miércoles, 29 de julio de 2009

Los Buddenbrock de la realidad: La familia Wittgenstein en Culturalia



Resulta divertido y desesperante pensar que los hitos literarios del siglo pasado son ornamentos de estantería, nombres apabullantes ignorados por el lector, herido de muerte por la banalidad sintética del dos mil. Por ello quizá convendría sacar el polvo a muchas obras maestras que permitirían un avance, pecando de optimista, de la humanidad hacia el conocimiento de sus fronteras y posibilidades. Joyce y Proust son monumentales, pero quizá la obra más pura del ignorado y mencionado sancta sanctorum sea el Tractatus de Ludwig Wittgenstein, filósofo incomprendido, máximo representante póstumo de su familia, una de las más complejas e interesantes de la brillante Viena austrohúngara, mundo de ayer que dio paso a una civilización europea abocada al suicidio.
Alexander Waugh ha trazado con su ensayo un cuadro casi perfecto de las vivencia de un grupo humano árido, marcado por las costumbres educativas de una cultura basada en la doble moral de expansión intelectual y silencio casero. La falta de afecto paterno, subsanado con la música, se tradujo en carreras dispares caracterizadas por su singularidad. El padre esforzado que tardó en triunfar y revolucionó el mundo del acero aisló a sus vástagos en una torre de marfil donde crecieron desarrollando amplias habilidades que no incluían la sociabilidad, lo que creó seres individualistas, excéntricos y con dificultades para vivir la vida en condiciones normales. De los ocho hermanos Wittgenstein, tres se suicidaron y dos más contemplaron esa vía como solución para terminar con su sufrimiento existencial.
Los Wittgenstein vivieron su época como si fueran espejos de la misma. La primera parte de esta biografía colectiva capta el ambiente de la Viena finisecular, verdadera capital del Viejo Mundo, vivero de novedad y emociones vertidas en el conocimiento del límite. La familia goza de su bonanza económica y los retoños van forjándose en la dificultad de lo plácido. Ludwig es el paradigma de lo versátil desquiciado, Paul es el esfuerzo, Herminie la sumisa, Kurt el díscolo y Gretl la chica rebelde con gusto que se casa con un americano desclasado por amor y desafío a la tradición. Los dulces fuegos de esta primera fase se clausuran con la muerte del padre, el asesinato de Sarajevo y el estallido de la Primera Guerra Mundial, contienda que causará furor nacionalista entre el sector masculino del clan, abocado al frente y perdedor de lo perdido entre derrotas morales, brazos amputados, mística del combate y suicidios pocas horas antes de la paz del desmoronamiento.


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