viernes, 8 de abril de 2011

Crónica del show loopoético en El Colmado, jueves 7 de abril de 2011




Pasa el tiempo, y para los loopoetas estar más de diez días sin pisar el escenario se hace extraño, mucho. El pasado jueves 7 de abril volvimos a la carga en El Colmado, un acogedor local del Raval. Jean Martin du Bruit aterrizó en primera instancia y lo encontró sin mucha dificultad, aunque antes de su aterrizaje tuvo que sortear coches de policía multando a los que no pueden pagar las sanciones, un claro ejemplo de coherencia recaudatoria.


Al llegar a la Calle de la Cera se encontró una reja, cerrada. Al cabo de unos minutos apareció una chica pelirroja. Hablaron, abrieron el garito y procedieron, Jean es obsesivo con los detalles previos al show, a preparar todos los elementos. Durante un breve lapso temieron por el sonido, pero nada, fue una falsa alarma que ocultaba el mayor reto: adaptar el espectáculo a un espacio pequeño que limitaba los movimientos de Lola Farigola, quien a posteriori solventó el asunto con su habitual prestancia.


Otro problema era el horario, medio infantil y en jueves. En próximas fechas os anunciaremos una noticia bastante relevante en relación a la difusión de los eventos. Ayer acudieron veinte personas, una cifra más bien exigua, algo que chirría en relación a nuestros números, que van de 40 a 60 espectadores si exceptuamos el tope que alcanzamos en festivales o en la misa loopoética, cuando acudieron más de cien personas. Estamos muy contentos con la evolución de la propuesta y ambicionamos lugares más grandes, teatros y plateas que amplíen nuestra idea y la lleven al lugar que le corresponde, y eso lo lograremos con más público, si bien el de ayer fue ciertamente excepcional, magnífico.





Los esqueletos colgaban de una librería y la proyección funcionaba. Abrimos fuego con una pequeña introducción y acto seguido Jean Martin, rigurosamente enmascarado, activó sendos play, se acercó al micro y atendió con paciencia la entrega de objetos por parte de Lola Farigola, ya bailona y desatada. Las estanterías ayudaban a concebir una variedad distributiva de los varios gadgets, hecho que por otra parte decidimos para que la pista no añadiera más obstáculos a los que ya de por sí teníamos. Puede, querido lector, que pienses en una crónica triste. Todo lo contrario. Cerdos y corazones, calaveras, piernas, tibias, muñecas, cabezas policromas. Los objetos reposaban observando al respetable y Jean, de una manera casi perfecta, se quitó su máscara para que el verbo fluyera mejor por el micro, atontado por las bombas, correcto durante gran parte de la función salvo cuando, de repente, se silenciaba y obligaba al poeta a usar su voz prescindiendo de la tecnología. La pequeñez del recinto hizo que fuera suficiente con modular bien el tono para que el discurso consiguiera el impacto requerido, factor acentuado con tretas salidas de la nada que reforzaban la empatía. Entre ellas cabe destacar la aparición de Jean, que seguramente haya muerto con este show porque los dobles nos quitan autenticidad, como si fuera un terrorista explicando el cautiverio del negro en el barco hacia Paris y una segunda ocurrencia en forma de fregona soldadesca que casi hace resbalar a la pobre Laura, quien superó su inicial desánimo para bordar sus partes con versatilidad, una asombrosa capacidad para interpretar los poemas musicados y un repertorio inolvidable, inimitable porque sólo ella es capaz de hacerlo. A veces algunas personas comentan que Loopoesia nace de la mente de Jordi, pero las mismas gentes que opinan así deben saber que sin Laura esto no seria posible porque ella es magia, energía y una potencia física y mental que jornada tras jornada lucha, de eso se trata cuando se trabaja en equipo, para que nuestro sueño sea siempre mejor, y eso es impagable, como muchos otros intangibles comprensibles si se está en el ajo.




Este año, ya lo hemos comentado en anteriores crónicas, sabemos que la suite dedicada al negro de Banyoles siempre sale bien, por lo que la meta es mejorarla tras cada performance. Pasó Barcelona, cayó el confeti de la expo de 1888, navegamos hasta el Pla de l’Estany y la evolución de la raza negra durante el siglo XX, movimos los esqueletos cuando así tocaba e hicimos reír al personal con Carmen de Mairena previo paso por las Olimpiadas de Barcelona. Llegaba la parte difícil, la única que siempre hemos considerado larga por la complejidad que implica. Ya saben. El bosquimano viaja en un camión de mercancías que pincha una rueda al lado de Sagrera. Sus porteadores ven estropeada la ruta hacia el Prat y optan por subir al metro, donde nuestro héroe topará con su igual de la posmodernidad, un retrasado mental que a lo largo de su existencia tuvo un recuerdo especial al conocer a una tal Cristina que obsesiona su cerebro, y eso es lo que la música intenta reproducir en ese fragmento, la peripecia mental en el vagón de un individuo que para los demás es un extraño y da miedo. El pobre, anónimo, repite enloquecido Tú eres Cristina. En los primeros bolos fuimos dando con la tecla justa y ayer la alcanzamos a lo bestia. Mientras Laura ofrecía un festival, Jordi se transformó en un retrasado mental que produjo mucho asombro entre la concurrencia. Rostro desencajado, baba cayendo, temor y silencio. O Steve McQueen, o Steve McQueen….




Se acabó el número y llegamos al amor entre la moreneta y el negro, la parte que quizá más nos gusta interpretar porque tenemos contacto y nos podemos dedicar un poco al teatro, que nunca está de más. Los dos negros de Catalunya se despiden en una sala privada del aeropuerto, sellan su romance y se despiden hasta pronto. La melodía configura una danza que como bien atinó a decir Lucia Martínez debería ser bailada, pues Loopoesia no quiere ser estática, quiere que los asistentes se desmelenen y entierren, lo que con toda probabilidad acaezca en Madrid, su pereza. Hacemos esto para divertir e incitar a la reflexión, por lo que no sorprende que tras el flechazo de Cupido llegue la hora de preguntar Cómo es que había más monjas que negros, cuestión en abstracto, sin cronología ni contexto porque quizá la mayoría sobreentiende de qué narices estamos hablando. Tres personas suben al escenario y cuentan sus vivencias, y es alucinante comprobar como muchos de nuestra generación no tuvieron contacto con hombres de color hasta la adolescencia. Los tres minutos volaron…

Y así resultó que habían pasado más de cincuenta minutos y nos encaminábamos al final. Laura y su jota a ritmo de marcha militar alemana, Jordi y su desnudez concluyendo con el futbol y las risas del balón. Aplausos, muchos, felicidad, infinita. Luego fuimos a cenar al restaurante más barato de Barcelona y hasta brindamos con dominicanos antes de coger los bártulos y descansar hasta mayo, cuando nos espera una semana de aupa con cuatro shows entre Barcelona y Madrid, donde el trece de mayo actuaremos en Fnac Callao.

Estamos contentos e ilusionados. Dentro de poco prometemos notificaros muchas novedades más que suculentas. Colmamos el Colmado.


Próxima agenda loopoética

miércoles 11 de mayo- Elèctric Bar junto a la Patilla y la Visceralidad

Viernes 13 de mayo- Fnac Callao (Madrid)

Lunes 16 de mayo- El Arco de la Virgen

Jueves 19 de mayo- Inusual Project

Loopoesia es amor