sábado, 6 de abril de 2013

Diálogo con Mathias Enard en Sigueleyendo





Diálogo con Mathias Enard, por Jordi Corominas i Julián
Conozco la obra de Mathias Enard desde Zona, y en ella intuí a un narrador que más allá de la prosa sabe introducir ideas que son de su tiempo y saben ir más allá. Por eso cogí su última novela, Calle de los ladrones, con ganas, que se incrementaron cuando descubrí que el titulo se relaciona con una de las vías más turbulentas de mi ciudad, llena de putas, drogadictos e inmigrantes que malviven en pleno centro de la ciudad, en el Chino que ahora al Ayuntamiento le ha dado por llamar Raval por eso de incrementar el turismo y potenciar el parque temático.
Enard es inteligente y ha construido una pequeña gran historia mediterránea de nuestra época, de Marruecos a Barcelona, de las revueltas árabes a la crisis europea. Llegué puntual a la cita, y llevo tanto trabajo encima estas últimas semanas que pensé haberme equivocado de lugar. Nadie me esperaba y la calle, bien cercana a los escenarios de la novela, estaba desierta, muy de lunes por la mañana.
Finalmente apareció Mathias junto a la jefa de prensa. Hablamos un rato en catalán, mareamos la perdiz en busca de una mesa aislada para que no nos molestara el sonido ambiente y, como siempre, encendí la grabadora.
Jordi Corominas i Julián: Leí Habladles de batallas, de reyes y elefantes y al leer Calle de los ladrones entendí que tienes una preocupación muy fuerte en torno a la relación Occidente-Oriente y viceversa.
Mathias Enard: Es una de las grandes preguntas del mundo de hoy, si las relaciones entre el mundo islámico con la Europa Cristiana pueden prosperar y avanzar hacia otras sendas.
¿La idea del libro te vino por la primavera árabe o ya tenías un plan de ruta trazado con anterioridad?
Es un cruce de varias cosas. Hacía tiempo que quería escribir una novela policíaca, de aventuras e iniciación, una mezcla entre El guardián en el centeno y una novela de Vázquez Montalbán. Cuando estallaron las revueltas árabes me interesó mucho el tema. Pasé meses siguiendo todo por internet y empecé a escribir esta novela, que toma como marco la actualidad de los acontecimientos más recientes.
A partir de los movimientos del personaje cubres todo el arco mediterráneo de la crisis.
Hay esta coincidencia espacio temporal de las revueltas árabes con el brote indignado, reivindicaciones callejeras que en ambos casos tienen que ver con la crisis.
Hablas de Montalbán y de la novela negra. Por una parte el libro me recuerda mucho, de manera más interiorizada, a Partir de Tahar Ben Jelloum y también a una especie de resituación de Giacomo Casanova en el siglo XXI.
Ese es un aspecto de la novela extraño, pero me hizo gracia. Quería recuperarlo en varios aspectos, y creo que es el representante de Europa, de las ideas, de una Europa sin fronteras en una época bastante dura, de hecho acaba en la cárcel varias veces.
Una de ellas fue la Ciutadella de Barcelona. Obviamente tu novela también evoca a Genet.
Claro, por el título, el diario de un ladrón, que lo medio escondí. El narrador no podía asumir todo porque es muy joven, no podía ponerle todas mis lecturas, me tuve que limitar a coincidencias sin hacer menciones directas.
¿Qué elementos te interesaba remarcar de Lakhdar, el protagonista? Lo digo porque es un personaje símbolo.
Detrás del narrador hay muchos personajes reales, que conocí aquí y en Tanger. Me contaron de su vida y sus historias, lo que me permitió definir mejor el marco general de Lakhdar, como se mueven y como ven el mundo. Lo importante era estar atento. Es un personaje extraordinario, en el sentido original de la palabra: fuera de lo normal, pero no podía darle todas mis lecturas, había que apostar por otro camino.
Pero metes tus inputs a partir de su evolución. Él, pese a todos los problemas que tiene, no deja de ser un personaje muy positivo.
Exacto, muy positivo, quizás el más positivo de todos mis personajes.
Y tiene la voluntad de intentar conjugar Oriente y Occidente.
Él no ve en ningún momento la contradicción, pero es que no la hay.
Exacto. Ve la mezcla de culturas como algo rico que puede proporcionarle cultura y aprendizaje, pero tiene como primer punto de choque la familia…
Choca con las costumbres, el lado más duro de las convenciones sociales. El honor de la familia es rígido. Lo rechazan, y esa patada en el culo lo lleva rodando hasta Barcelona, la negación le provoca una energía para irse.
Como segundo punto tenemos el fanatismo islámico de su mejor amigo, que enlaza con toda esta problemática, tan propia del principio del siglo XXI.
Es uno de los temas más delicados, y me gusta que hayan dicho que lo traté de manera justa.
Muchas veces es un riesgo tratar este tema por el peligro de caer en la exageración y tú lo abordas sin caer en tópicos.
La distancia entre la violencia y la simple política es siempre borrosa. No entendemos si esa gente actuará, ni cómo. A ese nivel el libro intenta ser realista, muestra el funcionamiento de esta gente.
A partir del islamismo vemos, como quien dice, la verdadera chispa de las revueltas árabes, que tienen tantos matices que es importante mostrar todos, sin excepciones.
Una revuelta es complicada de analizar, hay muchas cosas que fluyen ahí, también el lado más fuerte del islamismo radical, porque se pasaron décadas en la clandestinidad. Salieron a la luz en las revueltas árabes, pero eso es algo que todo el mundo sabía.
Lakhdar ocupa el puesto de librero de un centro islámico, cargo en el que se percibe su impotencia.
Más bien su encerramiento. Su recorrido va de encierro en encierro. Es un viaje, pero siempre acaba encerrado.
Como si su destino fueran las cápsulas.
Exacto, de la mezquita librería transita hasta su ordenador, luego en el barco, el hotel… cada encierro es un símbolo.
En la mezquita tiene el golpe de suerte del hombre que le hace transcribir los textos, y ahí empiezas a jugar con los verdaderos significados simbólicos de la novela.
Sí, hay una parte simbólica que se vuelve siempre más importante.
Los muertos de la Primera Guerra Mundial, Giacomo Casanova…
Ese lado simbólico se traslada también a los personajes mismos, que se vuelven símbolos de lo que es el ser en general, y pienso en Basam, que casi desaparece en la realidad por ser el símbolo del lado oscuro de cada uno.
Y con los muertos de la Primera Guerra Mundial se remarca de manera indirecta la inocencia de estos muertos, enviados a la muerte de manera absurda.
Si tú lo ves así, imagínate desde el otro lado del Mediterráneo. Murieron muchos de ellos. ¿Qué tenían que ver? Absolutamente nada. Todos los argelinos o senegaleses que murieron en la Primera Guerra Mundial…
Es algo que me hizo pensar mucho. Lakhdar transcribe muertos.
Me fascinó la idea de saber que hay gente que se dedica a transcribir esto, es increíble, pero real. Estas empresas no están en Marruecos, suelen ubicarse en Madagascar. Pasan a máquina libros y datos enteros.
Un trabajo que suele ser inimaginable.
Sí, pensamos que lo hacen máquinas, pero no, es trabajo humano.
Es como pensar en quien envasa los pollos del supermercado.
Es exactamente lo mismo.
Además, mientras muestras el recorrido de Lakhdar, plasmas los diferentes tipos de explotación de la globalización.
Un proletariado totalmente explotado por estas empresas, que suelen ubicarse en zonas francas para no pagar impuestas, nuevas formas económicas que funcionan hoy en día.
Y Tànger para un europeo huele a ideal de bohemia multicultural, pero al protagonista le llega la esperanza por la mujer occidental.
El sueño de la mujer occidental es muy real, también la esperanza que eso pueda cambiar una vida. La Judith que sale en el libro existe, en el sentido que podría ser  uy bien una estudiante cualquiera de la universidad. Enviamos gente a la facultad de traducción del Rey Fahd. Una doble curiosidad, otra vez Oriente-Occidente.



La libertad.
Para ella es la libertad del viaje, conocer el objeto de sus estudios, algo que también es muy importante.
Y para él es la posibilidad de cruzar el estrecho y tener algo que valga la pena y refuerce la idea de Occidente como algo bueno.
Él al principio no piensa en emigrar, ve Tánger como su mundo, ve lo occidental como algo mágico, y sabe que en España la vida no es fácil, tiene acceso a la televisión española y de hecho casi ve Europa con sus ojos, está muy cerca.
Muy cerca y muy lejos, eso es parte del juego. Otro símbolo son los barcos que vienen y van, con sus tripulantes casi imposibilitados para pisar tierra.
Cuando hay huelga los trabajadores pueden pisar suelo extranjero, pero no pueden adentrarse en el país por la cuestión del visado.
Quedarse en el limbo.
Quedarse entre dos lugares, lo imaginé así. Además llega a la muerte, y a la muerte se llega en barco.
Caronte. Llega a la muerte y vuelve a encerrarse. Su lucha genera un delirio de incomprensión. Llega a España y se encuentra con Cruz, un personaje que vive por y para la muerte.
Un personaje muy inquietante. Es casi mitológico. Se podría analizar el libro como algo bastante muy importante para mí, que es la relación con la mitología. Al fin y al cabo las novelas son actualizaciones de los mitos, como el personaje de Kurtz de Conrad, que aparece en la cita inicial, es un gran mito, está en el barco y la selva es como el reino de la muerte.
Cruz como Kurtz.
Exacto.
El destino de Lakhdar es Barcelona, ciudad que resume muy bien gran parte de las problemáticas de nuestro tiempo.
Perfectamente, porque Barcelona es muchas cosas a la vez. Es la capital de Cataluña, pero también una gran ciudad española, un puerto mediterráneo, un centro turístico y al mismo tiempo una ciudad europea por la creación. Estas identidades múltiples se corresponden unas con otras, no se superponen del todo. Lo que ve el protagonista es una ciudad que se tambalea entre su lado más turístico, otro más de mediterráneo pobre y otro más europeo con símbolos como la Torre Agbar, que casi encuentra ofensiva.
Me parece interesante, por una cuestión de narrativa reciente, observar como hay una cierta incapacidad de reflejar la crisis, pero con unos ojos extranjeros sí se logra esa objetividad.
Ésa es una de las ideas fundamentales del libro. Siempre necesitamos a un viajero para entender mejor donde estamos, y utilizo estos ojos sobre Barcelona porque son cercanos pero mantienen la distancia.
Él sabe discernir a la perfección, pero no deja de ser un chaval de veinte años bastante ingenuo, con lo cual cuenta las cosas de manera más simple, y por lo tanto más comprensibles al lector.
Es la ventaja del veinteañero joven y extranjero, su juventud hace que cuente las cosas tal como las ve.
La calle donde vive es el infierno en Barcelona. Lakhdar circula por la ciudad y observamos sus varios compartimentos.
Que no comunican casi nunca de hecho. Ahora se han creado zonas que casi no pertenecen a la misma ciudad. La Rambla es un no lugar, con pakistaníes que te venden chorradas y turistas que acuden a despedidas de soltero, absurdos.



Judith vive en Gracia y le da pereza bajar al centro de la ciudad, notas el contraste entre lo burgués progre y los bajos fondos.
Eso ha cambiado en los últimos años, pero muy poco. Siempre parece que putas y drogatas siempre que vayan a desaparecer, pero no ocurre.
Eso se ve en Caligrafía de los sueños de Marsé. Aparece la Calle de Robadors y se aporta el dato que la prostitución existe en la zona desde hace trescientos años, es una realidad física y simbólica de Barcelona.
Sí, es cierto. Ahora han puesto la Filmoteca en el Raval para contagiar el barrio de espíritu burgués, lo mismo con el Hotel Barceló, de cuatro estrellas, para ver si el dinero genera dinero, es un juego de urbanistas en un mundo perfecto, como si los ciudadanos fuéramos legos.
Hasta querían dejar las fachadas tal cual y reformar los interiores para gentrificar la zona.
El Raval ha cambiado mucho en los últimos veinte años, de forma brutal, pero no deja de basarse en lo que siempre le ha caracterizado: inmigración, prostitución y crimen.
Lakhdar siempre tiene miedo cuando pasea. Tiene miedo a que le vean, pero ignora que es ignorado.
Hay un tema que no trato en exceso en el libro, que es el racismo. Él es transparente, no lo ve nadie, por lo tanto no puede estar sujeto al racismo. No es desprecio, es ignorancia.
Y al mismo tiempo esta ignorancia se complementa, a partir de la Judith que vemos en Barcelona, con el hecho de ser ignorado por una sociedad que está completamente enferma.
La enfermedad de Judith es simbólica, como la sociedad catalana desarrolla una especie de virus, y tiene que ver con la ciudad, y con el aspecto mítico que comentábamos antes. El libro, si bien está compuesto sobre la actualidad, tira hacia otra dimensión, que es más atemporal.
De todos modos da la sensación, tanto por la progresiva paranoia del protagonista como por la enfermedad de Judith, que retratas un presente sin esperanza.
También hay esperanza hasta en la muerte de Basam, es liberarse de un yo oculto, de una de las caras de la misma moneda. Es asesinar el lado oscuro, y en este aspecto hay liberación, vira hacia un encierro más liberado.
Así como En Habladles de batallas, de reyes y elefantes Michelangelo va a Estambul y se topa con la imposibilidad de construir el puente que le han encargado, aquí vemos que Lakhdar tampoco puede erigir el suyo por otros motivos.
Es muy interesante lo que dices porque no le había pensado en absoluto. Son novelas opuestas porque son simétricas. Novela histórica versus novela actual, pero se parecen mucho en el hecho que ambas cuentan un viaje que supone enfrentarse a la alteridad e intentar cruzar el famoso puente y no lograrlo.
El puente se queda en un proyecto.
Hay la intención del puente, pero la realidad es otra cosa.
No es por los protagonistas que no se construye el puente, más bien el fracaso es por las circunstancias que les rodean. Son víctimas del contexto.
Sea de un lado o de otro están fuera de juego, no deciden, no tienen una sociedad que los acoja plenamente y les permita desarrollarse y vivir como quieren. Lakhdar no es nadie en Marruecos y en España tampoco, porque no tiene ni trabajo ni papeles, está siempre en un limbo.
¿Y cómo tenderías ese puente en la realidad?
Por otro lado creo que la imagen que tenemos de la distancia entre Oriente y Occidente es una ilusión, somos la misma cosa, pero con modalidades distintas. Lo que hay que entender es que está frontera no existe, pero mientras no seamos capaces de hacerlo real fracasaremos.
Aquí irrumpe otra vez Giacomo Casanova como ideal de ser humano que prescinde de la frontera.
Exacto, porque decide deshacerse de ella, que no exista, y de este modo crea otro mundo.