domingo, 8 de agosto de 2010

Boutades veraniegas: The ballad of Andrés and Anna



The ballad of Andrés and Anna por Jordi Corominas i Julián

Marqué in extremis el gol contra Holanda,
fui toda España y mi camiseta imperio
homenaje al amigo, con quien no
pude tomar cervezas en el vestuario
sudafricano, taberna museística, palestra beoda,
ganar bíceps levantando una copa de oro.

Más tarde salimos de Johannesburgo, liándola
parda en el avión, Madrid esperaba, Gran Vías
colapsadas y nosotros borrachos de rojo en el bus,
nadie dijo que fuera fácil, estábamos afónicos
pero nos pidieron garbeo y acepté ser héroe
porque Robert Musil tenía razón.

Como estoy tan blanco quise ir a playas itálicas,
Nadie me reconocía, compré un bañador
de los de paquete, mis gafas de sol
eran Starsky y Hutch, magreos a mi novia
Anna con propinas para el de la mandolina.

Me obligaron a la pleitesía de Albacete,
discursos en el balcón con los de la corbata,
un día haré el saludo fascista, porque seguro
que también aplauden.

Esa misma tarde el taxí nos apeó en Fuentalbilla,
una calle con mi nombre, mi casa con piscina,
escudo de fútbol, vidrieras bizarras
de las que me siento orgulloso a las que ahora,
en la plaza, añadieron una mastodóntica
reproducción del trofeo mundial porque ahora
eso es lo que escribe la Historia.

Me ha llamado el mister y exige mi vuelta,
llevo moreno gamba y paseo de incógnito
por Puerto Banus, eclipsado por la mujer
de Obama para que mi amor
pueda comprarse trapitos.