viernes, 16 de marzo de 2012

Peligro de Extinción en Bcn Mes: Chatarreros S.A.






Chatarreros S.A., by Jordi Corominas i Julián

La crisis de Zapatero la paga el chatarrero. El grito de guerra de los manifestantes del doce de agosto en Madrid era claro. El gremio estaba más que indignado y amenazaba con montar su 15M particular. No saltaron chispas ni llegó la sangre al río. La queja estribaba en que una nueva ley prohibía a tan noble oficio la recogida de chatarra y hierro en la vía pública. ¿Nos hemos vuelto locos? ¿Qué está pasando?

A más crisis más necesidad. El chatarrero no ha muerto, y es más que probable que no tuviera dinero para irse de parranda, aunque todo es matizable, ya saben. Hace cosa de medio año constaté en la Calle Mozart el renacer de tan vetusta profesión. Una furgoneta blanca circulaba por Gracia a paso de tortuga con claras intenciones recopilatorias. Su objetivo era convertir el interior del vehículo en un Diógenes desechable que valoraba cualquier objeto para su posterior explotación. La chatarra es polisémica y ha cambiado su rostro ante los malos tiempos que corren. Los mejores días para desarrollar su tarea son siempre aquellos en los que la gente de bien deposita sus desechos en la vía pública para disfrute del amor a lo gratuito. Muebles, juguetes, bragas, balones y juegos de mesa. El precio va a peso y está al alcance de cualquier hijo de vecino que circule y se encapriche por las bagatelas abandonadas, prendas que, como las monedas, no quieren caer en la nada y desean seguir con vida. No importa la mano que las posea. La clave radica en sobrevivir, bonita metáfora de una época que en apariencia quiere prescindir del lujo y adaptarse a lo básico.

Y el chatarrero lo logra con creces, reconvirtiéndose. No sé si aún existen esos campos repletos de muertos tecnológicos, residuos de coches, lavadoras y utensilios caducados para disgusto del consumidor. Al fin y al cabo el capitalismo es así. Primero llenó su carro, que es el nuestro, con reclamos elementales. Compra lo que requiera tu hogar para su perfecto funcionamiento y serás feliz. Era una economía machista que aseguraba un rendimiento casi a perpetuidad. Cuando el 100% de la población completó el ciclo el viraje ahondó en lo específico. ¿Te gusta la petanca? Tranquilo, tenemos accesorios y gamas avanzadas para el goce de tus sentidos. ¿Quieres jueguetes? Pasea por nuestra tienda, hallarás desde la barbie hasta el monstruo más inexplicable del Planeta. No sufras, el cliente siempre tiene la razón y nosotros estamos aquí para satisfacerte.


Tanta era la dicha que, de repente, los electrodomésticos se estropeaban cada dos por tres, lo que unido al anhelo de novedad y la reducción de las distancias hizo que una nueva generación caprichosa variara sus hábitos de consumo, proceso facilitado por las empresas con programas de puntos y descuentos de pacotilla. El símbolo es el móvil, si bien tal honor podría recaer en una invisible rueda que propicia la interrumpida cadena que nos atrapa y acumula. El mundo como un montón de mierda esparcida en infinitas cuatro paredes que un día estallan y destierran la imbecilidad a un ángulo accesible para el transeúnte aquejado del mismo mal compulsivo.

Quien escribe este artículo es un chatarrero minimalista. Contemplo las estanterías de mi cuarto y tengo extraños peones de ajedrez, detectives en miniatura y hasta mi última adquisición, un libro de 1912 en alemán sobre la guerra franco-prusiana que alguien arrinconó al lado de una fuente de mi barrio. Desde luego no era Michael Fassbender. Su personaje en Shame es adicto al sexo y una noche cree eliminar su vicio en una bolsa de la basura repleta de vídeos, revistas y hasta del ordenador que le permite masturbarse con la excelencia de infinitas páginas porno. El destino de tan preciada mercancia es la calle, mercado de lo ajeno y la esperanza de la ganga.

El chatarrero de la nueva era no tiene escrúpulos y gusta de ser hormiguita. No entiende de darwinismos. Luce en su automóvil informaciones inútiles escritas con clamorosas faltas de ortografía que no reproduciremos por pudor. Nombre. Número de teléfono. Aceptamos cualquier tipo de mercancías. A diferencia de los demás bípedos actúa en grupo en su misión higiénica de arramplar para su negocio, principal causante del actual auge de los otrora conocidos como rastros o encantes, Ikeas del cutrerío que son cool porque así lo hemos querido en la máxima del bueno, bonito, barato que nos acerca a lo tercermundista con máscara de estar a la última. Unos siembran, otros recogen y lo vintage en mesas horteras justifica no identificarse con los vendedores que despreciamos mientras desarrollan su actividad de caza y pesca, jara y sedal.

Total, quien tiene billetes se siente poderoso pese a perpetuar la mediocridad en la sagrada cuerda del timo de la estampita lavado con Perlán.

Ilustración: Nil Bartolozzzi