domingo, 31 de enero de 2010

Golowin de Jakob Wassermann en Culturalia




Algunos acontecimientos históricos alteran lógicas milenarias y provocan desbarajustes cáóticos, como si la realidad se convirtiera en laberinto antes de aceptar el nuevo orden instaurado, destructor de la ortodoxia para engendrar horizontes sin manchas, conformes a la revolución.

La inmensidad de Rusia es una plataforma extraordinaria para todo narrador que quiera condensar su idea de mundo en un espacio geográfico bien reconocible. Corren aires de Doctor Zhivago en Golowin de Jakob Wassermann, aires pretéritos, pues la novela del gran desconocido alemán fue escrita en 1920, tres años después del fin del zarismo y el inicio de la aventura comunista. Para introducir el tema, el autor sitúa la acción en plena Guerra Civil entre rojos y blancos. La aristócrata Maria Von Krüdener huye de la apacible paz de su hacienda en Tula para reunirse con su marido. La epopeya de la noble hacia lo desconocido se articula mediante un viaje comparable a una gran mansión con varias habitaciones. La primera parada fluye en una realidad mezclada con la resistencia de la clase alta, concentrada en un hotel caucásico, a soportar la caída del antiguo telón. Una falsa alegría surca la superficie, plagada de texturas decimonónicas, fruto de una mentalidad arcaica. Los dramas de amor, la pérdida de privilegios y la tensión de la derrota erigen a Maria en una especie de heroína de la plena comprensión, deductiva más que empática al tratar con los otros huéspedes y satisfacerles en sus desesperados pero pausados diálogos. Su interior tiene un orden demasiado fuerte como para que un simple percance del camino histórico pueda trastocarlo. O eso cree.

Suban al tren. Olemos la miseria durante tres largos días. Miriam Dauster, traductora y prologuista del volumen, opina que en ese vagón de ganado se plasma el futuro europeo en los ojos de un judío alemán. La poética de la afirmación es indudable, aunque es muy posible que sólo se quede en eso. La intención del autor es describir un padecer que se transmite de generación en generación allá donde los hombres luchan entre ellos por motivos políticos y el sufrimiento se expande con irracionalidad y lujuria.

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