jueves, 22 de octubre de 2009

19 y Gertrude Stein en Calidoscopio


Por Jordi Corominas i Julián


La barba del abuelo era dura y tiesa.
Motivo de su quinto divorcio en forma aviesa.
(Anuncio norteamericano de navajas de afeitar)


Podrían ser 2, o 4, o 48948494849, pero elegí 19 porque es un número primo y sé que a Gertrude Stein (1874-1946) le gustaría en su obsesión por asesinar lo decimonónico. Fue una pionera en inventarse su personaje y transmitirlo a los demás, que desde un primer momento la consideraron una visionaria tanto por su infumable estilo literario como por su atinada visión para con el cubismo. El siguiente artículo no pretende sentar cátedra de tanta vida, sino simplemente mostrar algunos retales que permitirán entender al lector lo fascinante de una agitadora instalada en una butaca en algún lugar de Francia, preferiblemente París.

1. Gertrude y su ego: Creció a caballo entre América y Europa y pese a tener unos padres incultos, y cargados de dinero, logró adquirir un envidiable bagaje mediante su extrema voracidad, compartida hasta 1913 con su hermano Leo, un neurótico empedernido que descubrió, entre otros, a Henri Matisse y a un tal Pablo Picasso. Gertrude era lesbiana y vivió desde 1908 con Alice B. Toklas, quien desde un principio la consideró un genio y se entregó a su causa como esposa devota y servicial. La Stein opinaba que ser un genio es muy cansado y en ocasiones tienes que pasar muchas horas sin hacer nada. Era imprevisible y así cimentó su encanto.

2. Pablo Picasso: Congenió con la norteamericana desde un primer momento, y sólo dejaron de hablarse durante un año, sin que ambos supieran muy bien el motivo. Para justificar su amistad Gertrude decía que cuando un ser humano existe en relación al mundo más que consigo mismo se aproxima al genio. Se tuteaban y su relación pasó a la historia del Arte por el amor que ella sentía por los lienzos del malagueño, quien pintó su famoso retrato de Gertrude Stein entre 1905 y 1906 tras noventa sesiones en el Bateau Lavoir, donde posaba sentada en un viejo sillón destartalado al que le faltaba una pata. El pintor le decía que no la veía cuando la miraba y la famosa máscara cubista que engrandece la obra fue siempre del gusto de su propietaria: “Para mí, ésta soy yo, y es la única reproducción de mí en que siempre soy yo”.

3. Henri Matisse: Fue quien primero prendió la mecha de la nueva pintura y así lo captó Leo Stein, enamorado de la obra del maestro al igual que su hermana Sarah. No sabemos si fue por contraposición, pero Gertrude no lo adoraba en exceso, si bien propició el encuentro con Picasso, y aún menos a su esposa, a la que describió en su Autobiografía de Alice B. Toklas como una mujer morena muy recta de cara larga y una firme boca que colgaba flojamente como la de un caballo.

4. Juan Gris: Stein quedó prendada de sus cuadros y esperó en vano el éxito para su amigo: la muerte le sorprendió antes de poder saborearlo como merecía.

5. Rue Fleurus 27: Residencia de Gertrude y Alice en París hasta 1937, cuando el propietario de su apartamento les instó a mudarse porque necesitaba la casa para su hijo. Fue su guarida, el hogar donde los sábados adquirieron condición mítica por las cenas que organizaban, donde se reunía la flor y nata del París, en su mayoría extranjeros, pues Gertrude aprendió poco y mal el francés. Ella ejercía de marido y disertaba con los hombres, dejando el papel femenino a su querida amiga y amante, quien con el paso del tiempo logró voltear la tortilla desde su teórica sumisión, factor que en ocasiones, si se aplica con sutileza y conocimiento, puede decantar la balanza entre cocina, saber estar y amor, mucho amor.

6. Sylvia Beach: Abrió la extraordinaria librería Shakespeare and Company en 1919 y Gertrude fue la primera escritora estadounidense que la visitó, llegando a escribir un poema, Rich and poor in english, para estimular a la comunidad anglosajona a suscribirse al nuevo negocio. Sylvia pensaba que su compatriota no tenía interés por los libros, sólo por los suyos. De 1920 a 1922 su lesbianismo compartido logró, unido a la fama de Stein entre los visitantes norteamericanos en París, que su amistad se mantuviera a flote hasta que la librera editó el Ulises de Jaime Joyce. En 1940 tuvo la gentileza de pasar tabaco desde Suiza para satisfacer el vicio de Alice B. Toklas, fumadora recalcitrante.

7. James Joyce: Dos egos inconciliables. Gertrude afirmaba que la gente que huele a museo es aceptada y la nueva no lo es. Al considerarse la renovadora de la literatura contemporánea envidiaba el sufrido éxito del irlandés errante. Coincidieron en una ocasión, les presentó Sylvia Beach y entablaron un brevísimo diálogo. Ella le dijo después de tantos años, él respondió que siempre les vinculaban, la Stein siguió con la coincidencia de vivir en el mismo barrio y ante el mutismo de Joyce se giró para proseguir su verborrea con un californiano.

8. Ezra Pound: Se conocieron en casa de una amiga y Pound habló de grabados japoneses y de T.S. Eliot. Gertrude lo consideró un charlatán pueblerino, sobretodo cuando en otro encuentro en su casa se cayó de una silla y rompió la pata trasera. Fue el fin de su relación, pues, pese a resultarle simpático a Alice, no volvieron a dejarle entrar.

9. Ernest Hemingway: Se entendieron a las mil maravillas hasta provocar los celos de Alice, confirmados por una carta de Hem donde afirmó querer follársela, si bien la epístola es de 1948 y puede ser una machada del ilustre escritor. Gertrude sentía debilidad por sus ojos apasionadamente interesados, más que interesantes, y el autor del Viejo y el mar veía a la gran mujer como un ángel de hermosas pupilas similar a una campesina friulana que con el agriarse de la relación se convirtió en un emperador romano que percibía a su antiguo protegido como un homosexual reprimido. Se reconciliaron brevemente al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

10. Francis Scott Fitzgerald: Se conocieron a través de Hemingway justo después de la publicación de El gran Gatsby y ella lo comparó con Thackeray; toleraba sus borracheras hablándole normal y alabó Al este del Edén pese a considerar que aún podía dar más de si y escribir algo más grandioso. En 1932 Fitzgerald le envío un ejemplar de Suave es la noche en el que escribió de su puño y letra si finalmente su nuevo libro era el había pedido años atrás, cuando París era una fiesta.

11. Sherwood Anderson: Creía en lo pionero de la obra de Gertrude y ayudó decisivamente a su amiga con su prólogo de la edición americana de Geography and plays. Fue de los pocos que resistieron en el círculo dorado de la gran dama, seguramente por vivir a más de nueve mil kilómetros de distancia.

12. Monsieur Pernollet: Descendía de una familia de chefs y poseía un Hotel en Beley, en el Valle del Ródano, donde Gertrude y Alice pararon en 1924 durante una visita a Picasso en Antibes. Pernollet acuñó la expresión une generation perdue al estar convencido que los hombres se volvían civilizados entre los dieciocho y los veintiséis años de edad, lo que no pudieron catar los combatientes en la Primera Guerra Mundial. Gertrude se la repitió a Hemingway y el resto es historia.

13. Paul Bowles: Nuestras amigas se enamoraron del Valle del Ródano y en 1928 vieron una casa en Bilignin. Estaba alquilada a un oficial francés, y dicen las malas lenguas que Gertrude movió sus influencias para conseguirle un ascenso en el extranjero. Consiguieron su objetivo y se instalaron en la finca en la primavera de 1929. En 1931 les visitó el joven Paul Bowles, a quien Gertrude llamaba Freddy porque pensaba que ese nombre le iba mejor que Paul. El pobre convivió con ambas y padeció los ejercicios matinales a los que le sometía su anfitriona, consistentes en hacer correr al perro Basket para que se secara. Asimismo Gertrude aconsejó a Bowles irse a Tánger, decisión capital en la vida del escritor.

14. Cecil Beaton: Se alojó en Bilignin con Francis Rose justo antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Un día salió a pasear, harto de estar encerrado. Llovía y los senderos eran un laberinto en miniatura. Se perdió y halló refugio en una casa donde estaban asustadísimos por la inminencia del conflicto. Gertrude y Alice salieron en su búsqueda y dieron con él después de aporrear el claxon y gritar su nombre. ¿A quien le importa la guerra si hemos perdido a Cecil Beaton?

15. Los automóviles: Gertrude aprendió a conducir en el taxi de su amigo William Cook. Le gustó la experiencia y en 1917 pidió una camioneta Ford con la que recorrió Francia durante la Primera Guerra Mundial distribuyendo provisiones hospitalarias. Nunca supo permanecer en un carril ni a dar marcha atrás y sus conocimientos de mecánica eran nulos, por lo que siempre pedía ayuda a cualquier hombre, como si estos fueran consumados expertos en mecánica. Aprovechó con fruición sus posteriores automóviles para escribir en su interior, y no penséis en coches repletos de letras, ya me entendéis.

16. España: Alice era una fanática de nuestro país, visitándolo con Gertrude en varias ocasiones e instalándose en Mallorca durante los primeros meses de la Gran Guerra. En Burgos confundieron a nuestra protagonista con un sacerdote y la gente le pedía limosna. Según la Toklas no hay melón como el español.

17. La fama: Los carteles luminosos de Times Square anunciaron su llegada a Nueva York. Cómo si no lo supiéramos, dijo Alice. Gertrude adquirió renombre mundial en 1934 con la publicación de Autobiografía de Alice B. Toklas, única obra que escribió con puntuación ortodoxa. Ansiaba la fama y al lograrla se sintió satisfecha por hacer feliz a los demás, aunque también compadeció a sus amigos que no la alcanzaron en vida.

18. Pierre Balmain: Su madre tenía una tienda especializada en Aix en Provence y Gertrude le compró pañuelos de seda y medias de lana, sus preferidas. Durante la Segunda Guerra el futuro diseñador de moda solía pasar por su casa para dejarles agujas de zurcir y algodones, además de diseñar la ropa de las dos americanas, quienes le ayudaron a lanzar su primera colección en París.

19. Estados Unidos: Tuvo una relación contradictoria con su país natal. No lo pisó en 31 años, aunque en su retorno en 1935 fue agasajada e idolatrada. Ella se lo pasó en grande y mostró siempre su amor a las barras y estrellas, emocionándose especialmente durante los dos conflictos bélicos que asolaron Europa en la primera mitad del siglo XX, cuando los soldados americanos la visitaban en su casa, como si fuera una atracción turística. En 1944 habló por radio para toda América: “Fue una época maravillosa fue larga y fue desgarradora pero cada día la volvía más larga y más corta y ahora gracias a la tierra que me vio nacer y a la tierra que me adoptó somos libres, viva Francia, viva Estados Unidos, viva las Naciones Unidas y por encima de todo viva la libertad, estoy en condiciones de deciros que la libertad es lo más importante del mundo más importante que la comida y la ropa más importante que cualquier cosa en esta tierra mortal, os lo digo yo que pasé cuatro años con los franceses bajo el yugo alemán.”

Que quede claro mi ausencia de responsabilidad para con su puntuación. ¿Vale? ¡Viva Gertrude!


http://www.panfletocalidoscopio.com/2009/07Septiembre/Letras08.html

7 comentarios:

u minúscula dijo...

Corominas toca todos los palos!

Anónimo dijo...

Y el misterio de quien es u minuscula,jejeje

Anónimo dijo...

En el segundo párrafo, o en el párrafo número 1 Usted dice "un tal Picasso".

De todos los personajes que menciona Usted en esta entrada ninguno de ellos le llegaba a Picasso ni a la suela del zapato!!

Jordi Corominas i Julián dijo...

estimado anónimo,el tal Picasso está escrito de manera totalmente irónica, soy un gran admirador de Picasso y lo he mamadado en casa desde pequeño, así que eso no se discute

Anónimo dijo...

Corominas responde como anonimo y con nombre!

ScrinS dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
u minúscula dijo...

corominas es la polla!