domingo, 6 de marzo de 2011

Crónica del segundo aniversario loopoético, viernes 4 de marzo, Inusual Project






Crónica del segundo cumpleaños loopoético en Inusual Project, viernes cuatro de marzo de 2011


Sí, parece increíble, pero Loopoesia ya cumplió dos años. Ha sido todo tan intenso que parece que haya transcurrido mucho más tiempo. Más de cuarenta shows contemplan a Lola Farigola y Jean Martin du Bruit, bailarina y alocado performer que se mueven en el escenario al son de la música, poemas y proyecciones engendradas por el caballero invisible, Jordi Corominas i Julián. Aprovechando que es puente decidimos entrevistar a Inusual Project para que nos contara un poco cómo fue la mítica noche del pasado viernes.


¿Pensabas que el Looproject de cumpleaños tendría tanto éxito y calidad?


Me gusta esa pregunta. La verdad es que como local ya he acogido muchas veces a Loopoesia, y claro, ya sabes, los shows anteriores eran buenos, pero el de este año es sensacional, hace que pienses más allá de la actuación. Eso está genial, aunque lo más importante fue la calidad previa, aunar en una misma noche tanto bueno es realmente muy complicado.

¿Por dónde quieres empezar?

Por los poetas. La velada pudo empezar con puntualidad porque el público no se colgó como en otras ocasiones, eso también es de agradecer. Respetable bueno, entregado, participativo, lo que sin duda ayudó a que los tres chicos ganaran confianza en su recitación. Alex Reig es muy bueno, lo sabíamos desde su debut entre nuestras cuatro paredes el pasado diciembre. Tenía la voz quebrada. ¿Y qué? Recitó con aplomo, tiene voz y sus versos calidad. ¿Qué más quieres?

Dímelo tú.


A J y Sergi Siendones. Ambos espectaculares. Inauguran su trayectoria poética, tienen menos de veinticinco años y un desparpajo que ocultó perfectamente su timidez, que haberla haila. Lo mejor de todo fue notar que desarrollaron su talento con pasmosa naturalidad.



Oiga Inusual, esto parece un anuncio de compresas, todo perfecto, hasta da la sensación de ser una promoción publicitaria.

A veces los astros se alinean y conceden a los mortales un poco de su gracia. El único que la cagó durante el recital fue Corominas.

¿Pero no dicen que es un buen poeta?

Luego lo demostró. Estaba de los nervios, como si fuera su cumpleaños.

Lo era

Del proyecto que integra junto a Lola Farigola, perdón, Laura Fillola. Cuando terminó el recital quiso recitar del tirón la canción del travesti y se lió, aunque luego la dijo bien en privado junto a varios espectadores que se fueron con él de parranda. La transcribimos porque merece la pena.

Cien travestis por barra
Pecho en popa a toda juerga
No corta bar sino fela
Ese travesti arlequín
Mabel travesti la llaman
Por sus hormonas temido
En todo bar conocido
De uno a otro confín.

Sí, así es, es de Las nocheviejas del Patriarca. ¿Qué pasó después de los poetas?


Laura no está, Laura se fue. No la bailarina. Hablamos de la teclista y co-cantante de Weissmax, grupo que también debutaba. J, el mismo que antes leía con garbo sus poemas en el móvil, con su carisma y potencia en el escenario a través de una guitarra, Max apabullando con su temple, voz y presencia escénica. Laura espléndida con su arrojo vocal y virtuosismo en el piano. ¿Se puede pedir más? Sí, verlos en directo y que repitan las veces que quieran. Son un grupazo, de lo mejor que he visto en años, y no exagero.






¿Y puedes argumentar algún motivo para que nos creamos similar afirmación?

Mira, soy un garito pequeño, había unas sesenta personas que iban y venían. La clave está en la energía que transmitieron todos en sus actuaciones, se respiraba en el aire, la atmósfera estaba viciada positivamente.

¿Y ocurrió lo mismo con The non catholic belgian practitioners?

A ver, claro que sí. Sarah y Nathan son bestias vocales, su combinación es letal porque se complementan uno al otro. Cantan covers y las hacen suyas sin problemas, sólo con sus guitarras y sus cuerdas vocales. Fueron el preludio perfecto para lo que se avecinaba.

¿Loopoesia?

Un ciclón.

Farigola y Jean Martin du Bruit comentaban que el ambiente era el de las grandes noches.

Pues no, sólo puedo decirte que Du Bruit estaba de los nervios. Se cambió cuarenta minutos antes, fumaba como un carretero y maldecía en Arameo pese a repetir hasta la extenuación que todo estaba saliendo como en sueños, como de 4:35 a 7:47 de I want you.

¿Y Farigola?

Más tranquila, pero coja, lo que preocupaba por no poder darlo todo de manera instantánea. Se tomó una cerveza y un calmante. El problema se solucionó parcialmente.

¿Y entonces?

Pidieron luz tétrica, enchufaron las proyecciones, soltaron un discurso de intro y Jean Martin fue hacia el ordenador para destapar una caja de truenos de consecuencias imprevisibles.




¿Qué destacas de la primera parte del show?

Dirás del primer movimiento. Ya se veía que estaban como nunca. Farigola daba los más variopintos objetos al enmascarado, que se movía en plan huracanado depositando los cachivaches en el minúsculo escenario que dispusieron. Las proyecciones le ayudaban a moverse, se notaba seguridad en ambos loopoetas. El cola-cao dio el pistoletazo hacia el verdadero show.

¿Dónde habla él y baila ella?


Sí, pero esta vez leyeron la trama espacial mejor que nunca. Cuando uno irrumpía el otro se iba y aparecía puntualmente, como si la música necesitara en ese instante un pequeño riff de guitarra.

¿Y cual fue el primero?


Jean Martin se quitó la máscara y procedió a contar la historia del Negro de Banyoles. Lo hizo metamorfoseando su voz, con mucha contundencia con el micro, creando onomatopeyas con la voz, inventándose acentos ( épico su galleguismo), siendo versátil con sus posturas en el escenario y derrochando energía a lo bestia. Eso no lo sabe nadie, pero mientras Lola bailaba no paraba de ejercitarse entre bambalinas para no perder la tensión que quería transmitir al público.

¿En serio?


Sí, hacia flexiones, doblaba sus rodillas, gritaba en silencio mientras Farigola aprovechaba su gran capacidad para improvisar seleccionando movimientos acorde a su estado físico. Nadie lo notó, y esa es la indiscutible señal de su éxito.

¿Algún momento que quieras destacar?


Bueno,ya he mencionado el galleguismo cuando tocaba explicar la llegada del negro a Banyoles. Antes recuerdo una caracola de mar cuando el negro tomó rumbo naval a París, los confetis en la expo de 1888 y luego esos dos minutos con Jean Martin totalmente tumbado narrando las peripecias del pobre bosquimano. Otra cosa muy importante es que Farigola tiene la virtud de mejorar a los demás. Aceptémoslo. Jean Martin du Bruit solo en el escenario seria torpe. Con Lola se anima a arriesgar y la fusión de ambos cada vez tiene más consistencia.

Ya es el tercer show del año…

Y mejoran a lo bruto por lo que dice el respetable. Después de Banyoles llega el momento de Barcelona 92. La gente escucha, se parte con Mairena y no sabe que empezará otro delirio, la parte final, la madre de todas las batallas. Farigola baila plasmando la hipocresía olímpica, llega Come Together y los dos esqueletos del escenario tocan el piano, todos lo tocan a su manera. De Barcelona se llega al viaje, Farigola baila con el monopatín y todos atienden lo imprevisible.

¿Qué es?

No seré yo quién fastidie a los chicos contando los pormenores del espectáculo, pero mira, hay un viaje por el metro con el negro, una especie de expiación y perpetuación de pecados occidentales, un desfile religioso, imprecaciones identitarias al público y antes del colofón un manicomio racional con Jean dando vueltas sobre si mismo, Farigola desatada y la advertencia del próximo cierre.

¿Últimos minutos?

Botiquines con restos del bosquimano, una jota entre marchas militares, el negro enterrado y cuerpos congelados antes de la apoteosis.

¿En que consiste?

Recuerdo una americana cayendo al suelo justo cuando la música lo exigía. Más no puedo decir.

¿Satisfecho?


A lo bestia. Loopoesia es amor.