jueves, 12 de enero de 2012

Trifulca a la vista de Nancy Mitford en Revista de Letras




Recuperar clásicos con inteligencia: “Trifulca a la vista”, de Nancy Mitford
Por Jordi Corominas i Julián | Portada | 9.01.12



Trifulca a la vista. Nancy Mitford
Introducción de Charlotte Mosley
Traducción de Patricia Antón
Libros del Asteroide (Barcelona, 2011)




Una de las críticas más lógicas y consistentes en relación al boom de las editoriales independientes es que priorizan una labor arqueológica consistente en rescatar clásicos olvidados y olvidan la promoción de autores nacionales que claman por una oportunidad en un desierto muy poblado. Sin embargo, cuando un sello publica obras que trascienden un mero valor textual y advierten de problemáticas históricas la cosa cambia y la recuperación adquiere pleno sentido.

Es el caso de Trifulca a la vista de Nancy Mittford, editada por Libros del Asteroide. La historia del volumen esconde conflictos familiares y uno de los episodios políticos más ignorados del camino europeo hacia la barbarie de los años treinta, tan peligrosos e idóneos para advertir de peligros que todos corremos hoy en día si la crisis toma derroteros poco deseables desde el radicalismo.

Reza el tópico que Inglaterra es un oasis democrático imposible de hundir, una mina de oro que encarna válidos valores inquebrantables. Pese a ello, un pequeño grupúsculo de la otrora Pérfida Albión sucumbió a los encantos de Adolf Hitler y su pomposo Tercer Reich. Oswald Mosley fundó la Unión Británica de Fascistas en 1932. Por suerte, el parlamento prohibió todo acto paramilitar en 1937 y los cincuenta mil afiliados del movimiento devinieron marginados en una escena que ya se preparaba para la llamada de las armas.

¿Cómo afecta todo esto a la intrahistoria de Trifulca a la vista? Dos de sus hermanas visitaron Núremberg, asistieron a una concentración nazi y se unieron a la causa. Diana, casada con un Guinness, se divorció de su marido para esposar al líder fascista. Unity, en perpetua contradicción entre su nacionalidad y su ideología, se mudó a Múnich en 1934 para aprender alemán, e intentó suicidarse en 1939, falleciendo en 1948. Ambas hermanas tuvieron un papel decisivo en la postura de Nancy de no reeditar su novela tras la Segunda Guerra Mundial, lo que conllevó que un libro publicado en 1935 sólo viera la luz durante siete décadas en una edición norteamericana de bolsillo de 1976.

La opción fue personal. Si quieren saber más les recomiendo la lectura de la introducción de Charlotte Mosley, clara y precisa en todos sus elementos y explicaciones. Yendo a la novela cabe decir que quien conozca un poco la constante trayectoria de Nancy Mitford no se sorprenderá en exceso con esta wodehousiana comedia de enredos ambientada en la campiña británica en la que confluyen delirios, compromisos, juegos de identidades, provincianismo, engaños y la típica serie de ingredientes de este tipo de composiciones.



Noel Foster es un joven que recibe un golpe inesperado de la diosa fortuna en forma de herencia. Los centenares de esterlinas merecen la oportunidad de un matrimonio que incremente su patrimonio por lo que contacta con su viejo amigo Jasper Aspect, un crápula de la mejor calaña, para pedir consejo, lo que conllevará un viaje al pueblo de Chalford, donde reside Eugenia Malmains, una adolescente que confunde su noble ascendente con el órdago de montar una revolución con tufo nacionalsocialista con sus escasos camisas tricolores, causa a la que se unirán los diversos personajes de la trama por inercia y abulia, como si los dones del villorrio se limitaran a esas diversiones que en realidad se expanden hacia otros senderos. En la posada hay dos chicas de buena familia con las que tontear, y cuando avance la narración aparecerá la belleza local, que casualmente es amiga del grupo vanguardista del lugar, desternillante parodia de Bloombsury que la autora usa indirectamente para reivindicar una literatura de entretenimiento que aúne calidad y risas por doquier.

Noel y Jasper lucharán por captar la atención de Eugenia, pero en su camino se cruzarán piedrecitas que desviarán su atención y proporcionarán los sobresaltos característicos de este tipo de narración, donde el orden de los factores sí altera el producto, pues la velocidad de las metamorfosis y lo inesperado de las mismas propiciará desconcierto a raudales. Las diferentes partes del conjunto irán hilvanándose hasta crear un tablero de relaciones donde los equívocos, las trampas y el secretismo conduzcan a intimidades, promesas e intenciones que estallarán y confluirán en el gran evento, una obra de teatro en el jardín de la mansión que Eugenia intentará aprovechar para ganar adeptos para su alienado sueño, insignificante para Noel, Jasper, Lady Marjorie, Poppy, Wilkins y la señorita Lace, absolutamente entregados a otros quehaceres más románticos o cínicos, todo depende del cristal con que se miren sus procederes.

Entre todos los roles que transitan por Trifulca a la vista cabe destacar la magnífica coherencia de Jasper Aspect. Donde empino el codo, allí me acomodo es su lema, y lo lleva hasta las últimas consecuencias. Su ilustre linaje desentona con su cochambrosa pobreza, no así con su clase y elegancia para pegar sablazos, embaucar y llevar la voz cantante en las múltiples conspiraciones que empapan el aire de Chalford. Su prestación es maravillosa y contrasta con la ingenuidad rural de Eugenia Malmains, obviamente inspirada en los ideales de las hermanas de la autora y por lo tanto ridiculizada hasta los topes para criticar su devota afición a banderas y totalitarismos. Dicen que con humor las cosas entran mejor. También suelen hacer más daño. La seriedad abruma y aburre, máxime cuando se insertan en el texto nociones ideológicas. Nancy Mitford lo sabía y no renunció a su inconfundible estilo. El resultado es notable, pero tuvo un amargo desenlace por el rumbo de los acontecimientos y las implicaciones familiares que contenía su manuscrito que en 2012 mantiene su vigencia desde la denuncia formulada con inteligencia y la diversión de todas y cada una de sus palabras.