martes, 13 de julio de 2010

La Camarera de Markus Orths en Culturalia


Los objetos, la soledad y lo hermético. La camarera de Markus Orths por Jordi Corominas i Julián

Cada uno se alimenta de sus tradiciones. La mía consiste en reunirme con mis amigos cada martes en un bar para reír, beber e intercambiar opiniones sobre lo humano y lo divino. El segundo día de la semana sirve a la camarera Lynn Zapatek, que no es familiar de nuestro amado presidente ni del teclista de The Doors, para esconderse bajo la cama de una habitación de hotel y espiar al usuario de turno. La chica, ligeramente desequilibrada, es un personaje prototípico de una determinada literatura germana donde destacan los seres sin atributos, personas demasiado normales, anónimas para los demás, que desde su lejanía del mundo acercan al lector a una dimensión desconocida que aturde, desconcierta y, finalmente, sorprende por originalidad narrativa en el planteamiento de situaciones cotidianas que solemos considerar imposibles.

La chica vive sola, se aburre y dedica demasiadas horas a trabajar. Sus sesiones de limpieza le permiten conocer a sus semejantes a través de los objetos de las habitaciones. Asimismo, como todo hijo de vecino, tiene una madre a la que llama puntualmente cada jueves, un antiguo amor y la posibilidad de una vida social que no aprovecha hasta que los martes alteran el orden y convierten una anécdota en obsesión. El debut del escondite coincidirá con la llegada de una prostituta llamada Chiara que dejará su tarjeta de visita en la mesilla de noche. Lynn la cogerá, pulsará las teclas, hablará con ella y entablará, nuevo paso para consolidar la rutina semanal, una relación de pago con la rubia de poco pecho, de quien se encaprichará sin llegar, porque es incapaz de hacerlo, a completar su deseo liberatorio.

Como habrán podido entender, la repetición es clave en la primera novela publicada en España de Markus Orths. A la espera de próximas y anunciadas entregas, alabamos el gusto de Seix Barral al apostar por un autor comprometido con la observación y el detalle. Sin duda, la clave de la narración es la acuciante, un silencioso grito desesperado, soledad de la protagonista, pero que yo sepa, y espero que coincidan en mi apreciación, es imposible desprenderse del entorno que nos rodea, ni los ciegos se salvan de ese lance existencial, por lo que Lynn nos proporcionará una especie de atlas humano trazado a partir de las cosas que halla mientras le da a la bayeta y a los más variados productos químicos. Bolsos, cepillos de dientes, bolígrafos, manchas, sábanas, vestidos, zapatos, pintalabios, maquinillas de afeitar, maletas, condones, tarjetas de metro y cartas. Lynn comete el error de dominar la minucia significante ajena sin seguir la máxima délfica: conócete a ti mismo, o quizá sabe demasiado bien cómo es y eso le produce un miedo insuperable, derrota del individuo que no sabe lidiar con los elementos, iguales para todos, aunque diferentes porque cada cerebro responde al contexto a través de las líneas que traza el camino.

La finura y prestancia del narrador tienen la virtud de sumergirnos absolutamente en un universo hermético, porque al fin y al cabo las peripecias de la camarera entre cuatro paredes simbolizan su cerrazón. El exterior es una presencia aciaga con la que debe convivir e intentar adaptarse. Su fracaso en la labor, su refugio en la cercanía que transforma en abismo, puede resultarnos divertida porque el ritmo del lenguaje empleado por Orths es rápido y vivaz. Dicen que las buenas comedias son las que hacen reír planteando situaciones dramáticas. Hallar un buen ejemplo en la literatura de hoy en día merece un brindis, un abrazo y atender más buenas noticias desde el centro de Europa, inagotable cantera que a sólo puede traernos más perlas como esta novela breve de inmensa intensidad.

Markus Orths, La Camarera, Seix Barral, Barcelona, 2010
ISBN 9 788432 228612