martes, 13 de octubre de 2009

Los forzados de la carretera en Culturalia


Los forzados de la carretera, Tour de Francia 1924 por Jordi Corominas i Julián


Albert Londres, Los forzados de la carretera, Tour de Francia 1924, Melusina, Barcelona, 2009, pp. 124
Traducción y notas de Joan Pere Escrig
ISBN 978-84-96614-75-8

Julio es mes de ciclismo desde 1903, cuando el periódico L’Auto inauguró el Tour de Francia, que en su última edición nos regaló un incontestable triunfo de Alberto Contador en su doble lucha contra el asfalto y la presión de Lance Armstrong, campeón ególatra a la americana, capaz de volver después del retiro para impresionar a un mundo que ya difícilmente se sorprende.
En 1924 las cosas eran muy diferentes. Los atletas que se atrevían a desafiar las pendientes y la canícula gala eran hombres de carne y hueso que se preparaban para un desafío abominable, hombres sujetos a estrictas normas de competición y a kilometrajes que hacían de cada etapa una odisea de más de quince horas sobre el sillín. El periodista Albert Londres, fallecido sin dejar rastro en 1932, recibió el encargo de seguir la carrera para Le petit parisien. Sus crónicas son pura investigación desde un punto de vista desenfadado y cercano, artículos escritos para que la gente de la calle pudiera sentir las evoluciones de La grande boucle en forma de epopeya desdramatizada.
Los protagonistas de los textos que ha editado Melusina eran deportistas que nada tenían que ver con los productos de laboratorio que llenan hoy páginas y páginas de los más importantes rotativos. Henri Pélissier ganó el jersey amarillo en 1923, pero en 1935 fue asesinado por su esposa. El italiano Bottecchia ganó las dos siguientes ediciones y fue lapidado en 1927 porque un campesino lo vio sospechoso de robar en su viñedo. Héroes que la historia ha olvidado en beneficio de sus herederos, favorecidos por la explosión del periodismo posterior a la Segunda Guerra Mundial.
Los ciclistas de 1924 malvivían de lo lindo. Para paliar su dolor ante tanto sufrimiento usaban todo tipo de sustancias. Cocaína para los ojos, cloroformo para las encías, pomada para las rodillas...remedios insuficientes para frenar la caída de las uñas y el sentir la carne ausente del esqueleto, chupado y deshidratado por el esfuerzo y las calamidades de la ruta.


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