miércoles, 25 de noviembre de 2009

Alicia en Westminster en Revista de Letras


Alicia en Westminster por Jordi Corominas i Julián

Un buen día de julio de 1862 Alice Lidell se quedó prendada por la historia que le contó en un bote de remos su amigo Lewis Carroll. El polifacético matemático decidió transcribirla a instancias de la pequeña y de este modo regaló a muchos el maravilloso contagio del país de las maravillas con sus orugas y sus sombreros locos de feliz no cumpleaños. El mejor fotógrafo infantil del siglo XIX completó la saga con Alice trough the looking glass, obra más compleja que aun así logró expandir la leyenda de ese universo surrealista que sigue encandilándonos por su ingenio, válido instrumento alegórico que retrata la realidad desde su delirante hilaridad.

A finales de esa centuria Inglaterra, con permiso de Alemania, dominaba el panorama mundial e intentaba aprovechar cualquier oportunidad para ampliar los dominios de la sempiterna Reina Victoria. El descubrimiento de las minas de oro del Transvaal, la mayor reserva aurífera del Planeta, despertó el interés británico por poseer ese tesoro en territorio de dos repúblicas neerlandesas del sur de África. La mejor solución para obtenerlo era invadir esas posesiones, y en octubre de 1899 la pérfida Albión activó su maquinaria bélica. La segunda guerra de los bóers duró hasta 1902 y supuso un duro correctivo para el Imperio, tanto por las dificultades militares como por los métodos empleados en pos de la victoria, incluyendo, en la estela de los españoles en Cuba, el uso de campos de concentración, donde fallecieron miles de prisioneros enemigos.

La gestión de la contienda provocó duras reprimendas por parte de la naciente prensa moderna, hastiada por los tejemanejes de Westminster, parlamento dividido y en crisis ante la avalancha de calamidades que se cernieron sobre el país durante aquellos años, entre las que cabe mencionar la muerte de la Monarca, el problema irlandés, el fuerte alcoholismo, la extrema miseria del East End londinense y la desunión de la clase política, dominada a nivel electoral por la coalición del partido Conservador con los unionistas liberales. Este gobierno manejó con escasa habilidad la situación en Sudáfrica. Los obsoletos métodos militares y la pésima logística provocaron que durante la primera fase del conflicto las tropas enviadas al continente negro sufrieran severos varapalos por su nula movilidad. Esos y otros reproches inundaron los rotativos de la época, donde empezó a sobresalir Saki con varios artículos de sátira política inspirados en Alice in wonderland. Tales textos se acompañaban de las ilustraciones, claramente deudoras de las de Sir John Tenniel, de Francis C. Gould, que recreaban a las más altas personalidades parlamentarias como si fueran personajes de la famosa novela.

Después de publicar en 2005 los cuentos completos de Saki, Alpha Decay completa el ciclo editando Alicia en Westminster. Aviso para navegantes. Si quieren entender el contenido les recomiendo empezar por el final y leer con detenimiento las notas de Juan Gabriel López Guix, de otro modo corren el riesgo de perderse en un marasmo incomprensible para un español, aunque quizá también para un inglés o un coreano, de 2009. Los artículos, como corresponde a la sátira de actualidad, son muy específicos y ridiculizan la necedad e ineptitud de los dirigentes ingleses. Alicia circula por varios lugares emblemáticos del poder donde formula preguntas e intenta averiguar los entresijos mentales de los personajes que los pueblan. La experiencia la desmoraliza porque a cada paso que da sólo halla vagas respuestas que confirman la nulidad de los mandamases, obcecados en tácticas pasadas y rencillas que son incapaces de resolver. Su visita a Pall Mall, sede del Ministerio de Guerra, ridiculiza a Henry Petty-Fitzmaurice, encarnado en el caballero blanco que lee un obsoleto libro de referencia sobre grandes batallas de la historia y habla francés porque cuando se escribieron los ingeniosos ataques era la punta de lanza del Foreign Office. Otros políticos vilipendiados con astucia son el arzobispo de Canterbury, presentado en las ilustraciones bajo los rasgos de la duquesa, los jefes liberales en perpetuo conflicto, el ministro para las colonias Joseph Chamberlain como la Reina Roja, Arthur Balfour convertido en la Reina Blanca o el excéntrico liberal Rosebery, flamenco perdido que en otra de las sátiras se metamorfosea en el Rey Rojo.



El valor del volumen, editado por vez primera en 1902, reside en ser una rareza bibliográfica que adquiere estatura mediante las ilustraciones de Gould, que a buen seguro harán las delicias de los incondicionales de la niña rubia y despistada. Sin embargo, lo lejano del contexto en que se enmarcan los artículos puede ser un obstáculo para quien lo adquiera pensando desde una perspectiva basada en el mito del emblemático personaje. Tendríamos que inventar la máquina del tiempo y trasladarnos al período en que se escribió el libro para disfrutarlo en toda su plenitud, algo que quizá se lograría si en vez de una edición íntegramente en castellano se hubiese realizado una bilingüe que permitiera captar los matices irónicos y los juegos de palabras de Saki, que en la estupenda traducción española no pueden captarse por las lógicas diferencias lingüísticas y de construcción gramatical, siempre consideré el inglés como más veloz que el castellano, que existen entre ambos idiomas.

Por otra parte Alice in Westminster invita a reflexionar sobre una cuestión que a muchos les parecerá estéril. ¿Quién es el verdadero sucesor de Carroll? Nadie debería escandalizarse si otorgamos tan valioso cetro a John Lennon. Sus libros In his own write y A spaniard in the works tienen la impronta del profesor de Oxford adaptada a la contemporaneidad de un joven inglés que acrecienta estos rasgos en canciones como I am the Walrus, verdadera joya carrolliana imposible de superar al plantearse el lenguaje como un reto repleto de innovación y crítica generada desde el léxico. Saki no puede ser tan rupturista porque se ciñe a seguir el modelo del maestro sin querer trascenderlo, adaptándolo a la sátira para obtener resultados inmediatos que al cabo de cien años adolecen de fuerza y sólo resisten al cobijarse en el seguro manto protector de Alicia.

http://www.revistadeletras.net/alicia-en-westminster-de-saki/

1 comentario:

u minúscula dijo...

Corominas!!!!
Tengo unas medias de tu amiga Alicia