lunes, 16 de agosto de 2010

Recuperando pasados en verano: Los muertos, representación y presencia del crimen en cine y literatura ( Calidoscopio, mayo de 2007)



Los muertos, representación y presencia del crimen en cine y literatura por Jordi Corominas i Julián

Las palabras que leerán a continuación son fruto del delirio de esa estúpida jornada de cambio horario e inmerecidas ojeras. Nacen de paseos y no pretenden sentar cátedra, pero quizá si avisar a partir de ciertos límites del lenguaje narrativo.
Una historia: En la Roma de 1988 un hombre estaba muy cansado de un antiguo boxeador. Había buscado su amistad encontrándose con mofas perversas. Piero De Negri recordaba y quiso vengarse. Tiempo atrás él y Ricci, ese era el apellido del púgil, se enfrascaron en un fallido golpe. Quisieron robar una tienda de ropa y les salió el tiro por la culata. De Negri pasó diez meses en la cárcel y guardó silencio para encubrir a su cómplice. Cuando vio otra vez la luz de la libertad se encontró con que su amigo le tomaba el pelo cruelmente. Llegó a pegarle delante su querida hija y le robó un equipo de música, su gran pasión. Necesitaba vengarse de esas afrentas. No toleraba la escasa caballerosidad del joven Ricci. Por ello lo convocó a su negocio de lavado canino, contándole una mentira para embaucarlo. En pocos minutos, eso dijo De Negri, llegaría un camello con mucha cocaína. Ricci tenía que esperarlo, darle una buena paliza y coger la mercancía, acompañada de una jugosa cantidad de dinero.


Para que el plan saliera bien tenía que esconderse en la jaula de los perros y esperar. Una vez lo hizo De Negri, quien a partir de ahora llamaremos er Canaro por fidelidad a la historia real, cerró esa falsa prisión y empezó a torturar al engañado. Primero le tiró gasolina. Un preludio. El espectáculo macabro que siguió a la lluvia de fuel constituye una de las pruebas más atroces del salvajismo humano. Er canaro empezó a esnifar como un poseso para dar fuerza a su fuerza destructiva. Los gritos del púgil se desvanecieron con un tajo neto de la lengua. Los dedos se convirtieron en unidades separadas del cuerpo. Er Canaro se fue a buscar a su hijita al colegio. Quería descansar de la sangre y aumentar el sufrimiento de Ricci. Cuando volvió llegó lo peor. El gran desgraciado vio, sin poder protestar ni actuar, cómo la señora de la guadaña se acercaba mediante formas anómalas. Su miembro viril fue amputado y los dedos bailaron sadismo al introducirse en partes del cuerpo que provocaron el fatal ahogamiento, culminado con un lavado de cerebro, previa abertura del mismo a martillazos, con champú para perros. Er Canaro dejó el cuerpo en un descampado y al cabo de unos días su horror fue descubierto. Ya cuerdo, si es que alguna vez lo estuvo, dijo que repetiría el crimen paso por paso.

Posibilidades: He contado la Historia sin ser preciso. He escatimado detalles. En el siglo XVII los dramaturgos franceses ahorraban al espectador la visión de la muerte y el sexo. En el siglo XXI los códigos sexuales y de violencia han sufrido muchas alteraciones. Hay bastante permisividad y la violencia vende. Pero no todo es representable. La literatura puede contar la muerte de Antonio Ricci con pelos y señales, pese al riesgo de una vomitona por la animalada del Canaro, porque las palabras tienen la virtud y el matiz de la descripción, sirven para precisar y apuntalar detalles contados en función del estilo del narrador. ¿Podría el cine contar una historia como la del crimen de la lavandería canina? No. La historia puede resultar apasionante, pero existe una ética de lo visual que imposibilita narrar determinadas cosas. No me imagino a ningún director tan valiente como para coger la cámara y mostrar paso a paso las varias amputaciones, la ira del cocainómano asesino y su paz por la obra perpetrada. La idea exigiría dosis de coraje y una minuciosa trama narrativa basada en la alternancia entre planos cortos y otros más largos donde se mostrara el sufrimiento de la víctima –con su cuerpo despedazándose al ritmo del verdugo– y la ira del monstruo de la Magliana. Escribir que er Canaro introdujo los dedos de su enemigo en la boca del mismo para ahogarle es una frase. Visualmente es una atrocidad que nos remitiría al cine gore.



Significados: Con ello llegamos al quid de la cuestión. Según mi modesto parecer un buen escritor puede lograr generar ideas con una narración cargada de sangre. La moraleja de la historia contada en este artículo, más siendo verdadera, es constatar como un ser normal puede convertirse en un monstruo humano. En el cine el significado sería el mismo, pero se acusaría al director de obsceno y otras cosas aún más graves, mientras que el escritor gozaría del beneplácito de la crítica al tener la brillante idea de plasmar a nuestra sociedad enferma mediante la acción de un ser normal y corriente, un hombre cómo tú, yo, el vecino y esa chica que tanto te gusta y que ves cada día en el autobús. ¿Injusticias de la estética? Sí y no. El camino se mueve más hacia la diferencia del lenguaje –como es, como se usa- en distintas formas narrativas. Cuando lees ves lo que tu imaginación produce según el son de los vocablos. En el cine la imagen surge sola, y si bien puede insinuar en determinados casos como el explicado tiene que ser directa porque sino las claves de la trama quedarán debilitadas. ¿Cómo sería una película sobre el crimen de er Canaro sin la representación del mismo? Un imposible.

Misterios: Quizá todo este texto sea una perfecta puesta en escena de mi condición europea. Un americano no pensaría así. Aplicaría determinados mecanismos, sin más. La historia saldría, la polémica nacería y el dinero correría a raudales, como ocurrió, ¡vean la diferencia!, con La pasión de Cristo de Mel Gibson, texto fílmico que en su versión literaria, amén, es el libro más leído de la Historia de la Humanidad y uno de los tres pilares fundadores de nuestra civilización occidental.
Personalismos y límites de la imagen: Si la obra de Gibson es polémica y diametralmente opuesta, aunque parecida, al libro de libros es por la visión personal del autor, algo importante si diferenciamos límites entre cine y literatura. Truman Capote pudo contar el aniquilamiento de una familia en A sangre fría, mientras que las películas que han centrado su atención en el tema cuentan el hecho, pero no lo muestran directamente. Diferencias de estilo y ética.

Ética: El otro día constaté que en mis escritos sólo hay muertes naturales. En breve escribiré sobre un crimen. ¿Significa un cambio en mi personalidad literaria? ¿Hay diferencias entre los autores que matan y los que prefieren el simple paseo de la vida? Sí, aunque algo me dice que la línea es muy fina. Como he dicho anteriormente, olvidándonos por un día de la estructura técnica, todo depende de qué quiera contarse y, sobre todo, pero todo son opiniones, de las ideas que el texto quiera verter en la testa del lector. Un muerto puede ser un mero cadáver o una teoría filosófica.