha sido un año muy intenso para Loopoesía. Los primeros meses los dedicamos a copar las salas alternativas para consolidar el proyecto hasta alcanzar un punto álgido en el Fnac de Madrid, donde realizamos una performance histórica, y no es que no tengamos abuela, simplemente fue así y la empatía cruzó muchos umbrales. Luego vino un lógico relax que ha seguido hasta la fecha. Quedan tres meses para 2012, pero quien escribe ya piensa en el futuro, que vendrá adornado por un nuevo show con otra temática, preparaos porque lo fliparéis, acompañada de otra escenografía que seguirá la senda del proyecto con matices para crecer, esperando dar el salto a teatros más importantes, lo que es una ardua tarea en Cataluña, donde por los temas elegidos se nos considera unos bichos raros que atentan casi contra lo primordial de la terra.

Señores, hablar del negro era necesario, porque aquí somos magníficos y lo que ustedes quieran, pero de autocrítica vamos escaso, y el asunto del hombre disecado es oprobio y vergüenza por no añadir más adjetivos a la lista. Las personas que han presenciado alguna de nuestras funciones han agradecido nuestro interés por difundir algo tan polémico mediante nuestra mezcla, que pretende acercar tanto la poesía como otras artes al espectador, y si con ello aportamos ideas y las usamos con propiedad podemos darnos por satisfechos.

Loopoesía es amor