domingo, 20 de febrero de 2011

Suite loopoética 2011 dedicada al Negro de Banyoles en Panfleto Calidoscopio


Suite loopoética 2011: El negro de Banyoles, por Jordi Corominas i Julián


A beginning

Ella bebe las lágrimas vertidas en un cuenco
de barro, tierra de piel sagrada, amasijo
circular entre Vaal y Orange, ruta
natural que los blancos profanan en el comercio
de una tumba vigilada tras el último suspiro.

Dicen que robaron mi cadáver, ensalzan su heroísmo
nocturno para mitigar galas cobardías de camellos
decimonónicos, cinéticos científicos que hacían su agosto
en Sudáfrica por mor de primacías raciales, hermanos
beodos recogiendo desechos humanos en campos de batalla
guiados por óptimos difuntos, negra carne que eviscerar
y exhibir estática para ahuyentar el peligro cazando mamíferos.

Corría 1830, tenía 27 años. Se hacían llamar naturalistas, taxonomizaban
lo exótico, taxidermizaban inferioridades de su desconocimiento
decolorando con recetas infalibles que me aplicaron en Ciudad
del Cabo, antípoda de mi destino, cuna de la receta para preservar
el pigmento.

Alcanfor, cinco onzas,
arsénico en polvo, dos libras,
jabón blanco, tres peonzas,
sal tártara, doce cocochas,
cal en polvo, cuatro jerigonzas.

Metal y clavos,
vidrio en los ojos,
paja en el torso,
relleno de escroto,
betún en mi esencia,
alambre y madera en la columna
para mantener erguida la farsa,
taparrabos naranja, pedestales y penachos plumíferos
de rey de la jungla, caricatura del ser que un día fui
hasta el trance hacia el juguete de pasarela, disecado,

El viaje

embarcándome en la despensa del paquebote,
Lucullus, Astrolabe, Zelée, Favorite
con ranas, cráneos, avestruces, leones,
Plantas, crustáceos, reptiles, hotentotes,
Bosquimanos y yo, el bechuana, yendo
del origen al Viejo Mundo bordeando colonias
e Iberias para alcanzar luces lutécicas, desembarcar
y ser expuesto en el salón de un barón donde levitas
burguesas hexagonales aplaudían la entereza de mi ficción,
relamiéndose por ser adalides de la civilización,
anunciando en periódicos constitucionales
la llegada de la atracción en casa del guardián
de la moral, dueño de migajas para lavar su conciencia.

Luego me transportaron a los Vosgos, fui vecino de
Víctor Hugo y Teophile Gautier, penando
en el escaparate de un mundo que sólo
cerraba en domingo y creía sin misa fotográfica en el progreso
como una feria turulata del cinismo,
parada de los monstruos sin carné ni
espíritu badimo en la ultratumba, diversión
de miserables en urnas revolucionarias
1848, 1870
para venderme al mejor postor,

El catalán

huyeron los cerrajeros,
uno en el imperio, otro en la comuna
depositándome en la puerta
de alguien que amaba cuarenta y seis sonatas
de Bach en su gabinete de curiosidades, decore
su hogar con insectos y nutrias, deje que Verne
escriba sobre el salvaje, proponga a Rimbaud
borracho la aventura de emularlo, al final
un catalán aficionado a los dardos se llevará
la palma durmiendo en hoteles de España y América,
en Orsay aún no es tiempo de arte y el reloj aguarda
Barcelona para fomentar el negocio ornando al rey francés
con monedas a incrementar en el Principado


La exposición

ensanchado en su barriga por lo Universal del 88, magno reclamo,
Ciutadella, Arco de triunfo, monos del parque, geología al pormenor,
mutación, escepticismo y fervor,
acudan al Paseo de Gracia con Caspe, crucen el billar del café Novedades,
admiren colecciones antropológicas, anatomía natural y patológica,
¡Hay un cafre meridional!
adquiéranlo por siete mil quinientas pesetas, su mujer lo usará de florero,
el niño y el perro tendrán compañero de juego y usted, caballero
un digno perchero con arpón para colgar el sombrero.

Nadie me quiso,

Antes de la vitrina

arriaron los fastos, derrumbaron hoteles, más se perdió
en Cuba pero ganaron nacionalismo, potenciando lo suyo,
despreciando lo ajeno, atándose ligueros
para amortizar su industria, Colón en barretina
No entendía rojo y negro del Paralelo,
Semana trágica, music hall proletario
exiliado del camposanto donde reposaban en panteones
prohombres petrificados por inyecciones en el almacén
de mi trentenal secuestro previo al traslado
junto al monstruo del lago,

El traslado

inédita criatura del abismo submarino,
réplica provinciana del mito escocés
acurrucada en planos estaños, mudez
rural agradecida al Frankenstein delaonion
por donar perversiones genéticas, aliento
al horror momificado en aras de estudio
para que los niños pudieran aprender
entresijos de la naturaleza
en un zoo hermético de cartón piedra.

En mi vitrina me designaron objeto 1004,
como el número gratuito de telefónica,
como una cláusula de rescisión futbolística,
era la momia de los billetes, fuente pecuniaria
monocroma, parada, eterna en mi postura
desinformada, estéril oasis, cronología.

Lafayette bayoneteando alemanes,
Josephine Baker en el Folies Bergère,
Jesse Owens humillando oros a Hitler,
Señoritas escarlatas, Sam en Normandia,
Rosa Parks, Little Rock, Ray Charles, Bikila descalzo,
independencias perfumadas, Marchas sobre Washington,
derechos civiles
y la absoluta desidia de darme lustre cada noche
para quitarme polvo en un ancla
que de las trincheras absorbió falanges,
suecas y hermanos con la cabeza gacha
al contemplarme en un patético villorrio
que me acogió como símbolo,
enchironada mona de pascua, caganer de mercadillo,
amenidad de pesebre embalsamada para
alegrar hogueras y villancicos
desconsiderados con Caronte,

1992

su Averno quería comandancias mafiosas
en sedes suizas, Babilonias olímpicas, cinco aros
para desentumecer grisicitudes, cantar himnos hipotecarios,
sentar bases para el eslogan y poner guapa a la puta
que con tanto fornicio destierra ciudadanos. Ya se sabe,
el extranjero paga más y mejor, adiós muy buenas,
dos semanas de himnos, fascismo deportivo, lucro televisivo,
rameras remotas que el remo agitó en mis dominios escandalizados
por un Doctor que firmó mi certificado de defunción ante
el retraso del cartero en la devolución del paquete,
extraviado en fariseísmos globales de paz y una igualdad
que sedimenta con cautela sus escombros en una homérica esquina,
ángulo ciego de su proverbial hipocresía .

Trastienda (agonía)

Al apagarse el pebetero del monte judío
la música volvió a su cajita, la otra parte
tuvo anemia de boicot y esperé otro largo lustro
hasta mi suplantación por un vídeo en el museo,
tecnología catapultándome a una trastienda
roñosa donde señoras de la limpieza
se asustaban, ratas y murciélagos, compañía
capaz de burlar al capataz que consignaba
mi agonía al aire acondicionado
de la cosa pública, rendida en el noventa y siete
al aburrimiento burocrático de vomitarme
al continente que engendró al bípedo elemental,

La penúltima humillación

liendre que en determinadas latitudes
se obceca en torpes maniobras carcamales
empacándome en camiones de mercancías,
emparedado en soeces maderas, vigor de ataúdes,
atávicos asfaltos temblorosos, erróneo suelo
irregular, Sagrera, rueda pinchada, dos porteadores
aupándome, tránsito de subsuelo, escaleras descendentes,
cuchicheos, máquinas expendedoras, próxima estación,
ladridos, vacua seguridad, eximio vagón,
no fumis al metro, malos humos, colectivo individualizado,
quiebra en la mediocridad del circo urbano
por la verborrea de un disminuido psíquico
que en el tubo vislumbró la inmensidad del amor
retenido en un reducto de su prehistoria que captó
el único instante, sala de mapas vaticana
en la insignificancia del desdén con doble moral.

El vacío

Tú eres Cristina
No
Tú eres Cristina

Tú eres Cristina
Aléjese
Tú eres Cristina
Me molesta
Tú eres Cristina
Mucha chusma
Tú eres Cristina
Me das pena
Tú eres Cristina
¿Y el cotolengo?
Tú Eres Cristina
Toma un caramelo
Tú Eres Cristina
Llamaré a la policía
Tú eres Cristina
No soy racista, pero…
Tú Eres Cristina
Hendricks
Tú eres Cristina
¡Ni se te ocurra!
Tú Eres Cristina
Je ne comprends pas
Tú eres Cristina
Hare krishna
Tú eres Cristina
Gilipollas de mierda
Tú eres Cristina
Mandril
Tú eres Cristina
Asco
Tú eres Cristina
Vete al Pryca
Tú eres Cristina
Grima
Tú eres Cristina
Yo soy Isabel la Católica
Tú eres Cristina
Impresentable
Tú eres Cristina
Mócate niñato
Tú eres Cristina
Pírate capullo
Tú eres Cristina
¿Qué quedo del darwinismo?
Bajó en la periferia, siempre quedarán
apestados que apuntar con el dedo
y calmar vuestras neurosis, siempre un cabeza
de turco dará fe del miedo occidental al
extraño, abrupta deformidad que aceptáis
llenándoos la boca de tolerancia
ornamentada en un bonito púlpito
con estatuillas, blasones distintivos
para apaciguar un malestar que os carcome
en la pocilga inconsciente de la tradición,

Sacra conversazione

La moreneta era mi novia,
no, era tu amiga con derecho a roce,
telepatía sacrosanta, romance en conserva,
velas virginales, cima mística
nos privaron de ser un dúo pimpinela
ojala bailáramos, Moulin Rouge
Come what may…
untarte mermelada en tu beatitud,
que me clavaras la lanza en la sacristía,
lamento la dureza de las despedidas,
pero regreso cuando otros aterrizan
para ocupar mi trono en el low cost
de la esclavitud posmoderna enladrillados
en la culpa que alimente barrigas y sombreros de copa
y dé otros créditos diametralmente opuestos al
de tu ostracismo sin Dios, amén,
¿Cómo es que había más monjas que negros?

Autopsia

con su pan se lo coman, en Madrid
una forense diseccionó lo auténtico de mi carcasa,
testa y tibias, ridículo féretro
que en Botswana sentó como unos callos
a las siete de la mañana, vergüenza histórica
matizada con honores de jefe estatal, capilla ardiente
El negro era de España
vino con un aeroplano de los bóers
y una lápida con faltas de ortografía
rememorando una injusticia redundante,
irremediable por mucho que mis huesos descansen
en un hoyo inabarcable, veneráis el boato
persiguiendo bosquimanos porque los diamantes
son los mejores amigos de la mujer
y no hay reserva que valga, es más práctico
emplear genocidios, cortar suministros
acuíferos, cancelar curtidas propiedades intangibles
y traicionar la raíz en la homologación del cangrejo
que se chuta Alzheimer, minotauro del laberinto
en la plataforma de un íncubo cúbico llamado Historia,

The end

Drogba, Emana, Weah, Milla,
un decenio después del sepelio soy un córner
futbolístico, verticalidad ágrafa, amnesia,
prescripción médica de merchandising
en las camisetas de los jugadores,
Incautos metecos que en la adoración
a sus ídolos sedan la ética acumulando
basura en el saque, navajas, caramelos,
y cucharas que en el consumo consuman
el epitafio porque sus sabios diagnostican
que el futuro no tiene ayer.