jueves, 30 de julio de 2009

Radiografía de lo absurdo: El miedo de Gabriel Chevallier en Culturalia


“Jesucristo reveló al mundo esta verdad: que la patria no lo es todo y que el hombre está en primer lugar y por encima del ciudadano”.
Renan
Imagínense vivir en un mundo estático, donde los valores culturales son sólidos y no nunca ocurre nada. De repente, este universo calmo se ve erosionado por la locura estatal. Todos los países poderosos se declaran la guerra y usted- sí, el que lee esta reseña- es llamado a filas para combatir en la defensa de una bandera que es la suya, pero que le importa poco, porque al fin y al cabo prefiere seguir yendo al bar de siempre y trabajar antes que llenarse un uniforme de barro y malvivir durante años en una trinchera.
El miedo, uno de los fenómenos cualitativos de la temporada literaria, es una novela sobre la demencia que significó la primera conflagración mundial. Una de las primeras escenas del texto simboliza su intención: se abren las hostilidades, el pueblo sale a la calle con fervor patriótico. Un hombre desentona, no comparte la emoción. Los demás se abalanzan sobre él, lo golpean y se van triunfantes, como si su acto hubiese salvado a Francia de un demonio superior. Actitudes patéticas, bailes repetidos. Cuando el protagonista del relato va al frente se sumerge en su inercia, basada en órdenes, esperas y temor.
Siempre me hizo sonreír, hasta que constaté la cruda verdad del tópico, la frase mi universidad es la vida. Para los hombres de 1914 la guerra fue la mejor clase. Chevallier tiene una prosa lírica que funciona sola por la crudeza de lo narrado. Aturde la descripción de cadáveres putrefactos, impresiona el padecer bajo tierra y cautiva la filosofía general del relato, un canto casi cósmico al uso de la razón como medicina contra la barbarie. Asimismo se traza una línea que hermana la vivencia cotidiana con la evolución cronológica en sentido histórico. Los jóvenes parecen combatir en dos campos de batalla. El primero tiene carácter oficial y se mueve poco, escasos metros ganados en hoyos mortales que alteraron el ritmo bélico conocido hasta la fecha. El segundo discurre por picaresca y se centra en los intentos de los más avispados para evitar misiones de cartas marcadas y cruces de cementerio. Dartemont comprobará entre estos dos ríos como la guerra pervierte el orden y la mentalidad de las personas, capaces de sucumbir y renunciar al ideal, consecuencia del trauma de perder lo mejor de la existencia por servir al desagradecido Estado, vencedor del envite por desgaste, no por valor marcial de las tropas, lo que implica una profunda reflexión sobre el cinismo de las autoridades y su control absoluto en lo concerniente a la ciudadanía, peón útil cuando toca al que no se le daba nada como contrapartida a su desinteresado y obligado esfuerzo.


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