lunes, 15 de diciembre de 2008

El cobrador del frac en Bcn week



Las otras crisis del cobrador del frac

Triologia del moroso: Justicia, apariencia, picaresca

by Jordi Corominas i Julián

La señora Lola pasaba por mi casa del pueblo después de comer. Era la hora de la película de Fred Astaire y Ginger Rogers. La anciana vertía comentarios de admiración por el baile del artista americano, pero lo que más le entusiasmaba era el frac, vestidura de hombre, que por delante llega hasta la cintura y por detrás tiene dos faldones más o menos anchos y largos. Símbolo de elegancia británica, decadente atuendo de un pasado lujoso, reapareció en mi vida hará un par de años. Iba a comprar el periódico y vi a un individuo vestido como para ir al Casino de Montecarlo. Deduje que su objetivo no eran las mesas de juego por su maleta, donde pocas pero concretas letras blancas indicaban su oficio: el cobrador del frac.

El encuentro marcó un antes y después en mi imaginación. Caprichosa, decidió crear una historia donde quien escribe perseguía al hombre disfrazado, quien a su vez acechaba al moroso. Cine cómico. La realidad es otra. Bien distinta. Lo comprobé cuando llamé al teléfono de la sorprendente empresa. No puedes seguir a ninguno de nuestros trabajadores uniformados. Eso es imposible. Mi gozo en un pozo. Aún así quería saber y solucionar un enigma de carácter nacional. He viajado por el mundo y nunca vi ningún invento parecido en otros países. Spain is different?

El cobrador del frac existe desde 1980 y presume de ejemplaridad y origen. Según indica su página web, su más ilustre antecesor fue Miguel de Cervantes Saavedra, autor del mítico Don Quijote, primera novela moderna. El manco de Lepanto trabajó durante siete años en la Hacienda Real a la caza de morosos. Sus herederos suelen usar métodos sutiles, y sólo siguen a sus “víctimas” en casos extremos, cuando se han agotado todas las vías legales; el manual de procedimiento de la empresa indica que el empleado destinado a seguir al deudor tiene que basar su cometido en el diálogo sin coaccionar, ofender o faltar. En Barcelona, su presencia dentro de la empresa es más bien escasa. Quien en una mañana vea a más de un cobrador, algo ya muy extraño de por si, o tiene mucha suerte o es un mentiroso de primera categoría. Sólo 4 personas de sexo masculino pasean con sombrero de copa y la famosa divisa. Los demás trabajadores se dedican a labores de gestión y tratan deudas que van desde unos modestos mil euros hasta cantidades astronómicas. Sus clientes son personas convencidas del pago por parte del moroso. No se persigue a pobres ingenuos, sino a pícaros que quieren eludir acuerdos contraídos. Typical Spanish.

Sí, ya lo sabéis. Hay crisis. Y se ve que lo peor está por llegar. Desde febrero de 2008 la actividad del cobrador del frac ha aumentado en un 40%. Falta dinero, pero la actividad de nuestros protagonistas refleja otras crisis nacionales, señas de identidad preocupantes, indicadores cotidianos de defectos, argucias y miedos seculares. Tres preguntas resuelven la crítica ecuación.

La primera de ellas, ¿por qué se contrata al cobrador del frac?, habla de uno de los más graves problemas de nuestra sociedad. La lentitud de la justicia española. Muchos clientes prefieren la eficiencia del cobrador para evitar tener que esperar años a cobrar lo que es suyo. Como la Sociedad es legal, no hay nada que impida su acción, y gana su estipendio mediante comisiones. Todo es más rápido sin tener que pasar por la pesadilla de abogados y pleitos, ni enmarañarse en la imprevisible diosa ciega, que en nuestro país hasta se va de huelga para dificultar más si cabe sus esperadas decisiones.

La segunda cuestión remite al éxito que tienen los cobradores en su misión. Uno de los motivos estribaría en su preparación. Son licenciados universitarios con conocimientos en derecho y saben lo que vale un peine, que en este caso es el puro y duro vil metal. Gestores y uniformados resuelven los conflictos en el 70% de los casos. El porcentaje aumenta cuando el frac aparca su coche y llama a la puerta de particulares. El qué dirán vence al miedo a quedarse sin blanca. España es un país de porteras. Quizá por tener un pasado tan católico y confesarnos en exceso, decidimos que hablar de los demás es muy divertido. Nos pasamos el día cotilleando y mantenemos estampas ibéricas como los toreros y las folklóricas para ampliar nuestro radio de se dice, se oye, se comenta hasta fenémenos identificables por la mayoría. José Tomás y la Pantoja; Julián Muñoz y Carmen De Mairena. En la sociedad de antes de la globalización, el marujeo era una cuestión de vecindario y bar, charanga y pandereta de calle. Si Enriqueta tenía un amante, todo el inmueble se enteraba en menos que canta un gallo. Lo mismo ocurre cuando llega el cobrador del frac.

No es normal que un señor vestido como si fuera a una fiesta de lujo se presente en el barrio y pique a un timbre conocido. Los rumores crecen y el pánico social se adueña del individuo. ¿Y si Hermenegilda ha visto al tipo ese? ¿Qué le digo? Se estila mantener la apariencia y salvar la deshonra, algo bien estúpido si pensamos que a lo largo del último decenio gran parte de la abundancia nacional se cimentó en el crédito, con lo que muchos podrían estar en el lugar de quien sufre la visita del señor con chistera, el mago enemigo del moroso. Los pequeños aquí hay tomate del día a día son mucho más graves que los televisivos. Personas de carne y hueso optan por abandonar su terquedad monetaria con tal de no ser pasto de la charlatanería ajena.

Por otra parte existe el respeto al uniforme. Al ser un pueblo sumiso que en pocas ocasiones ha impuesto su voluntad, sentimos temor reverencial por aquellos que visten diferente. Nos pasa como a los católicos cuando ven al nuevo Papa salir por el balcón del Vaticano. No importa que sea un viejo disfrazado con colores chillones y un gorro demencial. Aplauden porque aceptan la gran farsa de la realidad, al igual que lo hace el ciudadano con un semejante vestido de negro que para sus amenazantes pasos en la alfombrilla, preludio de la puerta y la notificación. Códigos. Autoridad.

Quienes también reciben la visita del frac son las empresas, blanco perfecto para una tercera pregunta que culmina nuestra particular trilogía de crisis celtibéricas relacionadas con nuestro objeto de investigación. ¿Qué métodos usan los que no pagan para eludir su condena? La picaresca es la clave. Muchos negocios intentan evitar el pago sin variar un ápice su esquema habitual de comportamiento: arriesgar con burdas gestiones que juegan al despiste y en ocasiones llegan a buen puerto. Tal comportamiento es un clásico en el mundo del capitalismo “refundado”. La argucia aplicaría nuestro dicho de más vale maña que fuerza, pero no conviene pasarse de la ralla. Una gran anécdota demuestra como aún no se han desvanecido los tiempos del Lazarillo de Tormes.

El cobrador del frac tiene una sección de grandes operadores. Se encargan de casos en los que la cantidad adeudada supera los cien mil Euros. En una ocasión un cliente andaluz reclamó intervenir por una cantidad muy superior. Al cabo de pocas semanas la empresa supo del fallecimiento del moroso. Se respetó un mes de duelo antes de volver a la carga. La familia tenía que hacerse cargo del débito. Llegó la feria de abril. Mientras el cliente tomaba unos finos se topó con el muerto. Estaba bien vivo disfrutando de los placeres sevillanos. Baile. Alcohol. Fue condenado por falsificación de documento estatal.

España es un país donde todo es posible, como en Granada. Don Quijote en la Meseta vio guerreros donde había molinos y el cobrador del frac sabe que poderoso caballero es don dinero. Si un anónimo recibes no te de llanto ni pena, llamas al número cien y tiras de la cadena. El frac no lo es. Cuando dinero habla, todos escuchan. ¡Haz que reine el silencio! No puedo, soy republicano. Amén.

http://bcnweek.com/feature.html


1 comentario:

Carmen dijo...

Lo prometido es deuda...... y es precisamente de deudas de lo que aquí se habla. Qué gran verdad española la del qué dirán....y con qué fuerza sobrenatural actúa el miedo al ridículo. Como si las opiniones ajenas nos llenaran el plato de lentejas cada día y no el dinero que nos permite cocinarlas......El dinero, que todo lo compra, en este caso negocia el precio del silencio y la discrección.

Curioso nuestro amigo el andaluz. Apoyándose en la frase de "cría fama y échate a dormir", decidió que en vez de dormir se haría el muerto, que de los muertos sólo hay buenas palabras.....y el cotilleo tomatero deja de ser un problema....Y de tomates tómate un fino y baila unas sevillanas....Y aquí paz y después gloria. Hasta que las leyes nos separen.